Apurando el trimestre

En la empresa que me paga la nómina, cada vez que cerramos un trimestre es un drama total. Todo el mundo (o casi todos, porque un servidor no se ve afectado) parece sometido a un nivel de tensión extremo y la gente hace y dice estupideces con una frecuencia muy superior a la media. Como mi trabajo es hacer que los demás produzcan y si el engranaje está mal engrasado la máquina renquea un poco, el otro día llevé media Tarta de queso con sabor a vainilla congelada para repartir entre un pequeño grupo de elegidos. Todos recibieron su invitación, vinieron de incógnito a mi despacho y se encochinaron a gusto. Esto sucedía quince minutos antes de que un compañero celebrara los veinticinco años en la empresa, evento al que me habían invitado para hacer unas cuantas fotos con mi cámara. En mi empresa, los que llegan al cuarto de siglo trabajando en ella les dan cinco días de vacaciones, un ramo de flores, un reloj o un plato de porcelana de la buena horroroso y además, un sueldo brutalmente neto, en el que la compañía acoquina un cincuenta y dos por ciento más para que el neto sea el sueldo completo libre de impuestos para dicho empleado. Además, el colega recibe dinero para invitar a los compañeros, aunque algunos, como el de ayer, prefieren quedarse ese dinero y pasar de la invitación. Todo el mundo acudió a estrechar manos, comer pastel y desearle todo lo mejor siempre y mientras esto sucedía y yo inmortalizaba el evento me daba cuenta que eso que cuentan de la edad media en la compañía, que actualmente está fijada en cincuenta y tres tacos, hace que parezca que esté trabajando entre viejos. En un momento determinado teníamos en la sala en la que se celebraba el evento a cinco supervivientes de algún tipo de cáncer y cuatro hembras que seguramente ovularon por última vez cuando las Mamachicho agitaban las domingas en Telajinco. Después se corrió la voz por el edificio que yo había llevado una tarta casera y todo el mundo venía a dorarme la píldora para que les diera un trozo, aunque llegaban tarde.

Ese día también aproveché para afianzar mi red dentro de la compañía y le di un termo lleno de Gazpacho blanco a la asistente del presidente, o eso que antes llamábamos secretaria, la cual ya me tiene en su lista de clientes prioritarios y cuando necesito algo, mueve el cielo, la tierra y hasta el infierno para conseguírmelo. A su jefe no le hace gracia ya que lo ningunea en mi favor, ya que el otro será muy presidente pero jamás le ha dado ninguna delicia para comer y yo la estoy atiborrando a cosas buenas.

Esta mañana me acercaba a los de ventas y repartía Magdalenas por allí, que no veas lo ricas que me están saliendo desde que cambié la leche por suero de mantequilla. Son un puro vicio. Por la tarde mi jefa contactaba conmigo para ver que tal me está yendo sin ella en la oficina y le explicaba que íbamos a toda máquina y sin contratiempos. Si se lo cuenta otro seguro que lo duda pero sabe que si yo lo digo, es una verdad como un templo.

Por sulaco

Maximus Julayus

3 comentarios

  1. Muy bien lo de los 25 años. Creo recordar que cuando mi padre hizo los 25 en su empresa, recibió una placa (de plata) inscrita con su nombre y las fechas correspondientes, un par de días de vacaciones y una media paga (o a lo mejor era una paga entera…no sé). Algo es algo…

    ¿Crees que, tal como van las cosas, tú harás los 25 años ahí?… Lo digo, porque como cada año pasas la criba. Aunque me temo que tu respuesta irá por derroteros negativos…visto las ganas que tienes de volar.

  2. Creo que Sulaco seguirá en su empresa hasta que esta cierre. No creo que lo echen antes dada la valoración que tienen de él y la edad global del personal de la empresa. Además, parece que es un trabajo que tiene totalmente por la mano y que le permite llevar la vida que quiere sin distracciones. No marchará sin su indemnización bajo el brazo. Me da la sensación que para Sulaco el trabajo no es el epicentro de su vida como sí lo es para otras personas, el trabaja para vivir, no vive para trabajar.

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