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  • Bienvenido a bordo, el desenlace

    25 de noviembre de 2022

    Esto comenzó en Bienvenido a bordo, el comienzo

    Llegamos al tercer día de la bienvenida a la empresa y ese día comenzaba en mi keli. La hora de comienzo de las actividades era las nueve de la mañana y en un universo paralelo y en una semana normal, podría haber salido de mi keli a las ocho y llegar a tiempo, pero no estamos en ese universo y me levanté a las seis y media y salí a las siete, y además, en guagua a la estación porque estaba cayendo el diluvio universal y como me pagan el transporte público, como que puedo asumir y asumo el rato adicional por el placer de ir sentado en la guagua bien seco. Al llegar a la estación pillé el primer tren Intercity hacia el norte y en lugar del drama de ir por Ámsterdam, opté por parar en la estación del estadio del Ajax, que ese día al parecer paraban todos los trenes allí y seguir desde allí hasta la oficina en guagua, la línea 300 que también pasa por el aeropuerto, ya que como todos sabemos, la línea de trenes por el sur de Ámsterdam estaba cerrada por mantenimiento en las vías. La idea se veía sencilla. Llegué a la estación de Bijlmer ArenA, bajé al nivel de la calle, me subí en una guagua doble 300 que estaba sin conductor y como hay una cada siete minutos, supuse que en el peor de los casos, ese sería el tiempo que habría que esperar, y acerté, solo que no contaba conque la mitad del universo conocido pensó igual que yo y para cuando el conductor cerró las puertas, solo nos faltaba el pestazo de sudor macerado en camisetas que no se han lavado nunca y la musiquilla para que aquello fuera el Bangalore Exprés, que allí entraron cienes y cienes de miles de personas. Yo por suerte estaba sentado y en ventana. No paraba de llover, había un tráfico endemoniado y en cada parada, si se bajaban cinco, subían treinta y cinco y se comprimían todos un poquito más. Tardamos solo una hora en llegar al aeropuerto, ya que en algunas paradas, para que se bajara un julay de la guagua, salían trescientas personas a la calle, se bajaba el susodicho y teníamos que reubicar a las trescientas personas y a las nuevas treinta. Yo pensaba que en el aeropuerto se acabaría todo, que se bajarían allí, como sucedió, pero es que se subieron otro montón de cientos que iban hacia Hoofddorp. La segunda parada del aeropuerto era la mía, que la razón para elegir la guagua es que me dejaría a cuatrocientos metros de la oficina y el tren me dejaría a setecientos y con un diluvio, esos trescientos metros son fundamentales. Conseguí bajarme y caminar a la oficina y llegué de los primeros, así que subí mi mochila con mi portátil a nuestra zona y bajé al nivel del curso para hablar con las organizadoras. Después llegó todo el mundo salvo el chaval que el día anterior se quedó sobao, aunque yo ni me enteré de eso hasta que a la hora en la que empezaba el curso, me llamó. Me dijo que había salido a la recepción del hotel, pero que allí no había ni guagua ni nadie conocido, así que le expliqué que la guagua se marchó de allí a las ocho y media, media hora antes de que él saliera de su habitación. Le ordené que pagara, cogiera su coche y se viniera a la oficina que había aparcamientos libres y que espabilara un poquito e informé a las pavas de la organización para que no empezaran a preparar el funeral del julay.

