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  • La sala de las pinturas espeluznantes

    22 de septiembre de 2022

    Está clarito como la luz de un eclipse total que lo de la pintura fue algo que se desarrolló hasta convertirlo en obra maestra en Europa y que en los otros continentes, por razones que seguramente no podemos discutir porque nos cancelan inmediatamente, no se les dio pero que nada bien y en la keli de Jim Thompson tenemos este cuartito con unos cuadros con unas especie de pinturas terroríficas y que me recordaban a las cagadas que yo hacía en el colegio y con las que todavía tengo pesadillas. Lo más interesante de la sala está en las paredes, que se puede ver que esta parte de la keli es otro tipo de casa de las seis que fusionaron y la rueca esa que hay en el suelo, que por los cuentos occidentales, donde hay rueca, hay chocha del martes esperando macho que se la empete hasta los pelos de los güevos o en su defecto, hay bruja truscolana y podemita con dos barbas creciéndole desde cada uno de sus sobacos.

  • Que bien que estaba yo antes

    21 de septiembre de 2022

    Por más que el mejor blog sin premios en castellano tenga la longitud de un buen puñado de biblias y en él esté prácticamente todo el conocimiento universal y hasta local, esta es la primera y primerísima vez en el que se habla de un primer día de laburo en una nueva chamba. Ahora que ya lo he hecho en tres ocasiones, puedo confirmar y confirmo que la vida de parao es super-hiper-mega más satisfactoria que la de asalariado, pero volviendo al lunes, era el día designado para mi primera experiencia traumática, aunque también puedo retroceder en el tiempo al sábado por la mañana, después de volver a mi keli tras salir a correr por última vez como julay libre, ducharme y hacerme un chocolate con churros para desayunar, como casi todos los sábados. Estaba encochinándome a base de bien cuando veo que para una furgoneta de esas de los repartidores en mi puerta y pensé que alguno de mis vecinos habría comprado algún juguete sexual y cuando tocan mi timbre, me descolocaron totalmente y fui a abrir y me encuentro que me traen un ramo de flores, del que supuestamente es mi jefe y con una tarjeta que decía bienvenío al equipo, aunque yo traduzco esto como te vamos a joder que no veas. El lunes había quedado que estaría allí sobre las nueve de la mañana, pero vamos, que por supuesto me desperté tempranísimo y con una angustia existencial que confirma que la manzanilla y todas esas infusiones que prometen la paz espiritual son una puta falacia, que he comprado una caja con cuatro tipos distintos y ninguna me devuelve el sueño, por no mencionar, que no menciono, que al contrario que vosotros los mórbidos, a mí la angustia existencial me hace perder peso y llegué al lunes en los sesenta y tres y poco, que me estaba literalmente consumiendo y quedándome tan ligero que un mal peo o un mal aire, me puede lanzar a la estratosfera. Preparé todo para levantarme y tener una rutina eficiente y salí de mi keli antes de tiempo y fui con la bici a la estación que usaba para ir a Hilversum. Dejé la bici allí, en el aparcamiento gratuito y vigilado y pillé un tren para ir en dirección contraria, hacia el norte, hasta Utrecht Centraal y allí pillar el intercity que me bajaría a Bolduque, ciudad que está al sur, camino de Eindhoven. Al parecer el tren anterior se retrasó y cuando yo llegué al andén estaba vacío así que fui en un tren tranquilo, solo que iba media hora antes de la hora prevista. Al llegar a Bolduque, ubiqué el andén de la guagua que tenía que pillar pero dejé pasar una para no llegar allí un montón de tiempo antes. Aún así, con la siguiente, estaba casi veinte minutos antes de la hora y aproveché para pasear por un parque con un lago enorme cercano. Después fui al edificio y toqué el timbre de la recepcionista, me abrió la puerta, que allí no dejan entrar a cualquiera, le dije que tenía condena de trabajos forzados allí y se fue a buscar a mi jefe, al cual yo no había visto nunca en la vida en persona, solo en imagen en una pantalla de ordenador.

