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  • Te digo que fue un sueño

    8 de mayo de 2020

    En una realidad paralelas y paralelos, en otros universos del multiverso ese que tanto amamos y con el que tanto nos hemos encariñado, hoy era un día muy pero que muy especial para mí. Ayer por la noche habría acabado de escribir las últimas anotaciones de cine y las de fotos de la mañana y hoy cuatro horas antes de la hora Virtuditas habría salido de mi casa con una mochila ligera camino del aeropuerto. Ya en Schiphol, habría pasado el insidioso control de inseguridad con una de las nuevas máquinas que te permiten no sacar nada de la mochila y habría buscado la puerta de salida de mi vuelo, con un primer destino que iba a ser Abu Dhabi. Después, habría embarcado, seguramente en una ventana para hacer el vídeo del Pejigueras y habría pasado unas horas como en un sueño, cruzando parte de Europa y Oriente Medio camino de esa ciudad. El avión era en ese sueño era de la flota de KLM. Allí y tras cinco horas de espera habría tomado otro vuelo, este segundo de Etihad con destino a Malé, la capital de las Maldivas, a donde habría llegado pasadas las seis de la mañana, con el tripote petado con un desayuno de avión. Habría pasado el control de pasaporte y una vez fuera, habría comprado una tarjeta prepago para el teléfono y habría esperado dos horas a que llegara el avión de Emirates. En ese habrían venido un montón de españoles con los que habría hecho una semana de buceo en los cuatro atolones en un barco. Ese era el plan, que después de una semana iba a continuar con un salto a Bangkok en un vuelo que nunca compré y después dos semanas por Tailandia con una más que probable visita de una semana a Laos, creo que uno de los pocos países que me falta por ver en el sureste de Asia. Desde Bangkok habría volado hacia Amsterdam, en vuelo directo con KLM el uno de junio, el lunes de Pentecostés, el último día festivo en los Países Bajos hasta el día de Navidad. Por supuesto, todo eso está sucediendo en otros universos del multiverso, pero no en este, ya que por culpa de los truscolanes se torció todo y se acabó con los viajes, el turismo y todo lo demás. En nuestro universo, me levanté como todos los días laborales a las siete menos cinco y unos seis minutos más tarde, según la intensidad y velocidad del jiñote, encendí el ordenador de la oficina y me puse a trabajar como si el concepto de las vacaciones me fuera totalmente desconocido. Durante el día hice mi gimnasia, fui a correr seis kilómetros y por la tarde estuve tomando el sol en mi jardín con la hamaca. Después de cenar, hice la lista de la compra para el asadero de mañana y comencé a preparar la base de una pavlova de limón, o mejor dicho, de cinco mini-pavlovas de limón, ya que en lugar de una grande muy difícil de cortar, he optado por porciones individuales, una para el Turco, su hembra, mis vecinos y la última para mi.

    Si alguien nos dice el primero de enero, cuando muchos estaban resacosos y estropeadísimos, que en el 2020 nuestras vidas acabarían del revés, seguro que nos reímos de esa persona en la cara y le decimos que eso es un sueño, que en nuestro mundo no puede pasar, que estamos en el multiverso correcto, el de los héroes, el de las crisis que se solucionan con dos chingazos y nada más. Estábamos en la higuera y parece que ya nos hemos caído de la misma y ahora, aún con el estupor del golpe, nos bombardean con las instrucciones de la nueva realidad, esa en la que te pones un trapo en la cara sin ser una terrorista musulmana, esa en la que dar la mano está penado con cadena perpetua, esa en la que si alguien se acerca a menos de un metro y medio de ti te pones de los nervios y chillas y se te retuerce el cuello como a la niña del exorcista cuando el exorcismo se lo hace un cura podemita que está más interesado en trincar el saco con la pasta y salir por patas de allí. En esta nueva realidad, tengo las promesas de poder cambiar los billetes, que no la de devolverte el dinero y no tengo ni un solo viaje planeado, ni uno. No merece la pena planear cuando por no haber, no hay ni aviones en los cielos, que era un sonido que dábamos por sentado y que ahora, cuando lo escuchas, te provoca una extraña mezcla de emociones porque es algo del pasado, de aquellos tiempos mejores que no sabemos si volverán.

