Cuando oscurece el duomo di Milano se vuelve espectacular con la iluminación. En lo alto se puede ver a la virgen que tienen exiliada allá arriba y todo el edificio adquiere un aire de escenario perfecto de película de terror con espíritus de presuntos tocadores de niños persiguiéndote para agarrarte las joyas mientras corres por la plaza sin poder huir de ellos. Una de las ventajas del invierno es que no hay que esperar mucho para hacer la foto, esta la hice a las cinco y media de la tarde el último día de noviembre.
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De bicicletas y sus dramas
Este sábado se cumple un año de la presentación de La Lapoya, la bicicleta que supone el pilar fundamental de mi libertad de movimientos. En el tiempo que lleva conmigo, creo que ha tenido un par de pinchazos y por lo demás ha aguantado muy bien hasta el pasado viernes. Ese día, cuando corría a la estación a primera hora de la mañana de repente hizo un ruido extraño, hizo un segundo ruido extraño y los pedales dejaron de propulsar a la bici. Pensé que se había soltado la cadena pero no, es algo más interno y misterioso. La tuve que dejar aparcada en la puerta de un portal de viviendas y continuar en la guagua. Por la noche, cuando volvía del cine regresé al lugar, la recogí y fui andando hasta mi casa. El sábado, en una inspección ocular quedó claro que el problema es bastante profundo y no se ve sencillo de reparar para un ser simple y simplón como yo. En seguida, se activó el protocolo de emergencia ejecutiva y La Cholina se convirtió en mi principal medio de transporte. Esta es una bicicleta que uso poco porque no tiene velocidades y aunque puedo hacer el recorrido desde mi casa a la estación en casi el mismo tiempo que con La Lapoya, la cantidad de ejercicio es brutalmente mayor y llego a la estación más sudado que el coño de una bailarina de reggaeton. Como en ocasiones anteriores mi vecino es el encargado de llevarla a reparar porque conoce al chamo que tiene su pequeño negocio en la caseta del jardín de su casa. Hasta el momento en el que he escrito esta anotación, en un día de esos terrible porque al salir del trabajo vuelo a mi casa para cenar un caldo de millo y según acabe me voy al cine en Amsterdam y de paso al mercado del sur de la ciudad para ver si consigo castañas y no regresaré hasta cerca de la medianoche. Es lo malo de las semanas complicadas, como aquellas en las que quieres ver seis películas, ir a clase de italiano, trabajar y pasar el fin de semana en la capital de Polonia, aparte de procesar al menos mil fotografías. Todo esto no sería posible sin una planificación milimétrica, un transporte público en el que se pueda confiar y ni un solo minuto gastado en ver la tele.
En esta absurda y caótica mezcla de información, me acabo de dar cuenta que ni he bautizado ni he puesto ninguna foto en la bitácora de la cutre-bicicleta que me apropié en el viejo edificio de mi empresa y que uso en la actualidad para recorrer los setecientos metros que hay entre la oficina y la estación de Hilversum Sportpark. Dado que es patética, mi lista de nombres candidatos include la truscolana, la Chan-Chán, la Chaflanera o la Peripatética.
