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Distorsiones

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  • Un montón de cosillas sueltas

    24 de junio de 2019

    Las tres semanas de vacaciones buceando en Indonesia y Malasia acabaron con un montón de datos que me gustaría almacenar por aquí para recordarlos. El más importante fue que hice cincuenta y cuatro inmersiones repartidas entre diecisiete días buceando y siete viajando, entre cambios de escenario y la ida y la vuelta. Cincuenta y cuatro buceos en ese periodo de tiempo es un montón, son tres días con cuatro inmersiones y el resto con tres. Bucear cansa, es increíble y fantástico pero cuando acabas el día, te apetece tomártelo con calma, sobre todo si al siguiente y los que están por venir sigues buceando. Yo suelo dormir cinco horas y durante las vacaciones mis horas de sueño subieron a algún número entre ocho y diez horas. En esas cincuenta y cuatro inmersiones he visto de todo, en cada uno de los lugares a los que fui tuve la suerte de ver todos los animales que habitualmente se encuentran en la zona y algunos, como el dugong o el tiburón martillo, me buscaron a mi y los otros grupos que buceaban no los vieron. Mi suerte, cuando buceo, parece ser fabulosa e igual que el año pasado vi un pez luna en Nusa Penida dos meses antes de que comenzara la temporada, en Komodo vi los dugong también meses antes del inicio de la temporada, vi veinte mantas en una inmersión cuando dicen que llevaban mes y medio con encuentros limitados a una o dos y en Sangalaki también las vi y además me di un festín de tiburones. En Sipadan, fui la única persona que vio el elusivo tiburón martillo, dos veces, en dos inmersiones distintas, que parecía que los bichos subían a verme a mi y aparte de estos animales, en todas y cada una de las inmersiones había un exceso de vida y flora marina, con unos corales fabulosos y millones de peces. Tras haber estado en las Filipinas, en el archipiélago Similan en Tailandia y en los lugares de Indonesia y Malasia que he visitado en los dos últimos años, me resulta muy duro bucear en otras latitudes porque para mi, lo normal, es estar rodeado de un fondo marino espectacular y eso no es lo que se ve en otros sitios. Con tanto buceo, mi artisteo en estas artes ha mejorado aún más. No solo controlo el aire perfectamente, también ya tengo una buena flotabilidad y puedo confirmar y confirmo que no tengo problemas de oído y que puedo descender sin problema alguno. Durante las vacaciones, mis inmersiones fueron de una hora de media, el tiempo máximo que permitían porque la gente con la que buceaba tenía al menos el mismo nivel.

    En los tres sitios en los que buceé, Komodo, Sangalaki y Sipadan, conocí un montón de gente, hice nuevos amigos y pese a los rumores, comí muy pero que muy bien, como demostraron las fotos que hice a casi todos mis desayunos, almuerzos y cena, que todo lo documenté. Aún así, regresé con casi un kilo de menos. En Komodo y Sipadan, en donde tenían bufete para la cena y en uno de ellos también para el almuerzo, evité la gula limitándome a un plato, podía poner todo lo que quería en el mismo pero no podía repetir. En Sangalaki, donde no nos daban cena en el centro de buceo, comí un montón de pescado, sepias y marisco. En los tres centros de buceo, después de un par de días, era conocido por una cantidad considerable de gente y para cuando me marchaba me conocía todo el mundo. En los tres lugares, la vida gira entorno al buceo, se hace, se habla de buceo, se sueña con buceo, se discuten destinos y eso hace mucho más fácil el trato entre la gente, todos estamos allí porque tenemos la misma afición.

    Durante las vacaciones, lo peor fueron los traslados por las constantes cancelaciones de vuelos en Indonesia. Ese país es terrible para los traslados aéreos. Crees que todo va bien y un día antes de tu vuelo te llega un correo y te lo joden todo. Nos pasaba a todos y en mi caso fue en el segundo de una serie de tres vuelos que necesitaba para ir desde Komodo a Sangalaki, porque esa es otra, la línea recta puede que sea la distancia más corta pero en Indonesia para ir desde un sitio a otro hay que dar un pasito pa’lante y dos o tres pa’tras. Conseguí arreglar el desaguisado porque había otro vuelo que salía veinte minutos más tarde de otra aerolínea, pedía la devolución del dinero del cancelado (que aún no la han hecho) y cuando compré el nuevo, algo salió mal y me cobraron dos veces, con lo que tuve que solucionar el problema en la escala entre el primer y el segundo avión y de alguna manera lo conseguí y ya me han devuelto la pasta. Hay sitios en Indonesia a los que me gustaría ir, pero cuando ves la combinación de aviones que tienes que tomar se te quitan las ganas porque sabes que aquello es abono para una úlcera por los nervios que vas a tener. Conocí gente de cuatro continentes y sigo en contacto con muchos de ellos. Usé tres tarjetas de memoria con mi cámara Xiaoyi 4K, cada una de sesenta y cuatro gigabytes y dos de ellas están casi llenas, con lo que tengo una cantidad brutal de vídeos, casi seis horas. Llevé mi cámara Canon 6D y solo la usé una mañana, cuando fui a ver los dragones de Komodo, con lo que igual la podía haber dejado en mi casa en Europa y me ha hecho comenzar a plantearme el venderla y comprar una pequeña y más ligera, ya que de los siete kilos de equipaje con los que fui de vacaciones, la cámara era responsable de uno y medio. Del resto del equipaje, todo, absolutamente todo lo que llevé, lo usé, con lo que mi selección fue impecable. Volví con dos camisetas nuevas, que me regalaron en Sangalaki y en Sipadan, aunque no se lo digáis a nadie que el resto de la gente las compra. Esta es la primera vez en la que no facturo equipaje ni en la ida ni en la vuelta, aunque también, si quiero bucear, me plantea un dilema, ya que me he comprado punteros metálicos y la única forma de llevarlos es con el equipaje en bodega, con lo que puede llegar el día en el que tenga que facturar si quiero llevar uno de ellos.

