Para mi segunda película en Gran Canaria fui a una que me daba mal rollo porque la directora es Isabel Coixet y aún tengo traumas por resolver que me fueron provocados por películas anteriores de esta mujer y particularmente recuerdo Paris, je t’aime y la mierda infumable del Mapa de los sonidos de Tokio – Map of the Sounds of Tokyo, aunque también es cierto que La librería – The Bookshop, pero nuestros cerebros están programados para recordar todo lo malo y así con aprensión y en completo aislamiento, yo era la única persona en el cine viendo Nieva en Benidorm.
Un julay acarajotao viaja a Benidorm buscando a su hermano y se encoña de una pava de aquel barrio, pero sin chimpún que se sepa.
Un inglés de esos que son tan sosos y les falta tanta sangre que uno asume que son vampiros que pueden caminar a la luz del día, es retirado por la empresa para la que trabaja porque hasta a ellos les da mal karma. Viaja a Benidorm a visitar a su hermano y al llegar este ha desaparecido y tal y tal y va descubriendo cosillas raras y conociendo gente rara y yendo a bares de travelos o así.
Mi principal problema con esta historia es el guion, es que nunca me llegó a quedar claro cuál era la historia que me querían contar y el protagonista me aburría hasta el infinito y tres metros más allá. Al parecer hay varios ramalazos poéticos que a mí y gracias a mi chubasquero, no me calaban y caían directos al suelo y sobre todo las movidas del tío que califica las relaciones humanas como tipos de nubes como que me la sudaba. Si al menos hubieran puesto ocho o nueve escenas de gente pegándole palizas pa’quedarse tan a gustitos, al menos así habría sido una película digna pero como nos privaron de esa opción, solo nos queda el bostezar en la sala y rezar para que acaben las dos horas de tortura. Supongo que ya habrán vendido la película a alguna de esos programas para dormir porque esto te pones a escucharlo cuando te metes en la cama y te noquea en menos de sesenta segundos. En fin, otra para olvidar.
Si eres un miembro del Clan de los Orcos, ya con el póster deberías salir corriendo y no verla pero por si acaso, que lo sepas. Yo creo que hasta los más pedantes de los sub-intelectuales con GafaPasta se aburrirán y morirán de asco.
Creo que hoy vemos la primera película que vi cuando fui a España antes de las Navidades y como todos sabemos, allí, a menos que pueda ver cine en versión original, estoy muy limitado ya que tengo que ir a ver los estrenos españoles y algunas son terroríficas y estremecedoras, como la película que voy a comentar hoy y que se titula Ni de coña y juraría que todos los protagonistas trabajan para la misma cadena televisiva. Este es un caso en el que saber que esto jamás cruzará las fronteras de España es un gran alivio.
Un puñado de julays se van al caribe para hacer chimpún o algo así.
Resulta que cuatro parejas están como super-hiper-mega amargadas o con estrés o Dios sabe el qué y para solucionarlo se van a una especie de curso en un complejo en el Caribe en el que un gurú y su hembra les solucionarán sus vidas o eso parece a través de unos cursos maravillosos y unas gilipolleces de pruebas mientras la red que los unió se va cerrando y las movidas entre ellos van creciendo.
Bueno, ya cuando vi que era el único espectador me imaginé que este producto, más que atraer gente a los cines, las aleja y los mantiene fuera del alcance de las salas porque de alguna manera y si has visto el trailer por la tele, ya ves venir el desastre. Es como cualquier comedia de Telajinco pero en el Caribe, con los mismos gritos y los mismos colores horteras. La película tira de todos los clichés conocidos y por conocer y las escenas de cachondeo se ven venir desde dos universos más pa’llá. El humor es del zafio, contra el que no tengo nada y que si funciona, me parece fabuloso pero es que aquí no lo hace y de las cinco parejas que hay en la pantalla, creo que solo una se salva y el resto es que dan ganas de agarrarlos por el cuello y ahogarlos en un balde de agua de cloacas. Al que más vergüenza le debería dar es al complejo hotelero que se prestó para rodar esto y que seguramente no son conscientes que cuando has visto la película, si hay un solo lugar en tu lista negra de destinos en el universo, será ese hotel por las pesadillas recurrentes que has tenido tras ver la película. El director se debía estar quitando las ladillas de los güevos y en ningún momento se molestó en enderezar el desastre y los actores estaban todos desbaratados gritando y gesticulando pero actuar, lo que se dice actuar, allí ninguno fue capaz de ello. La resolución de la historia es tan patética que todavía me pregunto si la garabateó en un papel un retardado o le dieron el guión a un ciego y para no quedar en evidencia este hizo como que leía y les contó un puñado de gilipolleces y eso fue lo que rodaron. En fin, que es todo un desastre que vale la pena olvidar. Seré generoso con los puntos porque todos sabemos que este año, el poco cine que hemos tenido, hay que apreciarlo pero espero no volver a ver esta película en mi vida.
Si eres un miembro del Clan de los Orcos, esto supuestamente se hizo pensando en ti, aunque yo te recomendaría que te lleves el mechero al cine por si te entra la ansiedad cuando acabe. Si eres un sub-intelectual con GafaPasta, ir a ver esto implica la expulsión directa de ese grupo.
