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  • Cuevas Batu

    23 de julio de 2010
    Cuevas Batu

    Cuevas Batu, originally uploaded by sulaco_rm.

    A unos 13 kilómetros del centro de Kuala Lumpur están las Cuevas Batu. Se puede llegar con taxi o con la línea de autobuses 70 que sale desde Chinatown cada media hora. El viaje en guagua toma unos cuarenta y cinco minutos y cuesta 2.5 Ringitt. Si queréis volver en taxi, los taxistas que hay allí son unos ladrones y os intentarán pegar la clavada. Las Cuevas Batu son una estructura natural impresionante que por obra y gracia del hinduismo se han convertido en un templo. Los hindúes lo reclamaron desde finales del siglo XIX y construyeron las escaleras de acceso que con sus 272 escalones pone a prueba la condición física de cualquiera ya que añades temperaturas de treinta y pico grados y una humedad brutal y verás que no es tan sencillo como creías.

    Al pie de las escaleras está la estatua más alta de Murugan que hay en el universo, con unos cuarenta y dos metros.

  • Enseñando el piporro en bicicleta

    22 de julio de 2010

    Con una vidilla tan movida y con nuevas actividades llamando a mi puerta a cada instante, es normal que se me pasen historias que vivo y que quiero compartir pero que acaban en el baúl de mis recuerdos. Ayer hablaba con la Chinita y ella me decía que era imposible que te tropieces con una tía sin bragas en bicicleta y que vaya enseñando el potorro. Está muy equivocada y a las pruebas me remito: Todo comenzó en Las minifaldas no son para las bicicletas, una historia clásica de esta bitácora. En el año 2005 el momento dramático llegó con Los coños al sol y en el año 2006 fue El primer papayo maduro. En el año 2007 tuvimos El Primer Avistamiento primaveral y por culpa de un descuido no hubo anotación al respecto en el año 2008 aunque en el 2009 sí que la hubo con el simple título de El primer avistamiento.

    Con todas estas historias se confirma eso que todos ya sabemos: si hay algo claro es que muchas mujeres gustan de no ponerse ropa en los bajos y cuando pedalean en sus bicicletas se les ve hasta el infinito y más allá. Y la sencilla explicación de por qué otras mujeres no se dan cuenta es que ellas miran a los ojos o escanean el horizonte a la búsqueda de un paquetón de tamaño lata de Coca Cola con el que regodearse y nosotros miramos a la cueva oscura ubicada entre las piernas femeninas esperando encontrar el tesoro.

    El primer avistamiento del 2010 llegó a finales de abril. En la primera andanada de temperaturas cálidas la gente se olvida de la ropa y sale a la calle con lo mínimo. Ese día recuerdo que a las ocho de la mañana la temperatura ya era de dieciséis grados, poco menos que una ola de calor para lo que suele ser habitual a esas horas de la mañana por aquí y que generalmente son diez grados menos. Salí de mi casa en camiseta y a lomos de La Dolorsi recorría los kilómetros que separan mi casa de la estación central de Utrecht escuchando un audiobook y manteniendo mi boca cerrada para que no entrara ningún mosquito, que a poco que sube la temperatura las nubes de mosquitos se multiplican.

    El trayecto transcurrió con normalidad hasta la zona cercana a la estación. En mi esfuerzo final antes de entrar en el túnel norte de la estación veo que en dirección contraria venía otra bici. Como siempre, del tipo Omafiets, esas sagradas bicicletas holandesas de linea adusta, altas y perfectas para enseñar los bajos. Sobre ella una chica de unos treinta años haciendo eso que está prohibido y penado con multa. Con una mano sujetaba el volante y con la otra sujetaba el teléfono con el que no dejaba de hablar. Si esta fuera una bitácora con talante y tal y tal diríamos que la chica es de color, pero como éste es el paraíso de la ordinariez y la vulgaridad, regresamos a los felices ochenta y diremos claramente que la chica era negra. Llevaba unos zapatos de taconazos de esos del coño que hacen que se tambaleen y estén a punto de caerse como las mariconas que desfilan en las galas de Drag Queen carnavaleras. Iba a pelo, sin medias u otro tipo de prenda para protegerle las extremidades inferiores y su micro-minifalda roja acababa en el ombligo (o casi) que casualmente era el mismo lugar en el que empezaba. Completaba el conjunto con una blusita floreada y un exceso de maquillaje facial a lo payaso de la tele a punto de comenzar el programa de circo semanal.

