El relato comenzó en El viaje secretísimo a Málaga
Podemos decir que, de alguna manera, cuando yo conté la historia de er Dani, lo creé como monstruo bloguero y lo convertí en leyenda. Aunque muchos piensan que no hemos coincidido desde entonces, en el año 2015, en la anterior fiesta sorpresa de Sergio, aquella en la que querían meterme en una caja y ofrecerme a Sergio como el regalo sorpresa, nos encontramos y ya no hay rencores. Lo que si puedo decir del encuentro en el año 2025 es que los excesos le han pasado una factura bien cara y ahora mismo, dudo muchísimo que ninguna madre se le despatarrara como hacían antes cuando se les insinuaba, que él usaba el mismo sistema que uno de mis amigos en la universidad, e iba por la cantidad más que por la calidad y ambos siempre daban prioridad a las menos agraciadas o eso que antes definíamos como la más feas. La teoría altamente probada sobre esto es que en un grupo de cuatro cardos y una rosa, la aproximación inicial es siempre al cardo borriquero, a la más fea entre las feas, ignorando a las demás. Lo que sucede es que la que tiene menos opciones en el mercado del chimpún, se despatarra prácticamente inmediatamente, agradecida y sin condiciones y al hacerlo y confirmar su victoria sobre las otras, provoca una reacción en cadena entre los otros tres cardos y serán ellas las que buscarán pillar cacho y se insinuarán, o más bien se lanzarán sobre el macho para exigir la misma chicha que pilló la otra y que les den salami del bueno y del mejor. Una vez el grupo de los cardos ha obtenido lo suyo, la rosa, la guapa del grupo, alucinada, asombrada, enojada y arrabiatada por haber sido ninguneada y que los bichos de los que se acompaña para reforzar su esplendor hayan mojado, se lanzará enceguecida al macho demandando la igualdad que ella le niega a los cardos y al final, las cinco habrán caído y tanto er Dani como mi amigo eran filósofos de la escuela un chocho es un chocho, aunque a veces reconocían que una bolsa de papel habría sido útil y por eso apagaban las luces y cerraban los ojos.
Dicho esto, tenemos que acababa de entrar el travesti para montar su numerito. Para ello, ya habían instalado antes de la cena los altavoces y el sistema de megafonía. Las caras en la mesa de los franceses cuando apareció el chamo eran como para hacer fotos y ponerlas en postales. El chamo comenzó a cantar canciones viejas, de los ochenta y los noventa y quizás hasta más antiguas y a bailar y a sobarse con Sergio y con cualquier otro que se dejara, mayormente er Dani. Entre canciones, no paraba de hablar y nos decía y nos recordaba y nos repetía que esa era la segunda o la tercera actuación del día, que aún le quedaba otra, una celebración de boda a la que iría pasada la medianoche y que con aquel calor insoportable, llegaría muy demacrado a la misma, con cara de mamarracha, aunque yo me preguntaba si no tiene acceso a algún espejo porque algunos sinónimos de esa palabra son payaso, fantoche, estrafalario, adefesio, esperpento y todas y cada una de ellas le encajarían perfectamente en el momento en el que salió de su keli. Durante su interacción, eligió como una de sus víctimas a un amigo del hijo de Sergio que se sentaba en nuestra mesa y que era mucho más joven que el travesti y prácticamente que todos los demás. El chaval, en lugar de intentar esconderse debajo de una laja para evitar el escarnio, lo aceptó y eso jugó en contra del travesti, que para hacer reír necesita tener víctimas y aquella no se prestaba al juego de la manera que él quería. Un problemilla de toda la actuación es que comenzó en medio de la cena, cuando aún faltaban platos por llegar a las mesas y para cuando repartieron el siguiente, mientras el travesti cantaba, ya las cosas empezaban a estar frías y muchos estaban más pendientes de la gala que de la comida, que no es mi caso, que yo me centro mucho en el papeo y sobre todo cuando trajeron los platos de fritanga de pescao, que eso en los Países Bajos no existe. En el grupo SECRETO del güazá hay decenas de vídeos de la actuación del travesti, desde prácticamente todos los ángulos posibles y también, más de cien fotos, aunque las revisé todas y Evelyne ha conseguido no aparecer en ninguna de ella con el travesti, supongo que amenazando a su marido que fue uno de los que más fotos hizo, porque una cosa tengo claro, yo la vi haciendo el trenecito, berreando y perreando mientras graznaba con los demás alguna canción vieja y recorrían el restaurante, desde la mitad reservada para nosotros hasta la otra mitad, con ida y vuelta, que la gente del otro lado acabaron uniéndose a la bacanal aquella, lo cual sirve para recordarnos que la sangre latina también tiene efectos secundarios muy pero que muy dañinos.
Para cerrar esto y prácticamente el relato, que no sé si me queda material para otra anotación más, decir que el travesti actuó demasiado tiempo y terminó pisando el tiempo para la segunda actuación, que era un chamo muy conocido en aquella barriada periférica y que cantaba canciones pero en plan normal, aunque tenía unos popurrís preparados con diferentes estilos y todos muy chulos.
El relato continúa en La postfiesta