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  • Los templos de Angkor. Tercer día

    4 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Mi tercer y último día de visita a los templos comenzó media hora antes de lo habitual. Quería terminar temprano para aprovechar un poco la piscina y le dije al señor Bun que me recogiera antes. Nuestra primera parada fue regresar al templo de Angkor Wat. El día que estuve no pude ir a la parte superior ya que estaban limpiándola y me quedé rascado así que volvimos y crucé de nuevo el camino sobre el foso para llegar a la muralla exterior, entré en el templo, corrí hacia el lugar en el que está el acceso a la parte más alta y allí me topé con una cola. Al parecer limitan la entrada de gente pero por suerte acababan de empezar y entré en el primer cupo. Subí esas escaleras empinadísimas casi temblando de emoción. Las escaleras son de madera y las han puesto sobre las originales porque en las de piedra la gente se caía, no como algo ligero y banal sino que rodaban decenas de metros y se escoñaban malamente y por eso lo tuvieron cerrado durante unos años. Ahora se sube en fila india y hay unas buenas barandillas a las que agarrarse. Arriba el espectáculo es fantástico, unas vistas increíbles y casi puedes sentir la presencia del Rey y del sumo Sacerdote que eran los únicos que podían estar allí. Estuve unos veinte minutos haciendo postal tras postal y cuando acabé bajé de nuevo las escaleras empinadas y corrí para encontrarme con mi conductor de Tuk-Tuk y seguir nuestra ruta.

    El siguiente templo fue Prasat Kravan. Este es un santuario muy sencillo con una tira de cinco torres de ladrillos y piedras de arenisca que descansa en una plataforma baja y en la que no hay que subir escaleras. Su belleza está en su sencillez. Tiene unos relieves muy bonitos y allí me tropecé con una pareja de ancianos con los que fui coincidiendo en los otros templos.

    Bastante cerca tenemos la piscina real de Srah Srang, en donde hay una terraza que mira hacia la enorme piscina. En realidad podía haberlo visto el primer día pero como se nos hacía tarde para la puesta de sol lo dejamos para el último. En este lugar hay algunos de los niños más latosos a la hora de colocarte pulseras, camisetas y demás. Te siguen y te siguen y no dejan de preguntarte cosas así que hice lo único que podía hacer: me puse los auriculares y los ignoré. Yo no soy Angelina Joile y no voy por estos barrios de compras para llevarme chiquillos.

    Volvimos al Gran Circuito y nos dirigimos hasta el templo de Pre Rup, lo cual se podría traducir libremente como girando el cuerpo. Está hecho de laterita y ladrillo, lo cual le da un tono más cálido que a otros templos que se ven demasiado grises. Tiene la estructura típica de templo-montaña y por descontado hay que subir escaleras. Es bastante espectacular y en lugar de elefantes en este los que lo guardan son leones. Desde la parte de arriba se puede ver un poco Angkor Wat. Mientras estábamos allí al parecer a alguien se le perdió la cámara de fotos. Inmediatamente todos los guardianes y limpiadores se pusieron a buscarla como locos y nada más aparecer volaron para devolverla.

    Con esto acabé con la zona principal y nos desplazamos hacia una zona a la que le dicen los Roluos. Fueron unos quince kilómetros o sea que unos tres cuartos de hora en el tuk-tuk dale que te pego por carreteras por las que pasaban tíos con cerdos muertos de paquete y furgonetas pick-up llenas hasta arriba de gente ya que al parecer esta es la forma más económica de viajar. También por aquí caí en la cuenta que las mujeres que vendían botellas de whisky llenas de meados en realidad lo que vendían era combustible para las motos. Están por todos lados y estaba por creer que hay mucho pervertido en este lado del mundo. Camboya está totalmente por descubrir para la iglesia católica, sobre todo teniendo en cuenta lo que les gustan los niños a los curas.

    Cuando había perdido la esperanza llegamos a Lolei, un pequeño templo que ahora está dentro de los terrenos de una pagoda. En el pasado estaba en su propia isla pero hace mucho tiempo que está en tierra firme. Lo más relevante en este templo son las escrituras en sanscrito que hay en las puertas de las tres torres que se tienen en pie (la cuarta cayó).

    Cerquita está Preah Ko, levantado en el siglo IX para honrar a los espíritus de los ancestros. En el centro hay tres torres guardadas por un búfalo sagrado (los otros dos los robaron). El templo tiene también un tono cálido que contrastaba con el azul y las nubes del cielo y el verde de la vegetación. Está decorado espléndidamente y mereció la pena llegar hasta allí solo por ver este pequeño y precioso templo.

