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  • Museo Nobel en el Börshuset

    15 de mayo de 2015
    Museo Nobel en el Börshuset

    Museo Nobel en el Börshuset, originally uploaded by sulaco_rm.

    El edificio en el que estaba el mercado de valores de Estocolmo, un palacio construido en el siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito) es en la actualidad el Museo de los premios Nobel y está en la Stortorget, la plaza más antigua de la ciudad. En este edificio se anuncia el ganador del Nobel de literatura y hospeda también la biblioteca Nobel. El museo no me impresionó para nada, de hecho, me pareció más bien pachanguero y vulgar.

  • El río subterráneo y las luciérnagas

    14 de mayo de 2015

    El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Una de las cosas que me gustan de mis caóticas vacaciones es que nunca sé exactamente como acabará la cosa. Voy improvisando el camino y a veces las cosas vienen de una manera o de otra. Después de no poder apuntarme para una visita al Río Subterráneo de Puerto Princesa en mi primer día en el lugar, lo dejé apalabrado para mi regreso desde el Nido. Me informaron que me recogerían a las 06.45 o exactamente, cuatro horas y cuarto antes de a hora Virtuditas, el método universal para fijar eventos en nuestro calendario Me levanté a las seis y diez y cinco minutos más tarde ya estaba desayunando y en este ocasión y por darme un descanso, regresé a los clásicos occidentales, con tortilla francesa y tostadas. Me vinieron a recoger en hora y tras parar en otro hostal para pillar a una pareja más, el grupo estaba completo. Éramos siete, con dos parejas de filipinos que viven en los Estados Unidos y dos chochas que también eran gringas. El lugar al que íbamos está a una hora y media de Puerto Princesa, con la mitad del recorrido por la misma carretera que va hacia el Nido y que sucede que es el peor tramo de la misma. Es una sucesión de curvas en zig-zag, con pendientes de montaña rusa en la que se pone a prueba tu estómago, tu vértigo y todo lo demás. Cuando tomamos el desvío hacia Cabayugan la cosa empeoró, las cuestas y las curvas aumentaron y con la furgoneta balanceándose como un carricoche de montaña rusa. Todo iba bien hasta que una de las gringas pidió que pararan y se puso blanca como nalga de albino. A partir de ese punto el conductor fue más relajado pero la chica no mejoró mucho. Lo de la visita al Río Subterráneo de Puerto Princesa es un acto de paciencia, ya que para una actividad de unos cuarenta minutos, pasas horas. Previamente, en los días anteriores, te inscriben, con tu nombre y nacionalidad, indicando el día en el que vas. Eso, que parece estúpido, te ahorra unas tres horas o más. 

    Al llegar al lugar, nuestra guía fue a la ventana de inscripción y luego a solicitar un barco mientras nosotros esperábamos en las zonas asignadas. Nos había dicho que allí podíamos pasar hasta tres horas. Estuvimos charlando muy animadamente y al final, estuvimos unas dos horas allí. Después nos llegó el turno para montarnos en un barquito con un máximo de ocho pasajeros que te lleva hasta el lugar en el que está la entrada al parque propiamente dicho. Es un viaje de unos veinticinco minutos, con el barco dando bandazos arriba  y abajo, de izquierda a derecha y la pobre enferma pasándolo peor. Para cuando llegamos, la chica estaba que no se tenía en pie y se tuvo que tumbar. Allí la espera fue de unos cincuenta minutos y en la misma, vimos los lagartos enormes que hay por el sudeste de Asia y que son enormes. También había monos que a poco que te descuidas te roban el teléfono o la comida. Siempre hay alguien lo suficientemente estúpido para que le pase y nos echamos unas risas cuando la tonta del bote casi pierde el suyo. Por desgracia no hubo ninguna pelea entre los monos y los lagartos, pero nos dijeron que son espectaculares. Mientras esperábamos, entraban y salían botes del río subterráneo. Finalmente nos llegó el turno y nos subimos a uno. La experiencia es mágica. Avanzas en una embarcación con un remero y un guía que lleva una linterna y va indicando las formaciones que hay en el  interior. Es un viaje de algo más de kilómetro y medio dentro de una montaña, rodeado de estalactitas y estalagmitas, con miles de murciélagos revoloteando sobre tu cabeza. No me extraña que lo hayan elegido como una de las Nuevas Maravillas del Mundo, se lo merece. El guía en todas las rocas veía formas y una vez te las sugiere, no puedes dejar de verlas. El recorrido es alucinante y te olvidas de las horas de espera. Hice alguna foto en el interior aunque no sé si quedarán bien, ya que les ha dado por la ecología y han decidido no poner ningún tipo de iluminación el lugar, sobre todo para proteger el ecosistema. También están limitadas las visitas a un cierto número de personas por día y dependiendo de la marea, hay horas en las que no es posible. En el primer viaje en barco nos habían dado un chaleco salvavidas que hay que usar también en el segundo y en este además te dan un casco de obra, que no creo que te proteja de nada salvo de las cagadas de los murciélagos. 

