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  • La azotea de la Sé do Porto y el mural de azulejos

    21 de noviembre de 2019

    Ayer mirábamos el claustro desde la planta alta y hoy vemos la azotea, con el claustro que se puede entrever por debajo y un pedazo de mural con azulejos al fondo, además de los dos campanarios de la catedral. Supongo que en la época en la que los monjes vivían ahí por aquí arriba no pasaban con frecuencia. El lugar es bastante grade y de hecho, la imagen está compuesta a partir de otras cinco.

  • Desde Malé a Utrecht pasando por Zurich

    20 de noviembre de 2019

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

    Si el día de la partida todo es alegría y cosa buena, el del regreso se hace muy pesado porque sabes que al final del todo, te espera el final de las vacaciones. El motivo para tener el hotel en Hulhumalé era el llegar al aeropuerto a tiempo y ese día me levanté a las seis de la mañana o cinco horas antes de la hora Virtuditas. Como siempre, jiñote, ducha y similares y a las seis y veinte ya estaba andando a la parada de la guagua que me llevaría al aeropuerto y que debía llegar a las seis y media, aunque lo extraño y fascinante es que en todas las paradas aparecía la misma hora, algo imposible. Llegó a las seis y treinta y dos minutos y venía petada, tanto que solo dejaron subir a cinco o seis y el cobrador se bajó, llamó a la central e informó del asunto, cerró la puerta y él se quedó con nosotros mientras la guagua se fue con los afortunados. Hubo gente que desistió de usar este transporte público y optó por taxis pero lo cierto es que en seis minutos llegó una nueva vacía que siguió con la ruta y llegamos al aeropuerto sobre las siete menos diez. Allí, lo primero que se me ocurrió es que quizás era una buena idea desayunar, pero cuando vi los precios de los negocios, pasé, ya que con diferencia es el aeropuerto más carero en el que he estado y por una basura de comida. Pasé un primer control de seguridad, me dieron mis tarjetas de embarque, pasé el control de pasaporte y un segundo control de seguridad y ya estaba en la zoa insegura del aeropuerto, que es minúscula. Me compré un café a precio de cubata en puticlú de centro de ciudad y como tampoco tenía tanta hambre, podía esperar al avión. Un rato después aparecieron las dos españolas que bucearon conmigo y que regresaban ese día a Madrid pero parando en Oriente Medio. Estuvimos hablando y ellas embarcaron antes que yo. Cuando por fin nos llegó nuestra hora, subí a la guagua que nos llevó al avión, un Airbus A330, viejuno y al que habían refrescado la zona de los asientos. La aerolínea era Edelweiss que al parecer pertenece a Swiss y por consiguiente, a Lufthansa. Conseguí ventana, casi al final y nadie se sentó a mi lado, que me he vuelto un experto en encontrar esos asientos. Salimos con veinticinco minutos de retraso por culpa de lo diminuto que es el aeropuerto, ya que no dieron permiso de despegue hasta que aterrizaron dos aviones que venían en camino. El piloto nos informó de esto y nos dijo que pese al disgusto inicial, llegaríamos en hora. Después del despeque se pueden ver los atolones y las islitas, super-hiper-mega bonito e hice fotos y hasta estiré el vídeo del despegue como el chicle para que se vea todo esto. Al llegar a la altitud de crucero, nos dieron un aperitivo seguido de un almuerzo a las once de la mañana y como mi plan era no dormir, estuve nueve horas viendo episodios de series de televisión que llevaba en mi Ipad, jugando al ZUMA en la pantalla delante de mi asiento y comiendo, que nos trajeron más aperitivos, nos dieron helados y de cuando en cuando me daba un garbeo al baño para caminar. El vuelo no tuvo turbulencias, algo increíble. Pasamos por encima de prácticamente todas las tierras en las que se cultivan los terroristas-musulmanes. Al llegar a Zurich, estaba nublado y en el aterrizaje no se vio una mierda. Ya aviso que el aeropuerto de Zurich ya está en mi lista de los que no me gustan. Llegamos por una terminal satélite y teníamos que ir a la principal para la conexión. En mi caso tenía una hora y aún así, casi me desquicié porque al llegar al control de aduanas, tenía veinte personas por delante y aquello no se movía, que mierda de servicio prestado por retardados e ineptos. Hubo gente que perdió sus vuelos por culpa de esos pollabobas que se tomaban minutos por persona, para hacer un nuevo control de seguridad (con líquidos y productos electrónicos). Cuando ya pillé el tren que me llevó a la terminal principal, tuve que correr como una cabra por el monte para llegar a la puerta de embarque y el susodicho comenzó en los sesenta segundos de mi llegada. Entré al nuevo avión, un Airbus A321 de Swiss y de nuevo tenía asiento de ventana aunque justo en la fila que no hay ventana así que el vídeo se verá raro porque la ventana estaba por detrás de mí. A esas alturas era de noche y el vídeo del despegue será bien corto. El vuelo fue mucho más rápido de lo previsto porque desde Schiphol informaron al piloto que le dieron más prioridad al saber que el Elegido venía en el avión. Después de aterrizar, salí por patas del avión, pillé el siguiente tren hacia Utrecht y tuve tantísima suerte que fue llegar a la parada de la guagua, entrar en la misma y arrancó, con lo que llegué a mi casa sobre las ocho de la tarde, o unas dieciocho horas después de levantarme. Conseguí no dormir en ningún punto del camino con lo que el agotamiento seguiría su curso, sobre todo porque para mi cuerpo era la medianoche y así acabó la semana de buceo en las Maldivas.