    También cerca está el templo de Bakong el cual se considera como el primero de los templos-ciudades levantados en el periodo de Angkor. Data del siglo IX y está rodeado por un gran foso con agua. El templo es grandioso y está guardado por elefantes en varias de las terrazas de la pirámide. Yo pensaba que aquí acababa nuestra gira turística ya que mi libro no daba para más y estos eran todos los templos que tenía explicados pero el señor Bun decidió hacer de Rambo, nos metimos por un camino de cabras en la jungla y después de quince minutos dando unos saltos posiblemente olímpicos llegamos a Prasat Prei Monti, el cual pese a lo que acabo de escribir, es más antiguo que los demás. Se levantó en el 802 D.C. y el templo no es nada espectacular pero al estar metido dentro de la jungla lo hace muy especial. Allí no hay nadie, solo tú y miles de lagartijas, pájaros e intuyo que serpientes que corrían por debajo de las hojas caídas. Es la guinda para toda esta sucesión de templos que he ido enumerando durante estos días. Al final llegamos al origen de todo, a aquel desde el que comenzó la fiebre por levantar templos en aquel lugar del mundo.

    Para volver tomamos otra ruta pero así y todo, fue más de media hora y como ya no tenía más templos que ver y lo único que me apetecía era tirarme en la piscina a atorrarme, el señor Bun me dejó en el hotel y quedó que vendría a buscarme unas horas más tarde para ir a visitar el lago Tonle Sap. La visita nunca se produjo porque sobre las cuatro de la tarde comenzó a llover y le dije que lo dejábamos para el día siguiente. En lugar de esto, me eché una siesta de escándalo y después me fui a cenar al Café Indochina, justo al lado de mi hotel, recomendado por mi guía turística y que me decepcionó bastante ya que es caro y la calidad no está al nivel del precio. Esa noche tuve algún tipo de reacción a la comida y de tres visitas al Trono de Angkor lo largué todo y me quedé vacío como esos intelectuales que ven los programas rosa en la televisión. Así terminó mi visita a los templos, tres días fantásticos concluyendo con el festival de las jiñadas para honrar a tantos y tantos dioses que ya han sido olvidados.

    El relato continúa en Por los alrededores de Siem Reap

  • Canon 50D + Tokina SD 11-16 F2.8 DX en el club de las 500

    4 de junio de 2010
    Canon 50D + Tokina SD 11-16 F2.8 DX

    Canon 50D + Tokina SD 11-16 F2.8 DX, originally uploaded by sulaco_rm.

    En enero de este año veíamos en la anotación El equipo en enero del 2010 una foto del nuevo objetivo que me había comprado, un Tokina SD 11-16 F2.8 DX con el que ando totalmente enamorado. En las últimas semanas habéis visto de lo que es capaz en combinación con los tulipanes del Keukenhof. Hoy le damos a esta foto la bienvenida al Club de las 500.

  • Los templos de Angkor. Segundo día

    3 de junio de 2010

    El relato de este viaje comenzó en El comienzo de otro gran viaje

    Cuando me desperté el segundo día en Siem Reap tenía agujetas hasta en las pestañas. Subir y bajar cientos de escalones, caminar kilómetros, trepar, saltar y correr cuando un mosquito del tamaño de una libélula te persigue tiene su precio. Por suerte no soy de los que se arredran ante la adversidad y me di una ducha, desayuné y me preparé para salir de nuevo hacia los templos.En lugar de las cholas Moisés con calcetines que llevaba el día anterior opté por las botas de trekking y fue una buena decisión.

     

    El señor Bun me esperaba en la puerta y discutimos brevemente el plan del día. Yo no quería volver tan tarde como en la jornada anterior para así aprovechar y descansar un poco en la piscina. Nuestro primer destino fue el templo de Preah Khan, al noreste de Angkor Thom. Se construyó en el lugar en el que anteriormente había un palacio-ciudad real llamado Jayasri, lugar en el que vivió el rey mientras se restauraba Angkor Thom después de que fuera saqueada en 1177. El nombre del templo significa la espada sagrada y hasta hoy día los camboyanos creen que quienquiera que posea la espada tiene el derecho al trono. También se rumorea que una réplica está guardada bajo llave en el palacio Real en la capital. El templo es enorme y durante un tiempo funcionó como monasterio y universidad con unos mil profesores. Está rodeado de la jungla y resulta muy agradable para visitar.

