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Reality sucks

Mitos caídos

El enclaustramiento sin clausura que tenemos en los Países Bajos ha servido para que se caigan un montón de mitos en los que todos creíamos firmemente hasta hace poco más de una luna. En mi empresa, que es del lado amarillo del mundo, hasta el otro día se discutía sobre el abuso excesivo que estaban haciendo muchos del trabajar desde casa porque regularmente, lo hacían al menos un día a la semana y algunos hasta dos. Los amarillos tienen una confianza tan cercana al cero de sus empleados que no se puede distinguir de este y piensan que la gente se queda en sus casas para engañarlos, que seguro que también los hay, igual que puede suceder que estés en la oficina y no des un puto palo al agua y allí lo haces en su misma cara y no se enteran. Por eso en Japón, en sus oficinas, sientan a todo el mundo con los ordenadores en filas como en el colegio y en la punta de atrás, el jefe, para poder ver todas las pantallas y asegurarse que ninguno está estafando a la empresa. Ese es el nivel de confianza que ellos tienen en los empleados y una de las muchas razones por las que yo no hago ni un nanosegundo de horas extras que no me pagan, no me sale ni de la punta de la polla ni del resto del miembro y practico la reciprocidad con ellos y los trato de la misma manera, sin confianza alguna o con ninguna confianza, que creo que viene a ser lo mismo o casi igual. Ahora que llevamos cinco semanas de lejos, resulta que la cantidad de trabajo realizado por todos es la misma o mayor y que hay gente que ahora hasta enciende los ordenadores fuera del horario de oficina y hacen cosas que no deberían estar haciendo. El mito aquel del falso trabajo remoto se ha ido a tomar por culo.

Yo de siempre he defendido a capa y espada que para ir a correr, lo tengo que hacer con el estómago vacío, antes de comer y por eso, iba a correr a primera hora de la mañana y desayunaba al volver o lo hacía por la tarde antes de cenar. En mi cerebro habían elaboradas explicaciones que justificaban que me es literalmente imposible realizar ejercicio físico mientras es posible y probable que esté haciendo la digestión, que una tarea excluía la otra. Resulta que no y que ahora, habiendo desayunado un rato antes, me puedo hacer una tabla de ejercicios de veinte minutos y salir a correr seis kilómetros y volver a casa y estoy perfecto, que no puedo decir que estoy tan fresco porque en realidad vuelvo sudado como chocho de pelleja y necesitando una ducha muy malamente. El tiempo que tardo en hacer los seis kilómetros es el mismo que cuando iba en pleno ayuno. Otro mito que ha caído, al menos cuando se trata de desayunos, que no sé si me puedo jincar un plato de garbanzada o de alubias con chorizo y ponerme el chándal y echarme a correr, eso todavía está por probar pero como yo soy un aguilucho matutino, es poco probable que se de ese escenario. También relacionado con el correr, mi ritmo hasta ahora era de dos veces por semana, con seis kilómetros, hasta que me lesioné y lo dejé durante el invierno. La lesión fue, según mis teorías más alocadas, por no calentar previamente. Ahora me hago una tabla de ejercicios, de entre quince y veinte minutos según le salga de la pipa al programa que uso en mi iPad y cuando lo acabo, bien calentito, salgo a correr y al regresar, hago un par de minutos de ejercicios de enfriamiento. Primero intenté seguir mi ritmo de toda la vida, de dos veces a la semana pero ya no voy a la oficina, ya no salgo a caminar a la hora del almuerzo con mi amigo el Moreno y aunque no he dejado de caminar y hasta camino más que nunca, o quizás por eso, resulta que no tengo los niveles de cansancio pasados y a fuerza de hacer flexiones y todo tipo de cosas que no hacía desde el instituto, resulta que ahora puedo ir a correr sin problemas cada dos días y ya empiezo a notar un nivelazo tan épico que no me extrañaría nada si empiezo a correr a diario, algo que yo creía era solo para los seres obviamente superiores, aunque es probable que si lo hago, empiece con ese día intercalado corriendo solo dos kilómetros, después lo subiría a cuatro y finalmente y si se diera el caso, llegaría a los seis kilómetros. Alguno se puede preguntar el porqué de estas cantidades pares y la respuesta está en el parque que hay cerca de mi casa. Desde mi puerta, puedo hacer un ciclo alrededor del primer parque y volver y son algo más de dos kilómetros. Si añado un ciclo alrededor de un lago-playa que está por debajo del parque, son cuatro kilómetros y si sigo la ruta que me lleva por una zona en la que hay un montón de hoteles para caballos, se convierten en seis. Seguramente podría añadir dos kilómetros más añadiendo una vuelta por el segundo círculo pero entonces superaría los treinta minutos, que es mi límite para correr, después de ese tiempo el aburrimiento me puede, por más que esté escuchando audio-libros mientras corro, no entiendo como pueden haber seres humanos que pierden una hora completa de su vida corriendo o quizás hasta más tiempo.

Otro de los grandes mitos caídos es el de la incomunicación, vivíamos rodeados con todas las herramientas tecnológicas a nuestro alcance y no las usábamos y ahora, el concepto de videoconferencia lo entiende desde un neonato hasta un ancestral, todo el mundo las hace, de dos, tres, cuatro o más personas, forman parte de nuestra vida, no es lo mismo que el verte con la gente cara a cara pero es un sucedáneo aceptable y a veces el cara a cara es hasta más intenso, que ahora con las cámaras tan cerca no se te escapa nada de nada y por ejemplo, mis amigos, mis compañeros de trabajo y mi familia, están que lo flipan con el gran milagro que me ha sucedido, que se me desaparecieron como por arte de magia las canas, sobre todo las de la barba que me he dejado y mi barba es espectacularmente negra y como no tengo ni idea de cuando podré volver a Gran Canaria a tirarme en la playa de las Canteras y hacer la fotosíntesis, esa barba se va a quedar conmigo mucho tiempo. Y que nadie se crea que estoy blanco como culo de monja de clausura, que tengo una hamaca con una estructura para ponerla en el césped y todos los días paso al menos dos horas, si acompaña el tiempo y hay sol y calor, tomando el sol en mi jardín y ya tengo un color que es prácticamente el mismo que tendría después de cuatro días de vacaciones en Gran Canaria. La velocidad a la que adquiero el color es más lento, pero como lo hago diariamente, compenso lo uno con lo otro.

Por sulaco

Maximus Julayus

6 respuestas a «Mitos caídos»

Hay que tener cuidado de hacer bien los calentamientos, yo me ocasioné un derrame en la rodilla por hacerlo fatalmente mal…
Que casualidad, yo también me he dejado la barba, pero la mía es blanca total… 🙂
Salud

De cortita nada. Dame cuatro semanas más y si vuelven a hacer una película del julay aquel que crucificaban, me pueden poner como uno de los acompañantes, que además como hago ejercicio, no se me ve obeso como a otros ….

No, no, cortita, de poco más que de días, las barbas largas para papá noel. El único al que le queda bien esa barba más larga es a Jason Momoa, y tú no eres él. (Hasta rima y todo!)

Según mis hijas, la barba me sienta genial y estoy guapísimo, 🙂 pero ellas ya me conocen con barba, la tuve mas de 15 años, solo que como ellas dicen, no era blanca como ahora, aunque siempre se cuela algo de pelo rubio rebelde … 🙂
Salud

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