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  • … y después del vacío

    2 de diciembre de 2021

    Chacho, esto comenzó en Todo lo que sucedió, así que no me seas truscolán y podemita y si no lo hiciste, salta al inicio

    Cuando las enfermeras notaron que estaba despierto, comenzaron con su rutina de nombre, apellido, fecha de nacimiento, solo que ahora me preguntaron si tenía algún dolor, algo que tuve que responder negativamente porque no lo tenía. Lo que sí que tenía es como un mareo o borrachera, como que el horizonte se hundía hacia el suelo y el cielo bajaba al horizonte y vuelta a empezar, pero me dijeron que esos eran efectos de la anestesia. Después de unos minutos vino una enfermera de la planta y tras lo del nombre, apellido y fecha de nacimiento partí hacia la habitación. Allí me encontré conque estaba llena, con otros cuatro pacientes, que en los hospitales neerlandeses las habitaciones son de cinco pacientes, supongo que por alguna manía que viene del pasado y que son incapaces de cambiar. Entre los cinco, uno era Ancestral y de los otros tres, uno tenía veintinueve años, que mira que ya es joven para haber pillado una hernia, porque allí estábamos todos los que fuimos operados esa tarde del asunto. El Ancestral estaba más que listo para marcharse, dos de los otros estaban comiendo y el cuarto ya había comido y estaba por cambiarse de ropa o algo así. Me aparcaron y me dejaron asentándome con el meneo del mundo y del universo, así que cerré los ojos y opté por meditar, que eso siempre ayuda. Un rato más tarde seguía en pleno temporal con marejada a fuerte marejadilla y al Ancestral lo vinieron a recoger, con una silla de ruedas, que yo creo que habría llegado andando antes a la calle pero parece ser que está prohibido. El que no comía tuvo la charla con la enfermera y le dijo que fuera al baño y se echara un pís y que lo mejor es que se siente como las hembras, que acaban de sajarlo y no está el cuerpo para hacer maniobras a distancia. También le dijo que igual que sin lágrimas no hay victoria y sin dinero no hay amor, que sin pis no se sale a la puta calle. El chamo se encerró en el baño mientras les retiraban los platos a los dos que habían estado comiendo y un enfermero vino a preguntarme sobre lo que quería para comer, que era a elegir entre pan solo y pan con queso, pan con loncha de embutido y excepcionalmente, con mantequilla para untar en el plan. Visto lo lujoso del menú, opté por el pan con mantequilla y embutido, que me confirmaron que era de cerdo y para beber, agua. Un rato después salió el chamo del baño, confirmó que no meo y la enfermera le dijo que se quedaba hasta que echara la gotita. Vino mi comida y aquello era peripatético y como mi vecino me había estado machacando con lo fabulosa y maravillosa que es la comida en el hospital y como tienen un chef y todo lo demás, le hice foto y se la mandé para que compruebe que esos lujos no los tienen en el policlínico. Me comí lo poco que me dieron y posteriormente seguí disfrutando del mareo, que ya empezaba a menguar. Uno de los otros tres pacientes fue al baño y consiguió mear y la enfermera le dio el visto bueno para que se vaya, así que avisó a los que le venían a buscar. El otro se rebotó, se volvió a meter en el baño y al rato salió y confirmó que meó un poco, aunque yo que soy de natural desconfiado, creo que mintió. Ya enralados con el baño, el tercer chamo fue al baño, meó y le dijeron que se podía ir. A mí, la tía me miró y me dijo que ni de coña, que todavía tenía el color de un folio blanco y que me quedaba al menos media hora. Llamó a mi vecina y le dijo que viniera a recogerme a las seis.

    Después fueron llegando a buscar a los otros y les quitaban la vía que todavía todos teníamos en nuestros brazos, se cambiaban, se sentaban en la silla de ruedas y se marchaban y así se fue vaciando la habitación y quedamos tres, después dos y finalmente estaba yo solo. Fui al baño y meé sin problemas, sobre todo porque entre medias y en el tiempo que estuve allí me jinqué cuatro vasos y la gravedad puso el agua en su sitio.

