El relato comenzó en El viaje secretísimo a Málaga
Ya hemos visto que durante la cena de la fiesta sorpresa del cumpleaños de Sergio hubo un travesti y después de eso hubo actuación musical en vivo y en directo y además, muy buena, que el chamo es fabuloso y posiblemente fantástico. En esa parte del evento, como ya no estábamos en las mesas, yo me mantuve más bien en la terraza del restaurante porque el calor interior era infernal, que tenían unas máquinas de aire acondicionado de antes de la Primera Guerra Mundial que en lugar de vomitar aire frío, como que calentaban y recalentaban el aire exterior y después lo freían y le añadían aceite refrito y el aire que escupían esas máquinas era más caliente que el que puedes encontrar en las calderas del infierno. Durante la actuación musical se pudieron ver escenas dantescas, como la del marido de cierta comentarista echándose unos bailoteos con la mujer de Sergio que a día de hoy siguen alimentando mis pesadillas, o cierta comentarista que jura y perjura que prácticamente no tomó alcohol y sin embargo, estaba desarretada, que yo he visto la película El exorcista – The Exorcist y esa niña reposeída se comportaba con más pudor y era más modosa que la mencionada comentarista. Y bueno, mejor no decimos nada de las sobrinas, que parecían estar poseídas por un espíritu infectado con el mal de san Vito y claro, como en la mente del borrachuzo lo que hace es normal, desde la perspectiva del sobrio, puedo confirmar y confirmo que sufrí de vergüenza ajena, que es una enfermedad mental en mi caso transitoria que sufrimos los seres humanos con habilidades cognitivas altamente desarrolladas y que no han sido mermadas por el efecto del alcohol o de otras substancias tóxicas.
Pasadas las dos se cortó la música, se acabó la fiesta y una parte significativa de los asistentes, superior a la mitad de los mismos, emprendieron el bochornoso (literalmente, que había bochorno a esa hora) regreso a casa y algo más de veinte, íbamos andando a un bar cercano en el que hay música en directo o algo así, aunque al llegar nos topamos con la sorpresa que estaba cerrado, en un sábado de verano y en Fuengirola, que se dice y no se cree. Como yo era uno de los dos sobrios, entre ciegos y tuertos, que nosotros veníamos a ser los que veíamos, mi cerebro identificó que el sitio estaba cerrado mucho antes que el resto, que algunos hasta fueron a empujar la puerta cerrada a cal y canto y con las luces apagadas porque con su limitada capacidad cerebral, el concepto era demasiado grande para instalarse en sus cabezones. Una vez asumieron la mala noticia, alguien nombró otro sitio con música, también relativamente cerca y la comitiva comenzó a renquear hacia el lugar, que no todos los borrachos caminan a la misma velocidad y aquello parecía una etapa de montaña de una carrera ciclista, con un grupo pequeño en cabeza, con el pelotón principal y con los grupos que no llegaban porque ya es que no podían desplazarse. Al llegar a ese nuevo destino, resultó que alguien nos echó una maldición truscolana y podemita y también estaba cerrado, en Fuengirola y en sábado de verano, que mismamente ha podido suceder que sin darnos cuenta cruzamos un portal del multiverso y estábamos en un universo diferente, que en el nuestro estas cosas no ocurren. Dos palos así son muy difíciles de digerir para los borrachuzos y se nos estaban desorientando algunos y otros directamente apagando y como en la acera de enfrente había un local latino de música y estaba abierto, el mal menor se convirtió en la solución al problema y tras esperar un poco a los grupos rezagados, entramos.
Sergio ya estaba en su propia Babia y pidió chupitos de tequila para todos, incluyéndome a mí, que yo le dije, le repetí, le tripití y le cuatripití que no iba a tomar alcohol porque al menos uno debía ser capaz de conducir sobrio, pero vamos, que el sistema auditivo se le desconecta o quizás es la parte de la comprensión y se niega a entender el mensaje. Hubo otro que se fue al baño para evitar el chupito, el otro sobrio, que la comentarista identificará porque es el novio de la sobrina. Si lo llego a saber, yo me voy con el chamo al baño y me ahorro los intentos de Sergio para que tomara el chupito, que me conoce desde hace treinta años y cuando se emborracha se le olvida que si él es terco cuando está bajo los efectos del alcohol, yo soy morrudo, que en el canario viene a significar lo mismo, solo que remojado y untado con una capa de irreductible determinación. Pidió diecinueve chupitos, aunque éramos veinte y alguien se tomó el mío y todos se los jincaron con algún ritual nuevo y desconocido en el que al limón y la sal se añaden unas cuantas frases que definitivamente yo no había escuchado anteriormente, pero claro, en los Países Bajos no tenemos ni Telajinco ni AntenaTriste, con lo que yo estoy muy descolgado de los hábitos sociales del siglo XXI (equis-equis-palito).
Ya mencioné que aquel era un local de latinos, aunque con tanto progresismo que hay ahora, seguramente me tengo que cancelar a mí mismo por usar un término que alguien habrá calificado de racista y quizás debería decir que era un local de personas de razas prehispánicas del continente americano que en la actualidad viven en el continente europeo. Como parte de su cultura, la música era cumbia, salsa, guarretón y demás y la inmensa mayoría no llegaba al metro setenta de altura y la práctica totalidad de las hembras llevaban unas vistosas lorzas que agitaban despiadadamente al ritmo de la música y al parecer esos movimientos de la manteca corporal excitan y ciegan a los machos, que las miraban hipnotizados. Nosotros estábamos parapetados al fondo del local, en la zona cercana al baño, fuera del escaparate hacia la calle, pero como esos cuerpos también tienen que excretar líquidos, cada vez que una iba al baño a mear, pasaban arrasándonos, sudadas o quizás húmedas por su propia excitación, aunque posiblemente yo soy el único que lo notaba porque en los ojos del borrachuzo, eran divas celestiales que flotaban mientras avanzaban hacia los baños por un camino de pétalos de rosas.
En las siguientes dos horas y media, seguimos allí, agitándonos, bebiendo, hablando y escuchando la música y solo cuando las luces del local fueron apagadas, algunos comprendieron que era casi las cinco de la mañana y lo mejor sería irse a dormir. A mí me asignaron uno de los coches y muchos de los otros, con unos positivos más que confirmados, condujeron de vuelta a sus kelis. Yo, que al parecer y desde el año 2022, más o menos en esta época, solo conduzco cuando me obligan en Málaga, que por eso siempre llevo mi carné de conducir al visitar el lugar, me aseguré de regresar la máquina y sus ocupantes en perfectas condiciones, atravesando las calles de Fuengirola y hasta pasando junto al MEGA-puticlú de la ciudad, ese que seguro que muchos políticos y politicastros de izquierda conocen tan bien y en el que han creado tantos buenos recuerdos pagados con los dineros públicos. Podemos cerrar este relato, altamente estirado en este punto, dando por concluidos los eventos que me llevaron a celebrar el cambio de década de mi amigo Sergio.
Por increíble que parezca, hay un capítulo más que surgió al principio por las infamias de mi falta de creatividad, así que en donde esto realmente termina es en Volviendo a mi keli con cumbre de la Otan