Annie

Con el espíritu navideño, ese de tal y tal que parece que tienen algunos, nos bombardean con películas que parece que son creadas para estas fechas. Añade a eso la manía de destruir viejos clásicos y rehacerlos para las nuevas generaciones y no te extrañe si al mirar la cartelera vez algún engendro o abominación que jamás debería haber existido. Una de esas es la película Annie, la cual parece que torturará la cartelera española a finales de enero.

A nadie le interesa la mierda de vida de esta julay

Una niña negra-negrísima abandonada por sus padres y que vive en una casa de acogida con una encargada borde y alcohólica y otros niños trata desesperadamente de encontrar a sus padres, que la abandonaron siendo pequeña. En su camino se tropieza un empresario metido a político que la ve como una herramienta perfecta para mejorar en las encuestas y sin esperárselo, le coge cariño a ese cacho de carne peludo con ojos y le sale la lágrima sensible. Por supuesto todo acaba bien.

Menuda atrocidad de guión. Como se puede coger una película y multitud de musicales que llevan eones en la memoria colectiva y destrozarlos de esta manera. El supuesto cambio original es que la niña pelirroja se transforma en negra. Este cambio es superfluo y no añade nada. A partir de ahí, todo lo demás será igual de palo o quizás peor. La música no encaja en la historia, los peores momentos son cuando cantan y los aún más peores cuando cantan y bailan. Se ve que mueven los labios, la música no está sincronizada con las bocas y aún peor, el sonido ambiente desaparece y solo está la música. Como es posible que vayan en un helicóptero con un montón de ruido y este desaparezca cuando canta un panoli una canción. Los momentos musicales son irreales y mayormente estúpidos y lo del sonido les afecta grandemente. En el cine, los chiquillos corrían alrededor de la sala aburridos, las madres se quitaban las ladillas de ciertos felpudos y el resto nos limitábamos a mejorar en los juegos que tenemos en nuestros dispositivos mágicos y maravillosos. En ningún instante sientes la magia que tenía la película de hace la tira de años. Toda la escena final es patética rozando el bodrio y los discursitos con los que nos torturan te hacen sonrojar de vergüenza ajena. Mira que yo tengo estómago para los musicales pero es que esto es tan malo que apesta a podrido.

En fin, todo un ejercicio de mierdeo que mejor olvidamos. Totalmente prohibida para miembros del Clan de los Orcos y vedada para sub-intelectuales de GafaPasta.

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Por sulaco

Maximus Julayus

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