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Distorsiones

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  • Ida y vuelta a Málaga

    6 de diciembre de 2010

    El viernes comencé el día muy temprano. A las seis menos diez me levantaba, me duchaba, me vestía, desayunaba, revisaba la lista de cosas que quería llevarme que había ido preparando durante la semana y que usé para llenar mi mochila la noche anterior y después de reprogramar la calefacción de mi casa y ponerla en modo vacaciones, salí de mi casa a las seis y media. Caminaba por la nieve cada vez más dura hacia la parada de guaguas con una temperatura de siete grados bajo cero. En la parada estaban los habituales de esas horas, gente que me mira con curiosidad porque saben que yo no soy uno de los pájaros de esas horas.

    La guagua me dejó en la estación de Utrecht Centraal incluso con tiempo para pillar el tren anterior pero decidí seguir mi planificación y aprovechar para comprarme un capuchino calentito para llevármelo en el tren. Iba en dirección a la ciudad e Eindhoven. Cincuenta minutos más tarde y tras una eternidad de paisaje nevado precioso llegaba a la ciudad en la que nació la multinacional Philips. En la estación de autobuses que hay allí mismo tomé el 401 que lleva al aeropuerto de Eindhoven. Para la gente que viaja con Ryanair y que necesita billete de autobús, hay que comprarlos fuera o en una máquina que está en la mitad del autobús y que SOLO admite monedas. Una chica estuvo casi diez minutos para comprar un billete y la gente se desesperó tanto que terminaron por pulsar los botones. De cara parecía normal pero vista la ineficiencia que tenía para comprender una máquina con un par de botones, espero que tenga más maña para comerle el rabo al patrón que la empala, aunque sería preferible que esa rama defectuosa de nuestra especie no se reproduzca y la línea acabe en ella.

    Llegué al aeropuerto a las ocho y media y me dirigí directamente al control de seguridad ya que tenía la tarjeta de embarque. La novedad en Eindhoven es que hay que quitarse los zapatos si tienes botas de algún tipo. Algunos tratan de razonar con los subhumanos que contratan para esas tareas cuando lo más fácil es hacerlo y quitarte de en medio lo antes posible. Como siempre, pasé todos mis líquidos camuflados en el abrigo, sin usar la bolsa de rigor y no se enteraron, algo que me ha sucedido en aeropuertos de España, Turquía, Hong Kong, Malasia, Camboya, Países Bajos y Portugal y que demuestra que el paripé que hacen tiene unos agujeros escandalosos.

    Una vez dentro de la terminal me tomé otro café y me dediqué a esperar navegando por Internet y mandando mensajes. A la hora prevista nos llamaron para el embarque y como esta vez había comprado la prioridad, fue el tercero en comenzar la carrera hacia el avión. El billete fue escandalosamente barato, 22 eurolos por un Amsterdam Málaga con prioridad en el embarque. Me senté en la primera fila del lado de la derecha, en la ventana, con un montón de espacio adicional y mandé los últimos mensajes antes de desconectarme.

    Salimos con diez minutos de retraso y llegamos a Málaga con veinte de adelanto gracias a los generosos tiempos que prevé Ryanair y que hace que siempre lleguen en hora o antes de la hora. El aeropuerto de esa ciudad tiene una nueva terminal y el tipo que la cagó (porque eso no puede ser diseñado) debe ser de la misma rama mongólica que la que no sabía comprar el billete de autobús. En la terminal nos perdimos, varias veces, buscando la salida ya que está mal señalizada, no tiene lógica alguna y hubo mucho resentimiento entre el equipo constructor. En un punto determinado, siguiendo los carteles de salida, nos dividimos en dos grupos. Unos se fueron por unas escaleras que podían ser la salida o los locales de alquiler de coche y otros seguimos otra señal de salida que nos llevó hasta una pared de vidrio en la que acababa el aeropuerto. Retrocediendo sobre nuestros pasos y mirando los flujos de los locales conseguimos encontrar la puerta.

    Afuera no me esperaba mi amigo Sergio. ?l también se había perdido tras aparcar el coche. Nos vimos cinco minutos más tarde y tras el abrazo y los besos de rigor comenzamos a caminar hacia el aparcamiento. Un hombre nos pidió ayuda para encontrar la terminal. Cargaba a su hijo y estaba perdido igual que nosotros y todos los demás. Le indicamos el camino.

