Recogiendo el correo con vehículos eléctricos

Stint BSO para el correo

La semana pasada escribía sobre el Transporte de niños en Holanda y en esa anotación conocíamos el vehículo BSO de la marca Stint. Por casualidades de la vida difíciles de prescribir y aún más de asimilar, el lunes iba al centro de la ciudad para ir al cine cuando delante de mi, paralelo al Oudegracht, va un vehículo de correos que está construido sobre la misma coña que la de los niños. No era un cartero repartiendo el correo, era un cartero VACIANDO los buzones de correo, tarea sagrada y que en Holanda se hace a partir de las cinco de la tarde todos los días de lunes a viernes. En un despiste del tipo lo conseguí adelantar, llegué al cine, aparqué mi bicicleta y como iba sobradísimo de tiempo, me fui al centro comercial para buscar un par de cosas que necesitaba. Atajando de vuelta al cine en mi ruta me volví a tropezar con aquel vehículo tan maravilloso que estaba aparcado delante de unos buzones y el cartero había entrado en las oficinas lindantes a recoger el correo, así que aproveché y le hice la foto que está por encima. En ella vemos que la idea el vehículo eléctrico de transporte se lleva a otro nivel y ahora tenemos una solución para que los carteros realicen su tarea en zonas de la ciudad con problemas de tráfico y calles estrechas. Por lo que he leído, los están usando en Amsterdam y en Utrecht.

En la foto también vemos un buzón pintado con cutre-grafitti, que son de color naranja, el mismo de la compañía y que siempre, siempre, siempre tienen dos zonas para introducir la carta. Una de ellas, la de la derecha, corresponde siempre al conjunto de códigos postales de una región, que en este país están muy bien estructurados y el buzón de la izquierda es para el resto de códigos postales o para el correo internacional. En el caso del buzón en la imagen, la región cubre los códigos postales desde el 3400 hasta el 4299, sin mencionar las letras, ya que los códigos postales holandeses tienen cuatro números y les siguen dos letras, que cambián cada cierto número de casas. La región de este rango se Utrecht-Zuid/Rivierenland y cubre tres provincias, la de Utrecht, la de Gelderland y la de Zuid-Holland. Esta es una de las zonas postales más grandes de los Países Bajos. Gracias al minúsculo tamaño de los Países Bajos, cualquier carta enviada en el día (antes del vaciado de los buzones) se entrega al día siguiente, con lo que las felicitaciones de cumpleaños, por ejemplo, se pueden mandar el día antes, salvo cuando cae con el fin de semana de por medio.

Transporte de niños en Holanda

Transporte de niños en Holanda

Hace casi una década veíamos en A casa en el bicibus como las bicicletas también servían para llevar a los niños a casa desde la guardería y aunque creo que no he puesto otras fotos, me cruzaba continuamente con este tipo de solución para algunos padres, los más gandules, ya que en los Países Bajos, los padres suelen ir a recoger a sus hijos a la guardería o el colegio y no hay reparto en autobuses, algo impensable ya que la idea de mandar a tu hijo a kilómetros de donde vives se considera absurda y más propia del tercer o cuarto mundo. El tiempo ha pasado, la tecnología también ha invadido ese terreno y hoy vemos uno de los vehículos que me cruzo algunos días al mediodía. Se trata de una cesta grande para llevar a diez niños con sus cinturones de seguridad y ahora como la gente es más gandula y la obesidad y el culocochismo están en alza, el repartidor pilota estas máquinas eléctricas que están matriculadas y que creo que tienen la misma consideración que las motocicletas. El cacharro lo fabrica una compañía llamada Stint y el de la foto, que es el modelo BSO puede llevar hasta trescientos kilos de carga y la persona obesa que lo pilota no puede tener más de ciento cincuenta kilos. El trasto tiene una velocidad máxima de diecisiete kilómetros por hora y su radio de alcance es de veinticinco kilómetros con una batería. Lo pilotan los profesores, maestros, pedagogos o como los queráis llamar que están en las guarderías y que en algunas de ellas ofrecen este reparto casero, algo bastante raro y que en Hilversum veo con frecuencia porque hay una cerca de mi oficina pero que en Utrecht jamás he visto una de estas. El chisme tiene una capota por si llueve pero que no protege al que la lleva. Aunque lo vemos aparcado en la acera, este vehículo tiene que circular por carretera o carril bicicleta.

