Justo lindando con el Campo dei Miracoli podemos ver la muralla de la ciudad de Pisa. Al parecer, entre los restos que quedan, hay dos partes que se pueden visitar pero yo no di con el lugar por más que lo intenté. Aún así, la rodeé durante unos cientos de metros e hice algunas fotos como la que he escogido para hoy. La construcción de esta muralla es de mediados del siglo XII (equis-palito-palito). La ciudad no estaba completamente rodeada por una muralla, aprovechaban el río Arno y otras construcciones para que formasen parte de la defensa de la misma. Mañana veremos una de las entradas a la ciudad a través de la muralla.
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Casi veo esa luz al final del túnel
No es cierto que se vea la luz al final del túnel. En los momentos finales de mi vida que sucedieron esta mañana, ni luz ni nada de nada. Retrocedamos en el tiempo unas horas. Hoy mismamente tenía que viajar por motivos de nómina. Como me dan un salario indigno, me obligan a producir cosas para ellos y entre estas, una vez al año tengo que acudir a una odiosa reunión en Londres en las que nos sentamos en una mesa redonda y nos machacan con presentaciones aburridas hasta implorar que dejen de torturarnos. Por eso, esta mañana, en lugar de ir al trabajo, me hice unos Pannenkoeken para desayunar y sobre las ocho me iba en bici a la estación de Utrecht Centraal, rutina que tengo muy trabajada. Allí tomaba el tren que va directo a Schiphol, el aeropuerto junto a la ciudad de Amsterdam y me encontraba con el colega que me iba a acompañar en esta penosa tarea. Pasamos el control de pasaportes, ya que el Reino Unido está en la parte rastrera del aeropuerto, esa misma a la que añadirán truscoluña si alguien por fin los bota de nuestro continente para siempre y nos tomamos unos cafelitos en el aeropuerto mientras esperábamos el embarque en nuestro vuelo de British Airways, aerolínea del grupo lIBERIA. El avión era como muy grande, un Boeing 767. Embarcamos a la hora prevista y lo bueno de estos vuelos regulares es que no van muy llenos y el embarque es más relajado. Nos apalancamos, pasamos por las rutinas habituales, cerraron las puertas, nos soltaron los rollos de siempre, vimos el cutre-vídeo ese en el que en el poco probable caso de que el piloto aterrice sobre agua tenemos que quitarnos los zapatos de tacón y tirarnos al agua con nuestros maravillosos chalecos salvavidas que vienen equipados con luz, con pito, pero que carecen de un puerto USB para recargar nuestros dispositivos móviles que ciertamente nos llevaremos. Empujaron el avión y lo pusieron en carretera …. y no pasa nada. Pasan los minutos y el piloto nos informa que el sistema de arranque está escoñado, que por más que pone la llave en el contacto y le da a la cosa, no arranca y no sabe si es de batería o de otra cosa, pero que cree que cierta válvula se escoñó y por consiguiente, el motor no recibe el aire que debe para ponerlo en marcha. Lo sigue intentando y después de un rato nos dice que viene un experto. Yo que hice unas prácticas avanzadas universitarias con Uno+cero en tiempos muy pasados, me conozco el cotarro de las averías de avión como si yo mismo los diseñara. El experto vino, hizo el paripé y nada, que no arranca. Entonces nos dicen que nos van a volver a remolcar hacia la pasarela para intentarlo allí con mediación divina. Lo hacen y nada, que no arranca el motor. El hombre nos dice que necesitan soplar aire por un tubo o algo así pero que por normativa no lo pueden hacer mientras estamos conectados, así que nos desconectarán, nos empujarán hacia atrás, pondrán una máquina sopladera en la parte de atrás, soplarán hasta quedarse sin fuerzas, arrancará un motor y después el segundo va suave. O eso, o nos bajamos todos y empujamos. Para hacer esta tarea primero tienen que pasar unos quince minutos en los que el experto y sus amigos del sanedrín de expertos comprueban algunas otras cosas y hacen un montón de papeleo que tiene que firmar el piloto. Dicho en plata, se lavan las manos como truscolano-de-mierda y si algo sale mal, no será culpa suya. La aviación es la única industria chiflada en la que si se funde una bombilla de las luces de la cabina, el avión se queda en tierra y ni de coña puede despegar, pero si el sistema de arranque no funciona, haces un apaño y te dejan ir. El piloto nos daba tanta información que había algunos que ya caminaban de rodillas por la cabina implorándole a uno u otro dios que no existe que hiciera varios milagros.