    En esta tercera sesión solo estábamos los de nuestra división, con lo que algunos se habían ido de vuelta a sus países, pero vamos, cuatro o cinco. Los del equipo legal y recursos humanos, que no pertenecen a nuestra división, se quedaron porque dicen que si no lo tienen que hacer ellos solos. Comenzamos ligeros, con una charla de media hora, después tuvimos una presentación fantástica con un invento que hicieron durante la pandemia podemita y truscolana que permite hacer reparaciones y revisiones avanzadas usando unas gafas con cámara o una tableta y a un julay acarajotao. Hubo también una especie de cuestionario en el que según tu respuesta, te tenías que poner en una parte de la sala o en la otra y en una de las preguntas, yo me quedé solo, todo el mundo eligió el otro lado y resultó que yo tenía razón. Tras una pausa para cafelito vino el presidente de la empresa en Europa para darnos una charla de media hora. Todo el mundo super-hiper-mega firmes y yo pensando que el chamo ya me conoce porque cada vez que mando facturas con el transporte público, las rechazan por los errores más tontos o rechazan el aprobado de mi jefe y como él es el jefe de mi jefe, él las aprueba. Además me senté en primera fila y obligué al que llegó tarde a sentarse allí, que ya le expliqué que la última fila es para cobardes y gente que llega a tiempo y que nosotros trabajamos en Holanda, el jefe está en Holanda y es importante que nos vea las jetas y nos reconozca. Después de su presentación, resultó que teníamos una última competición, una en la que nos volvieron a dividir en grupos, en este caso tres y teníamos que hacer una presentación de como mínimo cinco minutos y como máximo diez con un tema diferente para cada grupo y usando todo lo que habíamos aprendido durante los tres días. En mi grupo teníamos a la abogada que es canadiense y a un gerente de marketing italiano, además de frikis alemanes, una turca que asusta de lo fea que era y que hacía que Doña Rogelia parezca follable y alguno más que no abrían la boca para no cagarla. YO me negué a ser el que hablara todo el tiempo, así que nos repartimos el tiempo entre la abogada, que abriría la presentación y la cerraría porque todos sabemos que dos tetas venden más que dos carretas, después seguiría el italiano dando muchos detalles técnicos, continuaría yo rellenando minutos sin básicamente aportar información pero empetando las palabras que tripitió y cuatripitió el presidente y acababa la abogada, a ser posible, con un corsé que le apretara las ubres. Preparamos nuestra presentación en treinta minutos, después teníamos el cutre almuerzo y a la una de la tarde, era la exposición de los temas, con el presidente de corpore insepulto. Creo que no lo he dicho pero el presidente de la división europea de la empresa es españó. Nosotros éramos el segundo grupo en presentar. Lo hicieron los primeros, que fue terrible, sobre todo porque hablaron todos y algunos parecía que se iban a echar a llorar de puro terror escénico y después nos tocaba a nosotros, que aunque subimos a los muditos al escenario, los pusimos de palmeros y plañideras en un lado. Comenzó la abogada, siguió el italiano, remató el Elegido y acabamos con la abogada pero sin el corsé. El presidente dijo, sin haber escuchado la tercera presentación, que la nuestra fue fantástica, que teníamos el tema más difícil y lo bordamos con desilusión y fantasía. El tercer grupo, que tenía un predominio de frikis que no veas, fue espantoso. Quedó claro quien ganó pero después de que se fue el presidente, todos los de mi grupo decidimos votar a los frikis para que se llevaran una alegría, que a nosotros ya nos dio el presidente como ganadores y era lo que nos valía. Lo hicimos así.

    Tras esto tuvimos una encuesta y las despedidas y la guagua se llevaba a la tropa al aeropuerto. Como teníamos quince minutos, hice dos tours de la planta de nuestra división, en donde se sienta el presidente. Uno con los españoles y otro con los neerlandeses, que todo el mundo flipó porque yo tengo acceso, porque básicamente, mi orto apunta a la puerta del presidente y todos sabemos que como al menos diez castañas al día y porque directores, gerentes y demás miasma, todos me saludan cuando me ven y se paran a hablarme.

    Cuando ya se fue todo el mundo, tenía hora y media hasta una reunión que me empetaron el día anterior, así que me pasé por la primera y segunda planta para saludar y hablar con los de recursos humanos y con otros jefillos y para cuando acabé mi gira, ya había pasado la hora y media, me habían invitado al almuerzo de Navidad con el presidente, al que solo vendrán, de los otros dos edificios de la empresa con unos trescientos empleados mi jefe y The Chosen One, para que después diga aquí el lengua viperina Ancestral que voy de perrillo faldero de mi jefe, que el hombre está flipando porque yo creo que a él lo invitan para no afrentarlo porque yo voy y si rechaza la invitación, pues mira, que no hay mal que por bien no venga.

    Hice la reunión por videoconferencia, con una vicepresidenta de la empresa, mi jefa y algunos palmeros y de esa reunión salió el MINISTERIO DE LA MAGIA, que fue el nombre que yo le di y que aceptaron todos porque un trescientos veintiséis por ciento de lo que yo hago y que nadie comprende, es puramente magia. Ya me estoy currando que me den presupuesto para comprar varitas de las de Harry chapaPotter para la vicepresidenta, mi jefe, una pava más e il Scelto, aunque yo modestamente pienso que tendríamos que tener el uniforme de profesores de Hogwarts al completo para las reuniones. Y así acabaron mis jornadas de bienvenida al laburo.

