La Tyska Kyrkan, Iglesia alemana o iglesia de Santa Gertrudis es una de las más famosas en Gamla Stan, en el casco viejo de Estocolmo. Al parecer en esa zona vivían mercaderes y marinos alemanes en la Edad Media. La iglesia es muy bonita por dentro y vale la pena visitarla pero no dejaban hacer fotos. Todavía hoy en día hay servicios en alemán. El interior de la iglesia es de estilo barroco. La iglesia está rodeada por un minúsculo parque.
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Suite francesa – Suite Francaise
Jolín con la racha de dramotes que llevo. Es que parece que estoy en un bucle infinito en el que todas las películas que voy a ver se mueven en ese universo. A ver cuando llegan las comedias románticas y las películas de cachondeo porque uno ya empieza a estar agotado de tanta movida chunga y putadas de la vida. La de hoy es una película ambientada en Francia durante la Segunda Guerra Mundial aunque se ha rodado en inglés, algo extraño pero que en mi caso fue una bendición. Para rizar más el rizo, a los franceses hablando inglés les dieron acento de francés. Se trata de Suite Française y en España se estrena la semana que viene con el título de Suite francesa.Una julay se encoña de un nazi
Una francesa casada y cuyo marido está en el frente luchando se enamora del oficial alemán que les meten en la casa y con el que les obligan a vivir. Aunque lo quiere odiar una jartá, resulta que el hombre es sensible y amoroso y le pone los pezones como piedras de hielo. Aunque ella se quiere resistir, es que no puede, es que va como cabra al monte y ni su suegra la podrá detener.
Todavía no me puedo creer que Kristin Scott Thomas esté haciendo papeles de señora ya mayor. Pero si hasta hace tres lunas era una de las chochas del marte. Regresando a la película, la historia es una especie de drama romántico en el que la guerra y el odio entre enemigos son incapaces de contener la pasión que sienten dos personas. Michelle Williams está fantástica y como siempre, rebosa erotismo por todos lados. Esa mujer es lasciva por antonomasia. El hombre del que se enamora es Matthias Schoenaerts, actor que no recuerdo de películas anteriores pero que no lo hace mal. El problema es que tenemos unas cuantas tramas secundarias que son algo flojas y que lastran a la historia principal. Además, la película repite demasiadas escenas, es como si no hubiese demasiado en el guión y para llegar a la duración adecuada optaron por estirar el chicle al máximo. La historia, aunque bonita, no acaba de cuajar y se queda en pasable.
Ni de coña esto lo toleran los miembros del Clan de los Orcos. Es demasiado sofisticado para ellos. Tampoco consigue la calidad que esperan los sub-intelectuales de GafaPasta con lo que termina a medio camino de ambos mundos. Aunque no es mala, tampoco puedo decir que sea un peliculón y se puede ver perfectamente cuando la den por la tele o la tengas en la micro-pantalla del asiento de un avión en un vuelo transatlántico.
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Bloed, Zweet & Tranen
Mis amigos holandeses siempre flipan porque yo voy a ver un montón de películas del país que ellos no ven ni cuando las ponen por la tele. Por eso, muchas veces me preguntan para ver si valen la pena. La de hoy es una que cuenta algunas partes de la vida de Andre Hazes, segurmente el cantante de música popular más famoso del país y el más idolatrado. La película se llama Bloed, Zweet & Tranen, jamás se estrenará en España pero de hacerlo, o la titulan truscoluña no es nación o hacen una traducción más literal y entonces sería Sangre, sudor y lágrimas.Un julay alcohólico no da pie con bola
Andre Hazes tuvo una infancia difícil con un padre violento que arreaba moquetazos a su madre, a él y a sus hermanos a base de bien y que trató de explotarlo cuando descubrió que el chiquillo podía cantar. Cuando más adelante comienza su carrera como cantante, se asocia con un músico con el que escribirá y creará varias canciones que traen un soplo de aire fresco al folclore holandés y resultan grandes éxitos. La relación entre ambos es algo tortuosa, sobre todo por el problema con el alcoholismo que tiene el cantante. En el tramo final de su vida, Andre Hazes vive con su esposa y dos hijos básicamente borracho, le importa un carajo lo que le digan los médicos sobre su salud, en muchas ocasiones no puede hacer su trabajo y avanza a trompicones y con peleas con su mujer hasta que termina reventando.
Volvemos a lo mismo de siempre. Si hubiesen contado secuencialmente cada una de las tres historias de la vida de Andre Hazes, estaríamos hablando de un peliculón. El problema es que cuando las llevas en paralelo y cada rato saltas de una a otra, los espectadores sufrimos demasiado y perdemos el interés, ya que no todas son igual de interesantes. La parte de la infancia para mi no es muy amena y lo de ver un tipo pegar a su mujer y sus hijos no me engancha al cine. La parte del alcoholismo y del éxito resulta mucho mejor y aún más porque el colega era como un orco de gordo y de feo y sin embargo todas las hembras se volvían locas por él. El actor que lo interpreta en sus dos fases adultas lo hace muy bien pero no resulta creíble cuando pretenden ponerlo de chaval.
La peli está amena pero podría haber sido muchísimo mejor. Jamás se estrenará en España así que ni los miembros del Clan de los Orcos ni los sub-intelectuales de GafaPasta se tienen que preocupar de nada.
