Un regreso primerizo y pionero

El relato comenzó en Un salto a Gran Canaria algo complicado

Tras el accidentado viaje de ida a Gran Canaria, el regreso también parecía tener su miga. Por coincidir con las vacaciones de otoño en el centro y en el sur de los Países Bajos, encontrar billete se convirtió en una misión casi imposible y después de rastrear todas mis fuentes, descubrí que había un chico nuevo en el barrio, una compañía que al parecer volaba desde Gran Canaria hasta Ámsterdam. Se trataba de Corendon, la compañía que normalmente lleva a los holandeses hacia Turquía y que es famosa porque hace un par de años detuvieron en el aeropuerto al piloto sueco de uno de sus aviones y que llevaba trece años volando sin tener el título (… y después dicen que el Flight Simulator no es auténtico …). Al comprar el billete por Internet, me llegó únicamente una factura y unos días más tardes un documento con lo que parecían las hojas de un billete como los de los ochenta, aquellos libretos con los que viajábamos y que rellenaban en las agencias de viajes con gran misticismo mientras fumaban como condenados y se agarraban al teléfono diciendo letras y números a alguien desconocido en el otro lado para averiguar la tarifa que te tenían que cobrar. Mirando en la página de esa compañía lo único que me quedaba claro es que solo me permitían cinco kilitos de equipaje de mano y que podía facturar GRATIS TOTAL hasta veinte kilos, con lo que para regresar opté por facturar mi mochila Forclaz 40 tuneada, mi compañera de los viajes en aerolíneas de precios asequibles y a la que le eliminé la cosa esa que tiene que parece un cinturón para fijarla a la cintura y además de quitarle un peso considerable, la estilizó para que entre en cualquier arnés de comprobación de equipaje de mano y esto me recuerda que quizás debería hacerle una foto y mostrarla ya que por treinta leuros no hay nada mejor para llevar en viajes cortos. Como entre los cuatro kilos que llevé a Gran Canaria tenía Mi bolsa impermeable, esa se convirtió en el equipaje de mano y la otra la llené de pitanza, aprovechando para incrementar mi despensa de cara al invierno y comprando hasta harina de fuerza, necesaria para muchas recetas y muy difícil de conseguir en los Países Bajos ya que aquí usan otro tipo de harina. Mi vuelo salía a las diez menos cuarto del sábado, una hora casi-decente y que no me obligaba a levantarme a las cuatro y media de la mañana. Llegué al aeropuerto algo más de dos horas antes del vuelo y lo único que aparecía en pantalla era el mostrador de facturación, pero allí no había nadie. Al lado estaba la cola para un vuelo de Transavia a Ámsterdam que salía cinco minutos antes y parecía que daban duros a tres pesetas de la multitud que se apelotonaba allí, lo cual me dio muy mal rollo. Espiando a cuatro chamos que estaban sentados a mi lado vi que también tenían los cuponcitos así que si me timaron, cayó más gente.

Cuando faltaban dos horas para la salida del vuelo aparecen dos chamas y se ponen en los mostradores. Yo salgo disparado y me pongo el primero en la cola. Una de las mujeres hace una llamada a un número y allí pregunta que qué hacen con los pasajeros que tengan exceso de equipaje. Le responden que por ser el primer vuelo, aquel día todo era GRATIS TOTAL y no se cobraba el exceso de equipaje. Maldije mi mala suerte porque si lo llego a saber me llevo cuarenta kilos para Holanda. La mujer me preguntó mi preferencia de asiento y le dije que ventana por la izquierda del avión y ella le comentó a su compañera que tenían que balancear la carga, que a mí me suena a menearnos a todos y me pusieron en la fila 7. Mi tarjeta de embarque tiene el número UNO, es la primera en la historia del mundo y del universo para un vuelo de la compañía turca desde Gran Canaria. Me despedí de la chica y me acerqué al control de seguridad. Antes te miraban la tarjeta de embarque y te dejaban pasar pero como ahora casi todo el mundo viene con un papel impreso, pasan el código de barras por una máquina que al parecer se las sabe todas y les dice la verdad. Llego al punto, le doy mi tarjeta de embarque y en lugar del verde-que-te-quiero-verde se me pone roja-malvada y más propia de político secesionista y fascista truscolán. La mujer lo intenta una y otra vez y comienza a mirarme con mala cara. Como yo soy una bellísima persona, le explico que por casualidades de la vida que no vienen a cuento, esta tarjeta de embarque es la primera de una aerolínea que jamás ha volado desde el aeropuerto de Gran Canaria y que pertenece a una compañía Jalal terrorista musulmán de mierda, que han decidido coger un buen sitio para que cuando se rompa la nación y el estado poder reclamar su derecho inalienable e imperecedero para ser los propietarios de la República Platanera del Archipiélago Noroccidental del África Negra. La mujer se pone más tensa que la cuerda de un timple y da unos gritos que no veas para avisar a un compañero, ya que a ella no le explicaron que esa cosa que tiene a su lado y que es un transmisor sirve para llamarse y hablar sin dar espectáculo. El compañero viene, recoge mi tarjeta de embarque y se marcha a añadir la compañía nueva a la base de datos o algo parecido. En ese momento llegan los jóvenes que facturaron detrás de mí y tienen el problema y como la profesional parecía tener menos luces que un agujero negro le dije que esos también venían en mi vuelo. Al rato éramos unos veinte allí esperando hasta que se cansaron y decidieron dejar que pasáramos. Me devolvieron mi tarjeta de embarque y esta vez no me topé con ningún juguete erótico de naturaleza conflictiva.