    Tuve dos tarjetas SIM prepago y con ambas tuve problemas. Las leyes de esos países obligan a la activación con pasaporte de las mismas. En Indonesia, eso ha hecho que hayan desaparecido las tarjetas prepago de las tiendillas que hay por todos lados y cuando conseguí una y la compré, con seis gigas de datos para un mes, yo supuse erróneamente que los datos eran para todo pero no, al parecer para correo y búsquedas web solo tenía un par de cientos de megas y en la segunda semana mi tarjeta solo servía para güazá e instagram. En la primera me dejó de funcionar dos días, hasta que descubrí que el gobierno había bloqueado el correo y todos los programas de mensajería y redes sociales por movidas post-electorales. La tarjeta en Malasia, que me la dieron activada y que pagué por datos para siete días, dejó de funcionar el quinto porque seguramente la activaron dos días antes. Pese a los contratiempos, logré mantener mi racha en el duolingo, aunque la de caminar más de diez mil pasos al día se fue a tomar por culo y se cortó en ciento cincuenta y cuatro días.

    No tuve fatiga de vuelo alguna en Asia pero el regreso ha sido nefasto, pasé una semana malviviendo, teniendo sueño a las horas equivocadas y despertándome por la noche super-temprano, aún en plena noche.

    Seguro que recordaré nuevos datos y actualizaré esta anotación o haré una segunda con ellos.

  • La semana pasada en Distorsiones

    24 de junio de 2019

    Tras un micro-fin de semana en Málaga, he subido pa’rriba y me he topado los Países Bajos en plena ola horrorosa de calor, la primera de dos, con lo que los días que están por venir serán terribles y estaremos probando en nuestras carnes lo que nos espera en el infierno. Se me acabó todo el contenido que había escrito durante las vacaciones y durante la semana aparecieron los últimos episodios, que comenzaron con Buceando por el norte de la isla de Kapalai y tras esto llegó el gran día Buceando con tiburones martillo en Sipadán y al día siguiente fue la Segunda visita a Sipadan y el fin del buceo y el último capítulo fue El requete-larguísimo regreso a casa. Ahora que he terminado con la historia, el día que me ponga a procesar vídeos regresaremos para ver los peces y las cosas esas que hay debajo del agua y los vídeos de despegues y aterrizajes.

    • Playa del Nido
    • Vista general del Nido
    • Atardecer en la playa del Nido con Cadlao al fondo

    LLegamos al final de la serie sobre Coron y lo hicimos viendo el Albúm de fotos de Coron y desde ahí saltamos a el Nido, en la misma provincia filipina. La serie comienza con la Playa del Nido y sigue con una Vista general del Nido y nos quedamos con un Atardecer en la playa del Nido con Cadlao al fondo.

    • A dos metros de ti – Five Feet Apart
    • Salvar al soldado Ryan – Saving Private Ryan
    • Rocketman
    • Mascotas 2 – The Secret Life of Pets 2

    Fui a ver cuatro películas al Cine y comenté por aquí la misma cantidad, comenzando con el excelente drama romántico A dos metros de ti – Five Feet Apart, seguimos con el clásico de ayer, hoy y siempre Salvar al soldado Ryan – Saving Private Ryan, seguimos con el musical Rocketman y lo dejamos con Mascotas 2 – The Secret Life of Pets 2.

    En lo relativo a la comida, como estuve fuera de mi casa el fin de semana y un día en Amsterdam hay menos que de costumbre, aunque en el lado positivo, he añadido un par de fotos a la biblioteca de cosillas nuevas:

    • Quesadillas con carne de vaca
    • Mantecados de Gran Canaria
    • Guisantes con salchichas
    • Magdalenas del carajo, mi receta
    • Pannenkoeken
    • Pan de suero de mantequilla

    Y así transcurrió la semana.