    En mi cabeza, mi pervertida imaginación añadió la banda sonora y mientras me acercaba escuchaba «Había una vez ….. un circo que alegraba siempre el corazón» mientras la escaneaba de arriba a abajo buscando algún punto de anclaje interesante. Ella hablaba con su teléfono sin prestar atención y cuando mis sofisticadas herramientas visuales llegaron a la zona en la que se encuentra el meollo de la cuestión tengo tanta suerte que el sol está de mi lado y por ser un sol bajo y propio de la primavera, ilumina allí en donde normalmente no llega su luz. Las complejas rutinas que identifican formas de mi cerebro supieron instantáneamente que había tomate y la canción subió en volumen «lleno de color … un mundo de ilusión … pleno de alegria y emoción». La distancia entre los dos se acortaba y yo reduje mi velocidad y frené para alargar el momento en el tiempo. Concentré mis ojos en una zona determinada y reduje la profundidad de campo de mis ojos para asegurarme que ningún elemento secundario me distraía mientras la chica se daba cuenta por primera vez de lo que estaba sucediendo pero como tenía ambas manos ocupadas, no podía hacer mucho. Trató de cerrar las piernas pero la bicicleta se balanceó y osciló peligrosamente así que desistió. Yo seguía atentamente sus movimientos «había una vez, un circo … que alegraba siempre el corazon» y pronto apareció aquel lugar legendario del que tanto se dice pero que muy pocos han llegado a ver sobre una bicicleta en los Países Bajos. Sus bajos estaban al aire y allí, espléndida, tumultuosa, una mata de pelo como no había visto desde los lejanos ochentas, cuando en el cine porno las tías no se esquilaban el potorro y tenían unos bigotones del copón guardando la entrada de sus cavernas. Esa mata de pelo capturaba la luz y brillaba y mi cerebro se afanaba en inmortalizar fotograma tras fotograma, guardando toda esa información en lugares recónditos para no olvidarla nunca.

    En esos momentos en los que el potorro se hacía imagen y deleitaba mi vista, en esos mismos momentos sentí la ola de odio profundo que me enviaba la chama desembragada pero sabéis qué, no me importó en absoluto porque ya lo dicen las sagradas escrituras: ¡Si no te pones bragas, al menos tápate guarra!

  • Koninklijk Paleis en el Dam en el club de las 500

    22 de julio de 2010
    Koninklijk Paleis en el Dam

    Koninklijk Paleis en el Dam, originally uploaded by sulaco_rm.

    Hacemos una pequeña parada en la serie que estamos viendo para ganar algo de tiempo y poder procesar unas cuantas fotos que quiero compartir y aprovecho para intercalar esta foto del Koninklijk Paleis en el Dam que vimos por primera vez en julio del año 2007, hace algo más de tres años.

    No todos los turistas que pasan por Amsterdam consiguen una foto del Dam con el palacio Real. A veces hay atracciones de feria en la plaza o están rehabilitando el edificio o hay un escenario para un concierto y se tienen que conformar con marcharse llevándose una imagen que no le hace justicia al lugar. El Dam es el centro neurálgico de la ciudad de Amsterdam y aunque la visita al palacio no merece la pena, el lugar si que es bonito. Conviene recordar que pase lo que pase no hay que tomar nada en las terrazas que están repartidas por el Dam a menos que queráis pagar los precios más abusivos de la ciudad. Hoy le damos a esta foto la bienvenida al Club de las 500.

  • Cruzando la isla de Gran Canaria

    21 de julio de 2010

    Este relato comenzó en Un nuevo viaje a Gran Canaria

    Siempre que alguno de mis amigos se pasa por la isla de Gran Canaria procuro enseñarles algo fuera de la zona turística, ver un poco el interior y que así se lleven una idea distinta de aquella con la que llegaron. Con el Niño de vacaciones conmigo hemos ido por la ciudad de las Palmas de Gran Canaria y también quería que conozca la isla y con esa meta en mente, uno de los días salimos temprano desde Puerto Rico. Comenzamos yendo hacia Arguineguín por la antigua carretera costera para que vea el impacto de la construcción de establecimientos turísticos en la costa, aunque ya habíamos ido a Mogán en barco y lo había visto. Desde Arguineguín tomamos la carretera que va hacia Cercados de Espino y de repente el paisaje cambia completamente y te adentras en un mundo seco y agreste en el que raramente te cruzas con otros vehículos y viendo alguna casa solitaria de cuando en cuando. La carretera va serpenteando y subiendo poco a poco, ganando altura y bordeando montañas.

