Mozilla Firefox 1.0.1

Atención. Ha salido una actualización de seguridad del Firefox. Deberíais descargarla e instalarla. Por lo pronto solo está disponible en inglés y en Español (Argentina). Esta nueva versión es la 1.0.1

El enlace para descargar la versión en inglés es el siguiente: Haz clic aquí.
El enlace para descargar la versión en Español (Argentina) es el siguiente: Haz clic aquí.

Para instalar, ejecutar el fichero y seguir las indicaciones. No os olvidéis de cerrar el Firefox antes de comenzar el proceso.

Tras la instalación, al arrancar el Firefox, es posible que os aparezca un mensaje diciendo que ha deshabilitado algunas de las extensiones. En este caso, Id al menú Tools > Extensions (Herramientas > Extensiones), y haced clic sobre cada extensión con el botón derecho, elegid Disable (Deshabilitar) e inmediatamente volved a hacer clic y elegir Enable (Habilitar) . Eso debería solucionar el problema. No os olvidéis de cerrar Firefox y volverlo a abrir después de haber hecho esto.

En caso de dudas, dejadlas en los comentarios.

Estamos aquí …

Vela para ayudar a los dioses de la nieve
Mi amigo el chino me tiene contaminado. Visto que mi buen Dios católico no responde adecuadamente e incluso amenaza con llevarse a nuestro Papa, he decidido poner la vela, tanto en la ventana de mi casa holandesa como en esta ventana de mi casa virtual. Espero que los dioses de la nieve sean capaces de encontrar el villorrio en el que vivo e inundarlo de nieve. Se nos acaba el invierno y aún no he podido hacer esas fotos preciosas que quiero hacer. Camino de esta su ciudad se equivocaron en algún cruce y han acabado en España. Espero que este pequeño faro sea suficiente para que puedan llegar sanos y salvos. Prometo recibirlos con un ágape a base de delicias de la tierra y buen vino español.

Hilversum sin nieve

Nieve en Hilversum
Este invierno no va a poder ser. Llevo rezando desde noviembre pero no voy a poder hacer fotos con nieve. Me tendré que conformar con ésta, tomada desde mi ventana a las ocho de la mañana y antes de que se fundiera la poca nieve que había en el tejado de la casa de enfrente.

Espero que el próximo invierno se porte mejor con nosotros.

Copitos de nieve

Exclusión de irresponsabilidad: Seré breve y conciso. Sensibleros, panolis y pollabobas abstenerse de seguir leyendo. Lo que sigue es la pura deformación de la realidad fruto de una mente sometida a condiciones de presión extrema.

Esta semana mi amado jefe me la ha dedicado a la formación, ese supremo arte que consiste en sentarte en un aula con un montón de panolis a los que en la mayor parte de los casos no conoces y dormitar colectivamente hasta que llega la siguiente pausa para tomar ese delicioso café holandés que es lo más próximo al agua chirria. Estos tres primeros días he tenido un curso y los próximos dos días tendré otro que promete ser más interesante, sobre todo porque me permitieron elegir a los participantes y he creado una mezcla explosiva que debería darme temática para despertar esta aletargada bitácora.

Hablando del curso que acabo de completar, me tuve que sentar junto a un tipo al que no había visto en mi vida. La culpa fue mía por llegar tarde el primer día, lo que me impidió poder elegir asiento. El tipo es un hombre en la cuarentena a simple vista normal. Tras pasar estas veinticuatro horas juntos (repartidas en tres tandas de ocho horas, que no quiero que penséis mal), me ha provocado severos daños cerebrales de dudoso alcance y me temo que tendré que pedir asistencia psicológica al chino o al turco para que evalúen las pérdidas.

Lo primero que pasó fue que el curso era en neerlandés. O sea, tres días sentado oyendo a un tipo hablar en su lengua materna, pillando el 70 o el 80 por ciento y el resto imaginándolo. Tiene mérito que haya sacado un ocho en el examen final. Me he sentido tan orgulloso de mi mismo que se me ha olvidado recordarle al mariquita de mi planta que por mucha minifalda que se ponga sigue teniendo rabo entre las piernas y esto es algo que hago todos y cada uno de los días de su vida para mantener el buen rollito entre compañeros.

Hablando del que me tocó en suertes, tardé un tiempo en captar la pauta. Al principio, con mi máxima concentración en el profesor no me daba cuenta de lo que pasaba allí. Ahora que lo pienso, la primera vez que noté algo raro fue la tarde del lunes. Se me ocurrió mirar hacia la ventana y pensé que estaba nevando. Veía los copos flotando en el aire, dejándose acariciar por el aire en su lenta caída al suelo. Me pareció algo hermoso como siempre que veo nevar. Es lo que tiene el haber nacido en las Canarias, que a fuerza de criarme sin ver la nieve, ahora no me canso de verla. Y por eso el Dios de los católicos me ha castigado con estos inviernos tan blandengues, que aquí no hay forma de que nieve. Parece que ahora el famoso invierno nórdico es propiedad exclusiva de la España peninsular y por estos lares nos tenemos que conformar con medio centímetro de nieve de vez en cuando, una cantidad tan ínfima que ni cuaja ni permite hacer unas fotos decentes.

Así que estaba mirando esa poca nieve caer y pienso para mis adentros: “Está nevando dentro de la clase ….. Coño, eso no puede ser. Lo dejé pasar y seguí a lo mío. La mañana siguiente se hizo la luz. El tipo que estaba al lado mío comenzó a limpiarse los hombros. Volvió a nevar dentro de la clase. Era caspa, masivas cantidades de caspa que acumulaba al rascarse compulsivamente la cabeza y que después de un rato liberaba lanzándola a la atmósfera. Nunca había visto una capa tan grande y repugnante. Eran como unos grisáceos copos de maíz de cierta marca que a muchos gustan para desayunar. Al mirar su cabeza vi que las raíces de su pelo eran la mayor factoría de caspa del universo universal. La caspa se agarraba al pelo hasta que las ennegrecidas uñas del colega la arrancaba del lecho materno y la lanzaba hacia los hombros, primera parada en su viaje hacia el suelo.

Me entraron unos picores por todo el cuerpo horribles, pero especialmente en la cabeza. Traté de alejarme del tipo pero no hay mares lo suficientemente grandes para que me vuelva a sentir seguros. Me pasé el resto del martes y todo el día de hoy obsesionado, esperando que comenzara a sacudirse los hombros para levantarme rápidamente y salir del aula, con cualquier excusa. Espero no volver a verlo en mi vida. Veo caspa por todos lados. Y mi cerebro no para de imaginar crueles escenas. Me dijo que estaba casado y no puedo dejar de pensar en su esposa debajo de él, en la postura del misionero y este tipo lanzando esos pedazos de copos sobre sus ojos cuando se la está endiñando o el hombre entrando a la cocina y sacudiéndose los hombros mientras preparan la cena y aliñando la ensalada con ese toque tan especial, o esa toalla que usa para secarse el cabezón, que debe tener una textura repugnante. En fin, prefiero pasar página y no volver a pensar más en ello.