Vuela y Punto con The Vueling Stones

Yo debo ser el tipo de cliente que adoran las compañías aéreas de nueva generación. Joven, alocado, con un trabajo de lujo en el que me dan un montón de vacaciones al año y lo que es mejor, con un montón de dinero que sabiamente empleado me permite pasarme el año viajando a distintas ciudades y haciendo turismo de tres o cuatro días. Siempre he sido muy fiel a Vueling. De hecho, ya he visitado todos los destinos que tienen desde Amsterdam. He estado en Valencia, Barcelona, Madrid, Sevilla y este fin de semana pasado en Málaga.

1. El viaje comenzó con un gran disgusto. Aquellos que frecuentan estas distorsionadas tierras recordarán que hace un par de semanas comentaba algo sobre Clickair, la aerolínea que comparte códigos con las Líneas Aéreas de España y en aquella ocasión, alguien un directivo profundamente aludido me instaba a probarlos y descubrir que no son tan malvados como creo que deben ser. Yo recogí el guante y a falta de que me tiren el segundo y hacer la parejita corrí a su página Web para ver si podía ir a Málaga con ellos. Fue un disgusto horrible. No vuelan a Málaga desde Amsterdam, ni siquiera a Gran Canaria, el mejor lugar del Universo. Recé y recé todos y cada uno de los días de la semana pasada y lo único que le pedía al Jesusito de tu vida no era la paz mundial, ni que se acabe el hambre en el mundo, ni ninguna de esas gilipolleces que dicen esas tías que carecen de cerebro y que aspiran a que les pongan un cacho de tela alrededor del hombro y las tratemos como zorras de buen ver. Yo solo quería que Clickair volara entre Amsterdam y Málaga de viernes a lunes para ir con ellos y asombrarme con su servicio, su personal y sus cosillas. No pudo ser. El disgusto aún me dura. Ha sido una puñalada en mi corazoncito lechal y aún sangro cuando recuerdo esa angustia al llegar al aeropuerto de Schiphol y mirar los paneles para comprobar que el único vuelo de aerolínea española hacia Málaga era de Vueling. Salía por la mañana y como era el día que se hace mi casa la mucama, le dejé todo preparado para que se divierta limpiándola y marché hacia el aeródromo siguiendo la rutina habitual de autobús y tren que tan bien conozco. Como solo dejan llevar un bulto por persona (y gracias a Dios el paquetillo aún no cuenta como bulto), iba con mi pequeño trolley estiloso, de marca archiconocida y cuyas medidas son inferiores a las máximas permitidas, aunque cada vez estoy más convencido que yo soy el único que tiene uno tan pequeño porque el concepto de equipaje de mano de la basca está evolucionando hacia unos bolsos gigantescos.

Estoy en el aeropuerto, es viernes por la mañana de un día de Febrero y antes de pasar el control de seguridad compro veinte rosas para regalar. Me las dan en una bolsita preciosa y la chica me dice que tienen algo de agua pero no le presto demasiada atención ya que tenía dos tetas como dos carretas y estaba más pendiente de sus capacidades no intelectuales. Voy hacia el control de seguridad y como siempre, cinturón fuera, todo lo de los bolsillos, chaqueta, líquidos y demás y en un instante de inspiración, les digo que creo que las flores llevan líquido. El guardia me mira como si hubiera cometido un pecado mortal y me obliga a poner esos ojitos de bicho apaleado y miento contándole que son para mi mamá. Sobre la marcha me dice que no hay problema, avisa a uno de sus compañeros y las pasan al otro lado y me esperan mientras yo y todos mis artilugios pasamos bajo el escrutinio de los monitores. Yo llevo las tarjetas de embarque impresas desde mi casa y en un momento de lucidez de esos que no suelen abundar se me ocurrió que la seguridad en los aeropuertos es una puta mierda. Digamos que una banda de terroristas musulmanes quiere hacer algo en la terminal, solo tendrían que imprimirse falsas tarjetas de embarque para un vuelo real y podrían entrar en la zona segura sin más problemas. Una vez allí, compran botellas, las rompen y ya tienen armas. Este es uno de los muchísimos ejemplos que se me ocurren. Hay que ver que desaprovechado que estoy, yo podría trabajar en cosillas de estas. Busqué la puerta de embarque y maté el rato navegando por internet con mi teléfono.

El avión llegó puntual como siempre y salimos sin más problemas. Se llamaba Vuela y Punto. El cielo estaba despejado y pude disfrutar de los Países Bajos desde el aire de una forma que no es habitual. Vi Kinderdijk, el puerto de Rotterdam, Zeeland y después Amberes, Bruselas y París. Al pasar sobre Madrid me sorprendió todas las zonas que están urbanizadas esperando los miles de edificios de miles de alturas que harán.