Tras el papeleo, nos empujan, nos enfilan de nuevo en la pista y después de diez minutos escuchamos como si hubiese un chamo en algún lugar del avión con un taladro haciendo agujeros por todos lados, un ruido fortísimo y preocupante. El colega estaba desarretado con su equipo de manitas, con unos ruidos espeluznantes hasta que oímos como que el primer motor arranca. A esas alturas, los que tienen un poco de miedo a volar ya tenían sus asientos canelos de la diarrea tan grande que les había entrado. Las señales que apuntaban hacia el túnel ese que tiene la luz eran clárísimas. Arrancó el segundo motor y tuvimos una nueva tanda de ruidos de taladro espectaculares tras la que el piloto nos dijo que podíamos salir. Nosotros íbamos con los dedos de los pies cruzados, esos con las uñas enormes que uno no se corta para poder agarrarse a un tubo como cuervo a un cable eléctrico si fuera necesario. Yo pensaba que como se le cale el motor, estamos jodidos y mal pagados. Aún daba más mal rollo que un coche amarillo nos seguía por la pista todo el tiempo, como documentando todo haciendo un vídeo con el teléfono por si nos escoñábamos para ponerlo en el llutube. Aproveché para mandarle un par de mensajes al Rubio informándole de mi muerte casi inminente, de que mi precioso teléfono Nokia LUMIA no era para él ni de coña y también recordándole que era fácil identificar mis restos si nos escoñábamos. Hasta la señor que limpia el retrete tiene un iFone o un Androitotorota, pero un Güindos Fon es algo muy exclusivo que solo llevo yo, así que en el poco probable caso de que nos escoñemos, que les diga a las autoridades que el del teléfono ese soy yo.
Nos hicieron ir hasta la puta Polderbaan, la pista que está como a un montón de kilómetros del aeropuerto, con el coche amarillo siguiéndonos. Yo le decía a mi colega que nos estaban colocando en línea directa con los bloques enormes de pisos para terroristas-musulmanes-de-mierda, ya que así, si nos estampamos, nos llevamos por delantes unos cientos de esos. En la cabecera de pista el colega del coche amarillo se quedó esperando a que sucediera, nosotros despegamos y el piloto consiguió que no se le calara, ya que todos sabíamos que ni de coña volvía a poner el motor en marcha. Cruzamos lo que nos separa del Reino Unido en cuarenta minutos, pasamos media hora dando vueltas sobre Heathrow hasta que se nos permitió aterrizar y cuando lo hicimos respiramos tranquilos. Por culpa de este drama que podía haber tenido consecuencias brutales para el mejor blog sin premios en castellano llegamos a la reunión medioambiental de mi compañía con una hora y cuarto de retraso, nos ahorramos la primera siesta y entramos directos para el almuerzo.
Mañana regreso al país de los tulipanes futuros que aún no tenemos y si no aparece nada publicado por la noche, seguramente regresé en el mismo avión y se me acabó la suerte … … y después hay julays que me preguntan como puedo volar tan tranquilo con Ryanair, Easyjet o Wizzair … con esos estas cosas no pasan porque sus aviones son nuevitos ….
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Patio interior del Camposanto Monumentale
Al entrar en el Camposanto Monumentale nos encontramos con un patio rodeado por arcadas abiertas y en absoluto parece un cementerio. En las paredes hay (o había) mosaicos y en todo el conjunto hay tres capillas. En una de ellas estaba la lámpara que Galileo Galilei usó originalmente para calcular los movimientos de su péndulo, o algo así, que todos sabemos que yo soy muy básico. La mayor parte de las tumbas están bajos los arcos. En una de las capillas tienen reliquias a tutiplen, según ellos, restos de once de los doce apóstoles, de la cruz en la que crucificaron al capo de la secta, restos de la corona de espinas y hasta un trozo de la madre del capo, aquella que fue virgen antes, durante y después del parto y que se casó con un hombre de dudosa hombría ya que no hay otra explicación para lo de antes y durante …
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Y el último día, un poco de Florencia y regreso por Pisa
El relato comenzó en De paso por Bolonia
Mi último día comenzó más de cuatro horas antes de la hora Virtuditas. Me levanté temprano, me duché y bajé a desayunar a las siete y diez de la mañana. Dejé la pensión después de encochinarme y me acerqué a la plaza en la que paran las guaguas para tomar la segunda (la primera había sido a las seis y pico) que iba hacia Florencia. Mi visita al lugar estaba más o menos culminada, no quedaba nada que pudiese visitar o que abriera antes de las diez de la mañana y no quería perder tiempo. Pensé que iría yo solo con dos viejas y sus rosarios en la guagua pero me equivoqué y aquello parecía la puerta de un supermercado venezolano el día del reparto. Solo con la gente en la parada la guagua se llenó al completo y quedaron dos asientos libres. Salimos en hora y lo que sucedió en la siguiente hora y media fue épico. Esta no era la guagua directa sino que se detenía en un par de poblachos. En cada parada, entraba una multitud adicional que no se podía sentar y que iban llenando los pasillos y todo lo demás. Para cuando llegamos al último lugar antes de salir para Florencia, allí dentro éramos ciento veinte mil personas y las ventanas estaban mojadas de tanto vapor que generábamos. Por supuesto, de pie había viejillas resabidas que te miraban para que les cedieras el sito aunque se veía que estaban sanísimas y todos los que estábamos sentados hacíamos lo imposible por simular que dormíamos.
