Desde Sangalaki a Sipadan

El relato comenzó en Desde Utrecht a Bali pasando por Doha

No lo comenté en la anotación de ayer pero los del club de buceo me regalaron una camiseta. Para ir desde Scuba Junkie Sangalaki al de Sipadan es una odisea que comienza el lunes a las cinco y media de la mañana, que es el único día que tienen apalabrada una conexión en falúa. Los nueve llegamos puntuales y vinimos saliendo sobre las seis menos veinte. Después fueron casi tres horas de suplicio porque va a todo meter y salta tanto que en la primera hora mi contador de pasos ya había contado más de diez mil. No se puede dormir, con el meneo y entre la gente y mochilas, maletas y demás, va petadísimo.

Sobre la ocho y media llegamos a la isla de Tarakan y allí nos esperaban coches para llevarnos al aeropuerto. Llegamos a las nueve de la mañana y nuestro vuelo era a las once y media. Aprovechamos para comer algo y después sacamos las tarjetas de embarque y descansamos por allí. Después pasamos el control de pasaporte y el avión llegó en hora, un pequeño ATR-72 de Malaysia Airlines que vuela desde allí a Tawao, convirtiendo el aeropuerto en internacional. El vuelo en sí mismo dura como media hora, con lo que no da tiempo de nada. No tuve asiento de ventana así que me ahorré el vídeo. Llegamos y en el aeropuerto Malayo pasamos el control de pasaportes y resultó que es uno pequeño y no tenían cajeros automáticos. Nos recogieron y nos llevaron hasta Semporna y es un viaje terrible, de hora y media con un montón de tráfico. Llegamos a la oficina como a las dos de la tarde y el barco que nos tenía que llevar a Mabul salía en treinta minutos. En el poblacho solo hay una oficina bancaria y la cola en el cajero automático era épica. Eso sí, conseguí comprar una tarjeta SIM con giga y medio por dos leuros y válida para una semana.

En el barco íban los chiquillos canadienses, el Elegido y al menos cinco personas más. El viaje fue de más de una hora y llegamos sobre las cuatro de la tarde. Después nos repartieron por nuestras habitaciones y a las cinco nos dieron una charla explicando las reglas y los usos del lugar. A las seis y media quedé con los niños para cenar, vimos el grupo en el que nos habían puesto para bucear al día siguiente y todo el mundo se fue a la cama temprano porque la noche anterior dormimos cuatro o menos horas. Dentro de todo, esta fue la menos complicada de mis jornadas de transición entre lugares.

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Cerrando el ciclo con una nueva visita a Sangalaki

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Como tanto los malayos, que eran conocidos como el equipo Nasi Goreng, como los Niños, que son los canadienses y un servidor nos íbamos el lunes por la mañana, el domingo queríamos una sesión suave y aunque inicialmente nos pusieron para ir a una isla cercana, pedí que nos volvieran a llevar a la isla de Sangalaki, que fue el primer lugar en el que buceé al llegar a Derawan. Nos pusieron a todos en el mismo barco, con lo que íba petado, con once buceadores, cuatro Dive Master, el capitán y su asistente. Salimos como siempre en hora y sobre las nueve ya estábamos listos para regresar a Manta Parade. El lugar es como colinas con corales y un montón de vidas y entre ellas campos de arena blanca con rocas de cuando en cuando. Visualmente es precioso y nos topamos con un banco de peces gigantesco, de hecho estoy convencido que cuando ya estaban fuera de nuestra visibilidad, daban la vuelta y regresaban a la parte de atrás porque es imposible que fuera tan grande. Estuvimos una hora y como bajamos a poca profundidad, el descanso entre inmersiones lo acortaron un poco para que saliéramos del agua antes.

La segunda inmersión era en el mismo punto, Manta Parade, pero siguiendo una ruta distinta y en esta nos encontramos con una sepia, con un pulpo, con un bicho que parecía un atún enorme pero es de otra raza y con algunos nudibranquios curiosos. En un momento determinado, apareció una manta Ninja, las que son negras por ambos lados y flipamos en colores. Salimos después de una hora alucinando porque llevaban dos semanas sin ver mantas por allí. Tanto en la primera como en la segunda inmersión yo buceaba con los niños canadienses y su Dive Master, que es una chica danesa encantadora y mi Dive Master, un indonesio de la misma isla y pueblo que el que tuve en Komodo se dedicó a enseñarme el culo cada vez que nos cruzábamos.