    Como sabía que ya iban a quitarme la vía, le hice la estremecedora foto anterior, en la que también se pueden ver fuera de focos las bolsas con toda la ropa de cama y demás del que se sentaba enfrente mío, que cuando se iba uno, se enguantaban y quitaban las sábanas, la bata y todo lo demás y lo ponían en bolsas, supongo que para llevar a la lavandería. Lo peor de quitar la vía fue la depilación gratis que te hacen. La chama también me dijo que me iba a quitar la mega-tirita o esparadrapo con venda que cubría las tres aberturas y que me iba a poner una nueva que me tenía que quitar un día después. Eso también implicó arrancar pelo a conciencia. Después puso la nueva venda y me vestí y para cuando llegó mi vecina, yo ya no veía la hora de huir de aquel lugar. Entré a las dos de la tarde y salí justo a las seis. En el coche, me dijo que pusiera el asiento como si fuera a dormir, tumbado y que evitara hacer presión en la ingle, así que durante todo el viaje, lo único que vi fue el techo del coche.

    Al llegar a mi casa, pasé el resto de la tarde tumbado viendo series de televisión y antes de ir a dormirme, me jinqué 1 gramo de paracetamol y asombrosamente y pese a que no podía ponerme boca abajo, que es mi postura natural para dormir, dormí cerca de siete horas y gracias a la falta de líquido, ni me levanté a mear por la noche. Por la mañana, más paracetamol y como tenía como flema en la garganta, algo que descubrí cuando me desperté de la anestesia con lo que sucedió en la hora esa en la que estuve desconectado, me jinqué un fluimucil y durante el día, bebí agua a destajo, que era lo que recomendaban y vi episodios y episodios y más episodios de series, en total creo que hice doce horas de series o un empacho. De mi fabulosa nevera había dejado preparado una crema de calabaza con leche de coco tailandesa que está de que te cambas porque no quería comer nada muy pesado. No jiñé. Supuestamente me podía bañar rápidamente y sin champú ese primer día pero como no salí de mi casa pasé del tema.

    El viernes, aunque lo intenté, estaba como estreñido, que es algo único e impensable en mi caso, que yo he patentado el JIÑOTE y puedo confirmar y confirmo que soy el poseedor del récord mundial de tupir retretes en diferentes países, que yo he tupido retretes en al menos cuatro continentes. Por la mañana llamé a mi médico y como era uno de los problemas que podían suceder y ya había comprado un laxante, lo hablé con él y me dijo que me jincara dos pastillitas a las diez de la noche con un montón de agua y que eso me desatrancaba por la noche. También me dijo que comenzara a andar al menos treinta minutos, dos veces al día, que eso también ayuda para jiñar, con lo que empecé a caminar, aunque también hubo mucha serie televisiva ese día porque todavía no me podía sentar en una silla, podía estar de pie o tumbado. Por la noche tomé el laxante y me fui a dormir. Antes de ir a caminar me duché y me quité la capa más externa de esparadrapo, la que cubría la segunda capa que está sobre las incisiones. Me acordé de todos los muertos de las enfermeras por no afeitarme la barriga y te puedo sugerir y te sugiero que si vas a un hospital neerlandés para una operación, tú aféitate todo el vello del cuerpo por si acaso porque son unos sádicos. No veas lo que me dolió quitar aquello.

    Me desperté a las siete y pensé que jiñaría pero fui al trono, me senté en el susodicho y solo conseguí soltar aire, aunque fue un montón de aire. Volví a la cama y seguí durmiendo y a las nueve y cinco minutos, me volvió a dar otro apretón, me posicioné en el tron y esa vez si que jiñé, aunque no en las gloriosas cantidades que me han hecho mítico y legendario. Después durante el día hice la caminata y traté de mantenerme activo más tiempo y hablando con la otra experta que conozco, mi madre, me dijo que me jincara el laxante otra noche y como ella tiene no uno sino varios doctorados de la sala de espera de al menos dos ambulatorios, decidí hacerle caso. La noche del sábado me tomé de nuevo el laxante junto con un montón de agua.

    A las seis y cuarenta y tres de la mañana del domingo me despierto con un dolor horrendo y para cuando mi cerebro se activó, pensé que moriría allí, cagado hasta arriba porque aquello era el hiper-mega-apretón y empujaba tanto que dudaba que pudiese salir de la cama y todo aparentaba que me revolcaría en mi propia jiñada. De alguna manera conseguí controlarlo y pasito a pasito, intentando no modificar el centro de gravedad ni nada de lo demás, logré llegar al trono, me senté y puedo confirmar y confirmo que la cerámica blanca se transformó por medio de alguna interacción mística y quizás mágica en marrón, porque me vacié, pero vacío, vacío y además, seguramente por el laxante el jiñote no se pudo formar y aquello fue una diarrea épica, de esas que muchos cantaran en siglos venideros. Volví a la cama flotando por culpa de la pérdida de peso y dormí otras dos horas más y después de eso ya no jiñé más por estar total y completamente vacío.