Como las cafeterías del aeropuerto tienen unos precios que ni pa’qué, me llevé dos ensaimadas, me compré un café y desayuné ahorrándome como cinco leuros. Después me compré una botella de agua en las máquinas que la venden más barata y me apalanqué a esperar el avión. En la foto tenéis un documento histórico y estremecedor con el aparato a punto de amarrarse al aeropuerto de Gran Canaria.

El primer Corendon

El primer Corendon, originally uploaded by sulaco_rm.

El avión aparcó delante mío y en las pantallas no aparecía la puerta de embarque así que cuando lo informaron yo ya estaba el primero en la fila. Es decir, fui el primer ser humano africano al cien por cien que recibió una tarjeta de embarque de esa compañía en ese aeropuerto y el primero en poner el pie en uno de sus aparatos que quizás fue o pudo haber sido pilotado en el pasado por un sueco que no tenía licencia para pilotar pero que logró engañar a todo quisqui. Si lo llego a saber no voy el primero porque al llegar a la puerta me recibe el cuñao de Quasimodo, un tío con la cara como medio quemada o destrozada o no sé, pero que daba un mal rollo que no veas y que te hacía recordar a esas mujeres musulmanas a las que sus maridos y novios les demuestran el tanto amor que les tienen tirándoles ácido a la cara. De dentro me salía el decirle: Aléjate bicho …. aléjate que es lo que diría Torrente pero con mucho esfuerzo transformé este sentimiento en una sonrisa falsa, miré para el suelo y busqué mi asiento. Durante el vuelo, cada vez que el hombre pasaba me daba mal yuyu. En total éramos noventa viajeros y el avión iba medio vacío, así que acabé con una fila completa para mí.

Al despegar las vistas de Gran Canaria eran espectaculares e hice alguna foto de la barriada periférica de mis padres, es decir, el siguiente documento gráfico es de una importancia vital para todos los seres humanos e inhumanos ya que muestra el lugar en donde moro cuando viajo a la costa africana:

La Garita desde el aire

La Garita desde el aire, originally uploaded by sulaco_rm.

También hice un pequeño vídeo de la ciudad de las Palmas desde el aire, con la Isleta y el Muelle Grande en primer plano:

Durante el vuelo tuvimos el típico zoco en el que tratan de venderte hasta la madre que les parió y de cuando en cuando anunciaban turbulencias pero yo creo que es el timo de la estampita, ya que en cientos de vuelos que he hecho y solo en una ocasión tuve turbulencias de verdad y me parece injusto, ya que son divertidísimas. Al aterrizar grabé el siguiente documento, una primicia exclusiva y única y mundial:

Mi mochila cargada de pitanza salió al momento y con prisa y sin pausa fui a coger el tren para ir a mi casa mientras apalabraba las actividades de la tarde, ya que fue llegar, dejarlo todo en mi casa, coger una muda de ropa y otras cosas y marcharme a casa del Rubio a pasar el fin de semana con él, su hembra y sus hijos, a los cuales se lo había prometido.

7 opiniones en “Un regreso primerizo y pionero”

  1. Este tipo de entradas, con fotos y vídeos, resultan geniales, mas entretenidas que las que tienen unicamente texto, para mi gusto claro, yo soy muy de fotos en las entradas porque como se dice “una imagen vale mas que mil palabras”.
    Gracias y salud

  2. Sí, pero requieren más tiempo y esfuerzo y yo soy de natural vago, que ya hago bastante pariendo dos cagadas diarias, de las cuales una siempre tiene foto.

  3. Esta mañana he leído en el periódico que a partir del 23 de diciembre van a poner un vuelo directo de Coruña a Gran Canaria (y viceversa). No sé yo si tendrá mucho éxito, pero bueno, ahí estaremos, conectados. Si no se pasan con los precios, me voy a conocer tu isla.

  4. Porfa, que se vea la foto de la Forclaz 40, que en los últimos tiempos y hartita de volar con mi maletita Rufina con ryanair (más de 15 vuelos seguro), ahora me están poniendo problemas porque es rígida y cabe justo. No quiero pelearme más con los de Ryanair.

  5. tiene 40 litros de capacidad. Una maleta de 55x40x20 tiene 44 litros, así que la capacidad es prácticamente la misma. Yo meto dentro la mochila de la cámara, el iPad, la ropa que me llevo y demás. En realidad, en mi pequeño trolley no me entrarían tantas cosas y además, como tiene 25 cm de grosor, si me pidieran meterlo en el armatoste para comprobarlo me da una bajona y me muero allí mismo. A mi mochila solo le han comprobado el peso, jamás el tamaño. Y repito que le quité el agarre inferior para amarrártela a la cintura.

  6. Eso me pasa a mí últimamente, que me da la bajona, porque la maletita la tengo que meter al revés, es decir, las ruedas para arriba y en el último viaje, la tía de Valencia nos decía que así no se podía poner, que había que meter la maleta derecha y le decíamos que si cabía en el casillero, daba igual como la metieramos y nos dejó pasar, pero con muy malos modos, así que cada vez que tengo que volar con Ryanair, parece que voy al ginecólogo o a la ITV y busco algo con lo que no tenga problemas y no me arrugue mucho la poca ropa con la que viajo.

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