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Desde Puerto Princesa a Cebu
El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje
El día de hoy es de esos de transición que se pierden porque no me quiero arriesgar a que las cosas salgan mal. En teoría, si el vuelo salía en hora, tenía tiempo suficiente de desplazarme al muelle y tomar un ferry rápido para Bohol, que era mi destino, pero si la cosa sale mal, te encuentras sin ferry y sin hotel y como por aquí, con tifones, tormentas y movidas similares, la puntualidad aérea escasea, opté por detenerme un día en Cebu y aunque no hacía nada, igual me relajaba.
Me levanté temprano, cuatro horas antes de la hora Virtuditas pero no fui a desayunar mi tocilog hasta cerca de las ocho y media. El tocilog es la aquí conocida como longanissa, salchicha de cerdo pero más bien tirando a chorizo, sabrosona y que te sirven con un huevo frito y arroz blanco, el cual todos los días lo pido frito y me lo traen hervido. Después de eso, me retiré a mis aposentos para planear un poco mis siguientes movimientos o al menos los tres siguientes días. Al contrario que en mis viajes por otros países, en los que conocía gente, compartía vivencias y mi brújula oscilaba según lo que me decían, en las Filipinas la mayor parte de la gente que me he cruzado son hombres casados con hembras locales que vienen cada dos años a ver a la familia de ellas y de paso tienen una semana o así en algún lugar de vacaciones del país. No he visto mochileros como en Tailandia o en Malasia y los pocos con los que he hablado, acababan de llegar al país y tampoco tenían idea de lo que querían hacer. Por eso estoy más o menos improvisando de oído. Mi ángel de la guarda es fabuloso y me quitó de la cabeza la idea de irme por Luzón la primera semana, lugar en el que ha pasado durante ese tipo un tifón. Ahora, saltaré a Bohol, aunque me quedo en una isla pequeña a la que está unida por un puente llamada Tagbilaran durante tres días y si me gusta, igual lo estiro algún día más. Tras ese destino, aún no sé si saltaré a Siquijor y me quedo allí unos días o voy a Oslob, me baño con los tiburones ballena y después me marcho unos días al norte de Cebu, a las islas Camotes. Una tercera posibilidad es ir a Moalboal. Lo que es seguro es que me quiero quedar relativamente cerca de Cebu para volar desde allí a Caticlan, que está pegadito a Boracay, en donde quiero pasar los últimos tres o cuatro días. Mi regreso será desde Kalibo, aeropuerto que también está cerca de Boracay.
Regresando al relato de hoy, busqué y encontré el hotel en Bohol (paso de referirme al lugar como Tagbilaran) y para cuando acabé, ya era hora de ducharme, vestirme, empaquetar y que me llevaran al aeropuerto. El recinto para acceder a aviones de Puerto Princesa es la viva imagen del caos en este país. En la puerta un poli quería ver mi billete, el cual no tengo porque lo compré por Internet, así que le enseñé el correo. Después has de pasar un primer control de seguridad y ponerte en la cola para facturar. Como solo llevo equipaje de mano y según la página de la aerolínea son siete kilos, me colgué la cámara al hombro y saqué el iPad y con eso estaba en seis kilos y pico. Me lo podía haber ahorrado, al colega no le interesaba para nada y me dio la tarjeta de embarque.
Fui a entrar en la zona segura y me dijeron que podía llevar mi botella de medio litro de agua, que no tenía que sacar los líquidos o cualquier otra cosa de la mochila. Igualito que en Europa. Después me senté en una enorme sala de espera en la que todos los vuelos siguientes salían desde la pueta 1, la asignada a Cebu Pacific y Tigerair. Mi vuelo era con la segunda. Como no hay paneles informativos, en un momento determinado alguien pone un cartel en un tablero anunciando el embarque y la gente corre, le da la tarjeta y entra. Una media hora antes de la hora prevista para el embarque, anunciaron el de mi vuelo y en lugar de un avión de Tigerair era uno de Cebu Pacific. Salimos media hora antes de la hora prevista, como que les da igual el ir con retraso o adelantados. El vuelo es de una hora de duración y transcurrió sin incidencias. Al aterrizar, nos llevaron en guaguas a la terminal, que estaba cien metros más adelante, pasé por la sala de recogida de equipaje y pregunté en información en donde estaba la parada de taxis. La beba Ascanio me dijo que tenía que salir por la puerta a su derecha, cruzar la carretera, subir las escaleras, girar a la derecha y avanzar hasta que los viera. Todo eso cuando me fijo que hay un cartel enorme que dice que los taxis están a la izquierda. Fui al mostrador, pedí uno y la siguiente media hora la pasé en un atasco, algo típico del tráfico en las carreteras filipinas. Elegí el West Gorodor Hotel porque está en una zona tranquila de la ciudad, con un mega-centro comercial y porque son medio ecológicos y digo medio porque en las habitaciones hay aire acondicionado pero no en las zonas comunes.
Después me fui a dar un garbeo por el centro comercial para comprobar que las mismas tiendas que hay en Europa están aquí y después fui a cenar al restaurante Zubuchon, en donde me puse tibio con lechón cocinado al estilo de Cebu, con su piel crujiente y todo. Esta gente adquirió lo mejorcito de la comida española y lo han mantenido. Tras el empacho de cerdo, regresé al hotel. En este ciudad, las calles se ven un poco más inseguras, como en Manila. También, la cantidad de contaminación en las calles es brutal. Respiras humo de coches.
El relato continúa en Llegando a la playa de Alona