    Ese día escondí el laxante y no lo pienso volver a usar mientras recuerde esa noche. Ya reduje la dosis de paracetamol de cuatro gramos al día a tres porque no tenía tanto dolor y poco a poco fui incrementando la cantidad de tiempo y la distancia que caminaba y que pasaba de pie. Sentarme seguía siendo complicado.

    En los días sucesivos le paracetamol pasó a dos gramos al día y después un solo gramo y finalmente nada. También volví a sentarme y una semana después, o siete días tras la operación, el siguiente hito era quitarme las tiritas, tres, que están sobre las tres incisiones para la endoscopia y las pinzas o cucharones que te meten dentro. La primera me tomó diez minutos y una tortura masoquista brutal con el pelo que arrancó, así que remojé bien las otras dos y las dejé macerando para quitarlas al día siguiente, que fue lo que hice y aún entonces me dolieron. A partir del séptimo día volví a usar la bicicleta, aunque por si acaso y aprovechando que la mía es eléctrica, puse el motor al máximo, en modo Ancestral y yo movía los pedales sin hacer esfuerzo y la bicicleta incrementaba la velocidad hasta los veinticinco kilómetros por hora.

    Y así estamos, aún sin correr, aunque podría ir, según las indicaciones del hospital, pero prefiero darle unos días más de tiempo a todo para que se recupere.

  • La playa en la bahía del Tiburón

    2 de diciembre de 2021

    Esta es una de esas fotos que engaña mucho. Estamos al sureste de la isla de Koh Tao, mirando hacia la bahía del Tiburón, que supongo que recibió el nombre porque una vez se vio a uno ahí, que en realidad están siempre porque por estos mares hay muchos tiburones de arrecife con la punta de aleta blanca y negra, que son inofensivos para los julays. Lo que engaña un montón en la foto es que mirando, uno puede pensar que es un sitio tranquilo y en realidad, todo ese verde esconde complejo tras complejo tras complejo, hay varios complejos gigantescos, se puede ver uno de los edificios grandes por encima de la montaña. La playa creo que era privada y no se podía acceder por las excursiones y creo que nos bañamos para ver el fondo marino del agua del mar por la zona en la que paramos. Mañana veremos una panorámica de este mismo lugar.

  • El vacío que llegó

    1 de diciembre de 2021

    Chacho, esto comenzó en Todo lo que sucedió, así que no me seas truscolán y podemita y si no lo hiciste, salta al inicio

    Habíamos llegado al momento espeluznante y estremecedor en el que me han metido en una cama de hospital con una cosa verde o azul horrenda y unos gallumbos de risa, me han tapado y la enfermera a la que he conocido quizás cinco minutos antes tiene la intención de darme un paseíllo por el hospital en la cama. Me sacó de la habitación y fuimos a otro lugar en la misma planta, una sala más grande y en la que había posiciones estratégicas para camas como la mía y sitios llenos de bolsas de suero y otros materiales horrendos. En ese momento había algunos chamos que o estaban recuperándose de una operación previa y todavía no se habían despertado o iban camino de la suya. Los primeros se sabía que estaban allí pero no se les podía ver por la cortinilla. A los otros sí que los vi y todos te saludaban, pero sin ilusión ni alegría. Me colocaron en una posición, con la enfermera que me acababa de traer y la nueva que asumió el control me pregunta mi nombre, de nuevo, me pregunta mi apellido, de nuevo y nuevamente le tengo que explicar que en España tenemos dos apellidos porque los niños se hacen con dos personas y no son propiedad del padre, con el sistema imperante en los Países Bajos del apellido paterno único. Me volvió a preguntar la fecha de nacimiento y le indiqué a la amiga que le explicara los fallos en los datos. También me preguntó el lado en el que tenía la hernia y esto es muy relativo, ya que todos sabemos que mi derecha es tu izquierda y tu izquierda es mi derecha, así que si no concretamos primero el punto de vista, es difícil de saber. Después la enfermera que me trajo se despidió deseándome buena fortuna y la nueva me dijo que me iba a preparar para la operación sensorizándome por un tubo, poniéndome sensores a diestro y siniestro y comenzó con un montón de ellos en el pecho y la barriga, supongo que para el control del corazón, después me pusieron el de la presión arterial en el brazo, que además estaba conectado a una máquina o algo así que jincaba aire dentro de cuando en cuando y después lo dejaba salir lentamente y finalmente me dijo que me iba a hacer un agujero en el brazo izquierdo y jincarme la vía para el suero y por la que me empetarían la anestesia. Le informé que lo de la sangre y las agujas sí que lo llevo mal así que no se pensara que le estaba haciendo un desaire pero iba a mirar a otro lado y meditar como si ella no existiese. Definitivamente noté el pinchazo y cuando miré tenía una cosa horrenda allí. Mientras esto sucedía, llegaban otros de los quirófanos y otros que irían después, para operaciones similares o diferentes a la mía. Algunos estaban aterrorizados y otros, como el Elegido, tan tranquilos, tanto que la enfermera me preguntó si me jinqué un licorcito o algo así y le dije que no, pero que aquello es un hospital y es probable y hasta posible que entre la gente que se mueve por allí, los haya que prestaron atención durante los estudios y aprendieron algo y como son expertos, no veo el motivo para coger nervios sobre algo que está totalmente fuera de mi control. Me trajeron una manta y me pusieron la manta porque al parecer, en el quirófano hace un frío de que te cagas, o eso sostienen. Yo me estaba asando allí dentro y según la enfermera, mi temperatura corporal, que alguno de los sensores la medía, es muy baja, algo que puedo confirmar y confirmo porque cada vez que me empeto en el sobaco el termómetro, yo no consigo que me mida treinta y siete grados.

