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  • Catedral Anglicana de Santa María

    30 de junio de 2010
    Catedral Anglicana de Santa María

    Catedral Anglicana de Santa María, originally uploaded by sulaco_rm.

    La catedral de Santa María está en la plaza de la independencia (Dataran Merdeka). Fue construida a finales del siglo XIX (1894). Su interior es bastante sencillo pero agradable y el color blanco parece darle una sensación de frescura. La capacidad de la catedral no es muy grande (alrededor de 180 personas).

  • Niños en una bakfiets

    29 de junio de 2010

    En varias ocasiones hemos visto bicicletas bakfiets pero creo que esta es la primera vez que vemos una cargada de niños que esperan a su madre en la puerta de una tienda en Hilversum. Como se puede ver los chiquillos van encantados de la vida en estas bicicletas. En la parte de atrás de la bici se ve una estructura que sobresale de la rueda trasera. Es el soporte para llevar el cochito de un niño pequeño mientras vas con la bici con lo que además de llevar a los chiquillos, se puede hasta llevar el cochito de uno de ellos.

    En el Álbum de fotos de bicicletas encontrarás un montón de bicis que he ido fotografiando a lo largo de los años

  • Edificio Sultan Abdul Samad y la plaza Dataran Merdeka

    29 de junio de 2010
    Edificio Sultan Abdul Samad y la plaza Dataran Merdeka

    Edificio Sultan Abdul Samad y la plaza Dataran Merdeka, originally uploaded by sulaco_rm.

    La plaza Merdeka (plaza de la Independencia) es uno de esos lugares en los que se ha vivido la historia. Allí fue donde hondeó por primera vez la bandera Malaya tras la independencia y en ella se siguen celebrando los grandes desfiles nacionales. Entre los edificios que la rodean destaca el Sultan Abdul Samad, el cual se construyó entre 1894 y 1897 y que ha sido la morada de varias oficinas del gobierno durante la época del dominio británico. El edificio tiene un diseño inspirado en las mezquitas musulmanas. Fuera de la imagen está el poste de 95 metros de alto en el que ondea la bandera de Malasia. El edificio tiene una torre de cuarenta metros de alto con un reloj. En la actualidad allí se encuentra la división comercial del tribunal supremo de Malasia. Por detrás del edificio hay una mezquita construida por el mismo arquitecto en un estilo similar que veremos otro día.

  • Tránsito de Sihanoukville a Phnom Penh

    28 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Otra jornada de tránsito entre destinos y en este caso engancharé dos seguidas ya que en realidad he ido desde Sihanoukville hasta la capital (Phnom Penh) para tomar al día siguiente un avión que me devuelve a Malasia. El día comenzó temprano y cerca de las ocho estaba desayunando con la dueña del lugar en el que me estaba quedando. La mujer me iba a alcanzar a la estación de autobuses. Algo que creo que no he contado es que el segundo día en Sihanoukville se estropeó el acceso a Internet en el hotel. Cuando les pregunté, el dueño me contó que habían caído todos los de la zona así que posiblemente algún cable estaba cortado. El hombre me dijo que ese día además se había estropeado la tele (algo que yo no noté porque no suelo encenderla). Vinieron por la mañana a arreglarla y al subir a la azotea del edificio al parecer había un nido de abejas bastante agresivas en el sito en el que está el enlace de microondas. Los técnicos las intentaron espantar (mira tú que brillantez intelectual) y las abejas los atacaron. Uno salió corriendo hacia el mar y el otro cayó desplomado en el restaurante del hotel y se lo tuvieron que llevar en camioneta a un chamán o lo que quiera que sea que tienen allí porque no hay hospitales. En uno de mis pasos por la ciudad me fijé que en un punto determinado hay una especie de farmacia totalmente abierta a la calle y con cuatro camas como de hospital y en una de ellas había un niño. Supongo que eso es lo más cercano a servicio médico que hay por allí. Vuelvo a recordar que mi guía de viajes es muy clara en sus consejos si tienes algún problema médico en Camboya: vete del país, a Tailandia o a otro de los vecinos.

