2046

En mi afán por disfrutar de cine alternativo, de vez en cuando me pego unos batacazos de cuidado. Es lo que me ha sucedido con 2046, un engendro chino que espero olvidar lo antes posible. A mí me gustaría contaros el tema de la película, pero no consigo recordarlo. He tratado de concretar y sintetizar mis pensamientos sobre la película, pero no sé si lo he conseguido:
… 1 hora más tarde. Aún no recuerdo la trama pero creo que la película era en color y repetían una canción todo el tiempo.
… 10 horas más tarde. Dicen que las mujeres chinas son las más guarras del mundo y que las fluctuaciones de la bolsa se deben al ciclo menstrual de la novia del heredero al trono británico.
… 100 horas más tarde. En un pueblo italiano allende las montañas vive nuestro amigo Marcos, en una humilde morada. Un tren corre por inexistentes vías sin origen ni destino.
… 1.000 horas más tarde. Hay mujeres que follan por vicio y otras por negocio. Algunas cobran por ello y otras pagan. El café de Colombia es exquisito y deja un suave regusto amargo en el paladar.
… 10.000 horas más tarde. Hay tantos chinos en China y tan pocos mejicanos. Hay mujeres que nunca tienen bastante y otras a las que incluso no darles nada les parece suficiente. Y esa música que sigue sonando, siempre la misma canción, siempre interpretada por la misma cantante.
… 100.000 horas más tarde. La lluvia en Sevilla es una pura maravilla. The rain in Spain falls mainly in the plain. Paga tú la cena que yo me abro de piernas. No me compres un peine que yo no quiero peinarme.
… 1.000.000 horas más tarde. Luces en la planta de los pies porque soy un robot que busca el amor entre ovejas eléctricas. Luceros de paz alumbran el camino de los dioses. Los sellos transportan nuestros sueños de un punto a otro.

Si no habéis entendido nada, ya sabéis lo que os espera si osáis ir a ver 2046. No es mala, es que sobra casi todo. El director Kar Wai Wong se ha creído que es un artista y se dedica a juntar historias inconexas que orbitan alrededor de un panoli, adornándolas con una fotografía místico-religiosa, muchos planos cortados y no enfocados, unos diálogos absurdos e increíbles y nada más. Es como una de esas muñecas rusas que al abrirlas nos descubre otra y otra y otra más hasta el infinito. No perdáis vuestro tiempo y mucho menos vuestro dinero.
gallifante

Lobos cuaternarios

Después de unos días en España, esa España mía, esa España nuestra, aaaah, creo que va siendo hora de empezar a plasmar las terroríficas impresiones que en tan corto periodo de tiempo he tenido a bien de sufrir.
Hace ya tantos años que ni me acuerdo de cuando comenzamos con la tradicional salida de Nochebuena en los alrededores de la Plaza de Santa Ana. En los comienzos, solíamos llevar cada uno una botella de Cava Catalán y nos cogíamos una melopea del quince. Ahora en nuestra madurez, pagamos las copas en los bares, en mi caso LA CERVEZA puesto que como conductor irresponsable no pude beber más y ya no hacemos cola para entrar en los locales. El gorila que bloquea los lugares de moda es capaz de oler el dinero y un ?Ábrete Sésamo?? suele ser suficiente para obrar el milagro. De la observación exhaustiva de la flora y fauna nocturna, me he quedado impactado por como están las coyotes. Tenemos las exageradas que se ponen guantes y bufanda con diecisiete grados de temperatura y las que por falta de tela, van con el potorro al aire. Sigo creyendo que se realizan experimentos bio-nucleares en este barrio, porque esas hembras gordas como cochinas y con tan poca vergüenza no son normales. Algunas hacen parecer al muñeco Michelín anoréxico. Pero ahí están, medio desnudas, cargadas de Airbag laterales y a grito pelado por la calle, mostrando su (falta de) educación.

Fui testigo primerísimo del auge de los pseudo-metrosexuales, esa banda de subnormales y tarados que se afeitan de forma exótica y creen pertenecer al club de David Beckham y similares. Esos infrahumanos pululan por doquier, paseando su falta de clase y estilo que parece atraer tanto a las coyotes canarias, las mismas que han marcado un nuevo record en incultura y falta de educación durante este año. El año que viene seguirán otra moda, estoy seguro. Por ahora, gracias a su incapacidad para la lectura, desconocen que vuelve el hombre con pelo. Si compraran el Muy Interesante, por ejemplo, verían que todos los anuncios de colonia vienen con modelos ?osito??. Nuestros metro-in-sexuales, en su ignorancia supina, van afeitados al máximo: brazos, pecho y todas las áreas a la vista. A mí me dan arcadas cuando los oigo hablar. No vocalizan y su vocabulario es muy limitado. Ni soñéis con complejas estructuras gramaticales. Ellos se limitan a: ¡Ven pa?quí! ¡Mira! ¡T?voy a meter un?hostia! ¡Chacho! ¡Surnormal! ¡?ooos!

