El día que caminé por la Calzada de los Gigantes

El relato comenzó en Viajando a Belfast con algo de retraso

Después del viaje y el paseo del día anterior, mi visita a Belfast tenía un objetivo muy específico, que era la Calzada de los Gigantes, una de las maravillas de la naturaleza en el planeta y que milagrosamente se ha conservado hasta nuestros días, Patrimonio de la Humanidad excluyendo a truscoluña, que no solo no son nación, no son parte de la humanidad. Estas cosas suceden de improviso y cuando yo compré el billete de avión, pensaba que iría a ver el museo del Titanic y poco más, así que mirando en excursiones descubrí el asunto y tras comparar todas las compañías disponibles, opté por una que no era la más barata pero que tenía un mini-bus, con lo que somos menos y además, hacían el circuito, ya que todos van a los mismos sitios, en sentido opuesto, con lo que en teoría era más tranquilo. La excursión salía del centro de la ciudad a las nueve de la mañana, lo cual me permitió desayunar en la pensión el famosísimo y adorado por Genín y Virtuditas Ulster Fry, un desayuno de encochinamiento máximo que se compone de un huevo frito con su yema líquida, salchicha, judías en salsa de tomate, beicon, pan de soda y pan de papa. Entre eso, el zumo y el café, ya tenía energía para todo el día y para procrear un jiñote épico. Bajé a desayunar a las siete y media de la mañana o tres horas y media antes de la hora Virtuditas y como tenía mucho tiempo, en mi paseo al centro fui por otra ruta haciendo fotos. Cuando llegué al mini-bus, pillé el mejor asiento posible y al final éramos doce julays de los diecinueve de capacidad que tiene el cacharro.

El chamo del conductor se pasa el viaje contando historias y eso. A los gringos les fascina pero yo soy más bien de que se limite a los puntos turísticos y nos ahorre lo demás, pero bueno, al final yo soy siempre el rarito. La primera parada del recorrido fue en las Dark Hedges, las Hayas Oscuras, una avenida de hayas en una carretera, plantadas en 1775 y que son famosas, sobre todo entre Genín y Virtuditas porque al parecer han usado el lugar en alguna escena de Juego de Cromos, esa serie que les mola tanto. Efectivamente, llegamos allí sin prácticamente nadie, he visto fotos de gente y aquello se pone más petado que el barrio Rojo de Amsterdam en fin de semana con españoles e italianos. Han prohibido desde el año pasado el tráfico de vehículos porque los árboles se estaban resintiendo mucho. Originalmente se plantaron ciento cincuenta hayas pero creo que quedan noventa. Como yo no sigo la serie, me gustó el sitio pero vamos, que también podría vivir sin haberlo visto.

La ruta continuó hacia la Bushmills Whiskey Distillery. La destilería de güisqui se fundó en 1784 y tuvo períodos en los que estuvo cerrada, aunque desde el 1885 ha estado en funcionamiento. Básicamente era una parada para entrar en la tienda y en el café de la misma. Lo único interesante que aprendí es que los irlandeses lo llaman whiskey con e para distinguirlo del whisky escocés, que según ellos es obviamente inferior y que tiene al menos un componente diferente, que no sé cual es y al parecer la razón es que el gobierno puso un impuesto sobre ese ingrediente y las otras destilerías lo cambiaron. En cualquier caso puedo confirmar y confirmo que jamás he probado este brebaje y tampoco tengo planes de hacerlo, ya que yo soy más de ron canario o venezolano y siempre del amarillo, que lo del ron blanco es una aberración.

La tercera parada fue para ver el castillo Dunluce, ahora en ruinas después de que una parte del edificio se desmoronara. Las ruinas son muy fotogénicas, está al borde del mar y obviamente, Virtuditas y Genín lo conocen porque es la sede de la Casa Greyjoy y ellos son super-fanes. Había mucha gente que venía allí por la serie y de hecho, están en plena Edad de Oro en esa zona de Irlanda del Norte porque el turismo de la serie atrae a miles y miles de cienes de billones de gringos y otros julays.

Finalmente, en la cuarta parada, llegamos a la Calzada de los Gigantes. Un pavo local, descendiente del primero que hizo tours por allí, nos acompañó durante tres cuartos de hora contando historias y enseñándonos el sitio. Es FA-BU-LO-SO, la naturaleza ha hecho algo increíble y por suerte, el hombre no lo ha destruido. Me jarté a hacer fotos, el sitio es épico y por suerte, aunque había un montón de gente, no estaba como se lo encuentran los julays en verano, que dicen que han llegado a tener un momento con siete mil julays en el lugar. Seguro que tienen escena en la serie de los chamos. Es uno de los lugares más visitados en el Reino desUnido y vale la pena. Me pilló un tiempo fabuloso, con azul en el cielo, con nubes, precioso. Casi se me pasa el tiempo de volver a la guagua y tuve que correr como un galgo para no llegar tarde pero por suerte no fui el último.