    Desde allí fuimos a Neak Pean, el cual originalmente estaba en una isla y que no es un templo. Son un grupo de piscinas unidas por caminos con una torre en el centro de la piscina central (y más grande). Según mi libro se construyó para representar al mítico lago del Himalaya llamado Anavatapa y según el señor Bun eran las piscinas en las que se bañaba el rey. Como es temporada seca en las piscinas no había agua y pude caminar sin problemas a la torre que está en el centro.

    Nuestra tercera parada fue en Ta Som, un templo construido en el siglo XII pequeño y coqueto que está en bastante mal estado pero que tiene unas cuantas cosas que merecía la pena ver. Tiene también la ventaja de no ser muy popular y lo visitas sin tener a cientos de personas a tu alrededor jorobándote cada foto que quieres hacer.

    Desde allí nos dirigimos al Mebon del este, construido en el siglo X para los padres del rey. En aquella época era una isla a la que se llegaba por barco y en sus muros tiene los lugares en los que pueden atracar. Hoy en día está todo seco a su alrededor y se llega andando pero sigue siendo igual de impresionante. Tiene cuatro esculturas de elefantes a tamaño casi-real en las cuatro esquinas que se suponen que están ahí para defender el sitio.

    A continuación vinieron quince kilómetros de carretera para llegar a Kbal Spean. Por el camino te topas con cosas increíbles como tíos llevando vigas en motocicleta o un cerdo muerto de paquete, con las patas para arriba y supongo que camino de algún mercado o restaurante. También vimos bicicletas de todo tipo y los niños saliendo del colegio. Era sábado pero al parecer también van a clase ese día. Los quince kilómetros son casi tres cuartos de hora en el tuk-tuk, el cual no tiene una velocidad punta muy elevada. Por la ruta vi un montón de casitas que en la puerta tienen una bomba de agua con un cartel que informa de quienes fueron los donantes. He estado mirando a ver si doy con la organización que las dona para ver si puedo convencer a la tropa y entre todos donar una o dos y resolverles la vida a una familia. No creo que cueste demasiado dinero (para nuestros estándares) y puede ser un paso significativo en la mejora de vida de una familia que pasaría de tomar agua posiblemente contaminada con todo tipo de enfermedades a tener su propio pozo de agua fresca. Tras el largo viaje llegamos a Kbal Spean y el señor Bun me dijo que debería llevarme más agua porque lo que iba a ver está en la jungla y hay que subir.

    Son mil quinientos metros de caminata por la jungla, por un camino bien marcado en el que te recuerdan cada cien metros la distancia que te falta. Lo acompañé de la banda sonora del musical Tarzán en holandés y seguro que los monos y otros animales todavía se preguntan que hacía aquel chiflado cantando en un idioma raro y bailando por la jungla. Hasta aquí si que llegan pocos turistas y definitivamente no vienen los autobuses llenos de gandules porque se les mueren por el camino. Los mosquitos eran como obuses que caían sobre ti. Si a eso le unes que cien metros a 36 grados y por la jungla son como dos kilómetros agradables en Holanda, para cuando llegué arriba estaba totalmente sudado y baldado. El sitio lo usaban los Khmer para esconderse en el siglo XI y tiene una serie de piscinas naturales en las que grabaron dioses hindúes, escritura en sanscrito y flores de loto. En la punta de arriba habían dos o tres que se ofrecían como guías y uno de ellos me llevó por el sitio enseñándomelo todo. Era un joven con un solo brazo y en el lugar en el que debía tener el otro le habían puesto (o se había puesto) el brazo de un maniquí de tienda lo cual le daba una pinta un tanto siniestra pero se desenvolvía muy bien por allí y si se sube todos los días ese kilómetro y medio de jungla se merece los dos dólares que le di por hacer de guía turístico. Me mostró un montón de cosas que no comentaban en mi guía y cuando llegamos a la catarata, lo cual suena muy espectacular, en realidad es un saltito de agua de tres metros pero el sitio es idílico con cientos de mariposas volando a tu alrededor. Al parecer hay gente que baja río abajo pero yo con la cámara no me arriesgo que si me escoño por allí a ver donde consigo otra cámara.

    En el regreso sudé el litro de agua que me tomé antes de empezar a bajar y cuando llegué al lugar en donde me esperaba el señor Bun nos quedamos en el restaurante de alguno de sus colegas y almorzamos allí. Con la barriguita llena salimos hacia Banteay Srei, un templo que está cinco kilómetros más abajo (regresando hacia Siem Reap) y que cuando crees que ya no te pueden sorprender y has visto lo mejor, te llevas un tremendo bofetón porque es increíble. Está construido en una piedra distinta de un tono rosado y tiene una profusión de decoración increíble. Este no lo construyeron los reyes sino dos dignatarios que trabajaban para el rey y se hizo en el siglo X. Al parecer en la temporada de lluvias el acceso por el camino procesional es alucinante con los reflejos en los lados y los campos de arroz pero por ahora me tuve que conformar con un camino más normal aunque espectacular. Prácticamente toda la superficie de las murallas interiores están adornadas al igual que las torres. Es impresionante. En el acceso desde el aparcamiento hay un asentamiento enorme de tiendas para turistas en las que te acosan hasta el infinito y más allá pero por suerte, mi insensibilidad les puede y no lograron colocarme nada pese a los intentos de decenas de vendedores.

