La plaza de San Marcos y alrededores

Este relato comenzó en Llegando a Venecia

Después de llegar a Venecia y dejar la mochila Cocoon en el hotel, salí a la calle con la mochila Lowepro Slingshot 102 AW que llevaba mi Canon 50D y los objetivos Tokina SD 11-16 F2.8 DX y el CANON 24-70mm f/2.8L. Lo primero que hice fue regresar hacia la estación de tren de Venecia y mirar un poco lo del transporte en barco, desde allí decidí ir caminando hasta la plaza de San Marcos. El recorrido está muy bien (y al mismo tiempo muy mal) señalizado. Continuamente ves carteles que te indican PER SAN MARCOS y los vas siguiendo pero en muchas ocasiones te desvían por calles en las que avispados negociantes quieren incrementar la cantidad de gente que pasa por las mismas. El paseo es muy agradable y una bonita forma de comenzar a descubrir una ciudad sin tráfico de coches, motos o bicicletas y en la que cruzas puentes todo el tiempo y la distancia más corta entre dos puntos jamás es una línea recta. Por todo el centro están repartidas las rampas que ponen cuando se inunda la ciudad y hay que caminar por las mismas y aunque no estaban en uso, las podías ver apiladas. En la plaza de San Marcos hice fotos a destajo, igual que durante todo el camino y me acerqué al Museo Correr para visitarlo y recoger mi pase para algunos de los más importantes museos de la ciudad. Aproveché también para recoger el pase para visitar el reloj que está en la Plaza de San Marcos, visita que tenía programada para la tarde. El museo cubre gran parte de uno de los palacios que dan a la plaza y más que por las obras de arte, lo interesante es ver el edificio y sobre todo alguna de sus secciones. La entrada al edificio es por el ala Napoleónica. Estuve en la zona en la que se quedó Sissi Emperatriz las veces que pasó por la ciudad y el edificio en sí es fascinante. Tuve un montón de suerte y mi visita fue dos horas antes de que cerraran las salas monumentales de la Biblioteca Nazionale Marciana, en donde además de libros venecianos hay otro museo. La parte de la biblioteca es particularmente espectacular, con obras de Tintoretto, Veronese y otros famosetes locales. En la sala principal iba a celebrarse algún tipo de evento relacionado con la moda pero pude verla. El museo Correr son en realidad tres museos ya que a estos dos mencionados hay que añadir el Museo Nacional de Arqueología, para mí el menos interesante de los tres aunque como el edificio es precioso, merece la pena darse un volteo rápido por el mismo. Al salir deambulé haciendo fotos hacia la Basilica di San Marco, el principal templo de la ciudad y una maravilla de estilo románico-bizantino y gótico. La entrada a la nave principal es gratuita pero no puedes llevar mochila así que tienes que ir a un edificio cercano para dejar la mochila en el mismo en una consigna. No había demasiada gente y no hice cola alguna y flipé con el interior del edificio, una auténtica obra maestra con más años que Matusalén. La basílica tiene el tipo de planta con cruz griega y cinco cúpulas fabulosas. La entrada es gratuita pero si quieres ver lo mejor, has de pasar por caja y pagar. Solo así podrás ver detrás del altar la Pala d’Oro, una de las obras de orfebrería más famosas y sofisticadas hechas en el universo y una que definitivamente te deja con la boca abierta y alucinando en colores. En total tiene 1927 pedrolos entre los que hay montón de rubíes, zafiros y esmeraldas. Seguramente vendiendo esto se pagan viajes a Bangkok para casi toda la Curia y allí se pueden correr unas juergas locas que no veas (y ya ellos llevan las faldas ….). Subí a la planta superior en donde con la excusa de un museo te vuelven a cobrar y así puedes hacer fotos desde los balcones superiores de la Plaza de San Marcos, ver la cuadriga original, cuatro caballos de bronce que en realidad es cobre (y como lo pillen los rumanos se lo llevan y joden vivos a los curas …). Esta cuádriga se supone que es del siglo IV (palito-uve) antes del hijo de la Virgen Casada y estuvieron expuestos durante siglos en el Hipódromo de Constantinopla, o Estambul, hipódromo en el que he estado y que nos recuerda que el mundo es un pañuelo y todo está relacionado.

