Después de la complicada operación Recuperando la mesa, mi foco cambió a la escalera, que estaba pintada pero en la que aún no había puesto las alfombrillas sobre los escalones, ya que estaba esperando a que acabaran todas las obras en la planta alta. A las alfombrillas, en los meses previos, las sometí a una extensa y repetitiva tortura. Con mi pequeña máquina de vapor de supermercado de bajo costo alemán, les daba candela de vapor para quitar la porquería que se había ido acumulando en cada una de ellas durante los años y por increíble que parezcan, con perserverancia, fui recuperándolas y devolviéndolas a su gloria original. Después descubrí en el ático, que es como una región salvaje en mi casa, que tenía tres nuevas, ya que al parecer cuando las compré el paquete traía quince y solo uso doce, así que hubo un concurso y las tres que perdieron se vieron exiliadas al ático y sustituidas por las nuevas.

Eso no fue todo, en el día que las iba a poner, las rocié con una espuma especial para limpiar alfombras, después las limpié y cuando se secaron extraje todo de sus entrañas con la aspiradora. Ya listos para el montaje, cogí mi cinta de pegar de doble cara especial para alfombras y las fui devolviendo a la escalera y el resultado se puede ver en la foto anterior, en la que las que están en la parte de arriba son las más nuevas. Por supuesto la regadera no se quiso perder la oportunidad de lucir su color verde y realzar el conjunto y ahí la tenemos.
Creo que en diversos momentos hice vídeos cortos en los que se van viendo los cambios. A ver si los busco, los junto, les pongo alguna cancioncilla horrenda y los vemos como el colofón a todo este trabajo en mi keli.



