Pachanga budista en el museo de la Guerra

El otro día no lo dije pero la última locomotora que vimos estaba en el Museo de la Segunda Guerra Mundial, lugar en el que veremos algunas fotos y hoy vamos por lo hortera con esta selección de estatuas locales y que reconocemos de los templos budistas. A la izquierda se puede ver el edificio principal del museo, que en la planta más alta tiene una vista espectacular de cierto puente sobre cierto río Kwai. Este museo probablemente se la pondría morcillona a cierto ancestral con la cantidad ingente de cosas que tienen de la Segunda Guerra Mundial.

No digas que no te lo dije

Ahora que estamos viendo fotos de Kanchanaburi, estando allí hice una excursión al Parque Nacional de Erawan, en el cual, como veremos en su día, hay una sucesión de pequeñas cascadas. Al llegar al parque y mirar el cartel con las prohibiciones y recomendaciones, uno acaba algo confundido con tanto mensaje que seguro que en la versión literal tailandesa suena super-claro pero el truscolán y podemita que hizo la traducción al inglés como que la cagó hasta el fondo. Primero te ordenan que por favor, no trepando, que me deja cambao porque en versión gerundio, no sé exactamente a qué se refieren. Después remarcan no permitir pantalones para nadar que digo yo que no se referiràn a los bañadores o aquí estamos en un parque nacional claramente nudista, aunque igual, vistos los habitantes del sudeste de Asia, se refieren a los chamos y las chamas que se meten en el agua vestiditos. Después tenemos un Pavo ten cuidado! Roca resbala que uno con un poquito de imaginación igual deduce y hasta acierta aunque el siguiente ten cuidado de los calambres mientras nadas igual hasta tendría sentido en el mar, pero esto eran charcas de como mucho un metro de profundidad, creo que en una llegaba en un punto al metro y medio y lo de nadar es estirar la definición del verbo muchísimo, en muchas de ellas lo único que podías hacer era un chás-chás, que no requiere ni dar más de unos pocos pasos en el agua y sumergirte únicamente lo suficiente para que no se note que estás meando, actividad que no está prohibida con lo que es totalmente legal. Después, aunque solo había un caminito, tenemos una flecha indicando Usa este caminito, que siendo el único, era como que muy obvio y la última orden, que incluye multa, es el prohibido dar de comer a los monos y a peces, con los primeros robándote ellos tus cosas para buscar comida y los segundos mordiéndote porque tú eres la comida y encima, a poco que te descuides te multan por culpa de los monos y de los peces. Tanto mensaje y tanta orden y comando y creo que yo fui uno de los pocos que subió hasta lo más alto para ver la que ellos llaman séptima cascada, que en realidad era la primera porque el agua por culpa de la desgraciada de la gravedad, prefiere siempre el caminito de bajada. Una vez arriba, ya no me acuerdo pero seguro que hice pis allá arriba sabiendo que teníamos seis cascadas con gente por debajo para que todos tuvieran su pequeña porción y algunos hasta se la llevarían a casa en sus botellitas, que yo me sellé con cera las orejas y me grapé la boca para asegurarme de no recibir ni una gota de agua, que este agua está bendita y viene con la gracia de las diarreas que te hacen perder peso.

Otra locomotora en Kanchanaburi

Después del empacho de templos budistas y de fotos del castillo aquel que parece una fortaleza, vamos a revolcarnos en el placer de las locomotoras y aquí tenemos otra de las que estaban expuestas en Kanchanaburi, aunque esta está como mejor cuidada y no tengo ni idea de si es de la época japonesa o de las que siguen usando, que Tailandia sigue teniendo una red ferroviaria muy activa y tan lenta que se te quitan las ganas de viajar. El ancho de vía de la línea que hicieron los japoneses era muy estrecho, desconozco si es porque en Asia tienen esa medida o si fue algo hecho a propósito por los japoneses. Realmente, cuando ves las vías del tren, te da la impresión que debe ser para trenes de juguete porque la diferencia no son un par de centímetros, es muchísimo más.

Cementerio de guerra de Kanchanaburi

Kanchanaburi

Los japoneses, que muchos se han olvidado y los ven como unos seres sabios y maravillosos y muy respetuosos pero que son lo peor de lo peor exceptuando koreanos, truscolanes y podemitas, sacaron su lado más vicioso en la Segunda Guerra Mundial. Para poder tener una línea regular de suministros con Myanmar, decidieron crear una línea de tren, que pasaba por Tailandia. En el cementerio de guerra de Kanchanaburi hay enterrados casi siete mil prisioneros de guerra que murieron en la construcción de la línea ferroviaria, entre los que hay casi mil novecientos holandeses. Murieron la mitad de los prisioneros que esclavizaron para construir la línea ferroviaria. El total de soldados aliados muertos en la línea al completo fue de unos doce mil y noventa mil civiles esclavizados para completar el proyecto. Merece la pena también señalar que Japón jamás compensó o reparó el daño hecho a las víctimas civiles.