    Volviendo a la historia, con todos los sensores colocados, como que se olvidaron de mí hasta que la torre de control autorizara el despegue, que aquello es como un aeropuerto con camas hospitalarias que entran y salen y seguían llegando y saliendo camas, algunos esperaban menos y otros seguían allí desde antes de yo llegar, con lo que supongo que hay varios quirófanos y están haciendo varias operaciones diferentes en paralelo, todas con el denominador común de no requerir quedarte en el hospital más de unas horas, ya que ese policlínico en específico cierra a las nueve de la noche.

    Sobre las tres de la tarde, quizás un poquito antes, vino la enfermera y me sacó de mi meditación, que yo, dado que lo único que puedes hacer es seguir tumbado, me dediqué a practicar las artes meditativas y concentrarme en mi respiración. La chama me dijo que me iba a bajar al quirófano, con lo que implicaba usar el ascensor, ya que por supuesto, yo iba en mi cama. Ir en un ascensor así es raro y más sabiendo que en todas las películas de terror con ascensores, lo malo siempre viene desde el techo del mismo. Creo que bajamos a la primera planta y allí entramos en un quirófano. Me movieron de la cama al puesto ese debajo de las luces, la enfermera se despidió y me volvieron a preguntar por mi nombre, mi apellido, la fecha de nacimiento y el lugar en el que tenía la hernia, lo cual, cuando te lo preguntan tantas veces seguidas en un período de tiempo tan corto, a mí me mosquea porque suena a que se equivocan con muchísima frecuencia. El chamo de todas formas lo miró y confirmó la información que tenía en sus papeles y me hizo algún tipo de garabato en la barriga. En eso que el anestesista se presentó, yo ya asumiendo que íbamos a empezar de nuevo con la rutina del nombre, apellido, fecha de nacimiento y lado y me jincó algo por la vía esa que tenía y me dijo que iba a notar como que se me endormecía el brazo o algo así. Dejó pasar unos segundos, yo creo que no fueron ni veinte y me hizo una pregunta y como que mi cerebro estaba ocupado porque alguien había apagado todos los sistemas externos y ahí me quedé ….

    Me desperté en mi cama, de nuevo, pero estaba en otro lado y había una cortina alrededor. No podía saber el tiempo que había pasado porque no veía el reloj que hay en la pared.

    Aparentemente, seguía vivo y este es un lugar tan bueno como cualquier otro para detenernos una vez más.

    Todo este drama continúa y acaba en … y después del vacío

  • El ocaso en la playa Mae Haad

    1 de diciembre de 2021

    Esta foto la hice regresando al inicio de la playa, en la zona en la que hay rocas y que por la noche, con el sol que casi se ha pirado para Europa, crea un bonito contraste entre los colores del cielo, el agua, las rocas y la pava que se está bañando y que parece una roca y hay incluso una persona de pie sobre una de las rocas. Lo mejor del momento era la temperatura perfecta del agua, que te permite bañarte con o sin sol.

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