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Stazione di Milano Centrale
Comenzamos el paseo nocturno en Milán con la Stazione di Milano Centrale, la principal estación de tren de la ciudad y una de las más importantes de Europa. Cuando se construyó se inspiraron en la estación de tren de la capital de los Estados Unidos de América y tomó décadas construirla por culpa de la Primera Guerra Mundial y la crisis. El edificio tiene una fachada grandiosa y por allí pasa una cantidad ingente de julays. Cuando pasé por allí habían zonas bloqueadas ya que la están renovando y adaptando a las necesidades del siglo XXI (equis-equis-palito)
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Bokbierfestival 2014
Aunque a veces tengo mis dudas, está claro que soy un animal, ordinario y vulgar, pero animal y el condicionamiento pavloviano o condicionamiento clásico, que es la forma más bonita de llamarlo funciona conmigo igual que con los Orcos y los sub-intelectuales que me rodean. Casi todos los años cuando llega octubre mi cuerpo despliega un malestar creciente y me pica y me rasco porque sé que ha llegado la hora de organizar una escapada al Bokbierfestival que se celebra en Amsterdam, la ilustre capital de los Países Bajos en la que no hay ni políticos ni parlamento, el último fin de semana del mes. Mi amigo el Moreno y yo discutimos nuestra asistencia y este año nos cuadró a ambos, así que organizamos la asistencia al evento. La última vez que fuimos quedó documentada en El Bokbierfestival 2012 y después de buscar un rato encontré la prueba en Siendo social a lo uno punto cero de que también acudí en el año 2011 y tuve un pequeño hueco de dos años en los que no cuadró en mi agenda pero también hay constancia de mi visita al Bokbierfestival 2008 y Algunas fotos del Bokbierfestival y también de la visita al Bokbierfestival 2007. Lo dicho, como uno se siente cómodo haciendo las mismas cosas ricas, ricas, una y otra vez, el sábado quedé con el Moreno en el Café Cartouche en Hilversum para encochinarnos a costillas antes de salir para Amsterdam.
Como otros años, mi cerveza de calentamiento fue la Erdinger y al Cartouche se va a comer costillas, así que todos pedimos lo mismo. Con las tripas como niños de país de hambruna de la mala de redondas nos acercamos a la estación y salimos para Amsterdam. Este año han incrementado el precio del festival un güevo y me temo que como no se den cuenta de su error lo matarán. Pagamos veinte leuros por el vaso (que es la entrada) y tres monedas para tres cervezas. Lo bueno de ir el sábado por la tarde es que no está tan lleno como los viernes, el primer día y aquel en el que acude una marabunta ingente.
En total me tomé cinco bokbier, repartidas entre Ezelenbok, IJsbok y Texels Bock. Parece poco pero es un litro de cervezas tan fuertes como el vino y que te dejan ciertamente en estado de gracia absoluta.
Por supuesto, en esta anotación tenía que aparecer un vaso con ese jugo místico y delicioso que es la cerveza IJsbok, sin lugar a dudas la mejor Bokbier del universo conocido y por conocer. En las pantallas ponían comentarios de la gente que acude al festival y una cosa está clara, si eres simple o simplón y te has educado solo con los sabores de las cervezas Pilsen, estas cervezas te pueden parecer horrendas, ya que las pilsen son básicamente meados aguados de viejas seniles y las bokbier tienen unas texturas y sabores más dulces puesto que entre los ingredientes hay caramelo y chocolate. Llama la atención que según han ido pasando los años del festival, las mujeres se han ido apuntando y las alcohólicas conocidas ahora acuden regularmente para disfrutar con todas esas cervezas que solo se pueden conseguir durante un limitado número de semanas cada año y que son deliciosas.
Al salir del recinto ferial, sobre las once de la noche, nos acercamos a un FEBO para hacer algo tan holandés como comprarte unas papas fritas con mayonesa y volver a llenar el estómago para lo que está por venir, que es la tremenda sobada que demanda el cuerpo para recuperarse. Al acudir al festival la noche en la que cambia la hora, llegas a la mañana confundido como político truscolán organizador de referéndums cuando te despiertas a mear y son las dos menos cuarto de la mañana y la siguiente vez que te despiertas son las dos y cuarto y empiezas a dudar de tu tino porque tienes la impresión de haber dormido más de media hora. Por suerte por la mañana estaba en cuasi-perfectas condiciones y tras un buen desayuno de chocolate con churros que nos recuerda lo maravilloso que es el cacao, que igual te sirve para crear una cerveza que un churro me dediqué a trabajar en el procesamiento de mis fotos de Hanoi.
Por supuesto, es fácil buscar y aún más fácil encontrar pero para los que no llegan al nivel, aquí están los enlaces de algunas cervezas bok mencionadas: Texels Bock y la reina de todas, IJsbok.