Redundando en el metrosexualismo de mierda ese, tuve el privilegio de departir con uno de ellos por unos minutos. Se autodefinía metrosexual, aunque yo lo clasificaría más como cacho de carne de cañón apropiado para primera línea de batalla en el frente. El susodicho lucía delicadas líneas en su barba que le daban una pinta entre amariconado y bujarrón del quince. Hablamos con él en la calle, pero tengo clarísimo que nunca me quedaría a solas en una habitación con un individuo con esa barba. Ese te coge en las duchas del gimnasio y a poco que te descuides te hace un ocho donde tú sabes.

Una preocupación que tanto mi amigo anormal como yo compartimos es la degradación cívica del entorno del Multicines Monopol. La plaza de las Ranas y alrededores es territorio de metrosexuales y mariquitas del coño. Nosotros, como intelectuales incultos, preferimos ir a dicho cine para incrementar los puntos de cultura de nuestros personajes de rol. Así nos va, que ayer vimos 2046 y aún me tiemblan las piernas. Próximamente contaré las verdades sobre dicha película. La fauna que acude a dicho multicines es muy variada. Señoras entre 45 y 60 años, enjoyadas y enlacadas al máximo, además de lucir con garbo y desvergüenza esos trajes con estampados floreales que en algunos países son constitutivos de delito. Nosotros nos dejamos ver y las rondamos, porque tenemos la firme convicción de que nuestro futuro está en el matrimonio con señora mayor adinerada. Somos lobos cuaternarios rondando la manada, buscando presa con cuenta bancaria saneada a la que atarnos por unos años y sablearlas hasta el infinito y más allá. Es vox populi que con la edad que tienen han de ser unas viciosillas de cuidado y seguro que no le hacen ascos a nada, permitiéndonos saciar nuestros más sucios instintos, que misioneros ya hay bastantes en África. [Nota del traductor: buscad los diversos sentidos de la frase]

Aparte de esas damas de alta cuna y baja estatura, el cine estaba lleno de unidades con pérdida máxima de aceite, o dicho de una forma más poética, hombres que hacen de su culo un florero. Esos no le quitaban ojo al colega anormal. Diga lo que diga Rodolfo, la ceja única de anormal les produce un morbo bestial y les atrae como la miel a las moscas. Las mías fracasan rotundamente con el colectivo y no consigo levantar siquiera una de sus pestañas. Dejémoslo estar así. Ayer era el día de la pareja en el cine y mira por donde, nos tomaron como pareja de desecho y la entrada nos costó más barata. Anormal, que en circunstancias distintas hubiera obligado a la taquillera a cobrarnos la diferencia, se alegró del ahorro conseguido aún a costa de nuestro deshonor. Es lo que tiene la pela, que amansa las fieras.

Ocean’s twelve

Cuando vi el trailer ya me lo imaginaba, pero ni eso consiguió mantenerme alejado de las salas de cine. Tres años después de la famosa Ocean?s Eleven ha llegado la secuela. Ocean?s Twelve parte tres años después del famoso atraco. Con el mismo grupo de caretos que la primera y alguna nueva incorporación.

Dirigidos de nuevo por Steven Soderbergh, quien parece haberla hecho para darse unas vacaciones en la vieja y pérfida Europa. Todo lo que convertía a la primera parte en una película entretenida falta en su secuela. No hay guión, que ya es decir. Después de una hora de película no se sabe quien es el malo, no se sabe que van a robar y lo único que sabemos a ciencia cierta es que hay una competición de primeros planos entre los actores para disfrute de las hembras que llenan las salas y que lubrifican con cada nuevo plano. No hay más.

Brad Pitt y George Clooney pueden ser perfectamente substituidos por posters y no se perdería nada, porque realmente no actúan. Julia Roberts sale fea, VERDADERAMENTE FEA. Mira que a mí me gusta esa mujer, pero esta no será una película en la que la recuerde. Matt Damon hace lo que mejor sabe hacer, el tablón. Que poca expresividad que tiene este tío. Es peripatético. Y la nueva, la flamante Catherine Zeta-Jones, sobra.