  • El columpio gigante y el Wat Suthat

    25 de noviembre de 2022

    A la izquierda tenemos el Wat Suthat, el templillo ese de nombre gigantesco que hemos visto estos días, aquí lo vemos desde la calle. Lo interesante está a la derecha y es el columpio gigante, inicialmente construido cerca del final del siglo XVIII (equis-uve-palito-palito-palito), aunque ha sido reconstruido un montón de veces, la última en el año 2005 y vamos, que cada vez ponen madera nueva y del original quedará la forma, que hasta lo han cambiado de sitio porque en donde estaba originalmente hicieron una fábrica o algo así. Supuestamente había una ceremonia en la que machos cabríos se columpiaban allá arriba para agarrar una bolsa de leuros y claro, el dios que no existía no los ayudaba y cuando caían, se hacían pupita de la peor, así que la ceremonia se prohibió porque era más bien una matanza de cerdos acarajotados, truscolanes y podemitas.

  • Los chamos adorando al Buda del Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan

    24 de noviembre de 2022

    Está claro que los monjes budistas que llevan la gestión del templo Wat Suthat Thepwararam Ratchaworahawihan, cuando se enteraron que truscolanes y podemitas dan subvención en base al número de visitantes y por allí no pasaba ni siquiera un Dios, lo solucionaron científicamente, creándose su legión de feligreses, que están allí, delante del Buda y que deben ser como cien o quizás, hasta cienes y cienes. Me pregunto si el Buda no se ha mosqueado todavía con toda esa chusma y gentuza de la peor delante de él y que nadie le haya puesto ni un céntimo de leuro en la mano de pedir, que el hombre ya debe estar cansado de tenerla así todo el día.

  • Bienvenido a bordo, el paseíllo por el sur

    23 de noviembre de 2022

    Esto comenzó en Bienvenido a bordo, el comienzo

    El segundo día era el de las visitas tanto a la fábrica de la empresa en los Países Bajos como al nuevo Centro de reparación de productos, lugares en los que se me puede ver de corpore insepulto con frecuencia porque son los lugares a los que yo voy, dependiendo de la presencia de mi jefe, que a veces está en uno y a veces en el otro y mi única razón para ir a la oficina es verlo y poder discutir cosas, así que salto de uno a otro según los vientos y eso me convierte en un bicho raro, ya que tengo tres puestos de trabajo, en tres oficinas distintas y tengo acceso a las tres, cuando lo normal es que la gente vaya a una sola. Eso hace también que conozca a un montón de gente, tanto de la sede corporativa como de la fábrica o el centro de reparaciones. Volviendo al relato, salíamos a las ocho de la mañana en guagua para Bolduque, así que tocaba madrugar y encochinarse con el desayuno del hotel, que yo estoy literalmente consumido y peso nada, pero eso no quiere decir que no me pueda jincar tres platos de comida, sobre todo cuando lo paga la empresa. A las ocho menos cinco, estamos casi todos en el vestíbulo del hotel, nos falta un chaval de la fábrica que conocí el día anterior y que se quedó bebiendo hasta el final conmigo. Como me había dado su número de telefonino privado, lo llamé pero no respondía y los organizadores lo llamaban al de la empresa y tampoco respondía.

    Me acerqué a la recepción y les dije que quería hacer una cosa viejuna y que Genín y Virtuditas saben hacer y que quería hablar con una persona llamándolo al número de su habitación, a ese armatoste que ponen en la mesa de noche y que nadie usa. Por el nombre buscaron la habitación, llamaron y cuando respondió aterrorizado porque aquella cosa empezó a hacer ruido, le empeté: ¡Chacho! ¡Que nos vamos! y el colega entró en modo pánico porque con la moña que se cogió se acababa de despertar, así que le dije que tenía cinco minutos para llegar a la guagua e informé a las organizadoras que el pavo vendría a tiempo o algo así.

