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  • Te lo digo y te lo repito

    26 de junio de 2019

    Una de las cosas que más me llamó la atención durante las vacaciones es la renuncia voluntaria de muchos a expresar su opinión. Como estamos en una sociedad fundamentalmente buenista, en la que todo somos buenos y al que se sale del tiesto se le lincha, la gente se ha acojonado y ahora nadie dice nada por miedo a ofender a otros o a provocar su ira. Eso ya lo vemos en la sociedad, por ejemplo en España con los lazinazis truscolanes independentistas que atacan como hienas asquerosas y repugnantes a cualquiera que ose alzar la voz contra ellos y que solo necesitan ponerse el bigote y la esvástica con un fondo amarillo para que los tontos lo tengan más claro. Yo desde siempre he dicho lo que pienso y prefiero soltarlo a que se me enquiste en el cuerpo y me provoque una úlcera pero parece que soy una de las últimas excepciones. En los tres centros de buceo en los que estuve buceando, la gente, cuando algo no les gustaba, en lugar de ir a decírselo a la gente que trabajaba allí, murmuraban a sus espaldas con los otros clientes, conspiraban o se resignaban y se lamentaban de su mala suerte. Al contrario que ellos, yo iba defrente y con los cuernos por delante hacia el encargado y me aseguraba que escuchara perfectamente clara mi opinión y que la tuviera en cuenta para evitar un nuevo encontronazo. Por ejemplo, yo soy de bicho grande cuando buceo, a mi ponme un tiburón o un bicho enorme y déjate de enseñarme bichos minúsculos, que los tolero, pero que también puedo vivir perfectamente sin ir a verlos. Cuando hacían la planificación, trataban de mantener la balanza equilibrada para contentar a todos pero si en el barco toda la gente que está lo que quiere es bicho grande, ande o no ande, entonces no hay razón ninguna para ir a ver bichos pequeños. En los tres centros sabían que en mi caso, lo grande es más hermoso pero como los demás se callaban como putas truscolanas, nos endiñaban en la lista de inmersiones sitios para ver lo pequeño. Después los corralitos con las quejas así que opté por convertirme el portavoz de toda esa basca de cobardes y si ya estábamos en ruta, se lo decía a los Dive Master y ajustaban los lugares de inmersión, ya que a ellos les da lo mismo, cobran igual vayamos a donde vayamos y lo que quieren es que disfrutemos nuestras vacaciones y volvamos contentos a casa. Al volver, iba a los encargados y me aseguraba de que el día siguiente las cosas fueran mejor. En los dos primeros centros de buceo todos queríamos lo mismo y era fácil y aún así, como habían otros barcos, la gente de esos barcos, en lugar de quejarse directamente me pedían que hablara por ellos, lo cual podía suceder con ellos incluso presentes, con lo que definitivamente confirmo que se han perdido los redaños para expresar la opinión de uno.

    A muchos les sorprende que yo siga de una pieza y que todo el mundo se lleve bien conmigo por como digo las cosas y repito y tripito a todo el mundo que lo peor que te puede pasar, lo absolutamente peor, es que te digan que no y esa respuesta negativa ya la tienes si te callas, así que no veo beneficio alguno a no expresar mi opinión.

  • Motos con sidecar en las Filipinas

    26 de junio de 2019

    En el Nido, el transporte público lo conforman las motos con sidecar y las motos sin sidecar. En las primeras, que llevan unas estructuras como la de la foto, pueden entrar una cantidad increíble de pasajeros. El sidecar carece completamente de amortiguación y cuando vas por esas carreteras de tierra llenas de baches a velocidades bajas, porque no pueden correr mucho, sientes cada bache en tus entrañas y como se te ocurra ponerte unos boxer o ir sin calzoncillos, que Dios te asista si te trillas unos de los hueviños en uno de esos saltos. Estos vehículos protegen parcialmente de la lluvia, aunque te puede entrar por los bajos cuando pasa junto a charcos o directamente por los lados cuando otro vehículo pasa y te salpica. El precio del viaje se negocia antes de salir. Particularmente, prefiero ir de paquete en una motocicleta, van más rápido, hay amortiguación y que coño, pagas menos.

