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  • Pelourinho do Porto

    15 de noviembre de 2019

    Enfrente de la catedral y la keli del Obispo tenemos el Pelourinho do Porto y al parecer la palabra adecuada en el español para esta estructura es la picota. Yo en mi ignorancia pensaba que era un monolito, pero una picota era una columna sobre la que se exponía a los reos de cuerpo entero o en versión comprimida solo con cabeza o cuerpo y se les exhibía para regocijo del populacho. La verdad que no todo es mejor ahora, yo hasta visitaría Barcelona si ponen una docena de estos y los petan con chusma y gentuza truscolana de la peor. Hasta me daría un viaje a Waterloo para escupir sobre los restos de alguno. La picota que vemos hoy en día se hizo en 1940 en base a un dibujo que había de otra que estuvo por allí, aunque no exáctamente en este lugar, unos siglos atrás.

  • Orgía sin fin de tiburones y alguna manta

    14 de noviembre de 2019

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

    Llegamos al día mayor del buceo, el día con cuatro inmersiones, que aunque Genin y Virtuditas están convencidos que esto agota lo mismo que cuando ellos se encuentran en sus coches para tomarse el cafelito en el aparcamiento del Karrefú, pues no, esto es una actividad física que desgasta y meterte cuatro veces a profundidades bárbaras tiene su peaje energético. Quedamos como siempre a las ocho de la mañana y como siempre, yo sin desayunar. Hoy solo íbamos la argentina e il Scelto y la primera inmersión era en Kandooma Thila, lugar que ya visité pero que es lo más a primera hora de la mañana y más con luna llena y las corrientes más brutales. Con corrientes, hay tiburones y con corrientes brutales, hay una cantidad brutal de tiburones. Nos dejaron garfios para poder engancharnos a las rocas. En la explicación previa, bajábamos primero a una roca grande y por allí están las rayas águila y después la corriente nos llevaría a donde los tiburones pero la corriente en ese canal era tan brutal que cuando llegamos al fondo, en un descenso de los que llaman en negativo porque es tirarte al agua y no puedes ni rezar un padre nuestro, comienzas inmediatamente a sumergirte y desde la superficie del mar a veintipico metros bajo el agua en unos pocos segundos. Nos pasamos del primer punto y solo vimos un Eagle Ray, espectacular y que volaba sobre las corrientes, pero pillamos el sitio de los tiburones y aquello fue épico. Bueno, primero tuvimos que cruzar un banco gigantesco de unos que no sé como se llaman en español y después el canal y decenas de tiburones de punta de aleta blanca y tiburones grises de arrecife pero en la versión adulto, gigantescos y algún atún enorme y bancos y bancos de peces y los tiburones que parecen disfrutar con la corriente brutal del lugar mientras nosotros permanecíamos en los laterales viendo el espectáculo. Aquello fue corto, la inmersión completa incluyendo los tres minutos a cinco metros para reducir la cantidad de nitrógeno fue de cuarenta minutos pero fue intensísima. No nos quedamos más porque a veintisiete metros, el tiempo que puedes permanecer sin necesidad de hacer descompresión es menor. Fue un flipe y salimos agotados pero eufóricos. En el viaje de vuelta nos topamos con las mantas comiendo plancton en la superficie y por lo menos cincuenta turistas nadando entre ellas. Nos tiramos con gafas y aletas y vi al menos cuatro en un momento determinado pero se fueron y estaba tan cansado que no podía nadar. Al llegar a tierra, fui a desayunar y regresé para la segunda inmersión, que fue en Manta Point, aunque estuvimos casi una hora y no vino una manta, con lo que aquello fue de esperar a dieciocho metros de profundidad sin que sucediera nada, salvo un pulpo al que le amargamos el día al final. Tras esto fui a almorzar con la argentina y adelantaron cuarenta minutos la tercera, que fue un híbrido y una que no hacen normalmente con clientes. Fuimos desde el lugar en el que acaba la inmersión Guraidhoo Córner a donde comienza la de Medu Faru. Suena fácil pero ambas están separadas por un canal, que fue lo que cruzamos, no creo que fueran más de ciento cincuenta metros, pero con una corriente brutal. En los cuarenta y tres minutos que estuvimos en el agua, en la mayor parte del tiempo yo pensaba que no nos movíamos. Nosotros llegamos a estar a treinta y un metros y por debajo de nosotros, cientos y cientos de tiburones, no se podían contar porque cuando mirabas solo en aquel instante pasaban diez o más por debajo de tí, todos enormes. Aquello era una orgía épica y legendaria de tiburones y de atunes y una mantelina (que son de las eléctricas, creo) y una manta gigantesca que pasó muy cerca de nosotros. El esfuerzo fue brutal, fue una de las inmersiones en las que más he luchado contra la corriente en mi vida, pero el resultado fue épico y quiero volver a cruzar ese sitio. Salí del agua con un subidón del quince, aquello es lo máximo.

    Ahí debería haber acabado el día pero teníamos una nocturna a las seis menos cuarto. Se apuntó otra chica española. Ni me acuerdo del nombre del sitio al que fuimos pero es como un pináculo submarino y lo vas rodeando. Al ser de noche, toda la luz que tienes es la de tu linterna. Vimos peces león, una morena fuera de su agujero, enorme y cambiándose de sitios, multitud de cangrejos minúsculos, gambas y bichos pequeñitos y unos corales preciosos. Es fascinante pero lo de las nocturnas sigue siendo algo que puedo hacer pero también puedo vivir sin ellas.