Así que por si os queda alguna duda, lo vuelvo a repetir. Es una película MALA. Uno de los colegas con los que fui al cine se durmió más de media hora ¡sic!, lo cual dice mucho. Para comprobar si debéis ir a verlo o no, mirad hacia abajo. Si llevas falda, minifalda o zapatos de tacón, vete a verla y no te olvides de ponerte una compresa para que no dejes perdida la butaca del cine. Si tienes tiburón, abstente de verla salvo que forme parte de la campaña para pulirte el dispositivo femenino que va contigo al cine.
gallifante gallifante

Vuele con nosotros

Mi primera tentativa de traición a las Líneas Aéreas de España para volver a casa por Navidad no ha podido ser más satisfactoria.

El mejor aeropuerto europeo con diferencia, en mi modesta opinión es Schiphol, el aeropuerto situado a las afueras de Ámsterdam. Visitarlo es siempre un gusto. Es un lugar que no fue diseñado por un subnormal pretencioso pollaboba de mierda con ansias faraónicas (como suele suceder en los aeropuertos españoles) sino que se pensó para que fuera funcional y hacer la estancia de los pasajeros lo más placentera posible. Así que el jueves tras llegar, recogí mi billete (comprado el 10 de Agosto …) y facturé. KLM ha optado por instalar máquinas que permiten la autofacturación. Ahora podemos comprobar empíricamente como uno mismo, sin los estudios adecuados ni la formación oportuna, puede facturar su equipaje en menos de 60 segundos. Para alguien que como yo, ha pasado horas de su vida en colas esperando para completar el molesto trámite, esto es el invento de la década y espero que pronto se extienda por todo el universo universal de los aeropuertos que yo visito.

Schiphol tenía una decoración navideña bastante sobria. Lo más impactante eran los árboles de navidad andantes. Vas caminando por el aeropuerto y de repente te cruzas con un árbol de navidad que viene hacia ti. De vez en cuando uno de estos árboles se detenía, se abría y en su interior descubrías un mini-Santa Claus, una persona de altura limitada vestida para la ocasión. Tras unos minutos de cachondeo, se cerraba el árbol y volvía a comenzar su andadura. No tengo fotos porque la cámara estaba en el fondo de mi mochila y entre retratar ese instante surrealista o llenar mi barrigón con la pitanza pre-vuelo, preferí lo segundo.

Ya en la sala de espera, flipé cuando veo aparecer a Curro Jiménez en versión 2004. Era un tío con una pinta folclórico peninsular increíble. Lo mejor eran las patillas que nacían en la coronilla de su cabeza y se deslizaban por las mejillas, corrían cuello abajo y culminaban junto al nacimiento de las arriolas. 120% español, sin ninguna duda. Por aquello de las leyes de Murphy y por mi proverbial capacidad para ser testigo de las situaciones más extravagantes, acabó sentado junto a mí en el avión.

Esa es otra. La tripulación de cabina estaba formada por una señora mayor que se encargaba de los de clase Business y dos parejas chica-chico para el resto. Las dos chicas eran top models. Unas chochas increíbles. No más os diré que el piloto tuvo que prohibir a una de ellas el circular por la cabina, por los evidentes peligros que conllevaba, ya que cada vez que cruzaba el avión de punta a punta sólo se oían los gemidos de dolor producidos por los cinturones de seguridad al frenar las erecciones con las que rendíamos tributo a semejante diosa. Y no sólo era guapa, sino que era amable y cariñosa y a todos les regalaba una sonrisa. Un ejemplo que esas otras que yo me sé deberían seguir, aunque para ellas la única solución posible es el desguace.

El Belén se montó cuando vinieron repartiendo la comida (Sí, aún hay comida en otras compañías). Mientras se aproximaban a mi fila, Curro Jiménez no hacía más que mirar al azafato, que le devolvía las miradas. Creo que en ese instante caí en la cuenta que ambos perdían aceite y eso explicó el manchote que había en el suelo y en el que resbalaba la gente. El azafato, un holandés típico ( rubio y alto) se las apañó para conseguir nuestra fila, que le debería haber tocado a la chocha del martes generadora de erecciones. Cuando estuvo allí comenzó el combate más bizarro que he visto en mucho tiempo. Para mí que se conocían de antes y que se odiaban a muerte, porque se empezaron a tirar unas puntas de cuidado. El azafato nos dio la comida a mí y a la señora que iba a mi lado e ignoró al Curro. Este se lo reprochó y el otro replicó que él ya conocía perfectamente su rutina. Así que de seis personas que estábamos en la susodicha fila, cinco recibimos la pitanga y uno no dejaba de reprocharle cosas al otro. Al final, cuando nos dio las servilletas a los ?buenos??, le echó un bocadillo (sin permitirle elegir), le puso un vaso de cola (pidió sprite), le negó el café y se marchó super indigno hacia las filas posteriores. Esto no acabó ahí. El Curro consiguió de otra azafata dos cafés, que no se tomó hasta que el mariconson que le había humillado los pudo ver. Se le cambó el gesto al neerlandés cuando lo vio. Dos cafés. ¡Manda güevos!