  • Mascotas 2 – The Secret Life of Pets 2

    23 de junio de 2019

    Hace ahora unos tres años fui a ver Mascotas – The Secret Life Of Pets, película de animación que me gustó pero que no me maravilló. Probablemente funcionó en cartelera muy bien porque se han currado una segunda parte y como no tengo un recuerdo terrible de aquella primera película, coincidió que encajaba en una de mis escapadas al cine y así fue como fui a ver The Secret Life of Pets 2, película que en España se estrenará en agosto con el título de Mascotas 2, que parece ir en línea con el de la primera película.

    Los julays perrunos de la primera parte se van de vacaciones al campo y conocen a un chucho y el resto de la perri-panda se queda en la ciudad con unas movidas raras que no veas

    En realidad esto son como tres episodios que se mueven en paralelo o algo así. Por un lado tenemos que el perro protagonista de la primera parte tiene a su dueña que se casa y la empreñan y tiene un chiquillo y hay otro perro en la casa y todos se van de vacaciones a una granja de un tío, en donde conocen a un perro granjero que le enseñará al chucho muchas cosas. Por otra parte, uno de los perros se tendrá que disfrazar de gato y meterse en una keli petada de los mismos para recuperar un juguete que entró en esa casa y una tercera rama de la historia va de liberar a un tigre de un circo o algo así.

    Lo de las tres historias y los saltos de una a otra para mi es algo que me distrae e impide que me centre en lo que estoy viendo, ya que ahora es movidas en la granja, que eran muy divertidas y un segundo después es la trama de entrar en la casa de los gatos, que me la suda y no me gustó para nada y después tenemos lo de liberar al tigre del circo, que estaba bien pero tampoco es como para flipar y como vamos de una a otra cada minuto o minuto y medio, empiezo a pasar del aburrimiento al interés a la desidia al interés al tedio y todo ese cambalache tiene un precio, que viene a ser que la película es pasable pero cansina y probablemente la podrían haber montado mejor. Me imagino que funciona muy bien con los niños aunque al menos en la sesión en la que yo la vi, no había ninguno en la sala con lo que no lo sé a ciencia cierta.

    Puede que valga para llevar a los retoños de los miembros del Clan de los Orcos al cine o incluso a los de los sub-intelectuales con GafaPasta pero en ambos casos, los adultos no van a pasar un gran rato.

  • Rocketman

    23 de junio de 2019

    Después del biopic sobre Freddie Mercury, esperaba como agua de mayo del de Elton John, aunque seamos honestos, no hay color entre esas dos divas, ya que el Elton, al vivir, ha tenido muchísimo tiempo para cagar su imagen una y otra vez y en lo musical, desconozco si ha sacado algún disco desde la banda sonora del Rey León porque no está entre los artistas por los que me molesto en buscar novedades. La película en la que nos cuentan sus orígenes y su ascenso a la fama se titula Rocketman y se estrenó en España con ese mismísimo título y el subtítulo de truscoluña no es nación que es una verdad tan grandísima como el corazón de una folclórica.

    Un julay mariconsón está tan confundido que acaba no sabiendo si está cantando con el micrófono o con el nabo de alguno de sus queridos.

    Un niño supuestamente obeso, anoréxico, acarajotado, mariponsón y gilipollas combina todo eso escribiendo música y se topa con otro chamo que le escribe letras y acaba montando una banda y se vuelve super-hiper-mega famoso y claro, se jarta a mamar trancas para inspirarse o alimentarse, que no me queda claro y se enrolla con uno que es su agente y que se la pega hasta con los sellos de las cartas y toda la familia se ríe y abusa de él y el chamo se lo pone a todos fácil porque viste peor que Falete cuando le baja el reglote. El chamo acaba de borrachuzo, jacoso y muchas cosas más.

    Un pequeño detalle que jamás desvelan en los trailers de la película es que esto es un musical, es decir, no es una película en la que la música está ahí porque el chamo cante la canción en un concierto o esté componiendo, no, el chamo sale a la calle y se pone a cantar y todo el mundo a su alrededor canta y baila y sigue cantando y esto para mi fue demasiado, terminó por desquiciarme porque escenas que habrían podido ser muy buenas son destrozadas con numeritos musicales. Por lo demás, lo único que aprendí viendo la película es que el tipo se casó con una pava durante unos años, aunque en la peli es un minuto, que su agente y querido era rastrero y que su mejor amigo y escritor de las letras de las canciones seguramente era la única persona en su vida que lo quería de verdad, sin importarle para nada lo que hacía o con quién lo hacía. Taron Egerton es un gran actor pero definitivamente, en las escenas de cante y baile por las calles o por donde se encuentre no funciona, cuando tiene escenas en las que no canta o cuando está actuando en conciertos es fabuloso y resulta muy creíble. El problema de la película es esta dicotomía, como vamos dando saltos desde momentos buenísimos a canciones mascosas y viejunas. Al final el balance es positivo, pero por la mínima y ni de coña la volveré a ver en un cine.

    Si eres un miembro del Clan de los Orcos, esto te puede provocar derrames cerebrales de tu única neurona. Igual mola mazo a los sub-intelectuales con GafaPasta.

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