    Como veréis, tuve muchísima suerte y mi Ángel de la Guarda se lució nuevamente. En el día en el que se arruinaron las vacaciones de cientos de miles de personas, yo pasé por el sistema sin que me rozaran los problemas.

    No voy a hablar aquí del fin de semana aunque es probable que haya otra anotación al respecto. Decir que estoy muy feliz por haber visto a uno de los amigos que están en el círculo de confianza, uno de los BIG FIVE y como siempre, me lo pasé fantástico con él y su familia.

    Esta mañana nos levantábamos temprano, a las ocho de la mañana, desayunamos y cerca de las nueve y media me despedía de su esposa e hijos y bajo una tenaz y jodida lluvia, salíamos hacia el aeropuerto. Esta vez encontró sin problemas el lugar en el que dejarme. Nos despedimos prometiendo volver a vernos pronto, algo de lo que me encargaré yo de que se cumpla, igual que hago con el Turco y Waiting ya que tres de los BIG FIVE no viven en los Países Bajos y me obligan a desplazarme continuamente.

    Pasé el control de seguridad del aeropuerto sin quitarme las botas y con los desodorantes y otros líquidos repartidos por el abrigo de invierno como siempre. Después caminé por el edificio nuevo, frío como una nevera y poco práctico. Las cosas nunca parecen estar en su sitio natural, más bien las colocaron en donde pueden joder más. Compré dos botellas de vino para regalárselas al Rubio aprovechando que mi mochila iba bastante vacía, solo con la cámara y el iPad ya que la ropa que llevé la fui desechando, algo que ya comentaré otro día.

    A la hora en la que tenía que comenzar el embarque llegó nuestro avión, un Vueling y quince minutos más tarde anunciaron que se retrasaba por problemas meteorológicos en el aeropuerto de destino, o sea, Amsterdam Schiphol. Prometieron dar más información en veinte minutos y entre los pasajeros comenzó a cundir el desánimo. Un cuarto de hora más tarde nos dijeron que el avión estaba listo para el despegue y salimos por pata. Yo iba sentado en la penúltima fila, en un asiento asignado en la lotería de Vueling, ya que a menos que pagues, ellos colocan a las parejas y amigos separados para exprimir un poco más la vaca, algo que podemos calificar como de miserables. El precio del billete incluyendo tasas era de cincuenta euros. El sistema de lotería no puso a nadie más en mi fila y me cambié a la ventana y me repatingué. Cerraron las puertas y no pasaba nada y de repente el piloto dice que no le permiten despegar porque Eurocontrol no le da slot para aterrizar en Amsterdam por culpa de la niebla y le han dicho que quizás no podamos salir hasta las cuatro de la tarde, más de cuatro horas más tarde. Mi Ángel de la Guarda se puso a trabajar y cinco minutos más tarde arrancan los motores y el piloto chapurrea en un idioma ininteligible que nos vamos para los Países Bajos. El hombre tenía tanta prisa como nosotros por si le retiraban el permiso.

    El vuelo transcurrió sin incidencias y llegamos a Amsterdam con cuarenta y cinco minutos de retraso. La niebla era impresionante. No vimos la pista hasta que estábamos a un metro de ella y en ningún momento veías los aviones o los obstáculos alrededor. Aterrizamos en el Polderbaan, la mista que está a varios kilómetros de la terminal y desde la que se tarda unos veinte minutos en llegar a la misma y durante todo ese tiempo, era como rodar dentro de una nube. Detrás de mi una chica que probablemente se casa pronto llevaba su traje de novia en una caja enorme.

    En los paneles con información de vuelos en Schiphol, la palabra CANCELADO aparecía con mucha regularidad así que de nuevo, tuve suerte. Al salir, compré mi billete y el tren llegó en treinta segundos. Afuera unos dos grados de temperatura y la nieve convertida en hielo y agua. En Utrecht Centraal cambié a la guagua y el tramo final, andando hasta mi casa, lo hice con mucho cuidado porque el hielo derretido es muy traicionero.

