Un gafe a bordo

Mi viaje a Gran Canaria estas navidades ha tenido dos fases claramente diferenciadas. En la primera salí de mi casa a la hora prevista, después de pasarme tres horas recogiendo el cuarto de invitados y tratando de aclarar el follón que tengo allí dentro. Llegué a la estación de tren a tiempo de tomar el tren directo al aeropuerto y facturé sin más problemas. Me faltaban dos horas y media para que saliera mi vuelo y opté por pasar la seguridad y apalancarme en la zona segura a escribir o disfrutar de las vistas. El viernes que yo volé es uno de esos días negros con un montón de pasajeros cruzando por Schiphol, es el primer día de la vuelta a casa por Navidad. Estuve casi un cuarto de hora haciendo cola para llegar al control de seguridad, el cual superé sin problemas.

El aeropuerto de Schiphol en navidades es increíble. El año pasado tenían los árboles de Navidad móviles, con alguna persona en su interior y que avanzaban por el aeropuerto deteniéndose aquí o allá y de repente moviéndose y alejándose de ti. Era un efecto increíble. Este año han optado por algo aún más espectacular. En una de las plazas de la zona segura, junto al casino y el nuevo centro comercial pusieron un árbol grande, de unos cuatro metros de alto y a su alrededor había música de villancicos. La gente estaba grabando el árbol en vídeo así que me fijé y entonces vi que en la parte superior el árbol se fusionaba con una mujer que cantaba. Tenía una voz impresionante e iba desgranando su repertorio de villancicos creando un efecto mágico, con aviones enormes detrás de ella que podíamos ver a través de las cristaleras. Un poco más allá una joven cantaba acompañada por un piano. Algún día los otros aeropuertos de Europa se decidirán a copiar la clase y el estilo de Schiphol. Yo volveré a votar este año para que consigan el título del mejor aeropuerto de Europa y uno de los tres mejores del mundo.

Después de almorzar me recorrí la zona buscando el rincón de los portátiles, ese sitio en donde puedes recargar tu preciosidad al mismo tiempo que la usas. Di con el lugar y me quedé allí escribiendo hasta que faltaba media hora para la salida del vuelo. Fui a mi puerta de embarque y nos llamaron casi inmediatamente. El avión pudo haber salido a tiempo pero desde Madrid no les daban permiso de aterrizaje y esperamos unos quince minutos en su interior. Una vez en el aire nos dieron el tentempié gratuito, que KLM no es tan miserable como las Líneas Marrulleras de España (IBERIA), esa compañía que racanea a sus pasajeros un puto vaso de agua. Con KLM puedes elegir entre dos tipos de sandwich, cerveza, vino, refrescos, o zumo y café o té con galleta holandesa. Todo gratis total. Y encima ganan dinero vendiendo los pasajes más baratos que los Otros. Por eso hace más de dos años y medio que no subo en un avión de la compañía de bandera española y espero no tener que hacerlo en los próximos cien años.

Llegamos a Madrid y ya he contado la mierda de experiencia que pasé. Lo que allí no dije es que al final, después de horas y horas de retraso y de cambiar continuamente la puerta de nuestro vuelo nos llamaron para el embarque. Volaba con Air Europa. (Nota: ¿Alguien sabe si se puede reclamar por el retraso a posteriori?). Otro avión que iba a Barcelona, ese de Spanair, también salía unas horas tarde y los pasajeros se amotinaron gritando e insultando al personal de la compañía. Como en Madrid el concepto de zona para portátiles es demasiado avanzado tuve que rastrear la terminal hasta que di con un enchufe cerca de una columna que estaba junto a un banco y me apalanqué allí a ver episodios de Battlestar Galactica que tenía grabado. Para aquellos que no lo sepan, esta es la Mejor serie de Ciencia Ficción de las dos últimas décadas. Estamos en la tercera temporada, alrededor del episodio once. Imagino que si la dan en España aún irán por la primera o segunda temporada y solo la pondrán en alguna cadena de estas de televisión por Cable.

Pasada la una de la mañana nos llamaron para embarcar. Deberíamos haber salido después de las nueve y media. Yo estaba convencido que llevábamos un puto gafe a bordo. Es lo único que puede explicar tanto retraso. Entré en el avión, me encasqueté el cojín para el cuello y no tardé ni diez minutos en quedarme dormido. Antes de desconectarme me dio tiempo a escuchar al piloto pidiendo disculpas y diciendo que habían tenido problemas con tres aviones y por eso se habían retrasado todos los vuelos hacia las islas Canarias y justo antes de dormirme escuché que tendríamos otros diez o quince minutos de retraso porque un pasajero que debería ir en nuestro vuelo se había equivocado y metido en el otro que volaba hacia las Canarias.

Del vuelo no puedo comentar nada porque lo pasé durmiendo. Me desperté a tiempo de ver la ciudad de las Palmas iluminada desde el aire y de sufrir el aterrizaje. Llevaba los Ear Planes enchufados, esos pequeños taponcitos para los oídos que ayudan con la descompresión y además reducen el sonido en un veinte por ciento. Me los pongo siempre que vengo con Air Europa. Hay algo malo en los aviones de esa empresa o en sus pilotos. El chófer avisó a las azafatas que íbamos a aterrizar cuando pasábamos paralelos al aeropuerto. Le debieron dar pista libre porque el tío hizo un picado y bajó cientos de metros girando mientras los oídos se me dislocaban, a mi y al resto, que vi gente llevándose las manos a la cabeza. Acabó el picado en la cabecera de pista y tomó tierra rebotando como una peonza. Una mierda de aterrizaje. Eran casi las tres y media de la mañana.

Pensaba que en diez minutos estaría en ruta a casa pero no fue así. Salimos, nos vamos a la cinta para recoger nuestro equipaje y allí no sale nada durante media hora. En las dos cintas que lindaban con la nuestra salía equipaje sin que hubiera gente pero al parecer no era de nuestro vuelo. Los tipos que tiran las maletas sobre las cintas se asomaron a mirar para ver por qué nadie recogía aquello pero definitivamente no eran las de nuestro avión, que al parecer algún gilipollas se equivocó y en lugar de traer las maletas que estaban dentro del avión, trajeron las que iban a meter para el siguiente vuelo. Tuvieron que recoger todas las maletas, llevarlas al avión y traer las nuestras. Lo dicho, un gafe a bordo y de los gordos.

Al menos cuando finalmente comenzaron a salir las maletas vi la mía entre las primeras. La recogí, llamé un taxi y me fui a casa.