Qatar segunda parte

Arabian Tour 2005

Esta historia arranca en Comienzo del viaje y continúa en Arabia Saudita y Qatar primera parte. Los caprichos de Google te pueden haber traído directamente hasta aquí, así que te sugiero que lo leas todo desde el comienzo.

A la mañana siguiente, desayuno y continuación del viaje hacia Omán, ya que técnicamente estoy en tránsito. El desayuno fue muy copioso, aunque después de un rato buscando el bacon me acordé que estaba en un país musulmán y que esta gente considera a los cochinos como animales impuros. Me tuve que conformar con unas salchichas de Dios sabe que carne. Había un queso tierno (denominación que le damos en las Canarias, creo que en la península lo llaman queso fresco). Como soy fans de ese tipo de queso, cogí bastante para darme un atracón. Que desilusión más grande. Estaba hecho de leche de algún tipo de animal que sólo producía mala leche, con un sabor agrio y fortísimo. Era intragable. Debía ser leche de burra o de azafata acabada.

El viaje al aeropuerto fue tan terrorífico como el de ida, sólo que en esta ocasión había luz y podía ver bien todo lo malo que podía sucederme. El conductor trató de mantener una conversación conmigo, pero he perdido mucha práctica con el inglés hindú y no le entendía la mitad de las cosas que me decía. Entre la musiquilla que le ponen los hindúes al hablar inglés y su pronunciación, siempre me ha costado un huevo entenderles. Al principio creía que eran deficiencias mías, dado lo limitado de mi cultura, pero tratando con gentes de otros mundos y universos he descubierto que es un problema global. Cuando el hombre aquel me dejó en el aeropuerto, pasé los controles de seguridad antes de facturar (lo nunca visto para mí) y me dirigí a facturación. La chica que me atendió le costaba comprender que mi maleta estaba facturada directamente así que se desapareció y se fue a buscarla. Aparentemente la encontró, porque cuando volvió me dijo que todo estaba en orden y que mi maleta volaría conmigo. Mientras esperaba que volviera de su cacería de mi equipaje, comenzaron a gritar como locos en el otro mostrador. Era una familia de tres miembros y pretendían meter en un avión algo así como doscientos kilos de equipaje. El carrito en el que lo habían llevado todo estaba tan cargado que se volcó allí mismo. Jamás pensé que se hiciesen maletas del tamaño de ataúdes, pero hoy os lo puedo confirmar. Los hindúes gritaban en inglés a la encargada, que les gritaba diciendo que sobre su chocho muerto facturaban aquello. Los gritos continuaron por un rato y de buenas a primeras, cesaron y facturaron sin problemas. Según acabó la crisis en aquel mostrador comenzó otra en otro, exactamente por los mismos motivos. Aquellos maletones eran tan grandes que tenían que pasarlos por una cinta especial, cinta en la que se puede dejar un coche y también entraría. Visto que estaba tan amena la zona, me quedé un rato para gozarme los pleitos.

Pasé otro control de seguridad, control de pasaportes y un nuevo control de seguridad, momento en el que llegué a la terminal de salidas. Otra tienda gigante de productos libres de impuestos que a mí me siguen pareciendo caros. Vamos a ver almas mías. Yo compro en el supermercado una bolsa de 250 gramos de M&Ms por un euro cuarenta y nueve céntimos. Si vosotros me la intentáis vender libre de impuestos por tres euros, creo que prefiero seguir pagándolos y ahorrarme la mitad. Vosotros sabréis cual es vuestro modelo de negocio, pero esta claro que no me incluye a mí como cliente.