    Después de la cuarta, a las ocho de la noche, los buceadores del club quedaron con las latinas para que los llevaran a un barco que está en algún lugar sin determinar y en el que se puede comprar alcohol, ya que al no estar en tierra no está prohibido. Tal como me lo explicaron, íbamos a volver después de medianoche para cenar entonces y yo, con cuatro inmersiones y otra prevista para los ocho de la mañana al lugar de las corrientes y los tiburones, yo pasé que mi prioridad es y será siempre el buceo.

    El relato continúa en Buceando con tiburones y águilas marinas moteadas

  • Paço Episcopal do Porto

    14 de noviembre de 2019

    En la misma explanada que la catedral y con unas vistas envidiable está el Paço Episcopal do Porto, la keli del Obispo. El edificio se hizo en estilos rococó y barroco y no se puede negar que a los obispos si hay algo que les mola es vivir con lujo y boato, aquello es un casoplón. Desde el siglo XX (equis-equis) se usa como la sede del ayuntamiento de la ciudad. Igual fue porque yo pasé en fin de semana pero no parecía estar abierto al público.

  • El día de las morenas y las tortugas

    13 de noviembre de 2019

    El relato comenzó en Desde Utrecht a Guraidhoo

    Merece la pena recordar que bucear es super-hiper-mega sacrificado, que no es la vida feliz de Virtuditas levantándose allá para su hora y tal y tal, que esto requiere de ir pronto porque los bichos gustan de hacer el espectáculo a primera hora, sobre todo cuando se trata de tiburones, aunque además de la hora hay que tener en cuenta mareas, corrientes y todo lo demás. Hoy al llegar al club de buceo había un nuevo chamo que venía con nosotros, concepto que incluye a la argentina y al Elegido. Para la primera inmersión eligieron un lugar llamado Loshfushi Kandu. Llegamos al lugar y nos lanzamos y justo esta mañana los tiburones como que no quisieron pasar por allí pero vamos, que vimos varias tortugas, que siempre son espectaculares y muchas más morenas, de al menos cuatro tipos que dada mi ignorancia, no puedo repetir, aunque una de ellas fue la honeycomb, que tiene unos lunares o manchas muy bonitas. Además vimos un pedazo de atún que me dio una hambruna del copón, que yo todavía no había desayunado. El símbolo submarino para avisar que hay un atún es el de abrir una lata y esto no es cachondeo, es real como las fakenews de la vida misma. El nuevo iba raro pero es que al salir comenzó a potar en la cubierta del barco y nos temimos lo peor, bueno, yo no que eso también es contenido para el mejor blog sin premios en castellano y si la palma allí mismo, nos vemos en el blog la movió la con los vídeos que habría hecho. No sabemos si ha muerto porque ya no siguió buceando. Tras esta primera inmersión, fui pitando a desayunar y la segunda, ya con el equipo habitual, era en Back Guraidhoo. No sé ni que fuimos a ver allí pero lo que fuera, no lo vimos pero lo que sí que nos encontramos fue una cantidad dantesca de morenas, de todos tipos y tamaños, a veces hasta en grupos de dos. Aquello era una morenería, por allí también pasó un tiburón de punta de aleta blanca pero cuando vio tanta morena se piró. No sé ni cuantos vídeos de morenas tengo pero es increíble. Al salir, primero me fui una horita a la playa y después fui a almorzar y me encontré allí a los argentinos. La comida no me sentó muy bien pero llegaremos a eso más tarde. Tras el almuerzo venía la tercera y última inmersión del día, en este caso, lógicamente, a Cocoa Córner, en donde igual veíamos tiburones. Solo vimos dos y pequeños pero nos dimos un empacho de tortugas, enormes, gigantescas y mastodónticas y de morenas, que no se acaban en esa zona y claro, como esta gente no sabe que se pueden comer fritas, pues los bichos se reproducen que no veas. También pasó un Brouwers gigantesco.

    Al salir, volvimos a tierra, apalabramos el día siguiente, en el que haremos también una nocturna y cuando iba caminando a mi Keli, mi estómago avisó. Se activó el mecanismo ese que hace que las ganas de jiñote sean inversamente proporcionales a la distancia y según me acercaba, las ganas iban aumentando y hubo un instante en el que pensé que no llegaba y me cagaba allí mismo. Finalmente, haciendo un paso de procesión de Semana Santa, fui acortando la distancia, abrí la puerta y perdí la dignidad corriendo al retrete y puedo confirmar y confirmo que el almuerzo salió enterito. Una vez me recuperé emocionalmente del trauma, me fui a la playa una hora y antes de la puesta de sol hice mi paseo de rigor por el islote, que ya me conoce todo el mundo. Lo de la cagalera me dio con la comida de un sitio llamado Amore que creo que evitaré. Fui a otro para cenar y después me premié a mí mismo con un corneto. Veremos que tal va el próximo día con cuatro inmersiones, que esos son los días que acabas baldado.

    El relato continúa en Orgía sin fin de tiburones y alguna manta

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