    Después de salir y devolver el casco, nuestra guía fue a avisar al barquero que nos debía llevar de vuelta, ya que el mismo que te trae te lleva. Todos los trabajadores son de la tribu local, la cual al parecer tiene la piel bastante blanca porque son mestizos y seguro que hasta el más lerdo sabe que conquistadores fueron los que se mezclaron con los locales y NO, no aceptamos truscoluña como nación. En el segundo viaje en la barca por el mar la gringa evolucionó hacia el verde y según nos bajamos empezó a potar que no veas y se perdió el almuerzo, en un bufé de comida filipina en el que nos pusimos tibios. Tras el almuerzo, regreso a la ciudad, aunque tuvimos que parar después de quince minutos de camino para que la chica potara de nuevo, sentarla en el asiento delantero y cruzar los dedos para que aguantara hasta Puerto Princesa. Estaba claro que no se iba a recuperar y ese mismo día por la noche iba a ir con su amiga a una excursión en la que te llevan por un río para ver luciérnagas. Como si cancelaba no le devolvían el dinero, yo me ofrecí a ocupar su puesto. Los filipinos tienen pánico a decirte que no, así que la guía no sabía si se podría hacer el cambio o si alguna de las agencias de viaje involucradas en el tema se cabrearía. Las chicas habían reservado el tour con su hotel que a su vez contrató a una agencia que contrató a otra agencia y yo llegaba de una tercera compañía. Nosotros no lo entendíamos pero no quieren que haya malos rollos entre las empresas y discutieron y hablaron entre todas ellas hasta que al final decidieron que sí se podía hacer el cambio de nombre. Al llegar cada uno a su hotel o pensión, quedamos que nos veríamos a las seis de la tarde y aproveché las dos horas que tenía para ir a ver la catedral y la Plaza de Armas que están muy cerca de mi pensión Después de ducharme, le puse la parte inferior a mis pantalones para cubrir mis piernas, me embadurné en crema con repelente para los mosquitos y me recogieron. En eso que comenzó el diluvio y fuimos al río en el que sucede este paseo y que es muy cerca de la ciudad. Es una zona con manglares protegida y en la que trabajan jóvenes locales. Por culpa de la lluvia, no había luciérnagas y tuvimos que esperar una hora. Finalmente, salimos, en botes con tres pasajeros como máximos y un remero/guía. Si lo de la mañana fue increíble, esto no se le queda atrás. Vas por un río totalmente a obscuras y de repente en los árboles del manglar, vez diez, treinta cincuenta o más lucecitas que se encienden y se apagan. Es mágico. Al parecer las luciérnagas de este lugar son del tamaño de un grano de arroz pero producen un montón de luz.  El paseo en barca dura una media hora y tiene multitud de momentos asombrosos. En el agua del río también hay algún tipo de alga fosforescente y cuando metías la mano en el agua, creabas una traza de luz verde increíble. Por desgracia aquí la cámara no pudo hacer nada, no conseguía enfocar nada e intenté hacer un vídeo pero no tengo ni idea de si será posible usarlo. 

    Cuando terminamos, nos trajeron de vuelta a nuestros hoteles. Dos excursiones increíbles en un solo día. Con esto más o menos finaliza mi visita a Palawan, lugar al que me gustaría regresar porque hay mucho más que ver. 

    El relato continúa en Desde Puerto Princesa a Cebu

  • Stortorget

    14 de mayo de 2015
    Stortorget

    Stortorget, originally uploaded by sulaco_rm.

    Aunque el nombre de esta plaza se puede traducir como la plaza grande en realidad es una pequeña plaza en Gamla Stan y es la más antigua de Estocolmo y el núcleo del barrio. El lugar es muy turístico y allí tenemos el antiguo edificio de la bolsa de valores y que ahora es el Museo Nobel, el cual veremos en otra foto. Los edificios están impecables y el lugar es muy agradable para pasear.