Este año alguien pulsó el botón de repetir cuando llegó diciembre y en lugar de invierno repetimos otoño y repetimos los chubascos esos brutales y los días de lluvia en los que no para de caer agua. Solo hay una cosa buena de esos días, ahora que todo está cerrado, la gente permanece en su casa y si eres un estratega, la lluvia puede ser tu aliada, aunque una muy fría, ya que la foto la hice un día que llovía a cinco grados. Sucedió el martes, cuando me tenía que aprovisionar. Sabía que iba a llover un montón por la mañana y por eso elegí ir al super a primera hora, ya que a la lluvia se une que los martes, en el aparcamiento que hay junto al super, hay un mercado, con lo que se prohíbe el aparcamiento a los culocochistas como dos comentaristas que no vamos a mentar porque son muy sensibles al asunto. Mi cálculo estratégico fue que la gente esperaría a las tres de la tarde para ir en sus coches o al momento en el que dejara de llover, que estaba previsto más o menos a esa misma hora. Salí de mi casa encondónmizado, con el pantalón chubasquero y mi chaqueta, que también aguanta el agua muy bien y fui al super. Lo clavé. A las ocho y veinte de la mañana, yo era el único cliente en el local, que era uno de los objetivos, minimizar el encuentro con julays posiblemente contaminados. Al terminar de coger los productos de mi lista de la compra, iba a usar una de las cajas en las que tú te lo curras todo pero como las dos cajas con empleados estaban vacías, me dio la pereza y fui por una de ellas para ganar algún minuto y así, en un periquete, aprovisioné y evité las muchedumbres. Según salí, los puestos del mercado se veían completamente vacíos, ni un solo cliente ya que todos, con la lluvia, retrasan la visita hasta el último momento porque no se quieren mojar y al final se produce lo que se produce, las aglomeraciones esas contra las que tanto nos advierten y que parece que la mayoría prefiere, que los humanos han llevado su faceta social a ir al super todos a la misma hora y chocarse con los carritos dentro como si fuera una pista de cochitos de choque y por aquí arriba, lo normal es que al super te obliguen a entrar solo, SIN niños y cada persona con un carrito y no se pueden usar cestas (aunque se de un supermercado que sí las permite).
Acabada mi exitosa incursión en las trincheras del avituallamiento, regresé a mi casa a todo meter y a todo mojar y la foto la hice justo antes de entrar en mi casa y quitarme las capas de chubasqueros y ponerlos a secar, que siempre hay que tenerlos preparados pra la siguiente misión. Una hora más tarde teníamos la clase de italiano, ondeline, con el dichoso Zúm ese que no es tan divertido como verle los caretos a la gente. Uno de los alumnos aún seguía en Italia de vacaciones, en donde tiene una casa y nos contaba que el día anterior, en el aeropuerto de Milán, setenta y cinco personas de un avión petado con destino a Eindhoven vieron como se les rechazó a la hora del embarque por no tener una prueba PéCéeRre negativa, algo que supusieron que no se comprobaría dada la laxitud italiana con las normas. Según me dijo, la noticia salió hasta en los periódicos y televisiones locales porque los cabeza-de-queso se pusieron furibundos, pero allí se quedaron, ya que la responsabilidad de comprobar que cumples se ha puesto en las aerolíneas y no al llegar al país. Aparte del coste, el problema que tienen muchos es conseguir hacérsela y que cuando la tienes aún te valga para viajar, ya que la norma holandesa dice que tiene que tener menos de setenta y dos horas en el momento de aterrizar el avión en el país (excluyendo retrasos). Para poner esto en perspectiva, ni yo, el aclamado autor del mejor blog sin premios en castellano ni nadie podría volar desde Gran Canaria a los Países Bajos un lunes, ya que los laboratorios solo hacen pruebas hasta el viernes y no te dan los resultados hasta el lunes y de hacerte la prueba a las diez de la mañana, el resultado solo sería válido hasta las diez de la mañana del lunes y los aviones llegan desde los Países Bajos un par de horas más tarde. Ahora, además de rastrear por activa y por pasiva buscando billetes en las pocas aerolíneas que hay, tenemos que hacer sofisticadas operaciones matemáticas para comprobar si puedes cumplir con los requisitos conocidos antes de volar (tanto en la ida como en la vuelta) y cuando estás seguro y requeteseguro y lo haces, vuelas y cambian de nuevo las reglas, como esta semana y ahora, a la prueba anterior, se une otra rápida que ha de ser negativa también y que solo puede tener una antigüedad inferior a la de cuatro horas antes del despegue, con lo que o te la hacen en la puerta del aeropuerto o ni de coña puedes volar.
Ya que estaba al nivel del río, me acerqué al mismo y aquí tenemos una preciosa imagen del puente Most SNP y aquí se puede ver perfectamente el OVNI que hay empotrado en la parte superior, estando el ascensor de subida en uno de los pilares. Cuando se construyó, en 1972, se convirtió en el segundo puente de la ciudad sobre el río Danubio. Las tres letras del nombre son la abreviatura para una frase muy larga que la gente se quedaba sin saliva al decir y que es Insurrección Nacional Eslovaca. En el año 1992 le cambiaron el nombre a Nový Most o puente nuevo y en el 2012 le volvieron a poner el nombre original.
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