  • Castillo Dhamma del templo Wat Buppharam

    8 de mayo de 2020

    Saliendo de las murallas de Chiang Mai, nos topamos con el templo Wat Buppharam en donde resalta espectacularmente el castillo Dhamma, que se reconstruyó pensando que mi madre podría visitarlo y lo llenaron de avalorios por todos lados para atraerla, que seguro que la llevo allí y se mea de puro gusto. Aunque el templo tiene varios siglos, este edificio se reconstruyó en 1980 o más bien se comenzó a reconstruir ese año y se acabó en 1996. Se ve bonito pero que quieres que te diga, a mí me pone una cosa así un vecino en su jardín y contacto con el loquero más cercano para que vengan y se lo lleven.

  • Paisajeando el reino

    7 de mayo de 2020

    Por culpa de la peste negra que surgió después de que ese hediondo criminal de pelo-fregona huyera de España tras inventarse truscoluña y se refugiara en el país con la mayor proporción de pedófilos del universo conocido, por culpa de ese surgió la plaga que está asolando el mundo y nos obliga al recogimiento y la meditación, para algunos, o a hacer deporte, trabajar desde casa y disfrutar del jardín, para otro, casualmente conocido como el Elegido o en sus otras variantes, de Uitverkorene, il Scelto o sencillamente the Chosen One. Como no quiero pasarme el día criando culo como algunos que no vamos a mentar, ahora que estoy cerca y tengo el tiempo me he puesto a practicar el paisajismo, que es como la versión pijo-podemita de nuevos ricachones de lo que antes era trabajar en el jardín. Ya comenté en su día que en otoño me deshice de todas las plantas de zarzamoras y allá en su día, ya veía lo que quería hacer en mi cabezón. En el linde al este de mi pequeño reino quería expandir el césped, que es agradecido y se cuida más o menos fácilmente. Durante las semanas de encierro he ganado una guerra contra los dientes de león y ya su presencia en el jardín es anecdótica, hace casi cuatro días que no veo una flor o una planta asomando cuando hasta la semana pasada, cada día encontraba y extraía con cuidado para no partir la raíz hasta diez o más. Como llovió varios días, la tierra se ablandó lo suficiente para hacer lo que tenía que hacer, quitar todas las malas hierbas y mover toda la tierra de la frontera del este para comenzar a prepararla para el nuevo césped. Mi vecino, que a cosas del jardín se apunta a todo y que después de dos meses encerrado está frito por hacer cualquier cosa, se apuntó a ayudarme y así, en dos sesiones, hemos preparado esa franja de tierra, que seguirá unos días más con frecuentes ejercicios moviendo la tierra para que se ventile bien. En la foto podemos ver justo enfrente uno de los manzanos, a la izquierda la parra en la pérgola y por detrás la catalpa. Hasta la catalpa llegamos en la primera fase, el martes y hoy hemos hecho el pedazo que faltaba. Además y usando la máquina de agua a presión he limpiado las baldosas y he llegado a tal punto de perfección en el jardín, que ahora lo tenemos que llamar paisajismo, que es más pijo y tal y tal. Esta misma mañana, unos amigos ancestrales de mi vecino se pasaron en bici a tomar un cafelito con ellos y el chamo, cuando entró, le preguntó al vecino si mi casa se había vendido y había gente nueva porque aquello no parecía el mismo jardín que el selvático del año pasado y con la parte delantera de la casa abandonada. Ahora, todo está en su sitio y es una sinfonía simple y hermosa, con la hierba que se mueve como un océano de norte a sur y que está salpicada de árboles y arbustos que salvo por la catalpa, que es una de mis debilidades, todo lo demás son frutales. El césped, con su escarificación, su cal, su podado y la guerra contra los dientes de león es que está mejor que nunca y si no que se lo pregunten a mi amigo el Turco, que no solo coincide con ese viejo en que mi jardín jamás había estado tan glorioso, no deja de llamarme para que lo invite para tumbarse en la hierba a tomar el sol.

  • Chedi Chang Lom

    7 de mayo de 2020

    Ayer comenzamos el paseo en el templo Wat Chiang Man y hoy llegamos a lo que para mí es lo más bonito, el Chedi Chang Lom, la estupa de los elefantes, que si alguno tiene mejor vista que cierto ancestral verá el grupo de elefantes del nivel inferior y que están soportando el segundo nivel. En total hay quince elefantes. La parte superior primero pensaron en azulejearla, pero como no tienen porselamamosa, se tuvieron que conformar con recubrirla con pan de oro y hay que decir que para mí ha quedado muchísimo más espectacular.

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