    Con tantas cosas saliendo mal, yo tuve suerte, un montón de la misma

  • La semana pasada en Distorsiones

    6 de diciembre de 2010

    Para cuando estéis leyendo esto yo debería estar en los cielos de Europa regresando de un fin de semana largo en Málaga, visitando a mi amigo Sergio y su familia. Como siempre lo dejo todo bien atado y ni se nota que no escribo. Esta semana hemos Cruzado al otro lado y aunque aún faltan como tres semanas para que se declare oficialmente el invierno, estamos ya en esa estación disfrutando con el hielo, la nieve y un frío de morirse. El fin de semana pasado estuve Regalando galletas y magdalenas y aproveché para hacer algunas fotos con el empaquetado tan bonito que me curré. El consumo de energía eléctrica en mi casa se podría reducir sensiblemente si me negara a cocinar y usar el horno pero eso es algo impensable.

    Aunque hace varias semanas que tengo mi nuevo trípode, no había hablado del Benro Transfunctional Travel Angel ? CF Twist Lock que me compré, una pequeña maravilla ligera como una pluma y muy versátil.

    Entre las cosas curiosas que nos tropezamos por el mundo pillé a unos mirones en el palacio de Topkap? que seguro que si la foto la ponen en algún medio de comunicación los convierten en terroristas.

    Acabamos con la nueva tanda de fotos que han entrado al Club de las 500 viendo el Salón en el Alcázar de Segovia en el club de las 500. Hemos seguido con algunas fotos nuevas de la ciudad de Amsterdam ya que parece mentira que viviendo por aquí tenga tan pocas imágenes de la misma. Empezamos con el Rijksmuseum Amsterdam y en el mismo lugar vimos el famoso I amsterdam frente al que se sacan fotos los visitantes de la ciudad y en la misma zona vimos el Van Gogh Museum Amsterdam. La semana que viene seguiremos viendo fotos de esta ciudad.

    La foto de bicicletas de esta semana fue una Johnny Loco Bakfiets Dutch Delight muy chula que me tropecé por Hilversum un día que fui al cnetro comercial. Ya sabéis que en el Álbum de fotos de bicicletas las voy agrupando.

    Life as We Know ItDik TromDe eetclub

    Esta semana no fui al Cine pero gracias a mi pequeña reserva comenté tres películas. Comenzamos con una comedia romántica que tira más bien hacia el drama llamada Como la vida misma ? Life As We Know It, seguimos con una película infantil holandesa muy buena llamada Dik Trom y terminamos con un bodrio holandés intragable llamado De eetclub.

    Fue una semana corta porque hubo varios días en los que no estuve en casa pero aún así salieron unas cuantas cosas de mi cocina:

    GarbanzadaDim Sum
    Sopa de castañascastañas asadas
    Bollos suizos - CristinasGalletas de mantequilla
    Galletas de chocolateMagdalenas
    Albóndigas suecas

    Y así transcurrió la semana …

  • De eetclub

    5 de diciembre de 2010

    Sigo en racha de películas holandesas de las que nadie hablará nunca jamás en español y esta bitácora se convertirá en el lugar de referencia para todos esos que cuando se enteran que se ven chochos peludos y rabos empinados se la quieren descargar y dejarán comentarios pidiendo el torrente que por supuesto borraré sin dudarlo ni un solo milisegundo. En este caso el pallufo se llama De eetclub y que nadie se ponga nervioso que esto jamás logrará cruzar las fronteras holandesas y estáis todos a salvo.

    Una julay más puta que la galllina turuleta, toca un huevo, toca dos y toca tres y chimpún sacabó

    Como no me quedó demasiado clara la trama diré que esto es una pija con ramalazo de arretranco que se muda a un barrio de gente rica con su marido y los niños y allí se mezcla con otro montón de pijas que tienen un club para comer juntas y al parecer unas follan con los maridos de las otras y alguien mata gente sin que se sepa muy bien la razón.

    Menudo coñazo incoherente. No hay un solo minuto en el que tengas ni puta idea de lo que está sucediendo. Las escenas no tienen ni pies ni cabeza, de repente una tía está superenamorada de su marido y no le puede soltar el rabo de puro amor y un segundo más tarde anda en la escalera metiéndole la lengua hasta los riñones al vecino, el cual al parecer mata gente o no y todos van en coches de lujo a todos lados y tienen casas de revistas de decoración pero son gente mala y asquerosa.

