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Lo impensable

Ayer fui a Amsterdam para hacerme una sesión doble en el cine y mientras paseaba por la Kalverstraat vi algo que unos días antes comentaba con la Chinita y ella confirmaba que no se suele dar en los Países Bajos. Una de las cosas que más nos chocan a los ciudadanos de este país cuando vamos a Londres, Roma, Madrid o muchas otras ciudades, es la cantidad de profesionales de la mendicidad que hay en esos países. Particularmente horrorosos nos resultan los rumanos y albanos con enfermedades chunguísimas o huesos desconchabados que se mueven por las calles atacando a los viandantes para que les den dinero. Hasta ayer jamás había visto a uno de esos por aquí y la mujer que tenía pinta de rumana que avanzaba descalza y renqueando con dos muletas y con todos los huesos de los pies mal colocados era terrorífica. Nadie le daba dinero. Quizás alguien le debía haber explicado que en la cultura calvinista, no se mantienen mendigos. El que quiere algo, trabaja y se le da.

Tengo curiosidad por ver si seguirá por allí la semana que viene. En ocasiones anteriores, la policía les hace la vida imposible ya que las leyes holandesas cubren este tipo de actividad comercial ilegal y la castigan. Habitualmente, los cansan hasta que se marchan a otro país. La mujer tenía pinta de ser una profesional en ese oficio, lanzándose sobre grupos de turistas despistados y acosándolos. En Malasia, en las puertas de los templos hindúes están los más terribles mendigos que me he topado en mi vida y de hecho y gracias a ellos, la India está totalmente descartada como país en mi lista de lugares que quiero ver. En el barrio hindú de Kuala Lumpur, los sábados, hay un mercado hindú muy popular y visitado por locales y turistas. En mi primera visita a ese país, pasé por allí a verlo y había uno de esos mendigos, que operaba eligiendo una víctima despistada y que siempre era un turista, se acercaba, se dejaba caer sobre la víctima y se agarraba a ella como ladilla a güevo hasta que le daba una limosna. Recuerdo que lo vi hacer la maniobra un par de veces con éxito y después noté que me puso en su objetivo y comenzó la aproximación. Yo, con una maldad en su estado más puro, esperé haciéndome el lolailo y manteniendo el control visual. En el momento en el que el mendigo aquel asqueroso y que era repugnante a la vista y no quiero ni pensar como debía ser el contacto con el mismo, cuando el mendigo hizo la caidita, salté lateralmente con una gracia y desparpajo visto en muy pocas ocasiones en la historia del universo y el joputa se estampó contra el suelo, disparando las risas de todos los hindúes que había en el lugar y su admiración por mi. El cabrón aquel me echó una mirada de odio profundo y yo se la devolví triplicada. Después de levantarse, oteó el entorno, encontró una nueva víctima y comenzó una nueva aproximación.

Volviendo a los Países Bajos, hace un par de años, parejas de rumanos se metían en tren a tocar música y pedir. Lo hacían entre Amsterdam y Utrecht. La gente comenzó a mandar mensajes y llamar a la policía de los trenes, paraban el tren sin abrir las puertas, los pillaban y la multa por ir en el tren sin billete no se las quitaba nadie y al no ser residentes en el país, se les cobraba en efectivo. Si además no llevaban un documento válido de identificación, les caían ochenta leuros adicionales y a eso se añadía el pago por llamar a la policía, una cosa que jamás he comprendido pero que también tienen la mayor parte de las tiendas y supermercados. Cuando alguien roba o por su comportamiento provoca que se llame a la policía, aparte de la multa o multas se añade una cantidad, normalmente en los alrededores de los doscientos euros y que determina el propietario del local (o la empresa ferroviaria). Esa cantidad se dona a organizaciones benéficas. Por descontado, si no tienen el dinero en efectivo o tarjeta para pagarlo, probablemente los llevan a una de las prisiones para expulsar y les dan puerta.

Por sulaco

Maximus Julayus

2 respuestas a «Lo impensable»

jajajaja Me he partido de risa imaginándome la escena del mendigo dandose con las costillas en el duro suelo 🙂
No se como andará la cosa de la mendicidad aquí, en el pueblo no veo nada, antes llegabas al estacionamiento del Mercadona y enseguida te caian encima las gitanas rumanas, pero hace tiempo que no los veo en ninguna parte, yo se que la poli hizo una campaña y deportaban a cuanto mendigo no nacional pillaban.
Salud

Lo que iba a disfrutar si aqui cada vez que llamara a la policia el contrario tuviera que pagar una multa.
Tengo un joputa con perro que acostumbra a irse de marcha y al perrito le dá por ladrar. Ayer llamé a la poli a las 3.30 h .
Y lo de los mendigos de por aqui yo ahora veo menos, pero mi teoria es que como no hay un euro se han tenido que ir.

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