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  • Buceando en la isla Kakaban

    4 de junio de 2019

    Ayer nos dividieron al equipo primigenio formado por los cinco malayos, los tres canadienses y el Elegido y pusieron a los americanos en otra barco, dejándome a mí con los asiáticos. Ellos iban a ir a bucear a la isla de Sangalaki, en la que yo ya estuve y nosotros enfilábamos hacia la isla de Kakaban, que suena a truscoluña no es nación y en realidad es lo que significa, además de miedoso, truscolán, zarrapastroso, piojoso, mugriento o cualquier adjetivo de índole descalificativa o peyorativa que podáis pensar al referiros a los truscolanes. El día amameció lloviendo, la primera lluvia que me pilla desde que llegué aquí. Creo que no lo he comentado pero hasta que llegué a Balikpapan camino de Sangalaki, había pasado la semana en el hemisferio sur, por debajo del ecuador y claro, por eso tenía la cabeza tan pesada, de pasar todo el día bocabajo. Ahora que estoy un pelín por encima del ecuador, esto es de puro lujo, puedo volver a maquinar y conspirar sin dolor de cabeza.

    Volviendo al relato, salimos a las ocho de la mañana o tres horas antes de la hora Virtuditas y el viaje hasta la isla es de una hora en la barca con los motores a todo meter. Cuando llegamos a la zona, aquello estaba petado de delfines, que saltaban alrededor nuestro en grupos de dos, debía haber un rebaño al completo y nos emocionamos hasta las lágrimas y soñábamos conque estuvieran al bajar pero los Dive Masters nos dijeron que raramente ocurre. La primera inmersión era, profunda tirando a muy profunda en el lugar conocido como Barracuda Point y allí se pueden ver tiburones de todo tipo. La isla tiene una geografía extraña, parece una pared y bajo el agua es igual, cae como cien metros en vertical y quizás por eso, el lugar es muy frecuentado por tiburones solo que a bastante profundidad, así que fue lanzarnos al agua y descender hasta los treinta y dos metros, que es una profundidad considerable. Piensa que cada 10 metros de inmersión es 1 atmósfera de presión más con lo que estábamos por encima de las cuatro atmósferas. Te comprimes tanto, tanto que hasta a mi amiga Obesidad le sale figura y en mi caso, que soy noréxico-bulímico-del-coño, es que me tengo que ajustar el cinturón de los plomos. Según bajamos vimos primero 1 raya águila y después cuatro más. Mientras esto pasaba por debajo mío había un tiburón gris de arrecife enorme, dos tiburones de punta de cola blanca grandísimos y Dios sabe que más. Aquello era la orgia de los carnívoros y yo flotando en el azul a treinta y pico metros de profundidad con mi Dive Master. Fue épico y fuimos ascendiendo poco a poco según nuestros ordenadores de buceo se acercaban a los cero minutos a esa profundidad, ya que buceamos sin descompresión. Después de eso, el resto de la inmersión fue en la pared vertical, viendo todo tipo de peces, dos bancos de barracudas pero gigantescas y muchísimo más. Para cuando salí, después de una hora, estaba muerto.

    Mientras esperábamos que pasara el tiempo para la segunda inmersión, fuimos a la isla y allí, en su interior, hay un lago gigante de agua salada. La isla no está habitada y el lago es único en el universo conocido porque en el mismo hay cuatro especies de agua vivas o medusas o como las queráis llamar que se quedaron atrapadas y perdieron los tentáculos que pican, con lo que te puedes bañar con ellas, lo que hicimos con gafas y tubo. Es flipante estar rodeado de estos animales sin el pánico de saber que te picarán. Hay también algunos peces que también han evolucionado por la falta de depredadores. Se supone que para entrar al lago hay que pagar 20000 rupias indonesias, algo más de un leuro, pero el vigilante debía tener el día libre así que entramos por la cara.

    La segunda inmersión, después del baño con las agua vivas, fue en Meditation Wall, una pared llena de corales, espectacular, con bancos de peces de todo tipo. Por allí solo vimos un tiburón de punta de aleta blanca, pero pequeño. En esta inmersión también bajamos hasta los veintinueve metros.

    Al salir almorzamos en el pantalán de acceso al lago y después de reposar un poco, volvimos a Barracuda Point para la tercera inmersión, a ver si repetíamos suerte. En esta tercera inmersión no podemos bajar tanto porque ya vamos petados en nuestras entrañas de nitrógeno o algo así técnico y tal y tal, pero vamos, que bajamos hasta los veinticinco metros, aunque nos habíamos propuesto no superar los veintetrés porque la corriente nos chupó hacia abajo. En un punto determinado vimos un festival de tiburones acorralando peces, una movida increíble. Los malayos, como en las otras inmersiones, no pasan de los cuarenta minutos de inmersión pero il Scelto es el rey de la hora, que es lo máximo que permiten y yo seguí buceando una hora y viendo langostas que me dan una pena terrible porque yo me las llevaría para comer.

    Después de salir, volvimos a Derawan y allí me enteré que me han cambiado de barco y de grupo y en el próximo capítulo iré a otra isla pero con los canadienses. Por la noche fui a cenar a donde siempre y los canadienses se me unieron.

    Como en todos estos días, acabé agotado y a la cama tempranito para dormir mis ocho horas.

