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  • El salón de la keli de Jim Thompson

    28 de septiembre de 2022

    Reconozco que cuando entré en esta habitación lo primero que pensé fue que mira que era raro el Jim Thompson para poner la cama con sillones por los dos lados, como si esperara dormir con público o chingar con público en plan Eurovisión, votando sus maniobras en el catre. Al final descubrí que eso no es una cama, es una especie de diván donde los asiáticos con dinero se apalancaban para que sus siervos y esclavos los atiendan y revoloteen a su alrededor. Esta sala creo que era el cuarto más grande de la keli y formaba parte de la mayor de las seis casas que fusionaron. Las columnas esas de madera tienen cienes y cienes de años, que seguro que por allí no hay tantas polillas como en Gran Canaria, que si llega a estar allí, esas columnas ya se han colapsado por culpa de las polillas. De la lámpara del techo mejor no hablar que eso es definitivamente un crimen de guerra. En ambos lados de la sala se pueden ver unas figuras como de samurais o julays parecidos, de las armaduras con las que se vestían.

  • El diario vespertino

    27 de septiembre de 2022

    La semana pasada viví uno de los cambios más brutales de la vida de un julay. Yo era feliz y estaba totalmente realizado como parao, con mis fantásticas rutinas, viendo mucho cine, cocinando y trabajando en el jardín, además de correr y caminar a destajo. Todo eso acabó. Llegó la esclavitud de levantarte antes que el sol y desplazarte a eso que llaman centro de trabajo y pasar allí unas horas haciendo algo muy difícil o imposible de explicar pero que de alguna manera, produce guita, leuros que caen en mi cuenta corriente. Con el cambio, llegó un trastoque brutal de las rutinas, me levantaba antes, salía por patas por la mañana sin ir a correr, que yo llevo años corriendo por la mañana, casi nunca por la tarde, pillaba el tren hacia Bolduque y después la guagua a la oficina, hasta que consiga una bici de segunda mano por allí. Los días se me hacían interminables y al volver, agobiado para ponerme la ropa e ir a correr inmediatamente porque perdemos dos minutos de luz cada tarde y ya pronto me será imposible salir a correr de día.

    Todos esos cambios pueden ser más o menos intolerables, pero el que no me esperaba, el que me ha pillado descolocado y me ha cambao la peluca, es la nueva rutina del diario vespertino. Yo era la realeza de la uniformidad en lo relativo al jiñote. Yo me levantaba, me sentaba en el trono y en cuestión de segundos, descargaba allí cantidades dantescas de mielda de la peor, que como no puedo vomitar, todo tiene que salir por ahí. He sido absolutamente regular durante décadas, siempre por las mañanas, hasta la semana pasada. El lunes, me despierto a las seis y media, voy corriendo al trono, adopto la postura del pensador de los julays y nada, que va a ser que no. Al volver a mi casa por la tarde fue cuando por fin conseguí expulsar el vástago, mi última y loada creación. Pensé que era cosa de un día pero el martes sucedió lo mismo, como el miércoles y el jueves. Nunca en mi vida recuerdo haber hecho el jiñote cuatro días seguidos por la tarde, tuve hasta que cambiar la rutina del pesado, que ahora resulta que peso muchísimo menos por la tarde que por la mañana porque no llevo en las entrañas ese nuevo ser que busca el túnel de la luz para conseguir su libertad. El viernes de la semana pasada, como antes de trabajar desde mi keli me fui a correr, al volver como que el ejercicio físico había mareado la caja de la mielda y ese día sí que pude celebrar el jiñote matutino, aunque después de correr, con lo que me arrastré como una lombriz con todo ese peso extra en mis interiores, que tampoco creáis que me estoy encochinando, que a mí la angustia de la nómina me tiene rozando o por debajo de los sesenta y cuatro kilos, vamos, básicamente un cuarto del peso de cualquier comentarista habitual. El fin de semana también conseguí obrar de mañana y pensaba que al menos en lo del jiñote recuperaba mi ritmo de siempre pero ayer lunes, volví a madrugar y el jiñote se negó a salir y tuve que esperar a volver a mi keli, que mi imaginación es muy limitada y no puedo imaginar un escenario en el que yo me vea echando el jiñote en el baño de la oficina, que hay muchos que lo hacen y no voy a señalar ni denunciar públicamente, pero que sepáis que soy consciente que lo hacéis. Esta mañana fue igual, calculo un tiempo extra para tener un jiñote en calma y como no sucede, acabo saliendo de mi keli antes de tiempo y llegando a la estación antes de tiempo y pillando un tren antes del que pensaba tomar y termino en la oficina antes de tiempo, que todo esto es como una cadena en la que si me falla el jiñote matutino, acabo en la oficina antes de tiempo. Después al volver, según paso con el tren a toda velocidad junto a mi keli, mi cuerpo lo detecta y el jiñote empieza a empujar para nacer y esa presión aumenta y aumenta y para cuando voy en la bicicleta, ya no es que tenga miedo, es que tengo un terror cerval a tirarme un peote por si pierdo el contro de la situación y acabo anegado de mielda. Cuando llego al jardín, el jiñote duplica sus esfuerzos por salir y al entrar en mi keli es que hasta mi cerebro se detiene y solo puedo pensar en una y solo una cosa, llegar al trono como sea y soltar unos jiñotes que cualquier día se me escapan del retrete de los gigantescos que son.

