Hoy tenemos otra vista desde lo alto de la colina de Sagaing en la que se puede ver mejor el Río Irawadi y un montón de templos y monasterios en la alfombra verde que lo cubre todo. La estructura lineal blanca es una de las subidas cubiertas. El río, como ya he comentado, es la arteria que cruza el país de norte a sur y por el que circulan multitud de barcos. Sagaing es un lugar tranquilo y muy bonito, aunque solo si te gusta caminar por esos montes y ver templo tras templo tras templo y tras monasterio.
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Una última mirada a las estrellas
Visto el giro dramático que tomó el día de ayer y como tenía ganas de ir al cine y echarme una buena llorada, opté por ir a ver de nuevo Bajo la misma estrella – The Fault in Our Stars, con lo que al final la he visto cuatro veces antes de que la quiten de la cartelera y me ha servido para reflexionar en plan gitano Volviendo a ver las mismas estrellas y Regresando a ver las estrellas. En este caso, era también un pequeño homenaje al actor que recordamos en ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán! En los Países Bajos la cartelera de cine se actualiza los jueves y esta semana ya quitan del cine de Utrecht la película, con lo que la tienen marcada con la etiqueta de Última oportunidad. Estaba programada en la mayor pantalla del Pathé Rembrandt, una sala con una capacidad de más de ochocientos cincuenta julays. Pensé que era una broma retorcida de los programadores del cine y que me encontraría solo con los ratones que viven allí pero resultó que éramos unos setenta espectadores, con lo que para una película que se supone que quitan del cine, es una auténtica pasada. He estado en otras recién estrenadas con menos gente. Por cuarta vez me asombró la capacidad de llamada que tiene este drama, una película sin efectos especiales, sin estrellones de renombre, sin un tema pachanguero y que sin embargo fue la gran ganadora en los premios para los adolescentes petados de granos en la cara y en otras partes (iba a decir … como yo, pero mejor lo dejamos ahí que a mí ya no me salen …).
La mecánica de la película ya me la conozco y no cambia en este cuarta ocasión: pava tiene picores en el potorro, pava conoce a pavo, pavo muestra síntomas de amorcillamiento en la zona media, pavo trata de empetársela a pava, pava responde a sus instintos y después llega el cáncer que ya tenían y los jode a ambos y acaban empetados de cáncer.
De nuevo me fijé en Amsterdam y en lo preciosa que aparece la ciudad. Creo que acabaré por visitar los lugares que aparecen en la película y hacer una pequeña serie sobre los mismos y puede que incluso un paseo en el centro de Amsterdam que te lleve de uno a otro para esa otra bitácora que nunca actualizo y que proporciona información turística para personas con una incapacidad absoluta para comprender lo que leen.
Al ser mi cuarta vez, ya comencé a aprenderme algunos diálogos, a esperar momentos esenciales, a emocionarme antes de que sucedan y presté atención en algunos de mis escenas favoritas, como la cena en el restaurante finoli de Amsterdam de Hazel y Gus, en la que Él se vuelve a declarar:
— “I’m in love with you, and I know that love is just a shout into the void, and that oblivion is inevitable, and that we’re all doomed and that there will come a day when all our labor has been returned to dust, and I know the sun will swallow the only earth we’ll ever have, and I am in love with you.”
La traducción literalísima, por supuesto, está clara:
— «Estoy encoñao contigo y te la voy a empetá hasta los pelos de los güevos y te voy a dar tanta candela que vas a gritar como verdulera en el mercado de la Isleta y cuando me corra te voy a lefar hasta la coronilla y de tantos polvos que te voy a dar, vas a tener que tragar tanta leche mangorra que te terminarán por llamar la capuchina, porque vas a tener que ir por la calle con un bigotón blanco y estoy encoñao contigo». Estoy convencidísimo que mi traducción atraería la atención de los orcos de Vecindario y hasta de los alrededores y quizás mostrarían algún interés por la película.
Toda la película está llena, repleta, inflada, de diálogos espectaculares, con cargas de profundidad que estallan en algún lugar de tu mente, como cuando nos dicen casi al final:
— «You don’t get to choose if you get hurt in this world, but you do have some say in who hurts you. I like my choices»
La cual se traduce por:
—»Mueve la cadera, menea la cintura y despatárrate toa, toa, toa»
O verdades de perogrullo que jamás se le ocurrirían a un orco de Vecindario y que escuchamos en la Iglesia del Sagrado Corazón del jefe de los presuntos-tocadores de niños como:
—»Some infinities are bigger than other infinities»
Algo tan simple y directo como:
—»Digan lo que digan los pelos del culo abrigan»
No voy a insistir más. Esta es una película que hay que ver y paladear como una comida exquisita. En realidad, esto es un ejercicio doble, ya que además de la película yo recomendaría leer el libro, un auténtico placer y que seguro que te hará llorar tanto o más que la película.