Mira que tienes un carro rarito

La exposición de la Guarra de las Falacias

Con el paso del tiempo, yo he involucionado muchísimo, como un cangrejo que no se cansa de retroceder. En aquellos pasados tan lejanos y ciertamente peores, yo era uno de esos que se declaraba fans de un montón de cosas y las seguía pies juntillas. Al final, las cosas se han ido atemperando y aclarando y he acabado en que me gusta el cine, me gusta escuchar audiolibros, me gusta ver algunas series, pero no tengo apegos dramáticos a ninguna de estas aficiones. Cuando por la ciudad de Utrecht y más concretamente por el cine Cinemec Utrecht pasó la exposición de Harry ChapaPotter, estuvo allí como nueve meses, pasé por el cine probablemente más de OCHENTA veces y jamás tuve el más mínimo interés por comprar la entrada y ver la exposición. Me gustaron un montón las películas y los libros pero ver los jaiques que dicen que se ponían en la película no despierta en mi interior ni morbo ni interés e incluso en alguna ocasión que yo era prácticamente la única persona allí, un sábado a las nueve de la mañana y sabiendo que probablemente los empleados del cine me dejarían pasar, que para eso me conocen, ni se me ocurrió.

Después llegó la Star Wars Identities, con morralla y maquetas de la Guarra de las Falacias y me sucedió lo mismo. Le hice la foto a la maqueta que pusieron a la entrada del cine y mi vida siguió. Las películas no me van a dejar de gustar o lo harán en mayor medida por ver objetos que salieron en las mismas. En mi cerebro no hay ningún tipo de relación entre lo uno y lo otro, yo voy a una sala obscura a ver una película, la disfruto o la odio y cuando salgo sé que atrás, en aquel recinto, queda el cine. Afuera está la vida y no flipo ni me emociono con objetos que no significan nada. Si eso, al ver la maqueta lo primero que pensé es en lo maravillosos que son los efectos especiales y el montaje, porque vista la maqueta, se ve más falsa que truscoluña, que no es nación por más que tenga un criminal y delincuente huido de la justicia y que se dice exiliado.

Exagerando un montón

Abrigadas en exceso

Cuando estuve en Gran Canaria en Navidades, como siempre, me fascinó la manera que tienen los locales de exagerar con las temperaturas. Estábamos con mínimas de dieciocho grados y la gente que abrigaba de una manera exagerada y en la misma calle me podías ver a mi en pantalones cortos y con las cholas Moisés y a una chama como la de la foto, con una imagen tomada con cámara oculta en la guagua y que llevaba más capas que una cebolla. Debía tener camisilla, camisón, camiseta, camisa, abrigo, el trapo de limpiar las ventanas anudado al cuello como bufanda, un cuarto de litro de laca para proteger el pelo del frío, guantas, compresa, braguitas, bragas, medias, calcetinas, pantalones y solo Dios sabe qué más. Con la cantidad de ropa que llevaba yo podría sudar y perder al menos un kilo de peso al día, además de apestar más que el coño de una corredora de maratón al terminar la carrera. Ella y su amiga hasta comprobaron que todas las ventanas de la guagua estuviesen cerradas. Supongo que estas no sobreviven en Holanda y probablemente se les camba la peluca del susto si me ven salir de mi casa con cinco grados bajo cero y una camiseta y sobre la misma una chaqueta ligera que es impermeable, transpirable y cuya misión es protegerme del viento y de la lluvia y que con su sellado hermético me permite usar el calor corporal para mantenerme calentito. Con esa chaqueta, que no tiene forro interior, unos guantes y una banda para las orejas, yo me muevo perfectamente, ya sea andando o en bicicleta.

Lo más asombroso es que en la playa, mientras yo tomaba el sol, había gente equipada como la beba de la foto cerca de mi, disfrutando de un día de playa de invierno. Parece que de lo que se trata es de exagerar y de engañarte a ti mismo pensando que es invierno, cuando aquello son temperaturas de primavera o verano.