    Desde allí hasta Siem Reap son unos treinta kilómetros y de nuevo nos pusimos en ruta por carretera, viendo las mismas escenas pintorescas y con chiquillos que llevan bicicletas para adultos en las que no se pueden sentar y se bambolean mientras pedalean (y algunos de ellos hasta llevan a dos más sentados de paquete). En el camino de vuelta paramos en Banteay Samre, al que se llega por una carretera en la que se te descoyuntan los huesos con los saltos que daba el tuk-tuk. Por esta razón no parece ser muy popular y es una pena. El templo tiene dos fosos, algo único ya que todos los demás solo tienen uno. Cuando estaba acabando la visita comenzó a llover y tuve que correr como una cabra salvaje para que no se me mojara la cámara ya que en un momento de ofuscación decidí dejar la mochila con el señor Bun ya que estaba cansado de cargarla.

    El hombre preparó el tuk-tuk bajando unos toldos para que yo no me mojara y comenzamos el regreso hacia la ciudad, aunque pronto paró de llover y los subió porque nos frenaban demasiado. Fue otra jornada intensa y llena de imágenes increíbles que espero que hayan quedado bien retratadas por mi cámara.  

    En el hotel, contraté un espectáculo de baile Apsara junto con cena buffet en uno de los restaurantes que ofrecen el espectáculo en la ciudad. Por lo que leí en mi guía, este tipo de baile típico solo se puede ver aquí o en la capital y según el libro, resulta más fácil aquí. Me costó la ridícula cantidad de doce dólares y comenzaba a las siete y media aunque había que llegar antes para la pitanza. Como estaba a tres minutos de mi hotel andando, salí a las seis y media y para cuando comenzaron a bailar yo ya estaba reventado como un cerdo a comida tailandesa, japonesa, camboyana y de los alrededores. El baile Apsara lo hacen unas mujeres (o jóvenes) que comienzan a prepararse desde los siete años. Mueven las manos con gran delicadeza y elaboración haciendo más de mil quinientos movimientos. Cada postura, cada movimiento de manos tiene su significado y el conjunto es muy bello. El espectáculo dura una hora y en verdad que merece la pena. Al terminar las bailarinas se quedaron en el escenario y las hordas de gitanos se subían para hacerse fotos con ellas, en plan low-class. Yo volví paseando por la ciudad hasta mi hotel y visto que los madrugones no hay quien me los quite, me acosté temprano. Para el tercer y último día de visita a los templos quedamos que empezaríamos a las siete y media para así acabar antes.

    El relato del viaje continúa en Los templos de Angkor. Tercer día

  • Munttoren desde Rembrandtplein

    3 de junio de 2010
    Munttoren desde Rembrandtplein

    Munttoren desde Rembrandtplein, originally uploaded by sulaco_rm.

    Ya vimos en su momento la Munttoren pero aunque lo explico en varios lugares de Visitar Holanda, al final una imagen ayuda a visualizarlo mejor. Rembrandtplein está muy cerca del mercado de las flores, el cual empieza en esa torre que vemos al fondo y es un lugar que muchos turistas parecen perderse. Por aquí encontraréis un montón de pubs con precios para los locales (por supuesto que más caros que en España pero infinitamente más baratos que los del Dam). Mirando ese tramo de calle a la izquierda tenéis el Pathé Tuschinski, el cine en el que se hacen todos los grandes estrenos en este país y junto al mismo hay un ?lbert Heijn to Go y un Hema en los que podréis comprar comida y bebida a precios asequibles. En la derecha de la calle y justo antes del Cineac está el Wok to Go, lugar perfecto para una cena rápida y barata. A mi espalda tenéis el The Three Sisters (ambos pubs) y si seguís caminando ciento cincuenta metros llegaréis al canal Amstel y podréis hacer la alucinante foto del puente azul.

    Hay más información sobre Amsterdam y los Países Bajos en mi otra bitácora, Visitar Holanda y también puedes ver más fotos en el Álbum de fotos de Amsterdam

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