Conseguimos llegar a Barcelona sin más problemas. Ya lo he dicho aquí antes, pero lo reitero. ¡Me cago en la madre que parió a los arquitectos y diseñadores de los aeropuertos españoles! El aeropuerto de Barcelona destaca por su diseño en contra de los pasajeros. Está todo lleno de tiendas con un minúsculo pasillo entre ellas por el que circulan los viajeros corriendo como locos con sus trolleys, repartiendo golpes a diestro y siniestro. Es el lugar en el que uno siempre quiso estar. Vaya mierda de sitios. Y vaya precios abusivos. Vamos a ver si comprendemos el concepto de tienda libre de impuestos y repleta de ladrones. Entro en una a mirar el precio de un reloj como el mío (un CASIO SeaPathFinder SPF-70T), reloj del que algún día tendremos que hablar. Yo lo compré en una tienda en Gran Canaria y pagué la terrorífica cantidad de ciento cincuenta euros. Contacto con el dependiente y este me informa que el precio libre de impuestos es de doscientos treinta y cinco euros. Le vuelvo a preguntar, por si acaso mi cerebro trastornado con tanta lengua no captó la información convenientemente y me confirma que tienen una super oferta y que sólo vale ?? 235. ¡Un poquito de por favor! Pero coño, que le pongan los impuestos y me descuenten el atraco a mano armada. Pero de que vamos señores.

De la observación exhaustiva en el aeropuerto he concluido que España está llena de españoles. Los hay por todos lados, son como una plaga. Y se les identifica por los telefoninos. Van por todos lados hablando con el dichoso dispositivo. Son capaces de mantener una conversación por el aparato y otra con sus acompañantes. Patético. Entre las conversaciones que pude fisgonear, me sorprendió una de super ejecutivos, todos trajeados, que hablaban de los bares con menú cerca de su oficina. Parece ser que la preferencia es por la pela. A menos pelas el menú, más rico rico que está. Otra conversación fascinante fue frente al panel de información de salidas. Hay ocho televisiones, pero sólo se anuncian cuatro vuelos, porque gracias al código compartido anuncian el mismo vuelo veinte veces. Los susodichos discutían sobre si el vuelo a Bilbao que ellos tenían que tomar era el de Iberia, o el de British airways o alguno de los otros vuelos que salían para Bilbao a la misma hora y desde la misma puerta. En fin, para que decir más.

La segunda parte de mi viaje era con Air Europa , en vuelo de código compartido de esos que anuncian un millón de veces. Embarcamos en el Boeing 737-900 prácticamente nuevo y ya en la puerta nos recibían dos chochas con una sonrisa preciosa. De ahí al cielo. Aunque no te dan ni agua, siguiendo la tónica habitual entre las compañías españolas, las chicas eran muy amables y se desvivían por ayudar a la gente. Una de ellas se tuvo que enfrentar con un pollaboba que pidió una cerveza, se la tomó prácticamente entera y cuando estaba a punto de acabarla llamó para quejarse porque estaba mala. Se la cambiaron e hizo lo mismo. A la tercera, la chica se quedó junto a él y le pidió que la probara y si no era de su gusto se la llevaba en ese mismo instante y de serlo, se la podía pagar de una vez. El capullo, montó bulla y trató de adoptar el papel de víctima, pero no le funcionó. Menudo jeta. Espero que agarre una buena sífilis la próxima vez que vaya de putas. El único reproche que se les puede hacer tanto a las azafatas como al piloto y al copiloto del avión de Air Europa es el pésimo nivel de su inglés. El piloto trató de contar su rollo típico sobre altitud, temperatura, velocidad y duración del vuelo en inglés, pero lo tuvo que acabar con un ?whatever?? vista su incapacidad para expresarse en ese idioma. Los mismos problemas tenía la azafata encargada del karaoke, que la pobre lo intentaba, pero no había forma de que le salieran las cosas en inglés. La próxima vez me ofrezco y se lo leo yo y así les ahorro el bochorno.