Vinimos llegando a Florencia a las sobre las diez menos veinte y nos dejaron cerca de la estación de tren. Salí escopeteado hacia la Basilica di San Lorenzo di Firenze. Mi objetivo era la capilla Medici, la misma que había pillado cerrada el viernes por ir tarde. En esta ocasión no solo estaba abierta sino que por ser el primer domingo del mes, el acceso era gratuito. Hice unos tres minutos de cola para pasar al interior. Esta capilla la hizo el grande, el magnífico, el divino Michelangelo. En la Sagrestia Nuova están las dos preciosas tumbas del vídeo anterior (que también se puede ver aquí). Como siempre, nos maravillamos de los ingentes contenidos originales del mejor blog sin premios en castellano, al cual no le hace falta presentarse a estúpidos concursos para apabullar al resto.
La capilla tiene una bóveda flipante. Realmente te tienes que parar unos minutos a absorber toda esa belleza. No me extraña que Michelangelo se hiciese hasta tortuga ninja, si es que el colega lo mismo cogía una brocha y hacía maravillas que agarraba un cincel y trincaba un cacho de mármol y te hacía llorar con las cosas bellas que creaba. En fin, que cuando me repuse y salí de allí metí el turbo para ir al Museo Nazionale del Bargello, otro que pillé cerrado el día anterior. Esta vez la cola en la puerta era apreciable, más que nada porque al ser el primer domingo del mes y ser la entrada gratis, allí estaban todos los rácanos del universo.
Tras unos diez minutos de cola entré. A este museo se va por las esculturas y particularmente por Donatello, otra tortuga ninja y maestro de que te cambas. Su figura de David, la cual y gracias a mi infinita bondad podemos ver en la foto anterior, es la primera obra épica y legendaria que entre otros logros, fue la primera obra en bronce hecha en el renacimiento de este tipo y la primera estatua con un desnudo masculino desde más de mil años antes, es decir, esta figura rompió todos los moldes habidos y por haber y muestra polla, no como la película esa de mierda de las cincuenta pajas de Grey en la que nos matan de aburrimiento sin enseñar chicha. La estatua tiene además la fuerza de la composición que yo elegí, con esa chama boquiabierta que está mirando flipando y comparando el rabillo con el micro-pene de su chamo, que seguro que la tiene engañada desde siempre diciéndole que le mide veinte centímetros holgados.
En otro lugar del museo encontré una chama que había formado parte de una fuente y que resulta fácil adivinar por donde salía el agua. La colega tenía unas domingas que no veas y si hoy en día siguiera en activo, la Unión Europea le metería un multote del copón por sobrepasar la cuota lechera.
Yo pagaría tres leuros, quizás hasta cuatro por ver una fuente con su amiga la Gayola y esa pipilla que suelta chorros interminables. Obviamente, seguro que algún miembro del clero mandó que las desmontaran y estas dos pobres ahora están en un rincón de un museo en lugar de amenizar nuestras vidas con su espectáculo. El que las hizo debía ser un cachondo del copón.
Cuando salí del Bargello se me agotaba el tiempo y opté por enfilar hacia la estación, comprar mi billete de tren e ir a Pisa. Allí, me acerqué al supermercado que conozco cerca de la estación para aprovisionarme con harina 00, queso parmesano y salchichones italianos, después en un bar me compré un bocadillo de Porchetta del copón y después hice algo que jamás pensé que haría. Fui andando hasta el aeropuerto, recorrí el kilómetro y medio que lo separa del centro de la ciudad andando y llegué con mis propios pies al mismo, con lo que ya puedo tachar eso de las cosas que quiero hacer antes de morir. Me apalanqué en la sala de espera a esperar el avión de Ryanair, el cual llegó antes de tiempo, nos embarcaron en hora y salimos con puntualidad germana. Llegamos a Eindhoven en hora, desde el aeropuerto pillé la guagua a la estación, desde allí el tren a Utrecht y el último segmento del viaje lo hice en bicicleta hasta mi casa. Entre pitos y flautas, ese día más relajado caminé casi trece kilómetros y medio y el fin de semana en Bolonia, Florencia, Siena y Pisa andé algo más de ochenta y tres kilómetros. Ahí queda el detalle.






