A veces pasa que empiezas a escribir algo que crees tener muy elaborado en tu cabeza y se queda atascado a la hora de salir o cuando lo hace, no tiene la textura y la consistencia que había imaginado. Más o menos eso es lo que me ha sucedido hoy. Todo comenzó bien pero se torció a medio camino. Lo he dejado guardado para ver si se puede apañar y reutilizar otro día.
Estos gatillazos pasan de cuando en cuando. Hace falta algo de esfuerzo para actualizar diariamente y contar algo que tenga un mínimo de calidad y si sales a cenar con amigos y conocidos casi todos los días, llega un momento en el que te pilla el toro. La culpa de lo de hoy la tiene mi jardín. Me he pasado dos horas y media quitando malas hierbas, cortando el césped, podando árboles y arbustos y asegurándome que todas y cada una de las plantas tiene lo que necesita. Lo tendría que haber hecho hace una semana pero los únicos días que estuve en mi casa la semana pasada fueron el jueves y el domingo y en el primero llovió y en el segundo estaba tan cansado que me pasé el día tirado dormitando y sin ganas de nada.
Todos y cada uno de nuestros días sucede algo extraordinario, algo especial que merece recordarse y sobre lo que se puede escribir. Esa es la base sobre la que construyo distorsiones. Elaboro una historia a partir de ese momento especial o me limito a relatarlo. Hoy podría haber sido algo sobre El chino ya que hablé con él y me dio muy buen material. Podría haber sido sobre la amistad, o sobre los dos cumpleaños a los que no he ido o las dos bodas a las que me han invitado y a las que no iré.
Así que hoy os cedo el testigo y podéis dejar una buena historia en los comentarios, compartir ese momento que marcó la diferencia durante el día, esa imagen que se grabó en vuestras retinas o ese pensamiento absurdo que no le contarías a nadie.




