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  • Fisherman’s Friends

    26 de octubre de 2019

    Hoy tenemos una película que vi en la segunda oportunidad. La primera vez que estuvo en mi radar, fue como el pre-estreno sorpresa de la semana, pero justo ese día diluviaba, literal y efectivamente y decidí que no merecía la pena darme cuatro baldes de agua para ir con la bici al centro de la ciudad, sobre todo cuando es agua fría. Después resultó que solo la estrenaron en un puñado escaso de cines y la tuve que programar en una visita a Amsterdam, ya que tenía un trailer y un tema que se veía interesante. Se trata de Fisherman’s Friends y al parecer no está previsto su estreno en España, pese a que ya habían impreso los carteles con el título de truscoluña no es nación.

    Un puñado de julays berrean que no veas

    Un grupo de pavos londinenses se van a la periferia campurria para una despedida de soltero o algo así y allí a uno de ellos le encargan que consiga que un grupo de palurdos que cantan canciones de marineros firmen un contrato con su empresa discográfica. Lo dejan allí tirado pero resulta que el chamo le huele el chumino a una pava y se encoña que no veas y además, es que está convencido que hay mercado para ese atajo de palurdos pescadores. El colega dejará su vida de ciudad y se pondrá manos a la obra para conseguir que los pescadores publiquen su primer disco y que sea un éxito que no veas, eso pese a que lo tienen todo en contra.

    Estas pelis de superación son siempre fabulosas y como todos sabemos que hay final feliz, nos quita el agobio de pasarlo mal. La historia es sencilla y aunque en ocasiones se les va un poco el baifo al cielo con alguna pollada que resulta difícil de creer, el espíritu de una misión casi imposible se mantiene. Lo de la historia de amor que añadieron entre medias igual hasta se lo podían haber ahorrado pero supongo que querían asegurarse el mercado de las hembras, que esas cosas las rechiflan. La música es folclórica, del Reino Unido y por consiguiente, totalmente desconocida para mi y tampoco me llevó a buscar con ansia y desespero el álbum, ya que está basada en una historia real. El nombre del grupo, si te gustan ciertos caramelos, seguro que te resulta muy familiar. En ningún momento me emocioné hasta las lágrimas pero tampoco me aburrí. Eso sí, personalmente creo que podrían haber recortado almenos quince minutos, que hay escenas que se hacen pesadas por lo largas que son.

    Con machos cantando y pescando, esto está totalmente prohibido para los miembros del Clan de los Orcos. Tampoco creo que esté al nivel que buscan los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • En la obscuridad

    25 de octubre de 2019

    Hoy es un día bastante significativo para mi porque en la latitud y longitud en la que me encuentro, cuando se ponga el sol esta tarde será el último día con una duración de la luz diurna de más de diez horas. Como cada día estamos perdiendo cuatro minutos, mañana ya estaremos en menos de diez horas y la debacle continuará hasta el veintidós de diciembre, que por suerte a mí me pillará en Gran Canaria, pero sí que estaré el día anterior y por esa época, la luz diurna solo durará siete horas y cuarenta minutos. Lo de la luz, cuanto más al norte vas, peor se pone en el invierno y aunque puedas creer que no te afecta, el no ver los rayos del sol, el estar en la obscuridad tiene un precio bastante alto. Si durante la semana no salgo a caminar a la hora del almuerzo, básicamente llegaría al trabajo de noche y me iría de noche y solo vería la luz durante los fines de semana. En Gran Canaria, cuando vaya en navidades, al día siguiente de yo llegar, que es el peor día del año por allí, habrán diez horas y veintiún minutos de luz solar, más el calor, que el sol allí cuando te acaricia la piel lo sientes mientras que el holandés es como una bombilla LED, frío que no veas porque el ángulo es demasiado bajo. En los días que están por venir, las velas con su luz cálida se convierten en protagonistas y en los bolsillos de mis chaquetas o en la mochila siempre tengo algún juego extra de luces para la bici que esté usando en ese momento, sobre todo la que uso en Hilversum y a la que le tengo que quitar las luces para que no me las roben en la estación. En estos meses oscuros, vivimos además la nueva Navidad, la comercial, que en muchas ciudades holandesas ya ha comenzado, con las calles con la iluminación navideña que además dejan hasta bien entrado enero o quizás incluso febrero, como fue el caso de Hilversum el año pasado, aunque en el lado positivo, al menos así hay bastante luz por muchas calles y carreteras.

