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Distorsiones

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  • El tiempo de las arañas

    18 de agosto de 2009

    El mes de agosto es ese en el que por primera vez notamos que el verano ya está a punto de acabarse y pese a las excelentes temperaturas y a las tardes al sol, sabes que las noches llegan antes y los días comienzan un poquito más tarde, por estas tierras del norte se nos escapan cuatro minutos de luz cada día y cuando los vas sumando, poco a poco son un montón de minutos y pronto estaremos con días cortos y oscuros.

    Después de unos años en los Países Bajos descubrí que el mes de agosto es también el tiempo de las arañas, el mes en el que te las encuentras por todos lados, de patas enormes y cuerpos pequeños, tejiendo sus telas y capturando mosquitos. Las arañas son amigas serviciales y silenciosas, no nos molestan y se agencian algún rincón de nuestra casa para realizar su tarea. En algún día de septiembre, con los primeros fríos desaparecen y no las volvemos a ver más hasta el año que viene. Siempre he sentido una gran fascinación por estos insectos, por la paciencia que demuestran a la hora de cazar sus presas y lo meticulosas que son con el trabajo que realizan.

    En mi casa saben que son bienvenidas, que no quitaré sus telas de los rincones ni las aniquilaré. Ellas no me molestan y agradezco el trabajo que hacen. La señora de la limpieza también lo sabe y durante los dos meses en los que notamos su presencia las dejará estar. Cuando desaparecen ya tendremos tiempo de limpiarlo todo. Las arañas no están en la lista de animales que temo, al menos no las pequeñas e inofensivas que se alimentan de insectos.

    Cuando vivía en las Islas Canarias nunca noté esa presencia de las arañas a partir de agosto y su posterior desaparición a finales de septiembre aunque allí, viviendo en una eterna y monótona primavera, quizás su ciclo sea diferente.

    Ver las arañas y reconocer el comienzo del final del verano es una de las señales que he ido adquiriendo con el paso de los años, cada estación tiene una serie de alarmas que avisan de su comienzo y marcan su final y esta es una de ellas, junto con el cambio de color en las hojas de los árboles y los vientos que parecen susurrarnos que no nos dejemos atrás los abrigos.

  • Avenida de ?stiklal

    18 de agosto de 2009
    Avenida de ?stiklal

    Avenida de ?stiklal, originally uploaded by sulaco_rm.

    La avenida de ?stiklal o ?stiklâl Caddesi es posiblemente la más famosa de la ciudad de Estambul y la más concurrida. Está llena de tiendas y en ella también se encuentran muchas de las embajadas. Dicen que cada fin de semana pasan varios millones de personas por allí.

  • El día más feliz de su vida

    17 de agosto de 2009
    El día de la circuncisión

    El día de la circuncisión, originally uploaded by sulaco_rm.

    Desde que se levantó por la mañana sabía que era el mejor día de su vida. Su madre lo abrazó cariñosamente y trajo a su habitación unas ropas especiales para vestirlo y el bastón de mando del sultán. Hoy era el día en el que todos le harían caso porque de existir un rey en la casa, era él. En la cocinan se afanaban preparando comida para la fiesta de la tarde y sus hermanas y hermanos correteaban cumpliendo las órdenes que les gritaba su madre. La casa rebosaba de aromas deliciosos y las ventanas abiertas proclamaban a los cuatro vientos que aquel era un día especial.

    A media mañana sus padres lo llevaron al centro de la ciudad y él señalaba lo que quería y ellos se aprestaban a comprárselo para dárselo. Era su día y todos le obedecían. La gente que se cruzaba con ellos por la calle le sonreía y le daban ánimos, algunos le daban caramelos y todos parecían encantados de haberlo visto. Estaba claro que nadie como él había tenido un día tan maravilloso antes, ni siquiera sus hermanos, que se habían negado a hablarle y huían de su lado cuando hacía alguna pregunta.

    En la ciudad se tropezó con un montón de turistas que le hacían fotos y le sonreían y él les seguía el juego porque se sabía el Sultán de Estambul, la persona más poderosa de la ciudad aquel día. Su madre lo cogía en brazos siempre que podía y le cubría la cara a besos recordándole lo mucho que lo quería. Sabía que jamás podría olvidar un día semejante, en su corta vida nunca le había sucedido algo así, era como si todos sus sueños se hubieran hecho realidad. Su padre le compró las golosinas que siempre le negaba y en todos los puestos callejeros en los que se paró para mirar las cosas consiguió algo, unas veces porque se lo compraron sus padres y en otras porque los dueños le regalaban comida.

    En la puerta de la mezquita se dedicó a corretear persiguiendo a las palomas que mendigaban migajas de pan de los turistas y cuando entró en la misma para acompañar a su padre en sus rezos, la gente le sonreía y de nuevo lo palmeaban y le sonreían.

    Por la tarde volvió a casa, cansado y feliz porque estaba siendo un día muy especial, el mejor de su vida como no se cansaban de repetirle su madre y su padre. Tenía un montón de golosinas y algunos juguetes. Al llegar a su casa les esperaban todos sus familiares y amigos y un montón de regalos. Todo el mundo le aplaudía y lo palmeaba y él no cabía en sí de gozo, en verdad que era el día más feliz de su vida y a su alrededor sonaba la música y todos cantaban y bailaban. En medio de tanta felicidad no notó que habían tocado a la puerta y que su madre se había apresurado a abrir.