  • La playa de las Cabañas y regreso a Puerto Princesa

    13 de mayo de 2015

    El relato comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Mi último día en Puerto Princesa era en realidad medio día. Tenía reservado mi asiento en una de las furgonetas que transportan gente para la una de la tarde. Como a las siete de la mañana estamos todos levantados (aquí no se respeta la hora Virtuditas), desayuné, hice mis ofrendas a Poseidón y sobre las ocho me iba en tricycle a la playa de Cabañas (que ellos escriben como Cabanas pero que pronuncian con su eñe). Está un par de kilómetros antes de llegar a el Nido por la carretera que viene desde Puerto Princesa y es una playa de arena blanca. Está dividida en dos partes, que seguramente hasta tienen nombres distintos. En la primera hay un montón de pequeños moteles, pensiones y demás, todo en plan cutre como son las cosas por aquí pero que dan a la playa. En el segundo tramo, el de las Cabañas, prácticamente no hay sitios en donde quedarte salvo por uno con el nombre de la playa y que no se ve desde la arena, así que desconozco si es de super-lujo o cutre. Lo cierto es que está junto a una playa de ensueño, con arena blanca, un agua cristalina y limpia que da envidia y una calma increíble, ya que por allí viene poca gente y tampoco hay vendedores. Llegué el primero y la tuve para mi solo al menos una hora y después, a mi alrededor, solo habían unas cinco personas. El agua no es muy profunda con lo que te pones a tomar el sol mientras estás en ella y solo escuchas las cigarras en el islote cercano (o los bichos que hacen ruido como grillos, creo que en mi primer viaje a Malasia averigüé el nombre, pero ya lo olvidé) y las olas al romper en la arena. No se oye más nada. 

    Estuve allí algo más de tres horas, con ratos en el agua y ratos en la toballa y algunos momentos para hacer unas cuantas fotos. Después, con pena, recorrí toda la playa de vuelta al lugar en el que los conductores de tricycles esperan a los turistas y pillé uno que me llevó de vuelta a la pensión. Me duché, me vestí, acabé de empaquetar, aunque nunca deshago la maleta del todo, con lo que es algo rápido y me acerqué a la Midtown Bakery para gastarme la friolera de sesenta céntimos de leuro. Me compré dos donuts caseros, dos trocitos de pan de huevo (que está de morirse) y dos bollitos pequeños que estaban aún más ricos. En mi lista de panaderías del universo, la del Nido está en primera posición con diferencia. Me quedé al fresco en la recepción de la pensión hasta las doce  media y después pillé un tricycle hasta la estación de autobuses o el descampado desde el que sale el transporte. Fui al rincón de la compañía que me llevaba, les enseñé mi papel y me senté a esperar un rato. A la una de la tarde, entramos en el vehículo, el cual iba petado. Aparte del conductor teníamos, al Elegido, un julay europeo casado con filipina con dos niñas, otro julay ya senil casado con filipina que quiere heredar, una chama filipina sola, una pareja filipina que se quedaron en la misma pensión en el Nido que yo y dos filipinos que creo que eran del pueblo y bajaban a la ciudad, aparte de un occidental obeso que yo diría que era gringo por el tamaño de las lorzas. O sea, dos pasajeros junto al conductor, cuatro en la primera fila, tres en la segunda fila (en configuración 2+1, teniendo yo ese último asiento) y cuatro en la fila de atrás. El colega que conducía fue a la escuela de educación de Fiti y Paldi e hizo todo el trayecto en cinco horas, frente a las siente que tardamos en la ida. El tipo desconocía el concepto de frenado y si el objeto que estaba en la vía no se retiraba a tiempo, básicamente se lo lleva por delante. 

    Llegamos a Puerto Princesa a las seis de la tarde y después de registrarme en la pensión, me acerqué a pillar dinero en un cajero automático cuando se fue la luz en toda la ciudad, algo que aquí sucede a diario y la gente ni lo nota. En seguida saltan los generadores y algunos negocios ni llegan a tener corte. De hecho, saqué dinero mientras no había energía eléctrica. Tras tanta comida Filipina, me apetecía algo insubstancial y vulgar y opté por una cadena de comida rápida. Luego caminé por la ciudad, sobre todo por la avenida frene al mar, que se pone muy animada y al regresar a la pensión me informaron que mi próxima aventura comenzará a las siete menos cuarto, que es cuando me recogerán y desayunaré a las seis y cuarto. 

    Aunque soy terrible con la planificación, ya reservé hotel para mi próximo destino, que será Cebu, en donde solo estaré de pasada camino a Bohol, lugar en el que espero quedarme al menos tres días. 

    El relato continúa en El río subterráneo y las luciérnagas

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