  • Mi segunda bajada desde el lago Kayangan

    4 de junio de 2019

    Y una hora y pico después de subir, el sol luchaba por quitar las nubes y de nuevo, el lugar tiene otro aspecto, aunque definitivamente gana el soleado. A la derecha está el mega-pantalán en el que aparcan los barquillos con turistas. Calculad entre quince y veinte julays por barco y en el lugar había fácilmente entre doscientas y trescientas personas, una auténtica multitud para los sitios que he visitado en las Filipinas y definitivamente, una de las atracciones más llenas de turistas que he visitado allí.

  • Buceando alrededor de la isla de Derawan

    3 de junio de 2019

    En mi segundo día en Scuba Junkie Sangalaki, se me unieron ocho buceadores, tres canadienses y cinco malayos, con los que seguiré buceando hasta que me vaya y ellos irán conmigo en ese barco y tomarán el mismo avión que yo, con lo que vamos a pasar al menos una semana todos juntos. Me levanté a la hora habitual y subí a la sala en donde desayunamos como diez minutos antes de la hora, con lo que fui el primero en desayunar. Los malayos se pusieron en mi mesa y comenzamos a hablar y entre pitos y flautas, ya nos conocemos todos.

    Hoy las inmersiones eran en los alrededores de la isla de Derawan, en donde nos encontramos, con lo que después de cada una de ellas volvíamos al centro de buceo. Antes de salir, teníamos una tortuga enorme directamente en el agua, junto a nosotros. Para la primera inmersión, fuimos a un pequeño faro que está junto a la isla. El faro está en la parte superior de un pináculo que no llega a salir a la superficie. Bajamos directamente a treinta metros de profundidad y desde allí fuimos volviendo a la superficie buscando sobre todo maravillas pequeñitas, gambetas minúsculas, cangrejos de milímetros y cosas así. El lugar es muy espectacular pero una inmersión tan profunda cansa y rondábamos siempre los diez minutos de límite para que sea necesario una descompresión, algo que no hace ningún club de buceo en lo que yo he estado, con lo que cada vez que llegábamos a diez, subíamos un poco para no arriesgarnos.

    Al volver de la misma, teníamos otra tortuga enorme junto al club. Aproveché la hora de descanso para charlar. En los perfiles que hacen cuando preparan las inmersiones del día, siempre te ponen lo más profundo al principio y las sucesivas han de ser más ligeras. Nuestra segunda inmersión fue en un lugar muy cercano y que ellos llaman Macromania y era una colina que desciende hacía los treinta metros. Bajamos a veinte metros y desde allí fuimos subiendo y topándonos con más nudibranquios, una barracuda gigantesca, un pulpo que se escondió y no quiso salir, bancos de peces y una chalana hundida, pero de las de fibra, que se veía en perfecto estado pero si está en el fondo del agua marina del mar, tiene que haberle pasado algo. Al ser de fibra de vídrio, a los corales y demás fauna aún no les ha dado tiempo a engancharse allí. En total estuvimos casi una hora bajo el agua. En la primera inmersión salí con 50 bar de aire en el tanque, con lo que respiré un montón o dicho de otra forma, consumí un montón por la profundidad. En la segunda el tiempo de inmersión fue un minuto más y salí con 100 bares.

    Después de salir almorzamos, de nuevo con nuestras cajitas con diferentes cosas, con sus verduritas hervidas, su pollo, su arroz, su salsa picante del coño-tu-puta-madre y su plátano. Ya hasta le pongo un poco de salsa al arroz, pero con cuidado. El descanso en esta segunda inmersión fue mayor y sobre las dos menos cuarto nos preparamos para la tercera, en un sitio que llaman barco fantasma y en donde, obviamente, hay un pecio de un barco, pero este era de madera y más de la mitad ha desaparecido dándole un aspecto muy lúgubre. De nuevo, cantidades industriales de vida pequeña. Vimos un par de tortugas en el agua que pasaban cerca de nosotros y millones de peces bebé, creciendo entre los corales, en donde se esconden para que los otros no se los coman.

    Después de salir, técnicamente era la última del día, pero los canadienses se apuntaron para una nocturna y yo también bajé con ellos. La salida era a las seis de la tarde e íbamos cerca, en la zona de Macromania en la que hicimos la segundainmersión, solo que por la noche hay muchísima más vida. Conmigo lo de las inmersiones nocturnas es raro, las hay que me encantan y otras en las que realmente no veo nada que me deje alucinando y esta fue de las últimas, pese a encontrarnos con tres tortugas enormes durmiendo en el fondo, vimos una sepia y multitud de nudibranquios, pero pese a esto, mi sensación es que puedo aprovechar la tarde mucho más rascándome la barriga. Al menos puedo decir que la hice y seguir adelante. Con las cuatro inmersiones de hoy, mi total es de ciento cuatro, un número bastante alto y que crecerá mucho más ya que creo que me faltan treinta y una inmersiones por hacer.

    El relato continúa en Buceando con tortugas en la isla de Maratua

  • Mi segunda subida al lago Kayangan

    3 de junio de 2019

    En mi segunda visita a Corón, el último día, como no podía bucear me hice una excursión que básicamente me llevaba a los mismos sitios que la vez anterior y de nuevo subí la loma para ir a ver el lago Kayangan. Esta foto, que otra vez veremos dos veces, es completamente distinta a la de dos años antes, como se puede ver en Otra postal desde la subida al lago Kayangan y que permite apreciar la diferencia entre un día soleado y uno nublado. En esta segunda ocasión la cantidad de barcos era también mucho mayor.

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