En un lateral de la fachada de la basílica está la figura de los tetrarchi, también esquilmados de Constantinopla. Cuando acabé con este edificio tenía hambre y me acerqué a Alfredo’s Fresh Pasta to Go, local con nombre en inglés y que es el segundo favorito en Tripadvisor. Allí, en un pequeño garito hacen pasta fresca para llevar. Todo el mundo se pide las consabidas pastas con salsa boloñesa , ajo y demás y van muy rápidos. Yo elegí la pasta negra con tinta de calamar y el hombre directamente se disculpó porque iban a tardar un rato en prepararla ya que al contrario que las otras con las que simplemente meten el cucharón en la olla y rocían la pasta, la mía la prepararon al instante completamente. La pasta estaba divina y tras comer regresé para pasear a la vera del Gran Canal y ver la fachada del Palazzo Ducale. Me quedé por la zona ya que tenía reservada hora para la visita a la Torre dell’orologio, ese curioso reloj que está al lado de la Basílica y al que solo se puede entrar con cita previa. Este es el reloj más importante de la ciudad y como los dos chamos que en su azotea tocan la campana parecen moros (o eso que hoy denominamos terroristas musulmanes de mierda), la gente lo conocía como la torre del reloj de los moros. La visita es un viaje a través de los siglos de ese reloj en el que vemos el mecanismo más reciente pero también piezas de los anteriores, además de un edificio que no se ha modificado demasiado. Entre las dos columnas que están frente a esta torre es donde se ahorcaba a los criminales que así morían sabiendo perfectamente la hora a la que habían comenzado su camino hacia la Luz. El edificio se hizo a finales del siglo XV (equis-uve) y para montarlo lo empotraron sobre el que se encontraba allí, el cual derribaron parcialmente. En el primer piso estuvimos en la sala con la maquinaria y la gran esfera del reloj y nos enteramos que aquel era el salón de la familia que lo mantenía funcionando hasta 1997. En el segundo piso vemos los dormitorios de esa casa y la parte superior del reloj y los huecos por los que salían los reyes magos cada hora y que ahora han sido substituidos por la hora y los minutos, aunque cada año el día de Reyes los ponen a funcionar para que la gente los vea. Los Reyes están dentro y son muy bonitos. Después subimos a la azotea para ver la ciudad desde allí y ver a los famosos moros. La visita es interesantísima.

Cuando acabamos y ya que estaba en la zona, me puse en la cola para subir al Campanile di San Marcos, el cual solo se puede acceder mediante ascensor. Las vistas son de agárrate y no te menees y pese al sablazo merece la pena. Entre pitos y flautas pasé gran parte del día por allí. Se me ha olvidado comentar que también hice fotos del Ponte dei Sospiri que conecta el Palacio Ducal con la prisión. Regresé perdiéndome por canales y haciendo fotos sin parar y cruzando por el Ponte di Rialto, uno de los cuatro puentes que cruzan sobre el Canal Grande y sin discusión alguna, el más espectacular. Regresé a mi hotel cruzando de nuevo el Canal Grande por el Ponte degli Scalzi, aunque por el camino me detuve a comerme un helado en la Gelateria San Stae y tengo que reconocer que los italianos de helados saben un montón. A esas alturas, ya se acercaba la noche y fui a tomar posesión de mi habitación de hotel y prepararme para la cena. Con el pedazo de plato de pasta que almorcé y el helado no tenía mucha hambre y opté por comer pizza en el Arte della pizza, un lugar muy cerca de donde me quedaba y que según la gente, hace una de las pizzas más ricas de la ciudad. A mí no me llamó particularmente la atención. Por la noche regresé andando a la Plaza de San Marcos para hacer fotos de noche en la zona. Por desgracia, la iluminación nocturna deja mucho que desear. Además de usar la cámara apoyándola en donde puedo, usé el iPhone con su Sidekick y su pequeño trípode y una aplicación para hacer fotos de noche y ya veremos que tal me han quedado esas fotos. De nuevo, di un paseo gigantesco por la ciudad, más relajada por la noche e increíblemente segura. Regresé al hotel baldado (me había levantado a las tres de la mañana) y caí rendido bastante temprano, aunque como al día siguiente había planeado empezar a una hora seguramente escandalosa para algunos de los que leen esto, me vino bien el dormir.

El relato continúa en El itinerario secreto del Palacio Ducal y otros lugares de Venecia

2 opiniones en “La plaza de San Marcos y alrededores”

  1. ¡Vaya tute!… Yo quiero hacer lo mismo que acabas de contar, pero en 4 días (para ir relajadita). Jajaja?? Y me apunto a lo de irme a la cama pronto, pero no a lo de salir temprano.

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