  • Más artisteo en la keli de Jim Thompson

    27 de septiembre de 2022

    Tengo que reconocer que mi obra de artisteo favorita en la keli de Jim Thompson es la que vemos hoy, que no me quedó claro si eso es una oveja, un baifo o un truscolán, pero estaba convencido que es como una tapa y que en el lugar original en el que la tenían, debajo estaba el agujero para los jiñotes y con tanta pompa y un Buda fandunguero por detrás, esto tenía que ser de familia irReal como poco. El bicho miraba hacia la cámara perfectamente. El Buda debía estar en uno de esos días que lo tienen hasta el moño porque no veas el cipote que le creció en el kabezón.

  • Pero esto que coño es

    26 de septiembre de 2022

    Hoy por fin he comprendido porqué Virtuditas está enganchada como una perra al tuiterota y el CaraCuloLibro. La comprensión me llegó por caminos extraños. Después de una semana esperando y eso, finalmente el viernes me habían mandado un correo por el laburo que mi teléfono ya estaba disponible, que al parecer le tenían que hacer cosas mágicas y maravillosas y eso demoró su llegada. Como yo no estaba por allí, tuvo que esperar hasta hoy, cuando por la mañana fui a la chama que los guarda y reparte y me dio la caja.

    Espero que los dos comentaristas se sienten porque se les va a cortar la digestión y hasta el reglote. Me han puesto un ifone de esos, los teléfonos para totorotas y personas poco evolucionadas, que me deben haber visto cara de palurdo o acarajotao, que si me dan a elegir, yo me pido cualquier androitotorota, aunque no tenga pantalla. El modelo, según la caja, es el 13, que según la güiquipedia corresponde con el año pasado, aunque yo juraría que tiene el mismo, pero el mismo, mismo, mismo diseño que el 4S que yo tuve en su día, hace la tira y la retira de años, que por más que la gente siga emperrada en que yo fui de la manzana mordida hasta anteayer, lo cierto es que desde que los abandoné tuve un güindous fone y al menos tres androitotorotas, quizás cuatro, que por más que lo intento recordar, solo recuerdo los dos últimos y el primero, pero estoy convencido que entre medias hubo otro. Como este es el telefonino de la chamba, lo arrastraré cuando vaya a trabajar y el fin de semana, se quedará apagado en mi keli esperando que llegue el lunes.

    Cuando eres un ser superior con androitotorota, todo te parece simple y directo y como siempre están diciendo que estos copian a los de la manzana, das por sentado que todo, todo, todo lo que se puede hacer en el androitotorota es una réplica de algo que los pijos y los pedantes te dirán que allí se hace más mejor. Encendí el ifone, fui por la configuración, creándome una cuenta nueva con ellos porque no es mío, es de la empresa y no quiero vincularlo a mi cuenta y cuando acabó de configurarse, instalé tres o cuatro programas y pasé a configurar el autoapagado, como en mi androitotorota, que se apaga solo todos los días a las once y media y se enciende solo cuando me levanto. Es algo básico y que lleva en el sistema operativo del androitotorota desde siempre y hasta el güindous fone lo tenía, la posibilidad de programar el apagado y encendido. Miré todas y cada una de las opciones de configuración y no encontré nada, solo algo para ponerlo en un modo en el que bloquean las notificaciones o algo así y que llaman modo de siesta o algo parecido, pero nada de apagarlo. Me voy al GooglEVIL y allí descubro que la opción del autoapagado y el autoencendido no existe para la manzana mordida, claro, por eso la gente con esos trastos está tan enganchada, siempre está a tu lado, bombardeándote con ondas 4G, 5G, Wifi, Bluetooth y NFC que pones el teléfono cerca de donde te acuestas y te pasas horas con esa lluvia de ondas nocivas y malvadas, que te cuenten lo que te cuenten, en la historia de la humanidad nunca hubo un estudio sobre las bondades de esas ondas y no tenemos datos del pasado y los teléfonos de la manzana mordida, aunque respetan la legislación Europeda y están por debajo del máximo, emiten mucho más que por ejemplo mi androitotorota.

    Así que hoy he descubierto que tendré que apagar manualmente el trasto y encenderlo manualmente porque él solo no lo hará. Supongo que hay un montón de cosas más que no se podrán hacer ahí adentro, pero como pienso limitar su uso a la chamba y evitar llevarlo siempre que pueda, espero no encontrarlas. Espero que el trasto sirva para hablar por teléfono, que es para lo que lo quiero, aunque me he pasado el día poniendo el deo donde desbloqueo el mío y llevándome un disgusto porque no hace nada y tengo que estirar el kabezón de papagüevo y ponerlo encima del cacharro si lo quiero abrir porque tampoco tiene la cosa esa mágica de la huella como los telefoninos de verdad.

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