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  • Parásitos – Gisaengchung

    14 de diciembre de 2019

    Entre las pelis estas raras que llegan a la filmoteca en Amsterdam y que después pasan un par de lunes en sesiones únicas por Utrecht, hubo una que me llamó la atención y que es la que voy a comentar hoy. Lo primero decir que nada más ver el elenco de Papagüevos yo sabía con una certeza absolutamente absoluta que era cine coreano, ya que no hay ninguna otra raza que produzca seres humanos con cabezas como barreños de grandes. Pese al asco inicial, que todo el mundo sabe que a mí la gente de ese país me provoca un repeluz incontrolable, fui a ver Gisaengchung, aunque en Holanda se estrenó como Parasite y hasta estuvo en la cartelera española al final de octubre con el título de Parásitos, como los truscolanes.

    Una familia de julays cabezudos las pasan putas y canutas por culpa de otra familia de julays cabezudos

    Resulta que esto es como hombre rico, hombre pobre, con una familia que está bordeando la miseria y que gracias a que el hijo consigue un trabajo enseñando inglés a una niña rica, montan un plan para ir entrando todos a trabajar en esa casa y así trincar dinero. La cosa les va funcionando hasta que se les descontrola el cotarro o algo así.

    Debería decir que la película tiene dos ritmos totalmente distintos, tenemos una primera parte que es magistral y que la habría convertido en un peliculón y después tenemos una segunda parte en la que al director se le fue el baifo al cielo y cambió de tercio y jodió parte del crédito que había logrado, aunque el balance sigue siendo muy positivo. Tenemos que los pobres no parecen tener escrúpulos, son crueles y quieren la seguridad de la casa de los ricos a cualquier precio y estos últimos son un pollardón que siempre quiere complacer a su mujer, una tonta del bote que con las boberías que hace uno se pregunta cuantas veces se le tuvo que caer de cabeza al suelo a la comadrona para quedarse así y el hijo es un principito malcriado, como cualquier hijo de truscolana. La película arranca espectacularmente y toda la trama para pasar a trabajar para los ricos es de fábula, es dinámica y fantástica pero como dije, por desgracia la escena que desata el final lo caga todo.

    No es cine para los miembros del Clan de los Orcos porque os guste o no, no se ha hecho la miel para la boca de los necios. Sí que es una historia que gustará a los sub-intelectuales con GafaPasta.

  • La gran mentira – The Good Liar

    14 de diciembre de 2019

    El cine con ancestrales no es muy popular porque los Orcos y la gente joven lo que quieren ver en las pantallas gigantes son gente de su edad o menores y cuando le pones a una momia, les da un repeluz que no veas y por eso, por cada veinte películas con jóvenes tienes una en la que alguno de los protagonistas ya que se quita la dentadura y la pone en la mesa de noche antes de dormir. Lo que todos sabemos seguros es que en este género no hay super-héroes, que esto son películas sin mil millones en efectos especiales. La última que he ido a ver se titula The Good Liar y en España se estrenó hace un par de semanas con el título de La gran mentira, como truscoluña, que no es nación.

    Una julay comatosa se encoña de un chulanga de playa chica

    Una vieja conoce a un viejo a través de una App para que los viejunos puedan copular o algo así y se convierten en inseparables y siempre hablan de dinero y de cuanto tienen y cuanto no y resulta que el viejuno es un timador que quiere dejar a la vieja má pelá que la mojama junto a otro amigo timador. En esas que el nieto de la vieja como que lo ve venir y hará lo imposible por curarle esas fiebres vaginales a su abuela.

    Esta es una de esas películas con mentiras dentro de mentiras y en las que como nunca vemos la imagen completa de lo que está sucediendo, siempre hay un giro dramático que no vimos venir. El problema es que se enrollan demasiado, entretiene pero hay ratos en los que aburre porque se repiten mucho, tenemos al viejo siempre tratando de timar, la vieja que lo que quiere es amor y el nieto que quiere salvarla del timador que ella no ve. Dura cien minutos y probablemente le sobran treinta, con lo que se quedaba en un corto o en un episodio de televisión. Helen Mirren está maravillosa, como siempre, pero si aura no es suficiente para mantener el barco a flote. El nieto me sonaba un montón y al volver a casa descubrí que es Russell Tovey, que era el hombre lobo en la fabulosa serie Being Human de la que yo era muy fans.

    Esto no es cine para los miembros del Clan de los Orcos, que pueden sufrir daños en el sistema auditivo porque hablan mucho. Tampoco creo que llegue al nivelazo que esperan los sub-intelectuales con GafaPasta. Más bien es como un telefilm para ver en casa.

  • Mosteiro dos Jerónimos y caminando de vuelta a Lisboa

    13 de diciembre de 2019

    El relato comenzó en Llegando a Lisboa y quedándome en Belém

    Yo sabiendo que dormía tan cerca de la fábrica de los Pastéis de Belém, yo me despertaba mucho antes que mi Mi Band me agite la mano con las tripas ya gritando para que las lleve a comer. Por supuesto, todo esto sucede una purriada de horas antes de la Hora Virtuditas, que hay dos que probablemente jamás han visto un amanecer y se creen que el sol aparece mágicamente en lo alto del cielo. En mi último día en Lisboa, algo era diferente y finalmente lo identifiqué, no había tranvías yendo a Belém y en la calle parecían acumularse los pollardones que les priva el ejercicio colectivo para una maratón. Por supuestísimo, me jinqué mis dos pastéis de Belém con mi cortado y además me compré dos cajas para llevar y también un Bolo de arroz que ha sido el descubrimiento más importante que le ha sucedido a la humanidad desde que se hicieron los primeros gallumbos. El día estaba nublado y según la previsión meteorológica, podía llover. Tras el desayuno me acerqué al Monumento aos Descobrimentos, que era justo el lugar por el que comenzaban todas las maratones y con la niebla, no se podía ver el puente 25 de abril. Volví a la pensión, pillé mis cosas y me fui al Monasterio dos Jerónimos ya que lo quería volver a visitar. Compré mi entrada y como la vez anterior, me maravillé con ese claustro espectacular que tiene:

