El regalo – The Gift

Después de tanta película basada en hechos irreales, ya va siendo hora de regresar a la ficción y para acabar la semana tenemos una película que cuando la promocionaban en el cine, no quedaba claro si era de terror o solo un thriller con toques malignos. En cualquier caso, la añadí a mi lista y fui a verla hace casi un mes, aunque la he ido dejando atrás porque The Gift, que es su título, no se estrenará en España hasta casi terminado febrero con el título de El regalo.

Una pareja de julays muda su keli a California y se topan con un friki que los ronda como mosquito cojonero a güevo

Una pareja se muda en los Estados Unidos porque el colega tiene un nuevo trabajo y quieren empezar más o menos de nuevo después de que ella perdiera el hijo que esperaba. Pronto se topan con un antiguo compañero del instituto de él que resulta que es más rarito que un ciudadano de Raticulín. La situación se va escalando hasta que sale lo peor del marido a la vista y la chama, de nuevo embarazada, se empieza a cuestionar si su marido es trigo limpio o es un cabrón que no veas.

Esta es una película que nos recuerda los malos rollos que dejamos atrás en el instituto y por los que no deberíamos tener perfil en las redes sociales. La chama además va descubriendo, según se teje la red de malos rollos, que su marido no es quizás lo que parece y según sabemos más y más, el colega pasa de capullo insoportable a cabrón jo-de-la-gran zorra truscolana que pare sus políticos. La historia va incrementando poco a poco la tensión y retorciendo el tema aunque al menos a mí me quedó claro desde el principio que entre los dos tíos había mal fario. Me gustó mucho Joel Edgerton como el friki del instituto que los acosa y el por lo general soso Jason Bateman aquí parece que hasta sabe hacer su trabajo. La más flojilla del trío es Rebecca Hall, que solo brilla cuando tiene ataques de nervios y en el resto de sus escenas parece que está drogada. La historia es entretenida y está bien llevada, aunque le falta el toque mágico para convertirse en un clásico. El final fue tan retorcido que acaba por rozar el ridículo, con vuelta tras vuelta de tuerca que te hace pensar si la dichosa tuerca es infinita. Pese a eso, el balance es positivo.

No es cine para los miembros del Clan de los Orcos porque no hay ni efectos especiales ni tetudas descerebradas. Los más flojillos de los sub-intelectuales de GafaPasta seguro que la aprecian.

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