Desde Yangon a Mandalay

El relato del viaje a Birmania y Tailandia del 2011 comenzó en la anotación De Utrecht a Bangkok pasando por Hilversum y Amsterdam

Después de una noche en la que dormí fatal por el estruendo de las lluvias monzónicas, me levanté a las cinco de la mañana para salir hacia el aeropuerto a las cinco y media. Las señoras del motel me prepararon una bolsa de lujo con el desayuno y tras despedirme de ellas (se levantaron para desearme un buen viaje ??) me metí en el taxi, el cual no tenía manijas para abrir las puertas por dentro ni tampoco le funcionaba nada en los paneles que dan información al conductor y comenzamos la ruta. Me sorprendió porque a esa hora todo el mundo ya estaba levantado y haciendo footing, caminando o ejercicios junto al lago en el que vive la chama que ganó un premio Nobel de la paz o algo parecido.

Todo lo fastuoso e increíble que tiene la terminal internacional no lo tiene la de vuelos nacionales, la cual la podrían bautizar como Terminal Cuéntame como se estampó. Entrabas por unas u otras puertas dependiendo de tu compañía aérea, en mi caso Air Mandalay y cundo me acerqué al mostrador de facturación, un chamo me cogió la mochila y le gritó a todo el que quiso oírlo que pesaba 10 kilos. Puto mentiroso, está por debajo de los nueve. Me dieron mi tarjeta de embarque, me acerco al control de seguridad y me doy cuenta que en mi bolsa de desayuno hay una botella de agua. Veo que en un cartel dicen que “Ante la duda ?? la más peluda” o quizás decía “Ante la duda ?? pregunte” y me hice un Lina Morgan y pregunté. El tío no solo me dijo que podía pasarla sino que no me dejó ponerla en el escáner de rayos equis porque es peligroso para la comida ?? sic! Crucé el arco de rayos con la comida y mi cámara y por supuesto que pité pero me dijeron que siguiera que El Elegido jamás haría nada malo.

Llegué a la sala de espera y aquello estaba petadísimo de gente. Lo peor es que no habían paneles y no tenia ni puta idea de como averiguaría cual era mi vuelo. Vi algún occidental así que supuse que todos iríamos en el mismo avión y al rato apareció el Pana Manué, ese que no se arrima a la paré pa’ no mancharse de cá y llevaba un cartelito con el vuelo que iba a salir en ese momento y caminaba entre nosotros dando berridos. Algunos se levantaron, fueron corriendo a la puerta, la cruzaron y en menos de cuatro minutos vimos pasar el avión por delante, uno del tipo Bintre de Alquiler o ATR-72 para los que no hayan tenido el placer de volar con esa compañía canaria.

El proceso se repitió 3 veces más y a la cuarta se fue todo el mundo con lo que supuse que debía ser un dirigible por lo menos para meter a esos miles y miles de pasajeros. El nuestro vino detrás y no éramos ni quince. Nos metieron en una guagua, nos alcanzaron al avión y mientras cerraban las puertas encendían los motores y antes de darte cuenta ya estábamos corriendo por la pista. Cada uno tenia dos asientos. En el avión me enteré que parábamos en algún sitio intermedio. El vuelo muy relajado. Aproveché para comerme el desayuno que me empaquetaron y que constaba de botella de agua, dos plátanos y un sandwich de huevo frito. Según terminé las azafatas me dieron un croissant relleno de queso, una bandeja de fruta, un zumo y un café que también me hinqué.

Aterrizamos en Nyaung U ( lo que los mortales conocemos como Bagan), se bajó un tío y subieron como seis. Seguimos hacia Mandalay a donde llegamos veinte minutos mas tarde. En total fue una hora y media. Mandalay International Airport es un mastodonte construido en el medio de la nada. Un aeropuerto mas grande que el de Yangon y totalmente infrautilizado. A algún mandamás se le antojo hacer una obra digna de un faraón y una vez terminado se vio que no es necesario. Recogí mi maleta, busqué un cutre-taxi sin aire acondicionado y le dije que me llevara al Peacock Lodge, que era mi siguiente motel. El aeropuerto está en el recarajo y se tarda una hora en llegar a la ciudad, todo eso por unos diez dólares. La razón de pedir el taxi sin aire es que es más barato y si pagas por el otro después descubres que no le funciona y te cobran igual de caro así que como ya me conozco las movidas y sé que siempre se rompe un rato antes, pido el que tiene menor precio porque no lo puede ocultar y a disfrutar del airote caliente sacando la cabeza por la ventana como perro joven (en el caso de Genín ?? perro viejo). En el recorrido pasamos un control policial y un convoy de alguna personalidad importante. Al aproximarnos a Mandalay el tráfico se volvió caótico y aquello parecía mas bien una competición para ver quien tiene los huevos mejor puestos. La ciudad tiene algunas calles asfaltadas y otras no. Mi pensión es un ranchito exótico. La chica que me recibió no hablaba una sola palabra de ingles y tuve que esperar cinco minutos hasta que los dueños regresaron de un funeral. La habitación es bastante simple pero eso era algo que ya sabia. Lo peor es que no tenían internet. Me organicé una sesión turística a partir de las dos de la tarde y me retiré a descansar hasta ese momento.

Como lo de estirar historias como el chicle se me da muy bien, ese relato lo dejamos para otra ocasión.

El relato continúa en El día que subí a la colina de Mandalay

Una respuesta a “Desde Yangon a Mandalay”

  1. jajaja Me ha gustado el truco de taxi sin aire…jajaja
    A mi si que me gusta el peo de sonidos de los palos de agua monzónicos, aunque en realidad solo conozco los de Venezuela en la época de lluvias en Ciudad Bolivar que supongo serán mas o menos, pero de Asia no conozco ni torta…
    Salud

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