A través de otro cristal, vemos otro segmento del submarino alemán y a mí me sigue pareciendo que esa gente iban enlatados y que tenía que ser un lugar horrendo. Tampoco es que fuera muy grande, que en las pelis los vemos corriendo y corriendo y corriendo para ir de un lado al otro, pero lo cierto es que esos trastos tenían, habitables, cincuenta y ocho metros de espacio y el ancho del interior era de cuatro metros, con lo que ahí estaban pero que claustrofóbicos totales.
Vamos a una velocidad endemoniada y no doy abasto a procesar vídeos de buceo en el telefonino, pasarlos al ordenador y hacer los vídeos que vemos por aquí. Básicamente, cuando tengo un momento y estoy en mi keli o en el tren, estoy laburando en esto, pero todo sea por ver ese mundo tan increíble. Hoy tenemos una super-hiper-mega novedad porque después de repetir, tripitir y cuatripitir lugares de inmersión, aquí fuimos a uno nuevo, llamado Varuvaa Thundi y en este único vídeo que cubre esa inmersión, guardé el siguiente texto en mi diario de3 buceo: Había un montón de vida en la pared, con peces ballesta, que esos siempre me atacan y tengo mucho cuidado y como siempre, bancos de peces pequeñitos, casi siempre alrededor de los corales para esconderse. El final de esta inmersión es cerca del inicio de Kedevari. La música que lo acompaña es la canción Leave No Man Behind de la película Black Hawk Down, música, por supuestísimo, compuesta por Hans Zimmer.
El vídeo es un festival de corales, peces pequeños y muchísimo color, el lugar tenía una vida increíble. Estábamos a poca profundidad, a unos once metros y por eso había tanta luz. Cuando faltan diez segundos para el tercer minuto vemos un pez trompeta y yo juraría que es el del Atlántico, pero no diré nada que después me machacan los sub-intelectuales. Uno de los peces ballesta que nombré más arriba está cuando faltan diez segundos para los cuatro minutos y yo pensé que me iba a atacar, que esos bichos son como la gentuza truscolana y podemita. Todo este vídeo parece haber sido hecho en un acuario por la cantidad ingente de vida que se podía ver junto a los corales.
Por culpa del cine bélico lo de los submarinos está totalmente idealizado, que en las pelis, son sitios fabulosos y fantásticos y prácticamente hay espacio para montar un baile de fin de curso. En la realidad, son artefactos claustrofóbicos y eso es lo que se verá en las fotos que he seleccionado. El submarino lo tienen seccionado en una zona y eso nos permite mirar, a través de un cristal, que es la razón de los reflejos que hay en las esquinas superiores, hacia dentro y allí no había espacio para nada, aquello estaba petadísimo y hasta las camas son huecos, contadísimos porque dormían por turnos y el número de camas es escaso, por no decir nada del único retrete que había. En un par de ocasiones he visitado submarinos que estaban en Ámsterdam y los abrían al público y vamos, que yo pasaba por allí unos minutos y sales buscando la luz y el aire libre, que yo no podría pasar allí dentro ni dos horas.
Al tratarse del mejor blog sin premios en castellano y de llevar haciendo esto desde antes que le salieran los dientes de leche a Matusalén, por aquí está todo literalmente escrito y hoy vamos a ver una bici de la marca Rad Power Bikes, que son los mismos que hicieron la horripilenta RadRunner y también la de RAD Power bike with Carla Cargo trailer. En este caso han seguido con el tema de las ruedas de moto, pero en formato de bicicleta de montaña, aunque claro, cuando el diseñador es gringo y hortera, pues al final les sale lo que les sale. La buena noticia es que han anunciado que abandonan el mercado europedo a final de años, sobre todo por los pedazo de multazos que les han jincado porque sus bicis eléctricas básicamente van a cincuenta kilómetros por hora y no a veinticinco, como marca la normativa Europea y se han cansado de pagar multas y supongo que habrán demandas pendientes por accidentes y muertes por culpa de sus aparatos. En la foto tenemos una Radrhino Plus, en la que en su nombre hacen una función con la palabra en chiquistaní para rinoceronte. La cosa esta cuesta dos mil leuros, pesa una burrada, treinta y tres kilazos, tiene un radio con su batería de puta pena, oficialmente cuarenta y cinco kilómetros, con lo que en la práctica seguramente si llegas a los treinta hasta haces la danza de la alegría celebratoria, y eso en los Países Bajos, que son planos, que si vives en un sitio con dos cuestas, la batería probablemente no te dé para llegar seis calles más allá. Por más fastuosas que las vean algunos, estas bicis son caras y poco prácticas, la batería no dura, son pesadas y están hechas para salir de tu keli, llegar a la esquina, pararte y pasarte allí hora y media fardando y haciéndote fotos para tu istagrame antes de volver a meterla en tu keli y coger el coche e irte a trapichear con los amigotes, que cuando alguien elige una de estas, la probabilidad de que sea un criminal con o sin ficha se dispara hasta casi el infinito. Aunque desaparezcan como marca, igual pillo alguna más por ahí. Esta estaba en un aparcamiento vigilado en el centro de la ciudad de Utrecht, juraría que el que está debajo de la antigua oficina central de correos de la ciudad.
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