    En un punto determinado nos desviamos y fuimos hacia la presa de Soria, la más grande de Gran Canaria y para aquellos con buena memoria y constancia a la hora de leer esta la mejor bitácora sin premios en castellano el lugar en el que el año pasado un periodista de uno de los periódicos locales me hizo fotos junto con Uno+cero y Luis cuando andábamos de cacería fotográfica. Esta presa impresiona por sus dimensiones y por toda esa agua que acumula. Desde allí retrocedimos parte del camino y enganchamos con la carretera que nos llevaba a la presa de las Niñas. La carretera está un poco tocada después de los temporales del año pasado y subes entre curvas empinadas y estrechas por las que si te cruzas con otro vehículo tienes que hacer filigranas. Después de poner nuestras vidas en peligro una y otra vez llegamos a la zona recreativa de esa presa y allí había gente acampando, bañándose y preparándose para hacer algún asadero horas más tarde. Es uno de los rincones escondidos de Gran Canaria más hermosos.

    Nuestra siguiente parada fue en el cruce entre la carretera por la que íbamos y la que lleva hacia Maspalomas y el Roque Nublo. En el poblacho que se encuentra en esta encrucijada aprovechamos para comernos unos bocadillos y así desayunar algo porque ya llevábamos dos horas en ruta y no habíamos comido. Después subimos al aparcamiento del Roque Nublo que no está muy lejos y caminamos hasta el mismo, un paseo precioso por un sendero muy cuidado con unas vistas espectaculares de la isla de Gran Canaria y con la isla de Tenerife al fondo. El día estaba despejado y el cielo era de un azul intenso. La subida pone a prueba tu condición física porque no es lo mismo caminar a nivel del mar o a cuatro metros por debajo del mismo que a más de mil quinientos metros. Le dimos un fuerte abrazo al Roque Nublo y regresamos al coche para ir a los Pechos, junto a esa enorme bola que parece de golf y el punto más alto al que un civil puede subir en la isla. En ese sitio tienes una vista que combina el Roque Nublo con el Monje y la Rana y tras ellos el Teide. Desde allí también se pueden ver las dunas de Maspalomas y gran parte de la isla.

    Fuimos hasta la Cruz de Tejeda y además de parar a comprar dulces en el mercadillo de productos Canarios que siempre hay allí nos tomamos un refresco en el Parador Nacional de Tejeda, el cual añade a sus precios careros un 15% adicional si se te ocurre sentarte en la terraza. Ese Parador se inauguró no hace mucho y en su construcción se tardaron décadas por la desidia y el desinterés de los políticos locales y nacionales.

    En la Cruz de Tejeda se juntan un montón de carreteras y al marcharnos elegimos la que va hacia Valleseco y pasamos cerca del lugar de Ariñez en el que mis padres tuvieron durante un montón de años el Chumino, la legendaria casa en la que tantos asaderos y fiestas tuvieron lugar y que siempre paseó con orgullo su nombre. Valleseco también es lugar de recuerdos porque anteriormente al Chumino mis padres tuvieron una casa en Valsendero, un diminuto barrio de ese pueblo a unos cuatro kilómetros del mismo en el que se me podía ver corriendo, saltando y haciendo travesuras cuando era un niño.

    Desde Valleseco bajamos a Teror para ver los preciosos balcones Canarios de las casas y por supuesto la iglesia de la Virgen del Pino, la más bonita de la isla y también la más ricachona. El Niño compró algunos recuerdos y salimos en dirección a Firgas aunque nos desviamos antes de llegar al pueblo para tomar la carretera de la Goleta ya que el destino final de este viaje estaba cerca de Arucas en casa de una amiga que aunque no comenta lee la bitácora y que se ofreció a organizar un asadero. Llegamos con un retraso considerable y allí pasamos el resto de la tarde hasta pasadas las ocho.

    El relato continúa en El día de la aventura

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