La siguiente parada fue en Carrick-a-rede rope bridge, un puente colgante de veinte metros hecho con cuerdas y que une una pequeña isla con la de Irlanda. A la gente les fascina cruzar el puente, por lo que pagas como nueve libras y cruzan en manada para llegar al otro lado y tras unos minutos, cruzar de vuelta. Yo lo que quería era hacer fotos del puente y de los islotes y roques que hay en la costa. Lo de cruzar el puente me la sudaba porque tengámoslo claro, yo he cruzado probablemente la mitad de los puentes de cuerda más grandes del mundo y además, de los cutres en los que se puede morir, en Vietnam, en Camboya, en Malasia o en Tailandia. Lo de este puente me parecía una máquina de sacar pasta. Por suerte, mientras mis compañeros se mamaban la cola, que era enorme, yo me pude hacer las dos rutas caminando en el lugar y tengo un arsenal de fotos espectaculares. Como curiosidad para los comentaristas, el aparcamiento P2, que está como en una mina abierta de la que extraían seguramente rocas para hacer gravilla, ha sido el escenario de otra escena de su serie.

Desde allí comenzamos el retorno por la ruta escénica, la carretera a lo largo de la costa y que realmente es bellísima. En esa ruta, solo paramos en Carnlough, junto al micro-puerto, rato en el que hice más fotos. Vinimos llegando de vuelta a Belfast a las cinco de la tarde. Volví a recorrer el centro y hacer más fotos y cené en el Maggie Mays Belfast Cafe y salí de allí petado a comida. Para cuando se hizo de noche, yo ya estaba por encima de los quince kilómetros andados y opté por regresar a la pensión.

En el capítulo final incluiré la presentación con todas, todas, todas, las fotos que hice.

El relato acaba en La visita al museo del Titanic y regreso a Holanda

9 respuesta a “El día que caminé por la Calzada de los Gigantes”

  1. o sea, godos, que en mi tierra todo peninsular que no sea andaluz es godo. He hecho una búsqueda de anduve y salen veintiocho anotaciones en la historia del mejor blog sin premios en castellano. Después he buscado andé y dependiendo de como lo hagas, porque creo que por defecto incluye palabras que tienen andé en su interior, tenemos que hay entre 192 y más de tres mil anotaciones en las que aparece. Hay un artículo chulísimo de un periódico canario y la RAE siempre que responde dice «En la lengua culta general se dice anduve». Como yo fui, soy y seré siempre un inculto y estoy muy orgulloso de ello, seguiré con mi incultura y que le den por el jauer a la RAE. En vez de inventarse femeninos por el buenismo de los humanos con las feminazis, que corrijan esto y que les den por el coño y por el culo a las lideresas.

  2. jajaja Estando de acuerdo con lo que dices, y conociendo perfectamente a quienes llaman godos los guanches, incluso los guanches-comequesos, a mi, andé, me rechina en los huevos especialmente, ya sabes que yo nunca jamás de los jamases te corrijo nada, a mi en general me la suda, para eso está la Virtu, es parte de su territorio, pero en esta ocasión tuve que hacer esa pequeña alusión, como en su dia la hice con manzano, pero no pasa nada, nunca pasa nada… 🙂
    Salud

  3. No me extrañaría nada que la meiga del Norte cuando se entere que le estás pisando sus funciones te encienda dos velas negras y te ponga dos macetones en tu plaza de aparcamiento. Mi amigo Sergio me machaca con el sartén, que al parecer es femenino. Me estoy trabajando a sus hijos y su mujer para que usen el masculino, lo cual pone al padre y marido de los nervios y sabe que yo estoy detrás de la manipulación

  4. jajaja Yo uso las dos expresiones indistintamente, la sartén o el sartén, pero creo que es femenino, por eso quema cuando está funcionando… 🙂
    Salud

  5. ¿el sartén? en mi puta vida…. yo no sé quien os enseña a leer por la zona sur… 😉 Me rechifla lo de meiga del norte, estoy por cambiarme el nombre.
    Nos vamos a empachar a fotos si las pones todas a la vez!.

  6. No, porque tendrías que ver el vídeo que ninguneas con las fotos, igual que hice en Bristol, de donde puse casi cien fotos.

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