Almorzamos en el barco para no perder tiempo y la tercera inmersión era en Manta Parade. Vimos una cosa que me dijeron que se llama polilla de mar, vimos una mantaraya, unas gambas preciosas y cuando estábamos a medio camino, apareció una manta. Nos lanzamos al fondo y la vimos pasar, pararse delante de nosotros y continuar. Estábamos todos flipando cuando llega una segunda, aún más grande y nos hizo el mismo espectáculo y cuando terminó de pasar grabé las reacciones de mis colegas, todo el mundo en extasis. El equipo de los malayos se cruzaron con unas más pequeñas pero en un grupo de siete. Estábamos fuera del agua antes de las tres, sin problemas para superar holgadamente las dieciocho horas que no se puede volar si buceas y cuando regresamos, pagamos lo que debíamos y el equipo de los malayos, el nasi goreng, iba a cenar con nosotros. Pidieron una cantidad ingente de pescado y marisco, con gambas, langostinos, pescados fritos, hechos en salsa, con calamares fritos, verduras y nasi y bami goreng. El total salió a doce leuros por persona. Aquello fue el acabose. Después nos volvimos al centro de buceo y se montó una fiesta en la que se terminaron las dos botellas de whiskye que tenían y una cantidad ingente de cervezas. Nos fuimos a la cama como a la una de la madrugada y nos venían a buscar a las cinco y media.

Este fue nuestro último día en Scuba Junkie Sangalaki. El relato continúa en Desde Sangalaki a Sipadan

Tripitiendo con Kakaban

Después de las épicas inmersiones que hemos hecho en Barracuda Point, todos en los dos barcos tenemos claro que en ese lugar es donde más nos divertimos, en una misma inmersión vivimos entre quince o veinte minutos de pura acción a veintipico metros de profundidad viendo tiburones grises y de punta de aleta blanca enormes, viendo bancos de barracudas y bebés de tiburón escondidos bajo los corales mesa, después sigues el camino y te tropiezas con peces Napoleón enormes y comienzas a bucear junto a una pared llena de corales y peces y otras maravillas y por eso, los malayos y los niños canadienses se pasan el día llorando para que pida que repitamos y conseguimos ablandar el corazón de los que llevan el centro de buceo y programaron los dos barcos para volver a Kakaban.

Por la mañana, desayuno a las siete, como siempre y allí ya nos conocemos todos así que aquello es un campo de batalla tirándonos puyas. Lo vuelvo a repetir, en estos sitios, se crean vínculos con la gente que está haciendo la actividad contigo, es imposible permanecer aislado. A las ocho salían los dos barcos y esta vez me tocaba ir con los malayos, que parece que soy el único que salta de un barco a otro sin problemas. Hicimos el trayecto de una hora y llegamos a Barracuda Point con los dos barcos y una nueva pasajera, la chica que controla junto a su novio el complejo decidió venir con nosotros para hacernos una pequeña auditoria, con lo que algunas de las cosas que hacemos bajo el agua iban a estar bajo su lupa. De mi barco saltaron primero los malayos, nosotros fuimos detras y para cuando llegamos a los veintipico metros, aquello parecía una calle comercial en hora punta. Éramos diecinueve allá abajo. Había un banco de barracudas enorme pero no vi muchos tiburones. Aún así, fue divertidísimo y después tuvimos que relajarnos buceando por la pared y visitando la morena, el pez león, los nudibranquios y otros bichos que ya sé hasta donde se encuentran, ya que para mí esta era mi quinta vez.

Cuando salimos, nos fuimos a descansar al lago de las agua vivas, por tercera vez y de nuevo fue gratis. Los chiquillos canadienses volvieron a Barracuda Point y nosotros nos fuimos a Kakabanana, con uno de los nombres más desafortunados de la historia del universo conocido y por conocer. Es otra pared vertical y en ella vimos un montón de caballitos de mar pigmeos, que básicamente son de unos milímetros de grande, vimos un cangrejo araña, que son mucho más pequeños que los del atlántico y una ración de nudibranquios y otras cosillas. Esta para mí era una inmersión para descansar y reservar fuerzas para mi último viaje a Barracuda Point.

Salimos y volvimos al pantalán a comer y entre inmersiones nos juntábamos los dos barcos y los chiquillos me pidieron que rogara por ellos y que les dejaran hacer tres veces la misma inmersión. Hablé con su Dive Master y lo acordamos y después les dije a los futuros cirujanos que más tarde tenían que invitar a alguna cerveza a su Dive Master porque se la merecía. Con este cambio, de nuevo los dos barcos volvían a Barracuda Point, así que pedí que mi grupo fuera el primero en bajar. Llegamos antes que nadie y allí estaban el tiburón gris de arrecife, el blanco, una Barracuda gigantesca, un banco de peces enormes y en los primeros minutos, todo para nosotros solos. Fue flipante. Después vemos como un alud y eran los malayos, que llegaban en masa. Seguimos y después nos encontramos una tortuga gigantesca, vimos los peces Napoleón, nos topamos con otro tiburón y la inmersión se hizo corta porque gastamos todo nuestro aire en la zona de los tiburones así que salimos tras tres cuartos de hora en lugar de la hora que solemos hacer.

Nuestro barco fue el primero en regresar y por la tarde la pasamos hablando, gritando, brincando, contando historias y jugando a juegos chorras, antes de irnos a cenar y darnos un banquete y después volver para seguir jugando un rato más. Fue otro día increíble, el penúltimo de buceo aquí en Scuba Junkie Sangalaki.