    Esta película coloca el listón de las malas muy bajo. Dura noventa minutos y le sobran ochenta y nueve. Ni siquiera las escenas de sexo merecen mención ya que son pocas y no se ve chicha alguna. El guión apesta, la dirección parece que la perpetró un ciego que jamás ha podido ver cine y los actores merecen la guillotina por este trabajo, todos y cada uno de ellos consiguieron provocar la repulsión de los espectadores, los cuales salían de la sala en manada y no se quedaban ni por la calefacción gratuita. Al parecer está basada en un libro que fue un éxito de ventas pero está claro que nadie lo leyó a la hora de escribir el guión. En lugar del club de comer la podían haber llamado putas y traidoras y al menos la gente sabría de qué va la cosa.

    Un bodrio que desaparecerá de la cartelera holandesa en dos semanas y que nos recuerda que inútiles los hay en todas partes y no son patrimonio de la cultura de las subvenciones del cine español, aunque el director de esta mierda seguro que en España consigue hacer carrera y rodar una mierda similar cada dos años.

    No hay que preocuparse porque seguro que ya hay una campaña para quemar todas las copias de este tostón y tratamiento gratuito para las personas que tuvimos que sufrir en la sala. Una mierda de las grandes.

  • Dik Trom

    5 de diciembre de 2010

    Lo bueno que tiene escribir una bitácora para intelectuales con gafas de pasta es que nos movemos en el mismo nivel y somos igual de pedantes. Por eso estoy convencido que aquí todos nos sabemos de memoria todos los libros que se escribieron sobre Dik Trom entre el año 1891 y el año 1931 e incluso los más avanzados seguro que han visto alguna de las adaptaciones cinematográficas que se han hecho desde el año 1937. Esto es así porque aquí todos somos intelectualmente avanzados. A nadie le extrañará que yo fuera al cine un sábado por la mañana a una sesión infantil con el único propósito de ver la nueva versión que se ha hecho de ese clásico neerlandés llamado Dik Trom y además lo tuve que hacer solo porque mi amigo el Niño me dijo que ni muerto vuelve a ver una película infantil, sobre todo después del último palo que nos llevamos. La película ni tiene fecha de estreno ni es probable que llegue a estrenarse en España o en cualquier otro país que no sea Bélgica o los Países Bajos, así que si realmente estás interesado en verla, tendrás que comprar tu billete de avión y venir a pasarte medio día a esta tierra.

    Una familia de julays encochinados se mudan al barrio de las bulímicas y anoréxicos y en donde todo el mundo hace pollates para perder chicha

    Una familia de profesionales de la obesidad se muda a una ciudad en la que todo el mundo está obsesionado con las dietas y el peso y se encontrarán que son rechazados porque comen comida basura y no se cuidan. Los vínculos familiares se verán comprometidos ya que la madre, para integrarse, intentará que cambien sus hábitos alimentarios y hagan como la mayoría.

    Lo primero que llama la atención en esta película son los colores brillantes, como de caramelos, que hay por todos lados. Lo segundo es que el guión es muy dinámico y está muy bien estructurado y nos cuentan una historia de forma sencilla y sin derivar hacia absurdas tramas secundarias que no le interesan a nadie. Es una forma diferente de ver el rechazo, en este caso por querer comer perritos calientes en un pueblo en el que la gente está más acostumbrada a las verduras y los zumitos, sanos, sanos. El protagonista es un niño regordete que lo hace muy bien y con el que nos reímos bastante, no porque está gordo sino por la forma en la que actúa y la manera en la que mira el mundo. Sus padres también están muy bien definidos y los malos en este caso son la gente sana y su obsesión por contagiar a los demás su pasión por las zanahorias crudas y las ramas de apio.

    La película se pasa en un suspiro y te deja un muy buen espíritu. No tiene malos rollos y estaba cantadísimo que el final sería tan feliz que nos provocaría un subidón de azúcar, por lo que recomendaban a los diabéticos ir preparados al cine.

    En el hipotético caso de que viváis en esta tierra y habléis el holandés y tengáis niños, es una buena opción para llevarlos al cine. Para el resto, dudo que jamás os crucéis con esta película en vuestro camino así que la podéis olvidar ya mismo.

    07/10

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