    El chamo se disculpó por la que me iba a caer, me enseñó mi sitio y al pavo que se sienta a mi lado, que es turco, pero no como mi turco, sino como los de verdad, de esos que si se ponen una mochila a la espalda llamas a los picoletos para que lo tiroteen por si acaso aquello explota. Este no sabe que arderá en el infierno conmigo porque todo lo que lleve de comer lo cocinaré y le añadiré manteca de cerdo y cerveza. Después mi jefe me llevó a darme la ronda de paseo por el edificio, visitando las dos plantas que tiene y las diferentes zonas de trabajo, pero sin presentarme a todo hijo de julay, como se hacía en la otra empresa, la de los que me echaron, que te provocaban angustia y ansiedad presentándote a cienes y cienes de personas durante una hora. Para cuando volvimos de la gira turística, un portátil empaquetado había aparecido en mi mesa y lo instalé y después me fueron indicando el lugar de diferentes cosillas que iba a necesitar. También me informaron que debía traer el bote grande de vaselina para el segundo día, para que me duela menos cuando me jodan y como de pasada, me dijeron que ya por la tarde del primer día y por circunstancias ajenas a sus voluntades, me llevaban a otro edificio que está a unos siete kilómetros y en el que hay un departamento nuevo que están montando para unas reuniones que tienen por la tarde para un proyecto nuevo y tal y tal y definitivamente, algo que ni me interesaba ni se relacionaba con mi trabajo, pero tuve que ir.

    Así que llegamos a la una de la tarde, cuando estoy en otro edificio, en una reunión con un turco, un portugués, un italiano, dos neerlandeses, un africano y una alemana y por video un gringo, un francés y otro que ni sé de donde era. Después vinieron cinco horas, repito, C-I-N-C-O horas en las que hablaron y hablaron y hablaron y yo ya tengo claro que ese proyecto está abocado al fracaso más absoluto. Aguanté las cinco horas como un campeón y con un cafelito. A las seis y pico de la tarde, mi jefe me alcanzó a la estación de tren porque aquello está tan dejado de la mano de algún Dios que por allí no pasa ni el transporte público y comencé el regreso a casa, que por suerte transcurrió sin problemas, con una conexión entre el tren rápido y el lento impecable, que no quitó que llegara a mi casa con el tiempo justito para cambiarme y salir cagando castañas a correr, que la idea era agotarme lo más posible para dormir más y al volver, me jinqué un cuarto de la empanada de atún que me hice, que yo las hago con la receta tradicional que compartió un día que estaba borrachísima cierta comentarista y no usando un soplete como otros que no voy a mentar. Por supuesto tuve que preparar la anotación mañanera del día siguiente, encolar la de la bici y después caí rendido, sabiendo que el segundo día sería aún peor, pero ese no pienso contarlo hoy.

  • El artisteo en la keli de Jim Thompson

    21 de septiembre de 2022

    Ya dije que Jim Thompson se dedicó a coleccionar arte asiático y kelis tailandesas que pegaba con pegamento ymedio y hoy tenemos uno de los rinconcillos artísticos de la casa con estas dos esculturas que seguramente alguien saqueó de algún yacimiento arqueológico y después las compró el pavo y esa especie de separador de habitación tallado en madera que se ve muy fastuoso y hasta el jarrón que hay delante, o la palangana, seguro que es super-hiper-mega especial. La verdad que como estaba todo muy bien puesto y al morir el tío sin tiempo a acaparar morralla la casa todavía no estaba petada, tienen una colección muy chula y muy agradable de visitar.

  • Otra fachada de la keli de Jim Thompson

    20 de septiembre de 2022

    El otro día vimos la parte de la fachada por donde se llegaba y se compraba la entrada y se veía como una cafetería o algo así en la planta baja. Del otro lado la casa (o casas, que son en realidad seis casas típicas tailandesas pegadas con pegamento imedio, que lo pega todo, todo, todo, salvo truscoluña, que no es nación) se ve más bonita, con muchas plantas y como integrándose perfectamente en el jardín de la misma, que la oculta de las calles de alrededor, que aunque parezca difícil de creer, esto está empotrado en una ciudad llena de rascacielos y edificios grandes y cuando estás allí dentro te olvidas de todo lo que hay afuera. El color que eligieron es muy parecido al de la pintura gratis que daban en el ayuntamiento de las Palmas, así que me pregunto si estos no se dieron un viaje allí para ahorrarse una pasta gansa en latas de pintura.

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