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  • El jilguero – The Goldfinch

    19 de octubre de 2019

    Yo ya lo he dicho en multitud de ocasiones, la literatura y el cine son géneros distintos y el transvase de uno a otro es muy complicado, sobre todo cuando tienes un libro con una cantidad ingente de información y la película tiene que contar más o menos lo mismo en dos horas. Todos recordamos como algunos se rasgaban las vestiduras con las pelis de la saga de chapaPotter porque en cada película se quedaban atrás mil millones de cosas y así ha sido con todo el cine salvo con la mierda patética y deleznable del Hobbit del infame Tolkien y el aún más infame director Peter Jackson, que hizo tres películas de tres horas a partir de un libro que se lee en una sola jiñada si estás estreñido y que además el libro no contaba nada. Bueno, este no es el caso pero sirve para contar lo que está por venir. La película que voy a comentar se titula The Goldfinch y en España se estrenó hace una semana con el título de El jilguero.

    Un julay acarajotado está todo el puto día abrazado a un trapo sucio

    Un chamo pre-adolescente está de cuerpo presente con su madre en un museo en el que ponen una bomba, la vieja la palma y él cuando salió de allí robó un cuadro pequeñito porque se lo dijo un viejo que estaba muriendo. A partir de aquí su vida será un tejemaneje que no veas, primero porque su padre se lo lleva a las Vegas en donde vive con su putita, después el chiquillo regresa a Nueva York ilegalmente pero como no habla mexicano, nadie le dice nada y acaba viviendo con un viejillo negro que no le hace tocamientos como los que le haría cualquier curilla. Finalmente el chaval se convierte en un adulto traumatizado y que se quiere chingar a una pava que lo ningunea, que está prometido con otra que le está haciendo un Vitorino, él es un estafador de antigüedades y un jacoso que no veas.

    Si has leído la descripción, ya te habrás imaginado que con tanta substancia, esto era más bien algo para hacer como una serie de ocho capítulos por lo menos, quizás de AntenaTriste con la música esa empalagosa que ellos le ponen a sus series. Si no has leído el libro, hay tal cantidad de información que se te escapa y si lo has leído, hay tal cantidad de omisiones, que resultaba muy difícil equilibrar ambos mundos y definitivamente, no creo que lo hayan conseguido al menos para la gente que no conoce de antemano la historia. Está bien contada pero nos llevan a una velocidad vertiginosa que no te permite disfrutar de muchas de las cosas que hacían del libro una joya. De los actores, me quedo con el niño de mayor, con Ansel Elgort, que está fabuloso y particularmente en la historia que acontece en Ámsterdam. El problema es que también tenemos al otro, al que hace de su yo joven y por más que lo intentaron, ambos actores trabajan de manera distinta y al tener su historia tan seguida, eso se nota. Con el amigo ucraniano del chiquillo se nota aún más, ya que en la versión de niño le saca una cabeza y en la de adulto se quedó como un retaco y es una cabeza y media más bajo. Trataron de explicar lo que hace el arte inmortal pero en ese punto fallaron completamente, si uno lo lee lo aprecia mucho más que en unos pocos minutos y mal contado. La película entretiene y particularmente me gustó, pero creo que se quedó a falta de un último hervor.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, esto te puede provocar una reacción alérgica dantesca. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, se supone que la hicieron para ti, pero no la remataron.

  • El déficit que yo no veo

    18 de octubre de 2019

    Las malévolas estadísticas meteorológicas dicen que en los Países Bajos, en lo que va de año tenemos un déficit de lluvia de ciento sesenta milímetros calculado a día de ayer. Ya de entrada, la palabra déficit, que hasta en español suena a algo negativo y posiblemente truscolán, es tekort, como si hubiese cuchillos de por medio y gracias a esa coña holandesa de pegar palabras para crear conceptos, le pegan por delante la palabra para precipitación de lluvia, que es neerslag y tenemos que vivimos en un neerslagtekort que no veas, o eso dicen. La experiencia dice otra cosa, dice que ya no llueve, ahora nos baldean con una saña que no veas, que yo puedo asegurar y aseguro que los ciento sesenta milímetros que no saben donde están me deben haber caído a mí. De mis dos veces por semana para ir a correr, con suerte estoy haciendo una y del cine ni lo cuento, reservo ocho películas en una semana y rezo para poder ver al menos tres. El pantalón de lluvia me lo pongo hasta como pijama, vivo con él puesto y lo de caminar a la hora del almuerzo se ha convertido en caminar en un centro comercial a la hora del almuerzo o caminar alrededor del edificio para poder correr de vuelta cuando nos tiran el primer balde.

