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Distorsiones

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  • Los girasoles ciegos

    6 de septiembre de 2008

    Los que llevan viniendo a Distorsiones toda una vida seguro que recordarán las aguas turbulentas por las que navegó esta bitácora en abril del año 2006 cuando en un aciago día hablé de la película Azul oscuro casi negro. La mayor parte de los comentarios han sido eliminados y sólo podréis atisbar una ínfima parte del iceberg que creció bajo mis manos y que salpicó a varias bitácoras. Cuando la semana pasada miraba los estrenos españoles para ir al cine, si llego a tener una buena conexión de Internet e investigo algo más, seguramente habría detectado que uno de los protagonistas de Los girasoles ciegos aparecía en esa película y habría dudado antes de ir al cine. Por suerte no fue así y hoy podemos hablar de ella.

    Un julay pajero se la casca entre curillas

    La guerra civil española dejó un montón de heridas abiertas, familias rotas y un país aplastado por los vencedores. En ese mundo, una mujer trata de sobrevivir escondiendo en su casa a su marido y viendo como su hija y su novio se marchan del país. En el colegio de su hijo pequeño, un diácono que luchó en la guerra y le cogió gusto a lo de matar se fija en ella y le quiere poner la pierna encima y la mujer tendrá que luchar contra el acoso del diácono y las condiciones cada vez más difíciles en las que se mueven los perdedores de la guerra. El drama se irá macerando y calentando hasta un final muy caliente en el que no hay vencedores y sí muchos vencidos.

    Si alguien me dice a mí que voy a ir a ver una película ambientada en la guerra civil española y que me va a gustar me parto de risa. Debe ser que me estoy haciendo viejo porque yo hasta ahora he pasado por todas esas historias que nos han contado una y otra vez sin que se me pegara la más mínima compasión por ellas. Aquí tenemos un buen drama, construido de una forma muy sólida y que se ve claramente que está abocado al desastre más absoluto. Todos los personajes sufren de alguna forma, tanto aquellos que formaron parte de los vencedores como los vencidos. Entre todos se encuentra un país que da bandazos al compás de una nefasta iglesia católica en la que por cada buena persona que hay tienen cincuenta cabrones a los que de existir Dios, les tendrá que dar billetes de primera clase para el infierno. La protagonista está interpretada por una Maribel Verdú que se sale y que sigue teniendo un no-se-qué sexual que la rodea y te provocan pensamientos lascivos. Esta mujer vive entre dos mundos, saliendo a la calle y aparentando que su marido fue asesinado en la guerra, ignorando que su hija se fugó con un comunista y manteniendo en casa esa otra vida con el hombre al que ama y que tiene escondido en algún lugar de la casa. Su colisión con el diácono es terrible por la tensión sexual que surge de ellos. El pre-curilla se pone cachondo solo con verle los zapatos y no puede evitar el mandar a tomar por saco toda su exquisita formación para ser un siervo de Dios y sentir que lo que él realmente quiere es trincar a esa hembra y hacerla suya una y mil veces. Está interpretado por Raúl Arévalo y aunque me cueste he de reconocer que ha bordado su papel y brilla en este personaje lleno de ambigüedad. El trío lo completa Javier Cámara en un papel dramático que lo aleja un poco de su estilo habitual pero que ejecuta valientemente y de una forma muy creíble.

    Esta es una película de historias duras, de velocidad lenta y en la que el espectador tendrá que tener el aguante suficiente ya que no es el típico guión al que estamos acostumbrados y en donde todo te lo dan masticado y listo para tragar. Personalmente me gustó bastante y aunque sé que es muy difícil recomendar cine español, esta creo que la deberíais ir a ver, aunque procurad no llevar a los amiguitos de la rama de los orcos que todos tenéis porque esos no tienen capacidad de procesamiento neuronal suficiente para disfrutar con este drama.
    8artuditos

  • El cine y Yo

    6 de septiembre de 2008

    Por aquí se habla muchísimo de cine ya que es uno de los vicios a los que tengo apego y del que no pienso prescindir. Voy continuamente a ver películas, en Holanda, en España o en cualquier otro lugar en el que me encuentre. Lo hago de una forma compulsiva y en muchas ocasiones ni siquiera discrimino para seleccionar títulos que me gusten. Le doy a casi todo y pese a los tropezones y los disgustos, sigo manteniendo mi fe y yendo a ver películas.

    En Distorsiones hay cientos de anotaciones sobre Cine y quizás por ese exceso entre conocidos y amigotes hay un par de corrientes totalmente equivocadas ya que pase lo que pase, ninguno tiene la razón. Los hay que dicen que soy muy duro y me ensaño con las películas desmontándolas sin misericordia. Eso no es cierto. También los hay que me acusan de complacencia y ñoñería y de hablar demasiado bien de cosas que no merecen ni un pase por la tele en horario de madrugada. Tampoco creo que estén en lo cierto.