    Según entró, cerraron la puerta y arrancamos. El que llegó tarde se sentó conmigo y me dijo que al llegar a la habitación se tumbó sobre la cama a escuchar música y le dio un jamacullo y lo despertó la cosa esa de la mesa de noche, que tanto su telefonino personal como el de la empresa se habían quedado sin batería. Pillamos un montón de tráfico saliendo de Ámsterdam, sobre todo porque era hora punta y porque llovia y el mal tiempo, suma kilómetros y aunque no llegamos a batir ningún récord, el acumulado de kilómetros de caravanas en todo el país superó holgadamente los mil kilómetros. Con el atasco y la lluvia, llegamos un pelín tarde a Bolduque, a la fábrica. Allí nos dividieron en dos grupos, según el sorteo del día anterior. A unos, nos hicieron la presentación de la fábrica por su director y después la visitamos dividiéndonos, de nuevo, en dos grupos. Nos dejaban hacer fotos y vídeos, que son espectaculares, con la condición de no compartirlos en NINGUNA red social, así que únicamente las personas que se arriesguen a oler mi mortífera carga de metano los podrán ver. Llevaré el telefonino a Gran Canaria en las navidades. La visita a la fábrica es muy entretenida. Después de salir, les tocaba al otro grupo y a nosotros nos tocaba la segunda actividad, que era una especie de juego o algo así, con preguntas sobre unos vídeos que nos obligaron a ver antes. Tras esto, llegó la hora del papeo y si el del día anterior fue terrible, el de ese día fue de llevar al Tribunal Penal de la Haya. Los españoles y los italianos estaban por echarse a llorar y algunos hasta fueron a la cantina a comprarse algo más de comida porque aquello no les molaba pero que nada.

    Tras el papeo y la tertulia, fuimos en la guagua al centro de reparación, que también está en Bolduque y es casi tan grande como la fábrica en tamaño. Ese se abrió en enero de este año. Yo usé mi pase mágico para abrir la puerta y una vez dentro, volvió la segregación. Yo estaba en el primer grupo que visitó la parte en la que se hacen las reparaciones y no lo diré ni lo voy a decir, pero los vídeos que tengo son fabulosos e increíbles. Tras el paseo de cuarenta minutos le tocó al otro grupo y a nosotros nos tocó una presentación del director del centro, un portugués muy majo. Cuando ambos grupos acabamos, nos dieron cafelito con Los auténticos bolones de Bolduque, aunque estos eran los pequeños, que solo se pueden comprar por encargo y en lugar de los doce centímeetros de diámetro, deben tener cinco o así y es algo que se puede digerir. Tras esto la tropa se volvía al hotel y yo me quedaba allí supuestamente trabajando. Resultó que un español tenía familia en las cercanías de Utrecht y se me pegó como ladilla a güevo para ir conmigo a la ciudad y cenar con su familia. Hablé un rato con mi jefe y le expliqué que por las circunstancias de la vida, me piraba para llevar a aquel panoli y que supiera o supiese, que con una certeza infinitesimal, había ganado el concurso del día anterior y que básicamente, soy el puto amo a la hora de vender a la empresa y hasta a la madre que la parió. Todo eso con el español escuchando y alucinando. Fuimos en guagua a la estación de tren de Bolduque, en tren al centro de Utrecht y le di el tour exclusivo y fastuoso a la par que fabuloso del centro de la ciudad, en una hora y viendo cosas que jamás vería en ningún otro tour, como los Limes del Imperio Romano, el lugar por el que pasaba el muro que dividía el imperio romano de los bárbaros, o la iglesia que ahora es un gigantesco pub belga y que no se ve desde la calle, o el mega-aparcamiento de bicicletas más grande del universo conocido, con más de doce mil bicis de capacidad y que casi siempre está al cien por cien. El chamo lo flipó. Llegada la hora y ante su negativa a mear en uno de los meaderos que hay en las calles para los machos, que ya antes de salir del centro de reparación le había dicho que se echara un pís, tuvo que pagar setenta céntimos por usar un baño público y eso le dolió. Una vez me deshice del chamo, volví a mi keli y aproveché para ir a correr, cerrando de esta manera ese segundo día en el que en realidad, visitamos los sitios en los que trabajo habitualmente, pero por unas horas, tuve licencia para fotografiar con el telefonino de la manzana podrida y mordida que es una kaka que no veas, que por no poder, no se puede ni programar para que se apague solo.

    El relato acaba en Bienvenido a bordo, el desenlace

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