    El miércoles, antes de salir para ir a la clase de italiano con mi fastuosa bicicleta eléctrica, miré la previsión y parecía que no llovería hasta después de mi llegada pero por si acaso, me plastifiqué y fue todo un acierto porque el último kilómetro fue como si un camión de los bomberos estuviera ensañándose conmigo con uno de sus cañones de agua y yo tuve relativamente suerte porque llegué a tiempo, los que llegaron en los minutos sucesivos, entraban en la clase como recién salidos del mar. Cuando acabó la clase, los programas que usamos para mirar la lluvia estaban desbocados, todos indicaban que lo que estaba por venir sería dantesco, así que me condomicé totalmente y regresé a mi casa mientras me tiraban baldes de agua, creo que atropellaron a un tipo que se saltó un semáforo rojo en bici aunque no lo sé seguro porque yo no me paré porque con el chubasquero, la visión es como la de los caballos, solo pa’lante y nunca lo sabré pero si escapó, escapó por milímetros porque venía de cabeza hacia el coche que estaba a mi izquierda y que arrancó al mismo tiempo que yo cuando el semáforo se puso en verde. Al llegar a mi casa, mi chaqueta, una de marca de las buenas, mi chaqueta que me costó doscientos leuros y que dicen que aguanta una columna de cinco metros de alto de agua sobre la misma sin que cale, estaba mojada por dentro, tenía ambas mangas totalmente mojadas, con lo que deduzco que me cayeron seis metros de columna de agua o quizás más y al día siguiente tuve que usar otra porque lo último que me apetecía era ir a trabajar con una chaqueta mojada, con lo que la puse del revés y la dejé secándose en la casa. Igual que yo están mis compañeros en la oficina, los de clase de italiano, estamos todos tratando de sobrevivir a estas lluvias, que según la previsión meteorológica serán normales pero que en la práctica resultan espeluznantes, que vas tan tranquilo por la calle y de repente se hace de noche y lo siguiente que sientes es el golpe del agua cuando está tratando de pisotearte. Para hoy mismito decían que habría unas chispitas y no, no han habido unas chispitas, una mierda para el ciego que lo predijo, lo que tuvimos fueron unos garrafones de agua fresca, a diez grados, que te da una alegría que no veas.

  • Detalle del techo del Salão Árabe

    18 de octubre de 2019

    El Salão Árabe es una auténtica obra maestra en la que se cuidaron todos los detalles al máximo. Hoy vemos el techo del mismo que es fabuloso. Hay un montón de inscripciones en árabe en el salón y si no eres truscolán y hablas lenguas varias, unos son por la gloria del Señor y en otros se loa a una reina portuguesa. En algún momento de la visita nos dijeron la cantidad de kilos de oro del que no cagó el moro que se habían usado en la decoración pero sabiendo que yo tengo una memoria de tres minutos y medio, pues ya se me olvidó. La sala se puede alquilar para eventos y vale una pasta gansa.

  • Mala y mala

    17 de octubre de 2019

    Seguimos mostrando nuestras cartas y la partida se está poniendo muy interesante. Hoy por la mañana, al llegar a la oficina, tenía un correo de la mala, informando que se había puesto mala y que no vendría y me ordenaba que ejecutara una de sus órdenes ejecutivas. Yo estoy equipado de un dedo mágico, uno que cuando apunta, ya puedes haber hecho los deberes porque te van a llover palos por todos lados, así que para realizar la tarea, seguí literalmente los pasos que hay que dar y apunté hacia el jefe de la mala y mala y uno de sus colegas, que supuestamente es la persona que debería haber escrito el documento que yo lancé, solo que la mala y mala lo hizo ella misma y él no estuvo involucrado en el tema, algo que le informé que me suda la polla si lo estuvo o no, pero cada documento está vinculado a un gerente de producto y este producto es suyo, con lo que él es responsable directo, indirecto, por activa y por pasiva, del mismo. Por un momento pensé que el colega correría a su casa con la amigdalitis tan grande que le atacó cuando los güevos se le subieron a la garganta. Tiré la piedra y después esperé y pronto comenzaron a llover las quejas y entre ellas, la principal era la mala, o más bien malísima calidad del mismo y lo patético que era el inglés usado en el mismo. Yo me limité a mostrar la lista de las personas que supuestamente evalúan y corrigen el documento, una lista que incluye a unas quince personas y ni una sola de ellas se molestó en revisarlo o en corregirlo o si lo hizo, la mala y mala se pasó sus comentarios por la pipa del coño. Entonces mi antigua jefilla me reprochó que yo no lo haya hecho, que yo, sabiendo que aquello era una puta mierda del copón, lo dejé pasar, algo que le expliqué, mi contrato con el país del sol naciente, el cual recibo cada seis meses, explica, con todo lujo de detalles, que yo trabajo para la mitad de la empresa, para mi mitad y que bajo ninguna circunstancia debo o puedo hacer cosas para la otra mitad, que paga a la mala y mala para lo mismo. Además, le pregunté como es que ella, que es una de las quince personas que tuvo tres días completos para revisar el susodicho engendro, no se molestó en leerlo o quizás va a resultar que su dominio de la lengua inglesa es patético. También le expliqué que al menos cuatro personas de las quince, me dijeron que las veces que intentaron ayudar a la mala y mala, fueron despreciados, ninguneados y ella les dijo que ella es infinitamente superior y tal y tal y han decidido, que por su propio bienestar y su salud, jamás volverán a inmiscuirse en los asuntos de la mala y mala.

    Todo esto sucedía el mismo día que he logrado hacer algo histórico, me ha tomado seis meses, dos intentos y una cantidad dantesca de regates, pero mañana, por primera vez en décadas, yo informaré a la parte comercial de la empresa de algo que llevan pidiendo desde antes que a Cristo Rey le salieran los pelos en el culo. La primera observación, que calculo que llegará en los primeros trescientos segundos, será preguntar la razón por la que solo se ha hecho para la mitad de la empresa y entonces explicaré que la mala y mala es la que se encarga de los otros y que para ruegos y preguntas, ya pueden hacérselos a ella. Como sé, de buenas y múltiples fuentes, que los colegas amarillos no la pueden ni ver y en su país no dejan de encenderle velas negras, calculo que quizás en dos o tres años ella llegará a algo que será una desenfocada sombra de lo que yo he hecho, que ya anunciaré que actualizaré dos veces al año porque soy así de generoso. Cuando la noticia le llegue, se va a poner mala, mala y aún más mala.

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