Acabada la pausa veraniega y mientras cogemos velocidad en esta nueva temporada, ya va siendo hora de continuar con el Hembrario, esa recopilación de palabras con carácter que nos dan una clara visión de la mujer a la que califican. Os sugiero ver las otras entradas porque este diccionario merece la pena. El día que hablamos de los Rebenquesya comenté en los comentarios que uno de los grupos pendientes es el de las Pencas y hoy zanjamos esa deuda.
Cuando nos referimos a una mujer como una Penca la estamos calificando de bicho malo. Las Pencas son la versión de barrio de los Arretrancos de oficina. En la Isleta, lugar donde me crié, todos sabíamos quienes eran. Iban por las calles metiendo cizaña, criticando a todo el mundo e inventando historias sobre aquellas a las que no podían controlar. Estas tías no se detienen ante nada, disfrutan con la destrucción de otras vidas. No cierran la boca ni aunque las ahogues. Están ahí, agazapadas en un rincón de la tienda del verdulero esperando que pases por la puerta para desatar su lengua viperina e infectar el universo con su ponzoña. Las Pencas son lo peor del barrio, las tías que procuramos evitar cuando nos cruzamos con ellas por la calle porque sabemos que de nuestro encuentro con ellas no saldrá nada bueno. Desde que eres un tierno retoño sin pelo en el culete escuchas en tu familia historias que han inventado las Pencas sobre jóvenes y otras mujeres de la calle. Las Pencas son maestras en la tergiversación, beben de las aguas de la infundia y escupen sobre la reputación de los demás por el mero placer de hacerles daño. Las Pencas han destruido familias y amargado la vida de jóvenes que no habían hecho nada malo pero que fueron objeto de ataques por parte de ellas. Cuando una Penca te pone en su punto de mira que Dios te libre porque irá a por ti e inventará lo que sea necesario con tal de cubrirte de lodo. Solo cuando ven que te afecta se sienten satisfechas así que ignóralas y sigue adelante sin mirarlas, no les des el gusto.
No hay un tipo determinado para identificar a las Pencas. Pueden ser guapas o feas, altas o bajas, gordas o flacas, beatas o putetas, viudas o casadas pero lo que sí puedo decirte es que están a tu alrededor, escondidas tras las ventanas, golizneando las bolsas de basura para obtener información o en ese grupito que se forma todas las tardes en la esquina y que siempre mira hacia ti cuando pasas. Paradójicamente la sociedad de la información las ha condenado a la extinción. Ahora uno no va a la tienda de la esquina, no habla con sus vecinos y no tiene ningún contacto con la gente del barrio. Ellas están viendo como su universo se descompone poco a poco y se saben dinosaurios a punto de desaparecer. Las cadenas televisivas se han dado cuenta del filón que forman y han creado una programación completa pensando en ellas. Hay programas de mañana, tarde, noche, fin de semana en los que un grupo de mariconas viejas y tortilleras amargadas despellejan al famosete de turno para que las Pencas se sientan de nuevo parte de la sociedad y puedan prolongar su agonía.
El fenómeno de las Pencas es muy latino. Los nórdicos por ejemplo no tienen este problema porque su sangre fría los vacuna contra el problema. Por aquí arriba no hay alcahuetas, ni Pencas de barrio y la gente suele tener las ventanas sin cortinas para que puedas ver lo que sucede dentro de las casas. La gente actúa como si no tuviera nada que ocultar, aunque estoy seguro que de alguna forma lo llegan a tapar. Por eso aquí no hace falta el tener Pencas
Si aún vives en un barrio de esos con solera en los que no se han fabricado grandes edificios y por los que puedes andar saludando a todo el mundo por su nombre, entonces seguro que conocerás quienes son las Pencas del barrio y habrás oído algunas de sus legendarias historias. No se merecen nuestro respeto pero como especie en vías de extinción tampoco tienes que preocuparte. En unos años pertenecerán al pasado y sólo aquí podrás leer sobre ellas y lo que fueron en sus tiempos.
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