    Saltando de tema, ayer tenía la fiesta del cuarenta aniversario de trabajo de un compañero en la oficina, que consiguió las cuatro décadas en la misma (o casi misma, ya que ha cambiado de nombre y de manos algunas veces) compañía. No es el único, hay al menos dos fiestas más que tendremos en lo que resta del año. Para mí, que llevo dieciocho años, se me antoja imposible el alcanzar esa cifra, dudo mucho que la multinacional esté en Europa en esa época, aunque no dudo que yo esté trabajando, ya que la edad de retiro se retrasa continuamente para acercarla a la media de lo que vive la gente, con lo que al final, lo de los planes de pensiones parece más bien un esquema piramidal en el que pretenden que vivamos entre tres y seis meses más de lo que trabajamos, para que no falte del dinero.

    En fin, seamos positivos, me estoy tupiendo a castañas asadas y el ascensor de la oficina ya tiene esas paredes pegajosas con los ataques químicos a los que los someto, a ambos ascensores que procuro no discriminar y alterno entre ambos.

  • Interior del Museu da Ordem de São Francisco

    25 de octubre de 2019

    Por salirnos un poco del círculo eterno de los interiores de las iglesias, hoy en lugar de eso noveleriamos en la parte del complejo que estamos viendo correspondiente al Museu da Ordem de São Francisco y una de las espectaculares salas del edificio, que se nota que la vida de los monjes era sufridísima. Las puestas se ven muy reforzadas y como eso fuera un comedor, el Cristo que lo preside tiene que haber pasado un hambre que no veas mientras los otros se encochinaban.

  • Palmeritas de hojaldre

    24 de octubre de 2019

    Hoy tenemos una receta que llevaba en mi Pocket guardada algunos años porque no conseguía las hojas grandes de hojaldre y parece que ahora se estan poniendo de moda o al menos los supermercados holandeses las están vendiendo y decidí hacer las dos recetas que tenía y al final ajustarla a mi gusto. Esto no solo se prepara en un periquete, ha sido un éxito brutal y los lunes estoy llevando un montón de palmeritas a la oficina y hay peleas de hienas por pillar una. Curiosamente, en los Países Bajos este tipo de dulce es desconocido y creo que el año que viene, cuando celebre mi cumpleaños, prepararé un arsenal y en un par de ratos tengo un manjar. En el futuro probaré variaciones añadiendo otros ingredientes y esta es la receta básica.

    Los ingredientes: Una lámina rectangular de hojaldre, azúcar, canela, nuez moscada.

    La implementación: Encendemos el horno a 180 grados con aire. Mientras se calienta, ponemos una lámina de papel para hornear en el poyo de la cocina, o eso que otros llaman encimera y rociamos azúcar en abundancia, un poco de canela y de nuez moscada (ambas se pueden evitar y hacerlas solo de azúcar, también podéis probar a añadir cualquier otro ingrediente en polvo). Ponemos la hoja de hojaldre encima y rociamos de nuevo con azúcar, canela y nuez moscada. Pasamos el rodillo por encima de la masa para fijar el azúcar, la canela y la nuez moscada, pero sin apretar, simplemente para fijarlos al hojaldre. Doblamos la masa desde ambos extremos hacia el centro y a continuación, espolvoreamos de nuevo los tres ingredientes. Pasamos de nuevo el rodillo para fijarlos, sin apretar y volvemos a plegar desde ambos extremos hacia el centro. Añadimos de nuevo el azúcar, la canela y la nuez moscada, los fijamos con el rodillo y doblamos por tercera vez desde ambos extremos hacia el centro. Aprovechamos el papel de horno y lo ponemos en la bandeja que vamos a usar. Cortamos la masa en porciones de alrededor de un centímetro de grosor y las repartimos por la bandeja dejando espacio entre ellas ya que se abrirán como abanicos. Cuando el horno esté caliente, ponemos la bandeja en la parte superior del horno (mi horno tiene cuatro niveles, las pongo en el segundo desde arriba) y se hornean unos trece minutos. Pasado ese tiempo las saco, les doy la vuelta y las horneo tres minutos más. Resulta que hay dos que parece que tienen menos luces de las esperadas, así que lo que viene a continuación debería resolver ninguna de sus dudas:

    Hasta los lerdos pueden hacer esto

    Son fáciles de hacer y están deliciosas. Aguantan dos o tres días si las guardas en un envase pero vamos, no creo que duren tanto.

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