  • El claustro de la Sé do Porto visto desde la planta alta

    20 de noviembre de 2019

    Una imagen similar a la que vimos ayer pero cambiando el punto de vista y viendo el claustro desde la planta alta, que es una enorme terraza. En la mayoría de los claustros que he visitado en mi vida, en el lugar en el que está la cruz suele haber un pozo, algo que me llamó la atención.

  • Despidiéndome de los tiburones en Kandooma Thila

    19 de noviembre de 2019

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

    Mi último día en Guraidhoo tenía muy limitadas las inmersiones de buceo por culpa del tiempo que hay que dejar pasar entre la salida del agua y el volar en avión, que PADI estipula en 18 horas pero todos los computadores de buceo y mucha gente pone en 24 horas. Así, como mi vuelo el domingo era a las diez menos diez de la mañana, podía hacer una inmersión e ir con el perfil seguro, aunque si soy honesto, yo habría hecho la segunda, solo que sabía que sería en algún sitio poco interesante y por eso pasé. Me levanté temprano y llegué al club de buceo a las siete y media. Al final se apuntaron dos más, dos españoles, uno que es muy nuevo y ya había ido a Kandooma Thila el día anterior y otro que comenzó a bucear con nosotros el día antes y que pese a lo que él cree, buceando es un mierda, no tiene flotabilidad alguna, en lugar de ir horizontal va prácticamente en posición de pie y en la tercera inmersión del día anterior, enturbiaba el agua al mover la arena (algo malo) y aún peor, en al menos tres ocasiones le vi arrear un aletazo a los corales y romperlos (un pecado mortal). Cuando le comenté que ya se podía poner a mejorar su flotabilidad se lo tomó a mal, así que lo puse en mi lista negra de truscolanes y a partir de ahí, como si no existiera, que el necio y el soberbio son dos especies que no me interesan. Por desgracia bajaba conmigo pero me las apañé para no estar jamás a su lado. Llegamos al lugar de la inmersión, no hábia demasiada corriente, como los dos días anteriores y saltamos. Ya comenzó con el pollaboba siendo incapaz de hacer un descenso negativo, a todo meter hasta el fondo. Para cuando llegamos, busqué un sitio para ver el espectáculo de tiburones y águilas marinas moteadas que era fabuloso. También vi un par de tortugas enormes, morenas, al menos cuatro atunes y un Napoleón, sin contar con los dos bancos de peces, el de Giant Trevally y el de Bigeye Trevally. Ya cuando bajamos a codearnos con los tiburones, muchos más que el día anterior y muy bien. Estuvimos bajo el agua, como siempre, unos cuarenta minutos, en ese lugar las inmersiones no pueden ser más largas. Al salir, aproveché para tomar un pelín del único sol que hubo en el día. Al llegar al puerto, fui a desayunarme y después regresé al club de buceo para pagarlo todo y finiquitar y que me firmaran mi bitácora de inmersiones, la tercera y que parece que acabaré pronto. En estos instantes estoy en ciento cincuenta y seis inmersiones. Después hice la bolsa y salí para pasear un rato pero comenzó a diluviar y tuve que quedarme en el complejo en donde está la habitación, charlando con los Dive Masters que también estaban allí. En toda la mañana no paró de llover. Sobre la una, fui a almorzar porque mi barco era a las dos y media y después llevé mi bolsa al club de buceo. En ese rato también aproveché para facturar para los dos vuelos del día siguiente y cierto Ancestral se alegrará de saber que tengo asiento de ventana en ambos vuelos (contando que en esa fila haya ventana, que a veces no las hay). A las dos y cuarto vinieron todos a despedirse al barco conmigo y salió a las dos y media a todo meter hacia Malé. Llegué sobre las tres y cuarto al aeropuerto, lugar desde el que podía coger la guagua para ir a Hulhumalé, la isla artificial que han hecho junto al aeropuerto y que está llena de hoteles. La guagua me dejó cerca de mi hotel, me registré y después salí a pasear y ver la isla, que no hay mucho. Vi la mezquita, el parque que tienen, la playa y poco más. Mirando en los restaurantes, todos tenían locales salvo el de la calle de mi hotel así que decidí cenar en ese y no arriesgar una tremenda diarrea antes de volar. Tras la cena me retiré a la habitación porque la mañana siguiente comenzaría bien temprano. En resumen, que ya estoy dando pasos para volver a casa, aunque aún estoy en las Maldivas.

    El relato acaba en Desde Malé a Utrecht pasando por Zurich

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