Mi segunda visita a la isla de Kakaban

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Si hay algo que tengo claro es que mi sitio favorito de los que suelen ir en Scuba Junkie Sangalaki es la isla de Kakaban y particularmente las inmersiones en Barracuda Point. Esta mañana como siempre a las siete era el desayuno y los buenos días a todos y después a las ocho menos cuarto todos llevábamos a nuestro barco los plomos, trajes, botines, aletas, máscara, ordenadores de buceo y cámaras para otro día épico y legendario y otra vez, iba con los chiquillos canadienses, que nos hemos adoptado mutuamente y cuando los malayos no me acaparan, me estoy riendo con ellos, recién graduados como médicos y ahora dispuestos a empezar su especialidad en julio durante años y vamos a tener un cirujano de medicina interna, otro de alguna coña de los oídos o las entrañas del cabezón y el tercero uno de medicina general.

Salimos exactamente a las ocho y llegamos a las nueve en punto y fuimos directamente a el muro de la meditación, que para mí es la peor de las que se hacen allí porque es mirar una pared vertical petada de algas y corales, petadas de peces y más peces pero chacho, yo soy de bichos grandes y si te digo la verdad, es que no me acuerdo ni de lo que vimos, pero medité un montón contando los minutos hasta la hora para salir e ir a donde yo quería ir.

Primero paramos de nuevo para visitar el lago de las agua vivas y de nuevo lo vimos gratis y nos reímos y disfrutamos como bellacos nadando con esos adorables bichos. Cuando estábamos volviendo a nuestro barco comenzó un chaparrón brutal pero como ya estás mojado y el agua es a treinta grados, ni lo notas y como todo lo llevamos en bolsas a prueba de agua, pues ningún problema. Después de allí enfilamos a el punto de las Barracudas, mi inmersión favorita y que ya había hecho dos veces la primera vez que estuve allí y lo flipé en casi todos los colores. Ya yo le había dicho a los niños que aquello iba a ser el acabose y que no lo olvidarían nunca. Saltamos, bajamos a unos veintiseís metros de profundidad y de repente apareció el tiburón gris de arrecife, los tiburones de punta de aleta blanca enorme y nosotros nos agarramos al suelo como pudimos y aquello era una fiesta de tiburones enormes alrededor nuestro, una raya águila y nosotros flipando. En eso que mi Dive Master, que está cerca, me dice que vaya hacia él, agarrándome de unas lianas que crecen en el fondo y que son fortísimas y me pide la cámara y debajo de un coral a su lado hay dos tiburones de punta blanca bebés. Flipé y cuando volví a mi zona, vi que debajo de todos los corales estaba infectado de tiburones bebé. Aguantamos allí diecisiete minutos antes de tener que subir porque nos bebíamos el aire y además, nos acercábamos peligrosamente a la línea en la que es necesaria la descompresión. El resto de la inmersión fue en una pared, a unos diez metros de profundidad, viendo corales, algas y bancos de peces pequeños de todo tipo y justo al final también vi cuatro tortugas. Cuando salieron los chiquillos, no paraban de gritar y flipar y hasta nos tiramos todos al agua juntos y meamos todos allí mismo, en lugar del sistema cortés de mear de uno en uno. Yo ya había amenazado a mi Dive Master y le había dicho que queríamos repetir allí pero él tenía otros planes y quería una inmersión en algún otro lugar sin peces grandes y que dependía de lo que quisieran los otros. Está claro que ese no me conoce así que le expliqué a los chiquillos que las dos opciones eran repetir o ir a una mierda de sitio a ver peces pequeños y ellos por unanimidad pidieron regresar allí para la tercera. Antes de eso almorzamos y caminamos un poco por una playa de la isla.

No tuvieron ni que rogarnos para que nos preparáramos, nos pusimos los trajes super-rápido y estábamos todos super-hiper-mega excitados. Nos lanzamos, bajamos y en el mismo lugar, de nuevo un festival de tiburones y nosotros alucinando y hasta hice un vídeo en el que se puede ver a todo el mundo y dos tiburones enormes como un truscolán obeso. Estuvimos allí dieciséis minutos y cuando nos íbamos vi unos peces enormes que creo que eran el Napoleón. Después subimos a la zona de la pared vertical para ver nudibranquios y cangrejos diminutos y cosillas así, que están bien pero no es lo mismo. Vi una tortuga en la zona y salimos a la hora. En el barco todos flipábamos y según volvimos apalabramos volver al siguiente día, así que mañana será más de lo mismo en mi penúltimo día buceando en Derawan.

Por la noche, quedé para ir a cenar con los chiquillos y apalabré con los malayos que pidieran comida para nueve el día siguiente y cenaríamos todos juntos, que como ya he dicho, esta actividad crea fuertes vínculos entre la basca.

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