    Pese a todo lo que le rodeaba y a la pila de juguetes que tenía vio la extraño, el cual se acercó sonriéndole. Tenía una pinta algo tenebrosa, vestido de negro y con algo en sus manos. Su madre y su padre se acercaron para hablarle y le dijeron que no se preocupara, que era parte del ritual de la fiesta. Sus hermanos se habían ido retirando hasta la parte más alejada de la sala en donde estaban con otros niños ya mayores. Su padre lo tomó de la mano y le dijo que tenía que ser fuerte, que para que el día fuese perfecto aún faltaba algo por hacer. La música dejó de sonar y todos se quedaron en silencio. Su madre le susurró que tenía que bajarse el pantalón y un temblor recorrió todo su cuerpo. Intentó zafarse pero su padre lo sujetaba. El hombre tenía algo en sus manos, algún tipo de herramienta y su sonrisa ya no era agradable, era terrible y siniestra. Trató de escapar pero lo agarraban con fuerza y comenzó a llorar. Aquel era el día más feliz de su vida y esto no podía estar pasándole. Su padre le dijo que se estuviera quieto, que era fundamental que no se moviera o podía ser peor. De alguna forma lo creyó porque la cosa que tenía aquel hombre era como un cuchillo y le quería hacer algo. Al acercarse pudo oler sus ropas, el sudor que emanaba y un pestazo a medicinas, a esas que se usan cuando te caes y te haces una herida. Ya no lloraba, solo temblaba sin poder controlarlo.

    El hombre recitaba algo y pidió a los padres que sujetaran bien al niño. ?l ni siquiera podía ver lo que estaban haciendo porque su madre le había puesto la mano en la cara. Sintió unos dedos fríos y rugosos que se movían por debajo de la cintura y de repente, una punzada de dolor y la sensación de que le habían hecho algo terrible. Cuando su madre quitó la mano de su cara vio la sangre y pese a la sonrisa de su padre y a los besos de su madre, supo que le habían cortado algo. Todos prorrumpieron en aplausos y gritos y pronto la música volvió a sonar aún más alta mientras las mujeres bailaban y todos querían venir a abrazarlo y besarlo pero él ya no quería estar en esta fiesta y ahora por fin comprendía la razón por la que sus hermanos no querían acercarse a ese hombre. Hasta ese momento había sido el día más feliz de su vida pero en ese instante supo que lo recordaría por el dolor y la humillación de lo que acababa de suceder, por la circuncisión a la que lo habían sometido siguiendo una tradición ancestral y sin pedirle permiso.

  • La semana pasada en Distorsiones

    17 de agosto de 2009

    Siempre he tenido la impresión de medio-apagarme durante el mes de agosto, en parte por el calor y en parte por los múltiples compromisos sociales que te tienen al borde del colapso. Duermo menos y salgo más y eso se va notando cuando se acumulan las semanas. En estos días también cocino bastante porque por mi casa cruza más gente y como efecto colateral, me pongo como un boliche. El miércoles tuve uno de esos días en los que terminas preguntándote como lo harán en los restaurantes para sobrevivir y aunque al final fue un éxito, me dejó sin energía para el resto de la semana. El viernes dijimos adiós a un compañero que dejaba nuestra empresa con una cena y el sábado y el domingo pasé por Amsterdam, ciudad que es hermosa en primavera, verano, otoño e invierno. Paseaba por Leidsestraat disfrutando con el bullicio de los turistas y los tranvías que no dejan de cruzar esa calle mientras noté que los colores ya están cambiando y muy pronto llegará el otoño. Te puedes ir Con la música a otra parte y estar en todos esos lugares en casa.

    Cambiando de tercio, ya sabemos quienes son los ganadores del regalo del mes de agosto y eso que los de Julio aún no tienen dueño. Terminé el relato del viaje a Estambul con Un regreso a casa de madrugada y durante la semana vimos más fotos de dicha ciudad, con el Grand Bazaar ? Kapaliçarsi, Dentro del Gran Bazar, el Castillo de Rumelia ? Rumelihisari, el Puente del Bósforo ? Bogaziçi Köprüsü, seguimos hacia el norte hasta que teníamos allá al frente el Mar Negro y vimos la preciosa Torre de la doncella ? Kiz Kulesi. Esta semana seguiremos con las imágenes de esa ciudad.

    La interminable serie sobre bicicletas recibe una nueva, en esta ocasión una Bicicleta plegable a la holandesa.

    Siguiendo la gran actividad culinaria que hay por mi casa, tenemos una nueva receta para la sección de Cocinillas, unas Albóndigas suecas que están para chuparse los dedos.

    Finalmente, acabamos con el Cine, con dos películas buenas. Una de acción y angustia llamada A Perfect Getaway y la otra una comedia con algún regusto amargo llamada Away We Go.

    Así transcurrió la semana.

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