    Lo único cierto es que voy al cine, veo las películas y comento lo que me parecieron a mí. Es mi opinión, mi visión de la historia, mis sensaciones y mi subjetiva y equivocada opinión. No busco nada más. Ojalá todo lo que veo me encantara, yo sería la persona más feliz del mundo pero no siempre es así. Voy al cine porque me gusta y procuro tener un espíritu abierto y no desechar títulos solo por razones subjetivas. Después me llevo los palos que me llevo, pero para eso está la bitácora, para desahogarme y soltar todo ese karma negativo que te cierra las chacras.

    No le deis ninguna importancia a lo que yo pueda decir, porque no la tiene y centraos en el concepto importante que no es otro que ir al cine con frecuencia para que no se muera la industria.

  • Turbulencias

    5 de septiembre de 2008

    – Tripulación, entrando en pista para el despegue. Buen viaje ? se escuchó por megafonía.

    En esos momentos la gente se queda quieta y salvo algún chiquillo que se revuelve en su asiento, todos contienen la respiración y esperan a que esa loca carrera con un ruido ensordecedor acabe pronto y el pájaro levante el vuelo. Isabel volvía a casa después de una semana de vacaciones en Creta y lucía un precioso bronceado. Iba ligera de ropa ya que al entrar al avión la temperatura era de más de treinta grados y al llegar a su destino también haría calor. A su lado estaba su última conquista, una muesca más en su rifle, un joven ejecutivo al que le sacaba quince años y que la miraba arrebolado. Ella le daba todo aquello que él quería sin poner objeciones. Era una diosa sexual y lo sabía. Su cuerpo se mantenía en perfectas condiciones gracias a un riguroso programa de mantenimiento que le costaba mucho tiempo y dinero. Ni lo uno ni lo otro eran un problema para ella. Su vida era una fiesta eterna que deseaba que no acabara.

    Tras unos minutos tomando altura el avión se estabilizó y comenzó el baile de azafatas a su alrededor, ofreciendo comida y bebida y procurando que se encontraran lo mejor posible. Esa era la ventaja de volar en primera, el servicio. Ambos se hacían cariños y se juraban amor eterno, una mentira conocida para una mujer que solo se podía querer a sí misma. Con unos vasos de champaña brindaron por el porvenir. A este joven aún le quedaba cuerda para un par de meses. Después tendría que plantearse el finiquitar la relación, pasar por quirófano y buscarse uno nuevo. Se paró un momento a pensar cual podía ser la parte más divertida de todo el proceso pero no pudo porque todas le gustaban por igual. Seleccionar la víctima, tender la trampa, flirtear, el primer beso, el primer abrazo, el primer revolcón, la primera pelea, las primeras vacaciones y después la estabilidad previa a la ruptura, el mantenimiento de su cuerpo y vuelta a comenzar. Es muy dura la vida disoluta del vividor.

    Estaban brindando por enésima vez cuando el avión se sacudió un poco y se encendió el indicador del cinturón de seguridad. Enseguida las azafatas avisaron al pasaje para que se mantuvieran en sus asientos debido a las turbulencias y para que se abstuvieran de andar. Una de ellas les recordó que se debían amarrar los cinturones y eso hicieron. No era nada del otro mundo, todos hemos pasado por esto en ocasiones anteriores, unos minutos de vibraciones y después vuelve la calma. Ella miraba a su hombre con esos ojitos tan hermosos y le transmitía su total y completa entrega, muy puesta en su papel de enamorada cuando el avión se sacudió bruscamente y comenzó una caída más acusada. Aquello era como una montaña rusa o quizás peor. Los motores hacían un ruido horrible y la gente gritaba en el interior del avión, agarrándose a donde podían. Algunos compartimentos se abrieron y su contenido salió despedido hacia afuera. El avión caía cada vez más rápido y aquello parecía no tener fin. Se oyó un golpe seco y vio que su novio tenía la cara manchada de sangre y algo más. ?l la miraba horrorizado y ella, aturdida, no sabía qué hacer. Se llevó la mano al pecho y en ese instante supo lo que había pasado.

    Le faltaba algo. En su pecho había un agujero del que salía algo de líquido. El pezón colgaba caído y mirando alrededor encontró lo que le faltaba, su implante de silicona de Corporación Termopatética estaba en el suelo junto a ellos. Se puso a gritar. Su novio también. Gritaba y trataba de alejarse de ella, a la que de repente veía como un monstruo horroroso que disparaba proyectiles.

    El avión se estabilizó y ella se soltó el cinturón y salió corriendo hacia los baños gritando
    – Mi teta, mi teta, se me ha caído mi teta

  • Un sapo real en el Club de las 500

    5 de septiembre de 2008


    Sapo, originally uploaded by sulaco_rm.

    Tenemos que retroceder a la primavera del año 2005 para encontrar el origen de esta foto. Iba a volver a contar la historia pero mirando en los archivos me he dado cuenta que está muy bien explicado en la anotación Un sapo real y prefiero que trabajéis un poco y hagáis algo de esfuerzo. Una vez estáis ahí, es un buen lugar para saltar a Deconstruyendo el cuento de la princesa I, la historia que inspiró este sapo y a su segunda y tercera parte.

    Tras una larga espera, hoy le damos la bienvenida al Club de las 500.

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