2. Para el viaje de vuelta el avión salía a las ocho y veinte de la mañana y fui al aeropuerto en el primer tren de cercanías que pasaba por Arroyo Pingarrón. Alucino con los precios de los trenes de cercanías. Son baratísimos. En el aeropuerto pensé en desayunar pero al ver los precios abusivos de la cafetería pasé y opté por comer algo en el avión, que en Vueling por tres euros y medio te dan zumo de naranja, croasán y bebida caliente a elegir y en el aeropuerto con ese dinero no pago nada. El embarque fue a la hora prevista y el avión se llamaba The Vueling Stones. Primero embarcan los que se sientan por el final y es siempre un placer ver como la gente con asientos en las primeras filas hacen la cola para ser rechazados al llegar al frente. Yo me he encariñado con la fila 25, más concretamente el asiento F y en los últimos ocho vuelos siempre me pongo ahí. Ya estábamos todos sentados, cerraron las puertas y el piloto, un inglés saladísimo, anuncia que hay un retraso de media hora porque no tenemos permiso de despegue debido a una huelga de controladores aéreos franceses y que tendremos que esperar. Lo dijo en inglés. La azafata lo tradujo todo mal y los controladores franceses se convirtieron en holandeses, la media hora en una hora y el tiempo agradable y despejado de Amsterdam se transformó en tiempo de espera hasta salir. Nunca dejaré de sorprenderme de la mierda de nivel de inglés que lucen los españoles. Desde ya deberían prohibir doblar películas y series de televisión y cortarles las lenguas a los padres para que los niños se críen bilingües. La misma que la cagó con la traducción nos regaló unas cuantas perlas a la hora de dar el discursillo de la seguridad, ese con el que supuestamente nos salvaremos todos ya que estaremos diplomados en el arte de abrochar cinturones, colocarnos chalecos salvavidas y encontrar salidas dentro del avión.

Mientras esperaba me eché una cabezadita y ni me enteré del despegue. Me despertaron cuando pasaron vendiendo la comida, compré mi desayuno, me lo zampé y volví a caer en coma hasta poco antes de llegar. El cielo holandés seguía totalmente despejado y volví a disfrutar con Amberes, el puerto de Rotterdam, Lisse, Leiden, Haarlem y una vuelta sobre el sur de Amsterdam que terminó en la pista del aeropuerto que está cerca del lugar en el que los bomberos se entrenan. Desde el aire ya se comienza a ver un poco de colorcillo en los campos de tulipanes. En mi jardín también están saliendo lo cual nos recuerda que en mes y medio estamos en temporada altísima de las más bellas flores del mundo.

Después de tomar tierra perdí la dignidad corriendo por la terminal para llegar a tiempo al tren, el cual salió con dos segundos de adelanto y llegué a mi casa con tiempo suficiente para largarlo todo, ir al supermercado a comprar leche fresca y algo para desayunar y después salí escopeteado hacia Amsterdam en donde tenía pensado pasar la tarde.

Mi próximo viaje será a Gran Canaria, dentro de unas semanas ??

3 opiniones en “Vuela y Punto con The Vueling Stones”

  1. Qué gracia!
    Creo que todos tenemos ese momento de iluminación cuasi terrorista. Este verano al regresar de España en un vuelo doméstico que nos llevaba a Madrid o Barcelona me fijé que iba un pibón delante de mi, tipazo, alta, melena. Cuando íbamos a pasar por la aduana ni se fijaron en nosotros (simples ciudadanos), ni en lo que podríamos haber llevado. La chica era Mar Saura y los de seguridad como locos haciéndose fotos con ella mientras ella ponía su mejor sonrisa al tiempo que pensaba: Trágame tierra, márditos provincianos!
    Sólo queda enterarse del vuelo de algún famosete a poder ser una tía buena y hala, que vuele la imaginación!

  2. Una amiga mía pasó no hace mucho unas tijeras enormes porque se le olvidó quitarlas del bolso y ni se enteraron. Y mejor no contar lo ridículo que es la limitación de líquidos. Entras varios tíos con líquidos y luego dentro los mezclan y listo.

  3. Lo de los líquidos es absurdo. Cuando lo pusieron en práctica volé de Sevilla a Barcelona y me sacaron un Bollycao del bolso porque tenia chocolate líquido. Ahora ni tan siquiera te miran.

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