    Volviendo al relato, me dejaron en la estación junto al autobús, un vehículo de dos pisos en el que por llevar, puedes meter hasta tu motocicleta. Lo flipé en tres dimensiones cuando veo a la gente entrándolas en la parte de abajo. Mi asiento era el primero de la parte superior, con vistas como las del conductor. Si he de morir, al menos lo veré llegar. Faltaban veinte minutos pero pronto se fue llenando y salimos casi al completo y exactamente a su hora. Esta línea, como todas las otras que he tomado, es Expresa pero al parecer el concepto incluye tantas paradas como sea necesario. De hecho, antes de salir de la ciudad ya lo habían llenado con nativos y como arriba no cabían más y seguían entrando, supongo que los metían en la bodega de carga en donde estaban las motos. El viaje comenzó con una andanada de vídeos de karaoke camboyano y después pasaron a la película Rambo 3 doblada al camboyano y subtitulada al inglés. Se me olvida comentar que a mi lado se sentó Omaíta en versión malaya. Llevaba guantes y todo y debía ser la primera vez que se subía a un autobús de dos pisos. La hija estaba en la parte de atrás pero ella gritaba igual como diciéndole: mira María, que tienen hasta tele. La mujer era un espectáculo. Yo creo que fue al baño diez veces solo porque no se creía que un vehículo pueda tener un baño dentro. Se quitaba y se ponía los guantes continuamente. Cuando estábamos saliendo de la ciudad comenzó a llover con un montón de fuerza, un diluvio y en seguida la carretera se convirtió en un río de agua. La gente no usa ni paraguas, se mojan y punto.

    Siguiendo mi pauta habitual, me conecté a un audiobook y me desconecté del mundo. Mientras avanzábamos vi ciervos en un monte y la carretera serpenteaba por la campiña. Esta es la MEJOR carretera de Camboya, la joya de la corona y no deja de ser más que un camino local en España. Un carril en cada sentido, arcén de tierra y encima de peaje. A la vera, gente vendiendo gasolina en botellas, vacas parando el tráfico, niños cruzando sin mirar, coches circulando en dirección contraria, motos circulando por donde les sale de los güevos y furgonetas llenas con treinta personas y bultos encima que casi no pueden tomar velocidad, llevan las puertas abiertas y si el tío ve que hay una persona en el camino que puede llevar, clava frenos y que sea lo que Dios quiera.

    Aunque la distancia son ciento y pico kilómetros, tardamos cuatro horas y media. Hubo un par de momentos en los que vi pasar mi vida y la del chófer por delante de mis ojos, sobre todo cuando estábamos en el carril opuesto y otro coche venía en dirección contraria también por el carril opuesto y nos cruzamos mientras a nuestra alrededor un montón de motos, bicicletas y vacas se movían sin rumbo fijo. Entrando en la ciudad el tráfico lo frena mucho y solo en ese tramo perdimos una hora. Al salir nos llevan a una sala en la que entran el equipaje para evitar que los conductores de tuk-tuk, motoristas y pseudo taxistas nos acosen o se lleven el equipaje. Después me apalabré un tuk-tuk que me llevó al hotel, el Villa Paradiso, el mismo en el que estuve la vez anterior. Justo después de llegar al hotel y agenciarme la habitación se abrieron los cielos y comenzó a llover con saña sobre Phnom Penh. En mis tres semanas de vacaciones, esta es la primera vez que llueve allí en donde yo estoy y la verdad es que no me importó porque no tenía nada que ver en la ciudad y pensaba pasar la tarde en la piscina, algo que cambié por mi habitación y me lo tomé relajadamente. Por la noche salí a cenar y volví pronto.

    Hotel Villa Paradiso - Phnom Penh - Cambodia

    Esta vez me tocó la suite Khmer la cual podéis ver en la foto, espectacular como la otra y con una bañera gigantesca que tan pronto como entré comencé a llenar y tardé dos horas en llenarla porque más que bañera es piscina.

    Al día siguiente me llevaban al aeropuerto a las ocho de la mañana y para eso tendré que madrugar (o levantarme a la hora de siempre ya que tengo el cuerpo acostumbrado a esas horas intempestivas).

    El relato continúa en Tránsito de Phnom Penh a Melaka

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