Mientras esperaba por el avión me fijé en un grupo de beduinos que estaban cerca de mí rezando como cosacos. Yo que llegaba traumatizado porque no me había puesto desodorante, por carecer de él y aquellos despedían un olor a humanidad que aromatizaba toda la terminal. Uno de ellos iba totalmente tapado con una manta raída. El pobre se agitaba convulsivamente mientras rezaba. Otro llevaba una chilaba color verde pistacho y sobre esta un chaleco de traje de ejecutivo europeo. El efecto era desternillante. Completaba el conjunto con un trapo de cocina viejo y deshilado que se había puesto en el cabezón de cualquier manera. Si mi madre lo ve, le quita el trapo y se lo tira a la basura, ocasionando un incidente internacional de dantescas proporciones. El mejor del grupo era un viejo sin dientes, con algo de barba, calvo, vestido siguiendo la moda zarrapastrosa que sus compañeros también secundaban y que además de llevar una sábana con todos sus enseres de mano, sábana que hacía un ato que se echaba a la espalda, el colega cargaba dos garrafas de gasolina. No subieron a mi avión, pero espero que alguien comprobara que lo que llevaba allí era agua y no combustible inflamable. En conjunto, era lo más parecido a un grupo de terroristas de Al-Qaeda que tendré el gusto de ver en mi vida, o al menos eso espero. Vamos, es que yo no dejaba de mirarlos y pensar: “Si no son terroristas, que baje Dios y lo vea“. Por afinidad cultural y supongo que por instinto de supervivencia todos los europeos y norteamericanos terminamos arrinconados en una esquina de la terminal. Da ánimos saber que hay otros que sufren como uno.

Al final resultó que todos íbamos en el mismo avión. Como hora y media antes de que saliera el vuelo la gente empezó a entrar en la sala de espera. No lo habían anunciado, pero allí se acercaban y entraban. Cuando faltaba una hora o así, un italiano fue a preguntar y le dijeron que era posible. Fue la desbandada de los europeos. Nos metimos todos allí, rodeados de hindúes y otros asiáticos. Había mucho moro con chilaba totalmente blanca hasta los tobillos y un par de mujeres-burka, a las que traté de no mirar para no empezar como el día anterior.

Cuando llegó la hora, nos metieron en una jardinera, nos llevaron a pie de aeroplano y embarcamos. En esta ocasión era un Airbus 320 de Qatar Airlines, así que no me quejo en cuanto a tamaño del avión. Como curiosidad decir que sólo se embarca por la puerta de atrás. Justo delante de mí iba una mora con una niña. La mora sentó a su hija en el asiento de al lado, hasta que llegó su legítimo propietario. La mora dijo algo en árabe, supongo que algo como “de aquí no me mueve ni tu puta madre cabrón” y se enzarzaron a pelear. Vino la azafata y el hombre tenía razón. La mora viajaba con un bebe, o sea, pagando medio billete y sin tener derecho a asiento. Creo que eso se puede hacer hasta que el niño cumple los tres años. Pues nada, que la niña aquella estaba más bien cerca de los nueve y ni de coña la podía llevar en brazos. La azafata gritó, uniendo sus gritos a los de los otros, después vinieron los de personal de tierra y aquello era el festival de los gritos. Todos hacen gestos medio amenazadores, pero no les he visto llegar a las manos. En mi instituto por menos repartían hostias, pero aquí da la impresión que es más teatro que otra cosa. Como mezclaban el inglés con el árabe me enteré que la mujer había mentido en cuanto a la edad de su hija para ahorrarse medio billete. También que el avión iba lleno. Según pasaban los minutos parece que el avión ya no iba tan lleno y finalmente acomodaron al tipo aquel en otro sitio y aquí paz y en el cielo católicos.

Ya en vuelo la azafata, que había quedado algo tocada con la discusión, se negó en redondo a darle comida a la niña puesto que no tenía billete. Pensé que la madre empezaría la segunda parte de las guerras Chof, pero uno que no quería comer le pasó su opíparo menú y listo. Al lado mío iba uno con chilaba blanca. Super moro. Super total. Le eché dos bendiciones para que Dios le perdone por rezar con el rito equivocado. El moro no quiso comer, sólo tomó té. Lo mismo sucedió con otros moros que llevaban la chilaba blanca. Como soy rápido en sacar conclusiones, empiezo a creer que el propietario de ese tipo de color de chilaba tiene ciertas restricciones que no tiene el resto. Me seguiré fijando.

El relato continúa en Omán primera parte – Llegada a Moscate

3 opiniones en “Qatar segunda parte”

  1. Ya estoy de vuelta en Aarhus. Que frio leche…
    Me he puesto al dia con tu blog, pero ahora que empezaba a meterme en la historia, va y no hay más posts… pues vaya…

  2. ¿Cómo que qué frío? Aquí estamos de primavera total, con 20 graditos. Ayer, borrachera en el centro de la ciudad en las terracitas. Tengo un resacón de morirse. Hoy y mañana sigue el buen tiempo, así que pasaré unos días entre este mundo y el etílico.

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