  • Te salvaste de chiripa

    25 de junio de 2019

    A veces alucino con los giros aleatorios y las decisiones que nos llevan a determinados momentos o situaciones de nuestra vida. El que voy a contar sucedió cuando regresé de vacaciones y volví a trabajar. Como dejé mi bicicleta en el garaje de la empresa, el primer día fui andando y por la tarde le eché aire a las ruedas y fui a la estación de tren para volver a casa. En el otro extremo, en Utrecht, mi bicicleta tenía la rueda delantera medio vacía, con lo que le puse aire en el aparcamiento de bicis de la estación y volví a casa sin problemas.

    El día siguiente, miércoles (comencé a trabajar el martes porque el lunes fue festivo en Holanda), fui con la bici de Utrecht a la estación y después en Hilversum, cuando voy a buscar la otra, tiene la rueda delantera vacía por un pinchazo. La arrastré hasta la oficina y más tarde bajé al aparcamiento y aprovechando que tenía una cámara de repuesto en la oficina, que las compro baratísimas y las guardo para cuando me hagan falta, decidí cambiar la cámara, pero no tenía herramientas para sacar la rueda delantera del eje y no encontrá a nadie en la oficina que tuviese una llave del quince así que lo dejé para el día siguiente y me fui a casa caminando.

    El jueves llegué a Hilversum, como siempre antes de las siete de la mañana y salió del tren un pavo y yo y el resto se fueron hacia el otro lado del andén. El caminaba delante de mi y fue el primero en pasar su tarjeta de transporte por el lector para cerrar su trayecto. Cuando lo hizo, un billete de cincuenta leuros doblado se le cayó al suelo. Yo lo recogí, pasé mi tarjeta y el chamo ya se alejaba a todo meter, que esta gente de un metro noventa con pies grandes dan unas zancadas que no veas. Para llamar su atención le grité: ¡Pollardón, Acarajotao! y por supuesto miró hacia atrás. Le enseñé el billete y le dije que aceite no se si pierde, pero los leuros sí que los va perdiendo mientras camina. El tipo me miró como alucinando, fascinado porque alguien recogió el dinero y se lo estaba devolviendo. De repente le entró como la ansiedad por contarme toda su vida y agradecerme el gesto así que lo corté en seco y le dije que allí nadie iba a chupar polla y que siguiera su camino y espabile para que no lo llamen truscolán y seguí mi ruta que tenía prisa para llegar a la oficina y arreglar mi bici.

    Este acto fue de pura chiripa, en cualquier día en el que voy con la bicicleta, yo salgo del andén por otra salida que da al aparcamiento de bicis, tengo otro lector distinto para pasar la tarjeta de transporte y jamás de los jamases habría presenciado la pérdida de la pasta y no la habría devuelto. ¿Y si existe un plan maestro y esto estaba previsto que sucediera?

    Dejando atrás el tema, saqué la rueda, le cambié la cámara interior de aire, me puse a inflarla y estalló, como un tiro, reventó dejándome con mi gozo en un claro disgusto. Me puse a revisar la rueda y encontré que estaba rota por un lado y el corte era tan afilado que parecía una cuchilla. Tras trabajar, fui a comprarme una nueva cámara de aire y la rueda, que casualmente estaban ambos en ofertas y por seis leuros conseguí ambas piezas y el viernes por la mañana, cambié las dos partes, le puse aire y solucioné el problema. Saltando atrás en el tiempo, el jueves por la tarde, al llegar a Utrecht, mi bici volvía a tener la rueda delantera medio desinflada con lo que al llegar a casa, busqué el pinchazo y lo reparé. Parece que hasta en pinchazos ambas bicicletas se ponen de acuerdo para ponerme la pierna encima y que no levante cabeza.

  • Parroquia de San Francisco de Asís

    25 de junio de 2019

    Como en muchas ciudades filipinas, el único (o los únicos) edificios dignos de reseñar son las iglesias y en este caso tenemos una dedicada a San Francisco de Asís. La iglesia está cerca de la playa y no recuerdo haber visto ninguna otra en el poblacho. En tamaño el Nido es como una cuarta parte de Corón, es mucho más pequeño y prácticamente todos los edificios que hay allí son tiendas, bares y habitaciones o casas para alquilar.

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