Otra ida y vuelta a Gran Canaria

La rutina de viajar a Gran Canaria es una que yo he convertido en arte. La repito cada pocos meses y la ejecuto con la misma precisión con la que un cirujano hace una operación. En este ultimo viaje, Ryanair se llevó el premio del billete más barato y por tanto mi lealtad. Por ser el mes de agosto y estar aun en periodo de vacaciones, ha sido el viaje más caro con esta compañía que he hecho este año aunque bajé el precio no facturando equipaje ni comprando la denostada prioridad, la cual cada vez veo menos útil ya que los mejores asientos los venden aparte y solo sirve para correr delante y a mí me da igual pasillo o ventana ya que me toque quien me toque al lado, lo voy a ningunear y no le hablaré.

Mi mochila iba petada con regalos para mis sobrinas y el día antes de mi partida, el viernes, estuve en Amsterdam para hacerme una sesión doble de cine tras el trabajo y entre pitos y flautas llegué a mi casa cerca de las once y empecé a apilar las cosas de mi lista de viaje para así poder llenar la mochila por la mañana sin problemas. Esa lista, que uso una y otra vez y afino cuando es necesario me ha salvado de más de un olvido. Por la mañana me levanté, jiñé, me afeité con la misma cuchilla Guillette Mach 3 que tengo desde finales de abril y que me ha demostrado que lo de la banda que supuestamente indica la duración es pura bobería, me duché y me hice unos churros para desayunar antes de ir a la estación en bici, ya que como llevaba solo la mochila, la cual medí y tenia el tamaño exacto permitido por Ryanair, me resultaba más cómodo ir en bici. Por si acaso añadí un chubasquero de esos que son de usar y tirar por si al regresar llovía.

En la estación compré mi billete de tren, un capuchino y bajé al anden. El tren llegó a su ora y los cincuenta minutos de viaje los pasé navegando con el iPad conectado a la Wifi gratuita del tren, algo que muchos no saben pero en muchos trenes intercity holandeses la hay y no, no te servirá para descargar quinientos megas de porno pero definitivamente vale para leer el correo, las noticias y similares. En Eindhoven cambié al autobús 401 que te lleva directamente al aeropuerto y un ratillo más tarde caminaba por la zona de guerra en que se ha convertido el exterior del aeropuerto y que hay obras para ampliar la terminal y está todo manga por hombro.

Crucé el control de seguridad, compré una botella de agua en la tienda libre de impuestos porque allí es mas barata y me senté a esperar el embarque.

Ryanair en Eindhoven

El avión llegó antes de tiempo y el embarque comenzó también un poco antes con todo el mundo corriendo por la pista como si hubieran menos asientos que pasajeros y los últimos han de ir de pie. Bien visto, esa es una de las partes más divertidas de volar con esa compañía. Ya dentro del avión, todos sentados y listos pero el piloto nos dijo que desde España lo obligaban a esperar quince minutos y para no tener que hacer un meidei no arrancaba los motores.

Alrededores de Eindhoven

Despegamos a la hora prevista y yo previsiblemente me jamacullé y dormí al menos una hora y media. Después me dediqué a ver episodios de Being Human US que tenia pendientes. Durante las cuatro horas y pico de vuelo las azafatas no pararon de vender de todo, desde cigarros sin humos a verdura fresca. En esa compañía, al personal de cabina no los dejan sentarse ni para quitarse una ladilla, cuando no están vendiendo están limpiando la mierda de los pasajeros que han salido. El aterrizaje fue con algo de viento en pista y el avión escorándose para un lado. La mitad mongólica del avión, aunque dijeron que saldríamos por la puerta delantera estaban en fila hacia atrás e hicieron cierto el dicho ese que dice que no se puede sacar de donde no hay. Sin tener que recoger mi equipaje, fui directo a salidas y allí me encontré con mi hermana.

Durante la semana hice unas diligencias, fui a la playa, fui tres veces al cine y quedé con amigos y conocidos en varias ocasiones y algunas de esas comidas están disponibles en Comida en fotos. Mi regreso, el sábado por la madrugada comenzó yendo al aeropuerto en taxi a las cinco menos cuarto y llegando al mismo sobre las cinco. En el control de seguridad se rebotaron un poco con el objeto extraño que había en mi mochila y que resultó ser nada más y nada menos que la flanera que me he comprado y cuando se quedaron tranquilos, fui a comprar un par de botellas de vino, me comí el desayuno que me había llevado para no entrar al avión con el estómago vacío y cuando anunciaron el embarque, me puse en la cola.

Aviones en el Aeropuerto de Gran Canaria

El avión iba petadísimo y a cuatro totorotas les pegaron la clavada por llevar maletas que no tenían las medidas adecuadas, o sea, eran mayores que 55 cm x 40 cm x 20 cm. Yo vi uno de los bolsos y lo flipé porque era como de noventa centímetros de largo. La cara de mala hostia del dueño no tuvo precio y las risas del resto del avión cuando lo vimos entrar fueron antológicas. Uno de los primos que la cagaron hasta el fondo se sentó a mi lado, con su mujer en el otro extremo del avión y su hija en la punta de adelante, ya que llegar los últimos a un avión lleno es lo que tiene. Después de despegar me puse a jugar al Electro Trains y el hombre miraba de reojo como me desenvuelvo con mi iPad, mi precioso. Dormí una horita y pasé el resto del viaje escribiendo gran parte de esta anotación, jugando, viendo los últimos episodios de la primera temporada de Once Upon a Time y escuchando música.

Ryanair en Eindhoven

Llegamos a Eindhoven con media hora de adelanto y creo que fui el penúltimo en salir del avión por estar sentado en el centro. Fui directo a la parada de la guagua, me subí en la 401 y veinte minutos más tarde compraba mi billete de tren y salía para Utrecht, a donde llegué a las doce y pico. Recogí mi bicicleta en el aparcamiento gratuito y vigilado de la estación y me fui a casa.

Una respuesta a “Otra ida y vuelta a Gran Canaria”

  1. Totalmente de acuerdo contigo en que lo que más me gusta de Ryanair es correr por la pista, aunque últimamente me entra un poco de cague con el tema de la maleta, porque tengo una pequeñita que es rígida y a veces cuesta trabajo meterla en el cacharrillo. La verdad es que siempre que viajo con Ryanair hay alguno que no sabía que tenía que llevar sólo un equipaje de mano o que lleva un maletón de equipaje de mano y se cabrea con la gente de la compañía por ponerle pegas. Qué pesada es la humanidad.

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