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Mar de estupas en Sagaing
Al salir de Amarapura crucé el legendario puente de Sagaing y después mi Budchingo me dejó al comienzo de la ascensión a una colina desde la que se pueden ver cuatrocientas estupas, o eso dicen. En la imagen se puede ver un poco el puente a la izquierda y una multitud de estupas que crecen por doquier, porque en ese lugar, al Buda lo adoran y le demuestran su devoción construyendo más templos por metro cuadrado que en ningún otro lugar del universo conocido o desconocido. Curiosamente, a su Dios parece no impresionarle demasiado el despliegue y siguen siendo tan muertos de hambre y pobres como cuando no tenían ningún templo, pero lo bueno de la fe es que te permite vivir en una negación completa de la realidad. La estructura pintada de verde que se ve en la foto son las escalinatas para subir visitando los templos sin que el sol te derrita o la lluvia te ahogue, ya que allí, el clima es extremo. El día que yo pasé, era uno de esos con unos alegres cuarenta y cinco grados.
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¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!
A veces un día que comienza de manera normal se puede torcer completamente por algo inesperado y que ni siquiera te debería tocar. Esta mañana, mientras desayunaba un par de magdalenas miraba en mi iPad todo lo que el Tiny Tiny RSS había pescado durante la noche. Suelo seguir un orden aleatorio dentro de las categorías en las que he agrupado todo el contenido sindicado que capturo y muchas veces empiezo limpiando la lista de episodios de las series que me gusta y como siempre, me asombraba porque los martes solo hay dos que me gustan, aunque mirándolo por el lado positivo, son dos más de las que me gustan los miércoles, los jueves o los domingos, días en los que parece que no hay nada en el universo de interés. Después saltaba a las noticias del día, las cuales resultaban totalmente faltas de interés y continuaba hacia las noticias sobre el Cine y ahí, entre un puñado de ellas veía un titular: A constant quality: Robin Williams, 1951-2014. Algo en mi cabeza encajaba de manera lenta el hecho de que cuando alguien pone una fecha seguida de un guión y otra fecha, estamos cerrando un ciclo. Volví a leer el nombre porque no me lo podía creer y después me lancé a mirar en la prensa internacional esperando que no fuera cierto.
Con más de mil trescientas cincuenta anotaciones en la categoría de Cine, lo cual viene ser casi el diecinueve por ciento del contenido de el lugar en el que nada es lo que parece, creo que queda claro por donde tira una de mis aficiones. El golpe, cuando confirmé que era cierto, fue lo suficientemente fuerte para echarme a llorar mientras pedaleaba hacia la estación de tren camino del trabajo y para tenerme todo el día recordando viejas películas, momentos grabados a fuego en mi memoria en los que Robin Williams jugaba un papel fundamental. No recuerdo el cine sin este actor ya que crecí viendo sus películas. Mirando en su filmografía, mi primer punto de contacto conocido con él fue en Good Morning, Vietnam y creo que le bastó esa película para entrar en mi lista de actores favoritos. Lo único que recuerdo de esa película es a Robin Williams. Después de esa película vinieron una serie de títulos que lo convirtieron en un actor de leyenda, con Las aventuras del barón Munchausen, El club de los poetas muertos, película que pagué en su momento por ver en un cine más de una vez, película que sacamos del videoclub nada más aparecer en ese formato y que me obligó a llevar cierto aparato VHS desde mi casa a casa de una amiga y puede que una o varias personas hicieran algo por lo que son famosos los españoles en todo el universo. Creo que alguien me compró y regalo el DéuVeDé y es una de esas historias que con los años no solo no ha perdido valor, lo ha ganado. Hubo otras películas, como Despertares, la maravillosa El rey pescador, que siempre que veo en la lista de películas disponibles en un avión es muy posible que acabe por verla y siempre, siempre, siempre Robin Williams conseguía brillar hasta niveles de supernova. Cualquier otro actor ya habría tenido como para una gran carrera pero el siguió añadiendo películas, como Hook (El capitán Garfio) y le bastó su voz en Aladdin para que la gente pidiera que lo nominaran solo por la misma a los Oscars. Esa es una película que hay que ver en versión original para escucharlo, para alucinar con un trabajo maestro. Siguió sorprendiéndonos con Señora Doubtfire, papá de por vida, comedia dramática que bordó y todavía disfruto como un enano con Jumanji, uno de esos pecados veniales que nos negamos a confesar. Volvió a tocar nuestros corazones en El indomable Will Hunting, otra de esas películas que te marcan cuando la ves por primera vez. Fue un robot encantador en El hombre bicentenario y apareció en otro montón de películas que he ido viendo a lo largo de los años. Me da rabia y me jode que la última película suya que he visto haya sido La mirada del amor – The Face of Love, película en la que me llamó la atención lo mal que estaba y definitivamente iré a ver las cinco películas suyas que quedan por estrenar.
No podemos hacer nada cuando alguien toma el camino que él eligió ayer, pero en señal de respeto por todos los grandes momentos que nos ha dado, hoy me subiré a una mesa y mirando hacia el cielo lo saludaré con un ¡Oh, Capitán! ¡Mi Capitán!


