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Tremenda distancia cristiano

Por circunstancias de la vida que vienen al caso, yo llevo casi cuatro años corriendo, ya que no quiero ser obeso como algunos comentaristas que no vamos a mentar o culocochistas, como quizás sean los mismos comentaristas u otros. Comencé en algún momento del final de la primavera del 2016 con un programa para llegar a los cinco kilómetros en doce semanas y tal y tal y tal, aunque llegué mucho antes. Después pasé por la fase esa de querer correr más y más kilómetros hasta que descubrí que me aburro si corro más de media hora, con lo que mi distancia quedó fijada en los seis kilómetros y el objetivo es hacerlos en menos de treinta minutos. Al final de ese 2016 me compré una Mi vand de esas, el primer modelo, sin pantalla ni nada y comencé a usar su programa en mi androitotorota para saber las rutas que hago, los kilómetros, el tiempo y en versiones posteriores hasta las pulsaciones de mi corazón durante ese ejercicio y los peítos que me puedo o quiero tirar, que puede suceder y posiblemente suceda que el esfuerzo físico te lleve a soltar gases que te lastran. Desde aquel momento hasta ahora pasé de la Mi vand a la tres y después a la cuatro, creo que me salté la dos y como siempre soy el mismo usuario, cambio de una a otra y me mantienen lo recorrido, con lo que podemos saber que en ese tiempo he hecho ciento sesenta y seis carreras y recorrido novecientos tres kilómetros, casi novecientos cuatro. Han habido meses en los que paro, particularmente en invierno porque no me mola nada correr de noche ni si llueve y puede suceder y sucede en los Países Bajos lo segundo, que lo primero sucede siempre entre noviembre y febrero y me obliga prácticamente a dejarlo o a reducir la distancia. También he tenido alguna lesión y las susodichas vacaciones que me distraen del tema, pero siempre regreso al mismo. Hasta el enclaustramiento, el objetivo era correr dos veces por semana, aunque en la actualidad se ha convertido en correr cada dos días, es decir, con cuarenta y ocho horas entre ellas. Además y gracias a la ausencia de lluvia, estoy consiguiendo hacer seis kilómetros desde algún momento de abril, salvo por una ocasión en que me llovió. El lunes y con los últimos seis kilómetros superé los novecientos, distancia que medida linealmente va desde la puerta de mi keli hasta Venecia, si lo hiciese de un tirón. En el camino cambié de zapatillas deportivas, ya que gasté las primeras y ando por mi segundo par, aunque que nadie se piense que me gasto un pastón en las mismas que yo no compito ni quiero ganar medallones porque sé que no son de oro puro del que cagó el moro y a mí las medallas esas falsas no me motivan, igual que no me molan las masas de chusma y gentuza que se apelotonan en esos eventos populares. Yo voy a mi aire, casi siempre en un descanso por la mañana y tampoco me estoy preocupando de mejorar la velocidad, así que me mantengo rondando los veintinueve minutos, bien por debajo de los fatídicos treinta que corren los perdedores. En ocasiones, como el lunes pasado, bajo a los veintiocho pero sucede raramente porque ya procuro regularme y evitar el ir más y más rápido, que la tentación existe, pero no sirve de mucho y se trata de hacer algo de deporte y nada más. Esta semana, al ser el primer día el lunes, caerán cuatro entrenamientos y la semana que viene será de tres, siguiendo un ciclo que no sabemos cuando decaerá. Siempre, siempre, siempre me da pereza para ir y mi cerebro se inventa dieciséis excusas para no hacerlo que tengo que ningunear, igual que cuando llego al cuarto kilómetro me dice que pare inmediatamente y después resulta que el quinto kilómetro suele ser siempre el más rápido y al acabarlo me suplica que lo deje y yo sigo por no tener que caminar durante diez minutos y llego al sexto también con muy buen tiempo. Hace un tiempo expliqué el circuito que hago y sigue siendo el mismo, con sus tres posibles variantes y la ruta la determina la posibilidad de lluvia o de viento. Al ritmo que voy, es posible que este mes el total alcance los noventa kilómetros o sea, el diez por ciento de toda esa cantidad la habré hecho solo este mes, ya que nunca jamás me pude imaginar un escenario en el que no tendría cines abiertos ni iría a la oficina o a salir por ahí. En junio, cuando abran los cines, la cosa cambiará y me temo que reduciré el ritmo porque sé de uno que irá al cine todo lo que pueda, pese a la limitación de treinta julays por sala independientemente del aforo, la reserva previa de la entrada y la movida de la desinfección al llegar al cine, que están convirtiendo toda la experiencia en algo que recuerdas para los restos y todo para poder ir a ver películas viejunas, que van a arrancar sin estrenos. Acabando con el tema, que estoy hecho un máquina y que al contrario que muchos, que han preferido incrementar las lorzas, yo opté por comer bien, jiñar mejor y equilibrar el desfase haciendo gimnasia todos los días y yendo a correr en días alternos.

Por sulaco

Maximus Julayus

4 respuestas a «Tremenda distancia cristiano»

Aparte de que no me gusta correr, aunque quisiera, no podría, me lo impide una vieja lesión y operación de tobillo, pero andar si me gusta, estuve largo tiempo sin poder hacerlo por la lesión de rodilla que sufrí y que me ha tenido en dique seco hasta hace unos días en que ya he empezado a andar de nuevo aumentando la distancia dia a dia hasta que consiga andar de nuevo una hora diaria, como lo hacia antes, y la cosa va muy bien por ahora, aunque siempre con miedo a una recaída, esperemos que nunca ocurra, yo pongo mucho cuidado en no forzarla..
Salud

Y todo este post para que te aplaudamos o algo así? haaaaaala…. muuuuy biiieeeeennn ….. psé.

Virtuditas, ya te salió la Maléfica que llevas dentro.
Genín, ya pronto llegarás a la puerta de tu casa y en menos de una hora, que pasada 😉

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