    Acababa de abrir así que en la foto faltan las doce mil personas que tenéis vosotros en las vuestras llegando un par de horas más tarde. En el cielo se puede ver la nube esa pegajosa que cubría el cielo. Desde una de los arcos con ventanas de la planta baja tenemos esta foto tan fastuosa y con tanto artisteo:

    Estuve un rato largo por allí antes de salir e ir andando por Belém hacia el Maat, el museo de arte moderno, ese que te deja helado y que no quería visitar, pero al que le quería hacer fotos. De entrada lo vemos con una imagen del día anterior cuando pasé en barco, para que se pueda apreciar al completo su forma:

    Nos olvidamos por el momento de ese edificio tan icónico junto al Tajo y justo a la izquierda de la imagen anterior está una central eléctrica que han transformado en museo, la Central Tejo:

    Ese museo sí que me interesaba y entré a verlo, que mi padre trabajó hasta retirarse para cierta compañía eléctrica española que cayó en manos de italianos y la están desmantelando y mi primer trabajo con mi amigo Sergio también fue haciendo instalaciones en centrales eléctricas. El museo es flipante, tienen toda la maquinaria y aquello es una orgía mecánica. Flipé y flipé y flipé. Creo que la cantidad de visitantes en aquel momento éramos dos. Cuando salí, iba bien de tiempo y decidí que en lugar de coger el tren para volver al metro que me puede llevar al aeropuerto, podía ir andando hasta allí.

    Antes de eso, tenemos un poco de artisteo desde el Maat con el puente en la neblina al fondo y también vemos la avenida junto a la orilla del río. El puente se merece una foto sin el mamotreto:

    La nube se movía continuamente y el puente aparecía y desaparecía. Según me acercaba al puente, el zumbido aumentaba. La culpa es que en lugar de carretera asfaltada, el puente está hecho de unas rejillas metálicas y el ruido es tremendo. Parece ser que por seguridad los coches no pueden ir sobre el mismo a más de setenta kilómetros por hora. Por supuesto, tenemos un documento espeluznante y original para probar lo dicho:

    Se puede ver la forma de al menos tres coches. Por debajo de ellos está el tren, que si hubiese estado pasando también lo veríamos. La foto, a propósito, la hice el día anterior en el paseo en barco a la hora de la puesta de sol. Seguí caminando en dirección a la estación de trenes, metro y ferries de Cais do Sodré y me acordé que el primer día desde el tranvía había visto un sitio llamado A Merendeira que despertó mi curiosidad porque vendían Pão com Chouriço, que yo desde que lo descubrí en mi anterior visita a Lisboa me hice fans de esa maravilla culinaria portuguesa. Almorcé allí y después me fui a la Mantegaira para comprarme un pastel de nata y ya puestos, me pillé otra caja con seis para llevar. Ya era la hora de tirar para el aeropuerto así que hice la ruta inversa al viernes, con metro y cambio de metro hasta el aeropuerto. Allí, como no necesitaba la tarjeta de embarque pasé el control de inseguridad y busqué un rinconcito en la terminal para apalancarme. El avión llegó con casi una hora de retraso por culpa de un temporal de viento en Holanda y salimos con retraso porque no le daban permiso desde Schiphol, aunque el piloto recuperó gran parte del retraso con el viento. El aterrizaje fue de esos en los que todo el mundo está callado con los cojones empujando las amígdalas porque el avión daba unos bandazos brutales. Comentar como de pasada que volvieron a darme asiento de ventana, así que cierto comentarista ya sabe lo que viene a continuación. El despegue fue una porquería por la niebla, pero lo tenemos y el aterrizaje es mucho más lindo porque no había nubes y pasamos sobre la Haya primero y después por la parte del muelle de Amsterdam. Ambos vídeos están incluídos en este resumen especial y espectacular amenizado con la canción From Now On del musical The Greatest Showman que tanto le gusta a Virtuditas:

    Tras aterrizar, como iba en la punta de atrás del avión y es enorme no salí a tiempo de pillar el tren de las diez y veinte de la noche y tuve que esperar hasta las once menos diez, ya que justo el que perdí era el último de los trenes cada quince minutos y a partir de ese había dos por hora. El tren salió con cinco minutos de retrasos que hicieron que perdiera la conexión con la guagua a mi casa y tuve que esperar por la siguiente quince minutos, con lo que tuve una sucesión de desastres por retrasos en el vuelo de regreso que hizo que viniera entrando en mi casa casi a la medianoche. Mi siguiente destino son las vacaciones navideñas en Gran Canaria y para llegar allí, volveré a pasar por el aeropuerto de Lisboa.

  • Los azulejos del claustro de la Sé do Porto

    13 de diciembre de 2019

    De alguna manera cuando pasamos por la Sé do Porto se me olvidó poner esta foto de una de las paredes cubiertas con azulejos en el claustro junto a la catedral. Todo el claustro estaba rodeado con azulejos contando relatos bíblicos y similares, también en la primera planta.

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